Abstención o Indiferencia

Los temas políticos se repiten y escribir sobre ellos también, con el problema de que cada vez es más difícil decir algo nuevo, distinto, y eso pasa con la abstención, que es un problema que cíclicamente se nos presenta en la mesa de discusión.

Hasta hace poco la composición política de Venezuela, de acuerdo con las encuestas y resultados electorales, se repartía más o menos en tres pedazos iguales. A favor, en contra del régimen y un tercio del electorado que se autodenomina “independiente”, “ni-ni” –que yo denomino indiferente– y que se inclina parcialmente por una u otra opción, dependiendo de la situación del momento, las promesas o las políticas populistas predominantes. Es este sector el que inclina la balanza electoral y en él hay un grupo que sistemáticamente se abstiene de participar, simplemente porque la política le es indiferente. La indiferencia por la política y las posturas antipolíticas, anti partidos, de ese grupo y de otros, es lo que en el pasado y en buena parte del presente, nos condujo a la dictadura que hoy tenemos.

Pero, en los últimos dos años, la composición política del país ha cambiado. Según los últimos resultados electorales y las encuestas, el “tercio” chavista ha descendido al 20%; el sector opositor ha aumentado a casi el 50% y se mantiene casi incólume el sector indiferente, que es de donde más se nutre el “abstencionismo”.

La abstención es uno de los fenómenos políticos que menos se ha estudiado, a nivel mundial, y particularmente en Venezuela, donde además, durante muchos años –hasta la Constitución de 1999 que eliminó el carácter obligatorio del voto– no fue un evento significativo. Desde 1999 en las elecciones más concurridas, que suelen ser las presidenciales, la abstención o indiferencia más baja fue del 25,3%, en las elecciones presidenciales del 2006. La más alta ha sido en las elecciones parlamentarias de 2005 que superó el 75%. Pero, por mucho que queramos disfrazarla, la primera razón para la abstención en cualquier proceso electoral es la simple indiferencia.

Hay muchas razones para votar o para abstenerse y no voy a reproducir aquí esa discusión. Aparte de las filosóficas y de principios, que son para mí las razones válidas, me interesa discutir la “abstención” como política y desde ese punto de vista, discutir su eficacia, porque lo que no está en discusión es que en política es preciso hacer lo que sea más eficiente. En 2005 la abstención fue la “política oficial” de la oposición y como dije, fue alta, más del 75%. ¿Qué se logró con eso? ¿Suspendió el CNE las elecciones? ¿Quedaron los cargos de diputados vacantes? ¿Fue declarada ilegítima la Asamblea electa con una mayoría espuria? ¿Dejó la comunidad internacional de reconocer al Gobierno venezolano de Hugo Chávez Frías? La respuesta a todas esas preguntas es negativa, como lo fue la situación en la que quedó la oposición democrática venezolana, nacional e internacionalmente, y de la cual nos costó años recuperarnos.

Y es que convertir la abstención en una política que sea movilizadora y se distinga de la simple indiferencia requiere de un gran esfuerzo, mucho más sostenido y de mucha mayor capacidad organizativa que, simplemente, participar; y ese esfuerzo es lo que no veo de manera concreta en ninguna de las posiciones abstencionistas. Al no ofrecer una posición activa, que se traduzca en un enfrentamiento y movilización contra la dictadura, se confunden con la indiferencia; usualmente no pasan de descargar insultos y descalificaciones hacía aquellos que creemos en la eficacia de la movilización masiva a participar y defender el voto y se limitan a enfrentar agria y duramente al propio sector opositor.

@Ismael_Perez

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Por Qué se Enfrio la calle

Tras cuatro meses de intensas protestas la pregunta que ahora muchos se hacen es ¿Por qué se “enfrió” la calle? En política es conveniente aclarar los acontecimientos, tratar de explicarlos, aunque sea con hipótesis, porque una correcta interpretación de los hechos ayuda a evitar que se cometan los mismos errores en el futuro, aunque eso no siempre es posible.

No fue que se dejo de hacer convocatorias a actividades de “calle”, como algunos señalan, culpando de ello a la MUD. Entre el 16 de julio y el 13 de agosto se realizaron más de 10 convocatorias, cada dos días, a diversos eventos por parte de la MUD –que por cierto es la única que convocaba, organizaba y se responsabilizaba por cualquier tipo de evento– que fueron languideciendo, hasta desaparecer.

Avanzo entonces mi hipótesis señalando lo que para mí es obvio: La calle se enfrió porque no estaba suficientemente caliente. Tal como ocurrió 2002/2003 y en el 2014, cuando también vimos manifestaciones “masivas”, las grandes concentraciones, sobre todo en Caracas y otras grandes ciudades, se realizaban solo en ciertos sectores, geográficos y sociales, de clase media o media baja y ciertas zonas de las ciudades, pero en el área central y en áreas populares la vida transcurría con cierta “normalidad”; en 2017 fue igual, aunque es cierto que vimos –hablo solo de Caracas– algunas manifestaciones importantes y actividades de calle significativas en sectores populares del oeste y del centro de la ciudad.

Eso no quiere decir que no exista apoyo popular a la oposición, como anhela y pretende señalar la dictadura, simplemente significa que ese apoyo busca manifestarse de otra manera. Esa es la lectura política que tenemos que hacer y que algunos se niegan a ello, porque deja muy mal parada la idea pro abstención o contra la participación electoral. Me explico.

De los procesos de manifestaciones y paros de 2003/2004, que igualmente fueron mermando, “salimos” con un evento masivo de recolección de firmas –el llamado “firmazo”– para lograr el RR del 15 de agosto de 2004, del cual salimos derrotados, gritando un fraude que nunca pudimos probar y con la inercia de una política que resultó inoportuna e inmanejable ya que apelar a esa política del fraude sin resolverlo, sin tener una respuesta alternativa y contundente, trajo graves consecuencias en desmotivación que aun pagamos. Pero ya sabemos lo poco propensos que somos a admitir los errores que cometemos.

