¡Duro de Explicar!

Sobre la derrota sufrida por la oposición en las elecciones del 15-O no es fácil reconocer que se ha convertido en nuestro peor enemigo, para las elecciones de alcaldes y para las venideras elecciones presidenciales.

No coincido con quienes señalan que no tiene sentido votar en las elecciones de alcaldes, debido a la situación en la que nos encontramos en este momento, de falta de liderazgo, desorganización, desmotivación y desmoralización o porque el ganar no conlleve el ejercicio del cargo; todo eso es cierto y hay que atenderlo, pero el voto se defiende votando, no hay otra manera.

Es cierto, en las regionales hubo fraude, continuado y el día de la elección. Pero hay también soberbia del liderazgo opositor  al no analizar lo ocurrido y no querer reconocer que la abstención, pero también los errores cometidos, el triunfalismo, el descuido en cubrir todas las mesas, la falta de motivación a los electores, tener candidatos con poco arrastre, divisiones internas, entre otros factores, limitaron un desarrollo exitoso de la campaña opositora y el triunfo de la oposición en muchos estados.

Como alternativa a votar en las elecciones de alcaldes algunos plantean una suerte de “abstención militante”, algo que nadie ha alcanzado nunca. “Convertir la abstención en una campaña de denuncia”, de desenmascaramiento de las trampas del régimen, dicen. ¿Cómo se logra eso contando solo con efímeras redes sociales, en las cuales todos nos vemos el ombligo y nos hablamos y peleamos entre nosotros como si estuviéramos frente a un espejo? ¿Cómo se denuncian las arbitrariedades y trampas de un proceso en el cual no se cree y por lo tanto no se participa? ¿Quién va a escuchar, si ya todo el mundo lo sabe? ¿A quién importa que eso del fraude ocurra, si precisamente porque ocurre es que no se participa?

No luce que sea una estrategia coherente decir: no participo porque “no hay condiciones”, pero … ¡denuncio la trampa! ¿Qué me importa que haya abusos y trampas en un proceso en el que no creo y por eso no estoy participando?

Se parte de una especie de “milagro por ocurrir”: que la dictadura, que es dictadura y acaba de ganar, fraudulentamente, unas elecciones se va a “rendir” ante una oposición a la que acaba de derrotar y le va a “conceder” graciosamente las condiciones que quiere para un nuevo proceso electoral, va a cambiar al órgano electoral que le permite hacer todas las trampas y le va a abrir las puertas del país, que maneja como una hacienda, para que vengan observadores internacionales  a “garantizar” unas elecciones sin abusos y trampas por parte… de la dictadura.

Sí como es de prever, por la historia reciente, no se logran “mejores condiciones” electorales, cambios en el CNE y si no se permite una observación internacional que controle el abuso y el ventajismo oficial, pregunto a los partidos que han decidido no participar en las elecciones de alcaldes,  ¿Qué vamos a hacer en el 2018? ¿Nos abstendremos también en las elecciones presidenciales y le regalamos seis años más a Nicolás Maduro y su dictadura?

Aunado a la falta de autocrítica y el no reconocimiento de los errores cometidos en las regionales, hoy asistimos a un de menosprecio de nuestra dirigencia política por los cargos de alcaldes, a los que no se les considera importantes. Grave error y peligrosa miopía política. Se están equivocando, con el agravante de que mucha gente de la sociedad civil se siente molesta y abandonada a su suerte.

Además de lo dicho, de que el alcalde es el funcionario público más cercano al ciudadano, el que tiene que ver con su vida cotidiana, con su entorno, los espacios de la comunidad, su seguridad y calidad de vida no es cierto que los alcaldes no puedan gobernar. A los alcaldes –salvo la Alcaldía Mayor, que es en la práctica una gobernación– no es fácil nombrarles “protectores” o estructuras paralelas como a los gobernadores, porque los municipios tienen un ingreso propio con los impuestos municipales que administran de manera autónoma, no pasan por la unidad del tesoro y no dependen tanto del situado o de que el gobierno central les dé recursos. Por eso a los alcaldes los persiguen, destituyen y meten presos, algo que quienes propician la abstención prefieren no mencionar, porque se les cae el argumento de la “cohabitación”, eso de que los políticos son unos “traidores”, vendidos”.