Tras la llamada “salida” o manifestaciones de “calle” en el año 2014, se inicio un proceso de discusión que concluyó en un proceso de primarias para elegir los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, elección que se realizó en 2015 y en la cual obtuvimos la mayoría de los votos y 2/3 de los diputados.

Del proceso de protestas de 2017 “salimos” con el plebiscito del 16 de julio en el cual recogimos más de 7 millones de firmas, legales, mostrables, que todo el mundo vio en las calles y no como en el “fraude” masivo del 30 de julio para la elección de la inconstitucional ANC.

Cuando se convoca un “trancazo” o cierre de calles, participan cientos, escasamente miles de personas. Cuando se convocan “manifestaciones” o “marchas”, participan cientos de miles. Cuando se convocan eventos electorales o parecidos, participan millones de personas. El análisis de estos procesos a mi me dice que la gente está dispuesta a participar masivamente en eventos en los cuales se pueda expresar pero que le garanticen una cierta seguridad. Otras actividades de mayor riesgo y acción quedan para las “elites”; no en balde los pensadores de principios del siglo pasado decían que la política la practican las minorías, el “control” de la política es el que debemos hacer las mayorías, papel al que muchas veces hemos renunciado.

@Ismael_Perez

 

 

 

¡Propongan Algo!

A todos los que denigran y descalifican a los partidos, sobre todo los tradicionales, a los que arremeten contra a los políticos, contra los dirigentes de la MUD –esa instancia anónima que nadie defiende– les llego su momento estelar. No los voy a nombrar, todos saben quiénes son y donde están. La escena les pertenece. Somos todo oídos.

Las elecciones regionales no tienen sentido, dicen, y la sola mención del tema  los enardece y les produce urticaria ética; “de que sirve tener gobernadores, si no los van a dejar gobernar”, “ya vimos lo que paso con la Asamblea, de que sirvió”, alegan. “Igual pasará con los gobernadores y alcaldes”. “Las dictaduras no salen con votos”, afirman. Supongamos que sí, que compramos el argumento en contra de las regionales, ¿Qué proponen?, porque ya está demostrado –en 2002 y 2003, en 2014 y ahora, en estos cuatro meses– que para sacar dictaduras como la venezolana, “la calle” tampoco sirve de mucho. El país se puede terminar de ir a la ruina, caer en la más espantosa miseria y a la dictadura no le importa; a ellos no les afecta, en su campana de cristal no hay problemas ni penurias, todo fluye, especialmente las divisas, así que todo lo niegan y ni se van, ni resuelven nada.

Sí, hay que admitirlo, la estrategia opositora no alcanzó el anhelado objetivo final de sacar a Nicolás Maduro. Tal parece que no “faltaba poco”, que no estaba “por caer”, que no era “cosa de días”, que no “sale pronto”, como algunos/as afirmaban frecuentemente. La experiencia fue amarga y no fue que la dictadura triunfó, se impuso con apoyo militar, con apoyo de la fuerza, de la represión sanguinaria. Ahora no vamos a pretender que quienes argumentan contra las regionales, convoquen a manifestaciones multitudinarias de “calle”, porque la gente se cansó de “calle”. Pero que al menos esbocen una estrategia, un rumbo, que digan algo, que propongan algo que no sea cruzarse de brazos a denigrar de la MUD y de los partidos y esperar a que se produzca un milagro, una supuesta invasión, un alzamiento de los “militares institucionales”, de los que habla Maduro, por cierto.

Dicho lo anterior y culminada mi catarsis, vale la pena matizar las cosas. La “calle”, es cierto, no cumplió su objetivo final; la jornada fue agotadora y la represión brutal, pero todo lo emprendido desde el primero de abril, los cientos de muertos, los miles de heridos y los cientos de apresados sirvieron para desnudar internacional y completamente a la dictadura y eso no es poca cosa, sobre todo porque, repito, la dictadura no triunfó sino que se impuso por la fuerza de las armas.

A la espera de que nos digan otra opción, en la que podamos participar –más allá de “decálogos” con más análisis y propuestas genéricas de organización sin explicar para que– el ciudadano común, ese que no está armado para enfrentarse a la GNB, PNB, FANB y paramilitares del gobierno, sabe qué a la dictadura, en el terreno electoral es en el único terreno en el que le ha infringido derrotas, le ha ganado alcaldías, referendos, gobernaciones, la Asamblea Nacional. Sí, “ingenuamente” votaremos, pondremos testigos en la mayor cantidad de centros y mesas posibles, contaremos los votos, denunciaremos el fraude donde se presente; con eso no va caer la dictadura, pero nos organizaremos y haremos más fuertes y demostraremos una vez más que a la dictadura solo la sostiene la fuerza de las armas, hasta que…

@Ismael_Perez

En Una Página: Evaluando Resultados

El objetivo fundamental de las protestas que se iniciaron el 1 de abril de 2017 era salir de este régimen de oprobio, instalado en Venezuela desde 1999. Ese objetivo no se logro y eso sin duda alguna acarrea una pesada frustración que no es fácil de digerir. Pero, políticamente hablando, eso no quiere decir que no se haya logrado nada, que es el balance que nos falta hacer y al que nadie se anima.

No es sobre ese objetivo máximo que se deben evaluar los resultados de estos cuatro meses de lucha política, sino sobre los objetivos iniciales que se trazaron. No es que eso mejore mucho el balance, pero nos permite ver algunos triunfos, que aunque parciales, son importantes.

1) El supuesto “desacato” que pende sobre la AN no se eliminó, pero qué duda cabe que hoy la AN tiene un mayor reconocimiento, incluso de la dictadura, hasta el punto de que aunque se le ha despojado de sede y presupuesto y sus funciones le siguen arrebatadas –antes en manos del TSJ y ahora de la ANC–, la ilegitima y arbitraria ANC no se ha atrevido a disolverla. No es que eso no vaya a ocurrir, pero no ha ocurrido. 2) El cronograma electoral no está definido, pero la dictadura no le ha quedado más remedio que programar las elecciones regionales que habían suspendido en 2016; aunque no estoy muy seguro que finalmente se vayan a realizar, pues si oposición mantiene su posición de asistir y la dictadura estima que puede perder un grupo importante de gobernaciones, no dudara ni un segundo en volverlas a suspender, bajo cualquier pretexto que invente la ANC o el TSJ, o ambos. 3) La mayoría de los presos políticos, siguen presos, aunque algunos emblemáticos han alcanzado casa por cárcel o régimen de presentación. 4) En el desarme de los paramilitares del régimen no se ha avanzado nada y 5) el canal humanitario no se ha abierto ni un milímetro; más bien la situación de escasez, desabastecimiento de alimentos y medicinas es cada día peor; el país pasa hambre y ese es un peligroso caldo de cultivo que en cualquier momento le explotara al régimen en la cara, con consecuencias imprevisibles.

Pero al menos dos resultados obtenidos merecen especial mención y son verdaderamente significativos. El primero es el desenmascaramiento definitivo del régimen a nivel internacional. En ninguna parte del mundo queda ninguna duda que el chavismo y el gobierno de Nicolás maduro es una dictadura y los gobiernos democráticos del mundo se han pronunciado calificándola como tal y algunos se preparan para tomar sanciones que han ido aislando a la dictadura venezolana.

El segundo resultado, notorio, es el surgimiento de una nueva camada de jóvenes líderes, en todos los partidos y grupos políticos que abre el país a una nueva generación y modalidad de enfrentar la política. Estos dos resultados no son poca cosa y debemos luchar por mantenerlos, hasta que…

@Ismael_Perez

En una página… ¿A las Armas?

En política, no se descarta ninguna vía para la conquista o mantenimiento del poder. Otra cosa es la valoración ética de esa vía y sobre todo la capacidad o posibilidad individual de emprender una u otra.

Frente a una dictadura como la que nos somete, empeñada en cerrar todas las alternativas democráticas e imponer por la fuerza un modelo económico que el pueblo rechaza, están abiertas todas las vías para deponer la dictadura. Entre las que asoman y más se discuten, sin ningún orden particular, están: 1) mantener el nivel de protestas callejeras hasta que una insurrección popular concite un apoyo militar o armado, que obligue a la renuncia del gobierno y organice un proceso electoral libre y democrático 2) renuncia, de manera voluntaria, de Nicolás Maduro y su tren ejecutivo, ante el desastre económico y político del país, para que den paso a la formación de un nuevo gobierno; 3)una intervención militar extranjera, de los EEUU, con apoyo de otros gobiernos, que restablezca el sistema democrático, convocando un proceso electoral, libre, en corto tiempo; 4) un golpe militar que deponga al gobierno y convoque un proceso electoral a la brevedad posible y 5) que se cumplan los procesos electorales previstos en la constitución, renovándose los poderes entre 2017 y 2018.

Estas no son las únicas opciones y sobre todo, no se presentan en “estado puro”, ofrecen una gama de “combinaciones” muy variadas, que dejó a la imaginación de cada quien. Apenas las mencionaré y describiré brevemente, pero no las evaluaré todas, ni a fondo, ni haré consideraciones “morales” sobre ninguna de ellas, sino meras apreciaciones de orden práctico y diré solo cual es mi posición personal.

Una renuncia del Presidente y su gabinete (2) la considero improbable; ocurra lo que ocurra en el país, la dictadura ha demostrado hasta la saciedad –2002 y 2003, 2014 y 2017– que el país se puede caer a pedazos, la gente morir de hambre, miseria y enfermedades, y como eso no afecta a su entorno inmediato, lo que le pase al resto del país les importa muy poco.

Descarto también una intervención militar de los EEUU (3); además de rechazarla por razones éticas o de principios, la creo improbable; sobre todo después de la “gira de consulta” del Vicepresidente Pence por América Latina. Ese es el tipo de materia que, cundo se consulta, nadie va a decir que apoya una intervención armada de EEUU en cualquier país. Por aquello de poner las bardas/barbas en remojo.

Un golpe militar (4) sería más de lo mismo, pero abre la gran incertidumbre de que se nos monte otro régimen militar, de ultraderecha o más de izquierda, que se entronice a robar, reprimir y hacer de las suyas por 20 ó 30 años más.

Como se puede notar entre las opciones predominan las que plantean una salida de facto o violenta; y si se pregunta de sopetón o “en la calle” a cualquier opositor, seguramente dirá que “este gobierno no abandonara por las buenas el poder”, que “esto terminara inevitablemente en violencia”. Personalmente no estoy dispuesto a salir a la calle a batirme a tiros con ningún defensor del régimen, sea GNB/PNB, colectivos violentos, paramilitares o milicias, ni estimularé a nadie a que lo haga por mi o en mi nombre. Por lo tanto me decanto por la opción (5) y saldré a votar todas las veces que sea necesario, en cuanto proceso electoral se presente.

@Ismael_Perez

En Una Página: Campaña Sin Sorpresas

No hay sorpresas en la forma en que la dictadura conduce su campaña electoral para la elección de gobernadores. Es lo que ha hecho desde hace 18 años: Cadenas continuas con insultos, amenazas, utilización de los recursos del estado, manipulación del CNE y un largo etcétera. Ahora Nicolas Maduro insiste con calumnias contra los partidos y dirigentes de la MUD para exacerbar la desesperanza que hoy nos atenaza, las dudas y el descontento de los opositores por la participación en las regionales. A nadie le debería sorprender esta situación, lo asombroso son los que le creen o le quieren creer.

El CNE,”dócil” a los requerimientos de la dictadura, organiza para el mes de octubre, en tan solo mes y medio, el proceso electoral para la elección de gobernadores. Aún recordamos sus excusas y “razones” de una supuesta imposibilidad “logística”, falta de recursos y necesidad de “más tiempo” para organizar “adecuadamente” él RR o las elecciones regionales que debieron realizarse en diciembre de 2016; hasta que ante la persistencia incontenible de la oposición democrática, se vieron precisados a suspender ilegalmente ambos procesos.