Hay un punto más que considerar, en esto de abstenerse o participar en las elecciones de alcaldes, y es que la comunidad internacional, que nos observa y que ya nos había comprado la tesis de la dictadura y de la ilegítima ANC, ahora tiene que asimilar esta “nueva” estrategia, la de no participar en un proceso electoral, después de estar meses pidiendo un cronograma electoral. Dentro de un año –o de unos meses– cuando tengamos el mismo CNE, las mismas condiciones o peores y posiblemente un adelanto de las elecciones presidenciales o de las parlamentarias, o ambas, ¿Cómo justificaremos a esos millones de votantes y a esa comunidad internacional  que “ahora sí” hay que participar? Internamente será complicado explicarlo, al exterior, casi imposible.

Siempre se le puede explicar a la comunidad internacional que hay que participar en los procesos electorales en las condiciones que sea, porque estamos bajo una dictadura; pero explicarle que ahora no participamos, porque “no hay condiciones”, pero que mañana si participaremos, aunque las condiciones sean las mismas, no será fácil.

@Ismael_Perez

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La Estrategia Equivocada

La dictadura tiene su estrategia clara: ganar elecciones; por eso las convoca cuando las puede ganar y abusa de los recursos del poder y hace fraude, con tal de ganarlas.

La dictadura, que es militar, se sostiene por la fuerza de las armas, pero no se legitima haciendo elecciones, se legitima ganando elecciones. Y las gana a base de una minoría que la apoya con votos –cultivada a base de populismo clientelar, proselitismo, intimidación y dadivas–, una maquinaria bien “engrasada” y haciendo fraude.

Mientras, la oposición se estrangula en un círculo perverso y repite estrategias equivocadas. La estrategia de la oposición no solo no está clara, no es la correcta. Para solaz de la dictadura, retirarse de la elección de alcaldes y plantear como única alternativa lograr unas condiciones electorales “justas”, que pasen por el cambio de CNE es una estrategia que nos mete en un callejón sin salida. Se debe denunciar permanentemente las irregularidades y presionar por los cambios que aspiramos, pero eso solo tiene sentido y será efectivo en la medida en que participemos y nos anticipemos, no absteniéndonos.

La participación en las elecciones regionales del 15-O fue una estrategia correcta, era una apuesta que se debía tomar para repetir el triunfo de las elecciones parlamentarias del 2015: más del 50% de los votos y 2/3 de la Asamblea. La organización desplegada en 2015, con los equipos de los diputados y testigos en más del 90% de las mesas, la alta participación votando por la oposición anularon todos los abusos y trampas que hicieron el Gobierno y el CNE, porque también en 2015 hubo fraude continuado. Siempre ha habido fraude –continuado– desde que este régimen tiene el poder, ha sido parte de su estrategia. Y a pesar de eso, hasta ahora la estrategia electoral, la participación en elecciones es lo único que le ha dado triunfos y consolidado a la oposición y le ha dado proyección y respeto internacional. El éxito obtenido en 2015 demuestra que la estrategia electoral es esencialmente correcta y efectiva.

Los procesos electorales, o eventos como el plebiscito del 16J, son lo único que ha tenido convocatoria multitudinaria, que han movilizado a millones de personas. Allí hay un mensaje claro del pueblo hacia los políticos: queremos esta vía, la via electoral, la via del voto, esa es la que estamos dispuestos a seguir millones de venezolanos. Este es un hecho que no admite dudas por más que contra él han irrumpido posiciones radicales y abstencionistas, las que hemos criticado abiertamente pues desmovilizan a la población.

Estamos ahora enfrentados a un agudo dilema. Están convocadas las elecciones de alcaldes para dentro de seis semanas. Para el próximo año están previstas, constitucionalmente, las elecciones presidenciales y ¿Qué decidió una buena parte de la oposición? No participar en las elecciones de alcaldes.

Si no participamos, la dictadura se quedara con casi todas las alcaldías, digamos lo que digamos del proceso y del CNE –que no es seguro, que no hay garantías, que es ilegitimo– de todas maneras se realizaran las elecciones, lo vivimos en el 2005 y el 30J. Vamos a repetir el mismo error de no participar, como en las parlamentarias del 2005. El CNE no cambió ni va a ser cambiado. ¿Cómo explicaremos en 2018 que sí vamos a ir a las elecciones presidenciales con este CNE o no lo haremos y le vamos a regalar a la dictadura seis años más?