Ahora, tras el fraudulento proceso del 30J, de manera “mágica” el tiempo alcanza y hay los recursos para organizar unas elecciones de gobernadores, sin saber siquiera si habrá una empresa que pueda garantizar la automatización del voto. No obstante, entre estos dos últimos procesos hay importantes y singulares diferencias.

Respecto del primero, todos, en Venezuela y en el mundo, fuimos testigos del gigantesco fraude en el que resultó la elección de los “constituyentistas”; a lo ilegal e inconstitucional de la convocatoria se sumó el hecho de que sin que se vieran por ninguna parte, “aparecieron” más de 8 millones de votantes, en un proceso del cual aún no se conocen los resultados oficiales. Ni los partidos democráticos, ni los ciudadanos, participamos en el fraude del 30J. Sin testigos ni opción opositora, sin observadores nacionales ni internacionales –ese día “extrañamos” a Torrijos, Fernandez, Rodriguez Zapatero, y hasta a Samper– la dictadura con su CNE, estuvieron de su cuenta. De allí lo abultado y falso del resultado. Pero el segundo, la elección de gobernadores, aún sin cronograma y fecha definitiva, está llamado a ser necesariamente diferente.

Hay razones para la suspicacia y la desconfianza; pero la historia reciente nos demúesta que aún con este CNE amañado, parcializado, y a pesar de todos los abusos y trampas del régimen, es posible derrotar a la dictadura. Lo hemos visto en innumerables alcaldías, en gobernaciones, en referendos consultivos y la más emblemática, la última elección de nivel nacional como lo fue la elección de la AN el 6D de 2015.

Las claves del éxito son: Una avalancha de votos y contar con testigos en más del 90% de los grandes centros de votación. Sabemos que habrá unos pocos centros rurales, remotos, de dificil y peligroso acceso en los que será difícil tener testigos y entonces veremos que éstos se comportan contra la media estadística, con cero abstención y ciento por ciento de votos oficialistas; pero si los demás centros están cubiertos con testigos opositores, no afectarán el resultado final y será posible arrebatarle por lo menos 18 gobernaciones a la dictadura.

¿Podrán asumir sus cargos estos gobernadores?¿Los dejarán gobernar, o serán impugnados, destituidos y apresados?¿Les darán presupuesto o se los quitarán para dárselo a autoridades paralelas que designará el dictador y que “gastarán” el dinero sin que nadie vea en qué? Esas preguntas no son ociosas, son válidas, todo eso ha ocurrido y puede volver a ocurrir y hay que estar preparados y no quedar “sorprendidos” cuando ocurra. Pero ese es tema para otra ocasión.

 

En una Página: Regionales

El tema de sí la oposición debe o no participar en las elecciones de gobernadores es un tema urgente que levanta pasiones acaloradas, reñidas con la necesaria calma requerida para analizar objetivamente las opciones políticas..

Luce que es una insensatez participar en un proceso regido por un CNE tramposo, favorable a la dictadura y que como el 30J no tendrá ningún escrúpulo en alterar los resultados en favor del régimen. Sobre ese punto no hay duda y los argumentos son contundentes. El problema de quienes así argumentan es cuando pasan a las propuestas alternativas. ¿Cuáles son estas? Cuando se les confronta balbucean una “resistencia total”, “calle, calle y más calle”, “calle sin retorno”, “que se cumpla el mandato del 30J” (?), “unidad de todas las fuerzas opositoras de la sociedad civil”, “apelar al apoyo de la comunidad internacional”, “continuar la lucha, falta poco para la caída de la dictadura”, etc. Todo bajo el halo de que no se debe “legitimar” al régimen participando de un proceso viciado y sobre todo con este CNE.

Lo cierto es que cuando la oposición no ha concurrido a los procesos electorales, estos de todas maneras se realizan -como ocurrió con las parlamentarias en el 2005 y cómo acaba de ocurrir el 30J- y el régimen sin preocuparle lo más mínimo la “legitimidad” o validez del proceso se alza con todos los cargos. Del otro lado, cuando se ha participado, logrado poner testigos y observadores en la mayor parte de las mesas y obtener una contundente votación, se han ganado alcaldías, gobernaciones, referendos y elecciones parlamentarias. ¡Ah, pero es que ahora la cosa no es así, ha cambiado, el régimen se ha quitado la careta!, se argumenta. ¿Y cómo sabremos que será así, si no participamos?

Creo que la respuesta política debe ser más práctica. Para decidir que no se participa en el proceso electoral faltan cuatro meses, pero para participar se deben inscribir los candidatos ahora. Al momento de escribir esta nota se rumora que la ANC pretende adelantar las elecciones de gobernadores para el mes de octubre. Si eso se concreta, algunos dicen que no es más que un intento de la ANC de mostrar “talante democrático”; una asamblea que tiene un origen inconstitucional y es el resultado de un fraude electoral masivo, el más grande de toda la historia de Venezuela, de repente ¿Quiere enviar una señal de “democracia”?. Lo dudo, más bien creo que es una estratagema para evitar que la oposición tenga tiempo de organizarse, de realizar primarias para concretar sus candidatos, de asimilar el resquebrajamiento que está produciendo la discusión acerca de si participar o no en el proceso electoral regional.

Si la oposición no participa, de todas forma se realizará el proceso y el gobierno obtendra gratis 24 gobernaciones y con una votacion que dejara palida la del 30J. Por otra parte, el CNE sin Smartmatic no está en capacidad de realizar ningún proceso electoral por lo tanto, si la oposicion decide participar, nada de raro tendrá que en vez de adelantar, se suspenda el proceso, con base en algún artilugio del CNE, en combinación con la ANC. La dictadura hace esfuerzos -inhabilita posibles candidatos, apresa otros, prohíbe a la MUD inscribir candidatos, inventa cartas de buena conducta, habla de adelantar el proceso- para dividir a la oposición, cosa que está logrando, al menos en las redes sociales, y sobre todo para evitar que participe en las regionales. Por lo tanto la oposición hizo lo correcto al inscribir los candidatos y amenazar con participar, basados precisamente en lo que los radicales opositores sostienen: que “la dictadura no realizara ninguna elección que vaya a perder” y cualquiera que realice la va a perder.

@Ismael_Perez

En una página. El 30J

Los resultados del 30J de julio fueron los esperados, a nadie medianamente informado lo pueden sorprender; lo cual no quiere decir que sean fáciles de asimilar y manejar. La cifra de 8 millones es el múltiplo 4, 5 ó 6 veces, de cualquier otra cifra real según todos pudimos ver en la ausencia de votantes. La cifra fue escogida para que superará la del 16J y no se les enfrió el guarapo al lanzarla, aunque significará la votación más alta del chavismo en toda su historia, ni en vida del propio Hugo Chávez. En cualquier caso no es una cifra creíble, sino risible y Smarmatic lo único que hace es confirmarlo.

Abruma el cinismo de la trampa, nadie se puede acostumbrar a semejante descaro por parte del CNE, órgano supuestamente encargado de defender el derecho al voto y que no tuvo ningún empacho en sepultar ese derecho y junto a él cualquier credibilidad que pudiera tener ese organismo. Ahora habrá que arrasarlo hasta sus cimientos, reconstruirlo a partir de nada, tan pronto recuperemos la democracia y la decencia en el país. Poco a poco se irá sabiendo la explicacion más detallada de los vericuetos de la trampa y sabremos las cifras reales de asistencia a un proceso, que agrega a su inconstitucionalidad, la ausencia de votantes y la característica de ser un acto fallido.

Lo que está ocurriendo ahora, al momento de escribir esta nota, apenas a pocas horas del “evento” tampoco es una sorpresa. Una ardua negociación política para confeccionar la lista final de constituyentistas -el borrador ya estaba hace tiempo- haciendo los “acomodos” correspondientes, cuadrando cuotas, facciones, para reducir al mínimo las fricciones internas. Vendrán despues las arremetidas más duras contra la oposición y contra la AN, terminándola de despojar de los pocos recursos que le habían dejado; contra dirigentes emblemáticos de oposición que puedan ser candidatos a gobernadores o alcaldes, etc.

Del lado opositor también vendrán acomodos. No estamos igual que el 29 de julio. Se impone afinar una estrategia, común (¿Será necesario decirlo?). Estamos frente a una dictadura abierta completamente, que se dispone a acabar con cualquier vestigio de institucionalidad y estado de derecho. Se impone jugar a cuadro cerrado. No son tolerables las disidencias, ingenuas o no, que en otro momento podrían ser toleradas. Como por ejemplo las -para mí- desafortunadas declaraciones de Antonio Ledezma, cuyas críticas a la oposición no aportaron nada positivo, fueron más de lo mismo que hemos venido viendo desde hace meses. Tampoco aportan mucho los radicalismos -el ahora llamado “dibujo libre”- a la causa opositora, simplemente nos predisponen unos contra otros, para beneplácito del régimen dictatorial. Se impone una resistencia mucho más consciente de que nos enfrentamos a un proceso inédito y que no se pueden hacer cálculos alegres del estilo “falta poco” que hasta ahora eran tolerados como supuestamente “motivadores”.

Se nos viene encima un hecho político ineludible, una convocatoria a elecciones regionales, que debemos analizar mucho más políticamente de lo que lo hemos hecho hasta ahora, aludiendo alegremente a los resultados del 16J, que por lo visto dan para todo. No es una decisión sencilla, pero es bueno recordar que el CNE solo puede hacer trampa cuando nadie se opone a esa trampa; si no fuera así, no hubiera ocurrido el 6D de 2015 que ya vemos todos los inconvenientes que ha causado a la dictadura, hasta el punto de llevarla a promover una ilegal constituyente que le ha traído cuatro meses de revueltas y el rechazo internacional.

 

El Miedo y la Duda

Tras 117 días de “resistencia” a la dictadura que nos agobia y el hastío que nos imponen dos días de paro general, sin duda hay muchos temas sobre los cuales reflexionar y comentar; decidi hacerlo sobre el miedo y la duda pues el peor enemigo que enfrentamos no es solo la dictadura, no son sus personajes y voceros, somos nosotros mismos, nuestros miedos y nuestras dudas.

A la espera de lo que ocurra el 30J, cuando la dictadura y el CNE desplegarán todos los trucos para hacernos creer que multitudes que nadie verá elegirán una ANC, estamos encerrados en nuestras casas o tras barricadas, semi incomunicados, consumidos por rumores, exageraciones, noticias semi falsas y todos los “fantasmas” de la política y las relaciones humana, por eso reflexionar sobre el miedo y la duda, quizás nos ayude a encarar mejor el futuro incierto que afrontaremos a partir del 31 de julio.

Comencemos por el miedo. No es que los GNB/PNB y FANB hacen lo que hacen por mero sadismo, no. Es una orden: ¡Repriman, repriman para que tengan miedo! Y les dan las armas y orden de reprimir y lo demás lo dejan a la “iniciativa” e “imaginación” de cada individuo. Con la represión nos siembran miedo, que se nos mete hasta los huesos. Miedo a que nos hieran o nos maten -que sabemos y hemos visto que puede ocurrir- a que se metan en los lugares donde vivimos, en nuestras casas. Infunden miedo en nuestros familiares, padres, hermanos, hijos, amigos a que nos pase algo.

Por el tiempo, por cansancio, por agotamiento de la eficacia del recurso, las marchas, manifestaciones y hasta las “trancas” y el “paro”, pueden ir perdiendo potencia. Y también por temor a la brutal represión. Seguimos yendo a las marchas, pero hay temor y las desbandadas que se producen ante la arremetida de la PNB/GNB/FANB son cada vez más peligrosas y más difíciles de contener. Por eso tenemos que hablar abiertamente de este tema.