Con la decisión de no participar en las elecciones de alcaldes la MUD, además, está entregando a los vecinos a la dictadura y todo por tranquilizar la conciencia de algunos a quienes les angustia “votar con este CNE” –como si fuera muy distinto a los otros con los que hemos votado– o se lamentan porque las elecciones no tienen “garantías”. ¿Cuándo han sido “seguras” las elecciones o cuándo nos han dado “garantías” desde que Hugo Chávez Frías llegó al poder?

¿Qué es lo que se está planteando, que tenga asidero real? Porque es fácil decir que hay que elegir un nuevo CNE y que se deben hacer elecciones en “condiciones seguras” y otras consignas similares; pero ¿Cómo lo logramos? (Con el perdón de la pregunta, porque a algunos no les gusta que se les pida digan que alternativas proponen) Si entregamos las alcaldías, ¿Han pensado los agoreros radicales o los líderes de la neo-oposición donde van a convocar manifestaciones, marchas, trancazos, cuando la dictadura las controle todas? Pensar que la forma de recobrar la deteriorada confianza de los electores en la política y en los partidos es abandonar las alcaldías, que son el primer contacto del ciudadano con la política, es un grave e irresponsable error, que costara votos en el futuro.

“Todo el poder a los soviets”, exclamaban los bolcheviques en Rusia en mayo de 1917 para desconocer el gobierno provisional de Kerensky, un siglo después nuestros líderes los emulan con “Todo el poder a la dictadura”

@Ismael_Perez

Juramentados, ¿Y Ahora Qué?

Prescindir de la posición personal, despojar los hechos de sus connotaciones éticas, morales, de principios, que las tiene y son importantes, para tratar de ser objetivo y analizar el tema políticamente, sus pros y sus contras, es la tarea del analista político para explicar, no para justificar o condenar.

Hacia el largo plazo –creo que es hacia donde apuntan AD y su hoy líder principal, Ramos Allup– están confiados en que los gobernadores van a poder hacer algo, que los que los eligieron no les va a importar ante quien juren, porque más les importa salir de los gobernadores chavistas, pero sobre todo confían en la secular “mala memoria” del venezolano, que en tres meses habrá olvidado todo. ¿Será en el largo plazo una decisión política exitosa, afortunada? Solo el tiempo lo dirá.

En el corto plazo, en lo inmediato, desde el punto de vista de la coherencia, la credibilidad de los actores políticos y la eficacia de la decisión, no puedo sino decir que fue un error, una pésima decisión. Si durante la campaña no se hubiera dicho, hasta el cansancio, oficialmente por la MUD y personalmente por sus voceros, incluido Ramos Allup, que los gobernadores no se juramentarían ante la ilegítima ANC, la situación probablemente habría sido diferente. Pero no fue así.

Ya la dictadura les nombró “protectores”, estructuras paralelas e inició el proceso de despojarlos de recursos, como han hecho en otros casos. El problema grave es que la unidad opositora, ya carcomida por dentro, queda más resentida internamente y no sabemos bien cual será la reacción de la comunidad internacional; el premio Sajarov a la oposición venezolana, es un buen augurio, nos da cierta esperanza de que comprenden lo que pasó el 15-O y después.

Otra secuela grave es que AD –principal partido opositor, nos guste o no– deja de ser un partido confiable para cualquier alianza política.

Lo peor es que la vía electoral como alternativa, el voto como derecho, hace agua por todas partes y nadie propone algo coherente como alternativa, que no sea insinuar una salida de fuerza, interna o internacional. Hay algo espeso en el ambiente, algo se ha roto, la confianza básica en el voto ha desaparecido. Hay, como diría Saramago, “… un corte de energía cívica”. (Ensayo sobre la lucidez. Alfaguara, mayo 2004)

La dictadura convocó para el 10 de diciembre próximo las elecciones de alcaldes; la oposición se debate en el sí o el no; ya Freddy Guevara ha dicho que VP no participará. Se nos presenta un agudo dilema. El CNE ni va a renunciar, ni lo van a cambiar, ni va a dejar de hacer las elecciones con los mismos abusos y trampas. Debilitados, divididos, en muy malas condiciones nos toca decidir qué es lo que vamos a hacer. Si participamos, sabemos que pueden volver a hacer trampa y a lo mejor tampoco vamos a tener la fuerza para impedirlo. Si no participamos, la dictadura se quedará “legalmente” con todas las alcaldías. Asistirán cuatro gatos, pero no les importa, ya nos han demostrado que tienen la “manera” de hacer que parezca que son millones.