En las marchas y barricadas hemos visto una “rutina” de represión que debemos concientizar. Cuando las marchas y manifestaciones inevitablemente pierden algo de intensidad la GNB arremete con el sadismo que los caracteriza e inician una batalla campal, obligando a replegarse a los manifestantes hacia determinados sectores de la ciudad –Las Mercedes, Chacaíto, El Rosal, Plaza Altamira– en donde la acción puede concluir con algún asesinato, heridos y varios detenidos.

Contra las pacíficas manifestaciones ciudadanas los represores del régimen no escatiman en recursos: sus “animales” –y no me refiero a los individuos, sino a las “ballenas”, “rinocerontes” y “murciélagos”–, escopetas que disparan perdigones, metras o tuercas, bombas lacrimógenas y de pimienta y armas de fuego. Además cuentan: con policías y guardias motorizados que de a dos por moto, hacen razias de terror, persiguiendo manifestantes y tirándoles bombas por la retaguardia o robándoles las pertenencias; con “paramilitares” armados, en motos, vestidos con chaquetas negras y en algunos casos uniformes militares, mercenarios que sacan en determinados momentos y lugares en los que han perdido el control; con los llamados “colectivos armados” o violentos, que en ciertas zonas populares agreden a los manifestante; con “patriotas cooperantes”, que sapean a sus vecinos y entregan a los muchachos a la policía; con “infiltrados” en las marchas, barricadas y manifestaciones, que toman fotos o incendias vehículos que aparecen en la escena misteriosamente; con los CLAP, que reparten bolsas de comida y amenazan en los barrios con dejar sin ellas a los que caceroleen o manifiesten; con “francotiradores”, que coloca en los techos y cercados de edificios públicos para amenazar y contener manifestantes; con arremetidas nocturnas con tanquetas contra zonas populares, urbanizaciones y viviendas, destruyendo y robando propiedades o desapareciendo y apresando sus habitantes.

A muchos de esos “personajes” los hemos visto actuar todos estos años, pero especialmente en estos casi cuatro meses; con el tiempo los hemos visto mutando de apariencia y nombre, pero con la única y misma misión de controlar, atemorizar e intimidar a la población, para que se paralice por el miedo e impedir que actúe. La eficacia en esa tarea ha sido relativa, a juzgar por la intensidad con que se mantiene la “resistencia” en la calle, pero no debemos menospreciar su acción y hay que desenmascarar permanentemente su intención y actividades. Sobre todo, hay que evitar caer en su provocación de violencia, no solo porque no tenemos forma de ganarles en esa ruindad, sino porque seriamos iguales a ellos, a lo que queremos evitar para construir el mejor país que nos merecemos.

Otra estrategia, como la represión brutal a la que nos someten, es la de sembrar la duda y la desconfianza en todo lo que hagamos, para que no creamos en nada y en nadie y nos paralicemos, pensando que todo puede ser una trampa.

Sembrar desconfianza, ponernos a dudar es una estrategia en la que el régimen ha sido parcialmente exitoso. La dictadura tiene “laboratorios de guerra sucia” o “salas situacionales” que monitorean constantemente lo que está ocurriendo y hacen seguimiento a los voceros de la oposición, líderes estudiantiles o de la sociedad civil, e incluso a sus propios seguidores y aliados. Producen información, que inventan, tergiversan o mienten y cuenta con televisoras, radios y periódicos diseminados por todo el país –y, en buena medida, con los medios privados que le hacen el juego cuando callan lo que ocurre– para difundir todas sus “noticias” o la información que les conviene o que hace daño a sus opositores.

Arremeten además en las redes sociales. Enviando información falsa, torcida, simulando que proviene de fuerzas opositoras, contrarias o criticas del régimen. Facebook, Instagram, Periscope, Youtube y Tuiter son monitoreados permanentemente. Y posiblemente nuestros grupos de WhatsApp o correo electrónico son vigilados también y puede que en algunos de ellos haya infiltrados que obtienen o nos “pasan” información, falsa, exagerada o confusa, que busca asustarnos o hacernos cometer errores. Se trata de información creada por ellos, por un mítico o real G2 cubano.

Diariamente todos los que nos conectamos a redes sociales recibimos un texto “extraño”, con alguna información “rara” o que nos pone a dudar de algo o de alguien; de alguna actividad que se esté planificando en la MUD o de algún líder, al que se le levanta una calumnia. O recibimos algún mensaje de voz, de algún personaje, con voz tranquila que hasta se adivina “risueña”, perfectamente articulado, que nunca se identifica y que comienza su discurso con un “familia…”, “mi gente…” e intercala frases como “sé que no me van a creer”, “esto no me lo contaron, me paso a mi” y nos suelta una parrafada con algo que deseamos oír o con una noticia exagerada o falsa, que nos crea angustia, sobre algún acontecimiento actual o algo que paso en algún lugar remoto que “…no ha sido reportado en las noticias”, o nos habla de supuestos “movimientos militares” o en “los cuarteles”, a favor o en contra del régimen, pero que “…mantienen callado por razones obvias”; o se refieren a supuestas acciones del gobierno en contra de determinadas grandes empresas que han sido cercadas, tomadas o expropiadas, o información sobre trasnacionales que están dejando el país o cesando sus operaciones; o información tremendista de cosas que ocurren en supuestas “alcabalas” en las calles o en las aduanas y aeropuertos; o información falsa sobre negociación de bonos, divisas o petróleo. En fin, una gama infinita de descripciones, situaciones y circunstancias cuya única finalidad es crear “ruido”, angustiarnos, desinformarnos, sembrarnos dudas y atemorizarnos.

En esa “jungla” informativa, que se exacerba en el hastío de los días de paro, también participan supuestos opositores al régimen; y digo supuestos, porque en definitiva a lo que contribuyen es a hacerle el juego a la dictadura. Critican, o simplemente despotrican o siembran cizaña sobre los líderes opositores o los partidos políticos de la MUD; siempre con ese lenguaje ambiguo de “indignados” o anti políticos y anti partidos, en el que son todos “corruptos”, menos ellos. Al igual que algunos “bien intencionados” que inventan o difunden algún escrito, que no firman con su propio nombre y se lo atribuyen a algún personaje famoso o conocido, porque quieren que se lea y difunda para “motivar” a familiares y amigos. Están también los que circulan y recirculan información, sin criterio, sin filtrar por razonamiento o sentido común, “… tal como me llegó se las reenvío”, creyendo que con eso le hacen algún favor a alguien, sin reparar o tomar conciencia de que lo que en realidad hacen es seguirle el juego a los grupos especializados de contra información que tiene la dictadura.

Sea por temor, sea por confusión, ya hay personas que dudan sistemáticamente de todo y eso es muy peligroso, pues nos condena a la inacción, a la desconfianza, al aislamiento. Es difícil desentrañar toda esta maraña de información, rumores y chismes y en buena medida caemos en la trampa del régimen, pero se impone un esfuerzo consciente de razonamiento, verificación de información, chequeo de fuentes; porque si no, estamos contribuyendo a sembrar temor, dudas y desconfianza que limitan la eficacia de la lucha contra la dictadura, que es tarea de todos.

@Ismael_Perez

Paro General

Es muy poco lo que se puede agregar, aclarar o comentar sobre el evento del 16J. Su éxito se puede medir en los esfuerzos de la dictadura y sus voceros para desconocerlo; por lo tanto, me parece más importante analizar que sigue después y es a uno de esos aspectos a lo que quiero referirme.

Brotes anárquicos -“dibujos libres”, como los llaman ahora- proponen desarrollar los “trancazos”, “plantones” o “paros por varias horas” que se han realizado de manera bastante exitosa cuando son parte de una actividad común y políticamente organizada, en una actividad en sí misma, en una “tranca final”, “definitiva”, “total”, “hasta que el régimen renuncie”. Esta idea surge en parte de la llamada “hora cero”, sobre la cual cada quien tiene su interpretación. Para algunos es un “momento” determinado; para otros una “escalada” del conflicto; y para otros, como estamos viendo, es una especie de “grito de guerra” para tomar la calle hasta que caiga el régimen.

Una de las variantes a lo que conduce este desarrollo, según algunos, es al llamado “paro general”. Que pareciera para algunos tener un significado mágico, al que basta invocar para que todo se arregle en el país.

Por lo que vimos en varios sectores del país cuando hemos tenido “paros” y “trancazos” por varias horas, de una vez señalo que no me parece una actividad que vaya a ser totalmente exitosa y paso a exponer mis razones, consciente de que este no es, quizás, el mejor medio para discutir el tema, pero como algunos exponen públicamente, por redes sociales o entrevistas de prensa y radio sus conclusiones y opiniones, yo quiero exponer otro punto de vista y sobre todo los argumentos.

Un éxito total de esta actividad sería que el sector empresarial y el laboral ligado a las empresas se incorporaran como tales a un paro general, total, permanente, con empresas cerradas, santamarias bajadas y trabajadores que abandonen sus trabajos y salgan a las calles a manifestar su decisión, pero me temo que esto es hoy algo utópico, difícil que vaya a ocurrir. Conozco bien al sector empresarial del país, por lo menos al industrial, tras haber sido por diez años presidente ejecutivo de una importante asociación industrial nacional, así que me tendrían que mostrar cifras muy contundentes en las cuales basan el posible éxito de un “paro general” en el que algunos están pensando y convocarlo con esta característica podría ser un error político –¡atención Henrique Capriles, María Corina Machado y Freddy Guevara!– que pondría en peligro todo lo avanzado hasta el momento.

Pensar en una “huelga general” o un “paro general” –que son dos cosas diferentes, de las que se habla indistintamente– que se prolongue en el tiempo de manera indefinida, sin medir su eficacia política y sus posibilidades de éxito, en términos de la incorporación al mismo de empresarios y trabajadores, sería un error político que la dictadura espera que cometa el movimiento democratico. Y peor aún, dar ese paso sin contar previamente con una incorporación popular a las protestas, mucho más masiva de la que hoy tenemos, no forzada por “trancas”, sería políticamente poco eficaz y podría llevar a un estruendoso fracaso. Hasta ahora el único evento realmente masivo en que todo el mundo participó, incluidos sectores populares, fue la consulta popular del 16J. Tomar eso como un cheque en blanco para convocar a cualquier otro “evento” sería un error.

Veamos algunos pocos hechos que nos servirán para poner en contexto y aclarar porque hago esta afirmación. Independientemente de la disposición de los empresarios y sus empresas de incorporarse a un paro, hoy el sector empresarial e industrial privado, tras la expropiación y cierre de miles de empresas y la pérdida de miles de empleos, es menos significativo desde el punto de vista del empleo y tiene menos fuerza económica que la que tenía hace 15 años y el sector público por su parte ha crecido enormemente, debido precisamente a la expropiación e intervención de empresas.

Por ejemplo, más del 60% de la banca es pública y la privada está fuertemente regulada, de allí que los bancos no se incorporan a ningún paro, el sector de la construcción está casi paralizado, y estos dos son sectores que se tendría que “parar” pues emplean mucha gente. Casi todo el sector metalúrgico, acero y aluminio, es público; al igual que buena parte del sector petroquímico y todo el cementero. Es también en buena medida público y está fuertemente regulado, el sector de alimentos. Y están muy debilitados el resto de los sectores por la situación económica general del país, por el incremento de costos y salarios, regulaciones de precios a las que están sometidos, caída de la producción y el consumo, caída de importaciones por la falta de divisas, etc. Sin contar con que las fuertes regulaciones y controles que pesan sobre las empresas que las hacen muy vulnerables a cualquier presión e intervención del régimen. Sí reprimir a miles de personas en una marcha o manifestación es difícil y sin embargo la dictadura lo hace, controlar, fiscalizar, amenazar a unas cuantas empresas es mucho más fácil y el régimen cuenta con mecanismos para ello que los hemos visto actuar de manera reiterada, “eficiente” y con saña en estos años. Los empresarios no van a arriesgar sus empresas en un paro/huelga de carácter permanente o prolongado en el tiempo, que no sea respondido masivamente, pues corren el riesgo de quedar aislados, arruinados, expropiados o “marcados” como ocurrió en 2002-2003.