Hay un punto que la oposición no parece haber entendido; esa burocracia partidista del PSUV, que con recursos opera en todo el país, a la orden para acosar, para hacer proselitismo, intimidar, trampear procesos electorales, es además mantenida por el Gobierno Central, las empresas del Estado y sobre todo por gobernaciones y alcaldías; de allí la importancia de ganar las gobernaciones y alcaldías para despojarlos de esa burocracia enquistada. Y parece tarde para entenderlo.

Por otro lado, ¿Cómo se defiende el derecho al voto sin votar? Me temo que no hay recetas, ni fórmula única. ¿Quién sabe?; quizás es como dice Saramago: “…hay que tener mucho cuidado con lo que se cree saber, porque por detrás se oculta una cadena interminable de incógnitas, la última de ellas, probablemente, sin solución”.

@Ismael_Perez

El 15-O, ¿Abstención o Fraude?

Los resultados del 15-O reflejan, para la oposición y el país, un escenario que nadie esperaba. Hasta el más contumaz y recalcitrante abstencionista daba por seguro que la oposición obtendría, al menos, la mitad de las gobernaciones del país. No fue así. Los resultados, fueron al revés de lo que daban todas las encuestas. Hay que felicitar a quienes ganaron en sus estados y los recuperaron para la democracia y para su pueblo, pero aunque la oposición tiene tres gobernaciones más de las que tenía, nada nos puede consolar del hecho de que no se cumplieran los vaticinios anhelados y mucho menos de haber perdido “joyas” tan preciadas como Miranda y Lara.

Vayamos a la reflexión sobre los resultados. Parto de una premisa fundamental y es que, dada la situación política del país, lo del 15-O no era una simple elección de gobernadores, sino una medición; como lo expresara magníficamente la periodista Argelia Ríos en un tuiter el 29 de septiembre: “…no estamos eligiendo gobernadores. Los ganadores quizás no ejerzan. Estamos en una medición de fuerzas” De manera que hay dos factores que combinados explican lo ocurrido: la abstención y el fraude, que fueron el centro de la estrategia de la dictadura. 

La participación/abstención.  

El resultado sorpresivo no es solo por las gobernaciones ganadas o perdidas, lo es también por el porcentaje de participación o abstención que acompañan a esos resultados. Según cifras que publicó el CNE, la abstención promedio fue del 37%, que aunque es más baja que el promedio para este tipo de eventos –de 42% –  representa un incremento del 11% con respecto a los comicios del 6D de 2015. No podemos pretender que el 6D no existió, para analizar el resultado del 15-O que, como dije, más que una elección, era una medición. También resalto que habría que examinar estado por estado esa cifra, pues las encuestas anunciaban resultados algo distintos con ese nivel de participación y la abstención afectó de manera diferente a unos u otros estados, pero ese no es mi objetivo en esta reflexión.

En mi artículo de la semana pasada: Abstención, el daño en cifras (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/10/11/abstencion-el-dano-en-cifras/) señalé que: “En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios.”, pues bien, la abstención en este proceso fue del 37%, un 11% más alta que la de las parlamentarias del año 2015 y estamos viendo el resultado. Si evaluamos algunas cifras por estado: en Miranda fue del 41%, en Lara del 36%, en Bolívar del 42%, en Vargas del 36% y así pudiéramos seguir. Incluso en los estados en donde la oposición ganó, la abstención fue muy alta, como por ejemplo en Zulia y Táchira en donde fue del 44% y del 40%, respectivamente. Allí la victoria opositora o la derrota de la dictadura se pueden explicar por la ausencia o presencia combinada de otros factores.

Sin culpar a la “abstención” por el ciento por ciento de los resultados del pasado domingo, negar que una vez más tuviera su impacto, es demagógico y cerrar los ojos a la realidad. Pero hay varias formas de analizar el impacto de la abstención y en todas el resultado es el mismo; por ejemplo, los que prefieren compararlo con los resultados de las elecciones de gobernadores, en 2012 con una abstención del 47%, obtuvimos tres gobernaciones; en 2017 con una abstención más baja, del 37%, obtuvimos más gobernaciones, seis, incluyendo el Estado Bolívar que fue nos fue arrebatado; es decir, menor abstención, mayores beneficios. Hay otra manera de medirlo; según las cifras publicadas los votos que perdió la dictadura con respecto a las elecciones de 2015 son muy pocos, menos de 250 mil votos, en comparación con los que perdió la oposición que se remontan a más de 2,2 millones de votos.