Con respecto al éxito en la incorporación de trabajadores al paro, al sector público es difícil incorporarlo por el nivel de control, chantaje y amenaza al que está sometido; y no son solo los empleados del gobierno central y las empresas del estado, sino también los de las gobernaciones y alcaldías controladas por el oficialismo, que son una buena parte del país y de la fuerza laboral pública, y hay muchas regiones y zonas del país en el que el empleo y la economía son generados y dependientes del estado, no olvidemos ese “detalle”.

Con relación al sector privado, como bien me dicen algunos empresarios con los que he conversado: “…que los trabajadores se paren, en la puerta de su empresa con letreros puede tener efecto mediático, si la prensa lo recoge de esa manera pero, las calles seguirán llenas de gente, el transporte igual y la gente sufriendo las consecuencias”. Y no cabe duda que muchas ciudades, cuando no se impida la circulación, con el paso de los días se irán llenando de gente y el transporte, probablemente igual, –al menos el metro, que transporta una buena parte del contingente trabajador– por los miles, millones, de venezolanos que no se pueden dar el lujo de perder un día de ingreso y harán un esfuerzo por ir a sus lugares de trabajo, movilizándose por las ciudades y creando un efecto de que el “paro” solo es exitoso en ciertas zonas de ciudades como Caracas y otras capitales de estado.
Por otra parte, otro punto que no se debe obviar es que en el país hay millones, léase bien, millones de personas que viven de la economía informal o el trabajo por cuenta propia y de lo que ganan cada día. Día que no trabajan, día que no tienen ingreso. En el mismo sector privado, los que están empleados, hay que considerar que aunque no se les descuente el día, el día que no trabajan, en muchos casos no comen. “Ten en cuenta –me decía un empresario– que la mayoría de la gente se alimenta en su lugar de trabajo y si no hay trabajo, si la empresa está cerrada, no comen. Estuvimos fuera 15 días… (por falta de materias primas)… y uno de nuestros empleados perdió más de 2 kilos. Lucía demacrado. Tan es así que cuando hay “trancones” muchos de nuestros trabajadores hasta se vienen caminando… (desde muy lejos)… para no perder el día y es por la comida porque nosotros no les descontamos”. Es este un factor que no se debe dejar de lado al considerar la convocatoria de un evento político que pueda tener varios días de duración y que afectará el ingreso y la actividad económica de miles de personas.

Ya lo vivimos a finales de 2002, principios de 2003, con un paro previsto para tres días y que se prolongo varios meses como producto del chantaje vociferante de los que se decían “pueblo”; varias semanas de paro, afectó muy poco al gobierno, pero debilitó enormemente al sector empresarial, al movimiento político y a toda la oposición que ya entonces tenía sobradas razones para querer un cambio en el país. Sabemos que hoy la situación del país es otra y que el régimen ya no cuenta con recursos económicos como antes para enfrentar, “romper” el paro con dadivas o demagogia. Pero aun cuentan con la fuerza física y no les importa lo que ocurra con el país. Ya lo vivimos en 2002 y 2003 y lo vemos hoy en día: el país cayéndose a pedazos, la gente pasando hambre o muriéndose por la falta de medicinas y el régimen sin tomar medidas sobre la situación social y reprimiendo a mansalva, asesinando manifestantes y como si nada ocurriera, proponiendo de manera ilegal e inconstitucional una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que no va a arreglar ninguno de los problemas del país, sino que va a ocasionar mas división entre los venezolanos y va a despilfarrar recursos indispensables para solucionar los graves problemas que padecemos.

No solo los venezolanos y los opositores somos los que estamos en la “resistencia”; el régimen también es capaz de “resistir” días y días, negando todo lo que ocurre, sin hacer otra cosa que reprimir y permitir que el país se siga deteriorando, que la gente pase necesidades y hambre y ellos como si eso no ocurriera, pues ellos no pasan esas necesidades.

Con los resultados del 16J en la mano aun estamos en la fase de “masificar” la protesta. Aun estaremos en la fase de convencer a los sectores más populares del país que es posible enfrentar con éxito a la dictadura y su proyecto de ANC, para lograr una abstención masiva el 30J. Aun estamos en la etapa de promover acciones, que por exitosas ayuden a organizar a la población mientras vencen el escepticismo, el miedo y las dudas. No sé cuáles son estas acciones, por eso apelemos nuevamente a la consulta popular, pero ahora en “asambleas de ciudadanos” y los alcaldes en “cabildos abiertos”, que son medios de participación y protagonismo popular, de carácter vinculante según la constitución, para que promuevan acciones y actividades contra la ANC. Promovamos tareas de contacto directo, divulgación y educación con relación a los efectos perversos de la ANC. Profundicemos los resultados de la consulta popular del 16J, que movilizó millones de personas en todo el país y el exterior.

Por tanto, cabeza fría, cero romanticismos con ideas o recetas -como huelgas generales- que además se ha demostrado desde hace años que no son del todo eficaces, políticamente hablando, para enfrentar gobiernos dictatoriales. Se comprende el ansia de pasar a nuevas etapas, pero sin verdadera masificación de la protesta, por todo el país, un paro general, total, definitivo, sin que se incorpore la mayor parte de la población y con carácter de tales empresarios y trabajadores, es una aventura que puede traer como consecuencia no solo perder fuerza para luchar contra la ANC sino contribuir al atornillamiento de la dictadura.

@Ismael_Perez