Lo cierto es que se comprobó una vez más que el aumento de la abstención, en este caso con respecto al 6D de 2015 y al promedio general, 34%, a quien perjudicó más fue a la oposición. No se trata, como algunos, dicen de responsabilizar o exculpar a los electores, sino de constatar un hecho innegable y comprobar que quienes señalamos que estimular la abstención era hacerle el juego a la política de la dictadura, estábamos en lo correcto. No entiendo porque ahora quienes asumieron esa política se resisten a aceptar sus consecuencias.

El Fraude.  

Antes de que los viudos de la calle me vayan a preguntar que pienso de “el fraude”, lo diré de una vez: Sí, hubo fraude; pero gritar “fraude” es lo fácil, lo difícil es probarlo. Nadie me  tiene que convencer del fraude –lo vengo observando y denunciando con este régimen, “sobrevenido” hoy en dictadura, desde 1999– pero hay que dejar de buscarlo en las máquinas y en los números; si pensamos  que está allí, entonces hay que demostrarlo, pruebas en mano. Desde luego que tener las actas es mucho mejor que no tenerlas, porque sin ellas nunca podremos probar nada ante nadie, pero aunque las tengamos todas, cuyos resultados usualmente coincidirán con los resultados que arrojaron las máquinas, tampoco es garantía de nada. “Acta mata fraude”, pero hace décadas se decía: “Acta mata voto”, y lo estamos comprobando amargamente en el Estado Bolívar. Luchamos contra una dictadura.

Ahora no podemos obviar otra realidad; el CNE nos está retando, nos está diciendo: aquí están nuestros números. Es el momento de dejar de decir “fraude” y sacar las cifras, si se tienen. Si no se tienen, hay que dejar de buscar en las actas, números que no están y poner el acento donde se dio el gigantesco fraude: todas las violaciones perpetradas por el CNE/dictadura antes del día de la votación, que destruyen el derecho y el secreto del voto de los venezolanos. Lo que hace la MUD cuando declara que hay que determinar todas las “incidencias” o irregularidades que afectaron los resultados, es lo correcto; pero vamos a estar claros, nadie lo va a reconocer porque es el tipo de acciones que políticamente no complacen a nadie, no tienen glamur político, cuando lo que se espera es una acción mágica, contundente, que resuelva las cosas en un instante.

Sí, sí hubo fraude y gigantesco, está en todas esas irregularidades que se han denunciado: suspensión y adelanto de fechas electorales, ventajismo, la no sustitución de candidatos, inhabilitación de candidatos y de la MUD, migraciones y reubicaciones, saboteos y violencia contra las mesas, y ese largo etcétera con muchos detalles que ya se han mencionado y que no vale la pena volver a enumerar a los fines de esta reflexión. Miles de “triquiñuelas”, delitos electorales, que se constituyen en fraude porque fueron hechos, antes y durante el día de la votación, con la deliberada intención de alterar los resultados. Están allí, hay que denunciarlos, determinarlos, contarlos, impugnarlos, pero sobre todo, tomarlos en cuenta para el futuro.

Por ejemplo, la “reubicación” ilegal de centros, 48 y 24 horas antes del día de votación, entre otras cosas impactó los resultados en Miranda, más que en otras entidades. Como no haya sido además una forma de camuflar otra irregularidad, la “migración” de votantes desde municipios y estados vecinos. Habrá que revisar y contrastar el REP y mejor aún los cuadernos de votación, uno a uno, para despejar esta duda. Otro ejemplo, no permitir la “sustitución” de candidatos, que con otras irregularidades y la alteración de actas terminaron con la victoria opositora en el Estado Bolívar.

Mientras tanto hay cifras que el CNE/dictadura debe explicar; por ejemplo, los 8 millones de votos que anuncio Tibisay Lucena el 30J que no se vieron por ninguna parte, ni ese día votando, ni después se han publicado, no existen, de eso no hay actas, ni números, ni nada. ¿Dónde están más de dos millones de supuestos votos del oficialismo que se evaporaron en tan solo dos meses y medio, entre el megafraude del 30J y los resultados de 15-O? En cambio, la oposición si puede explicar mejor sus números, pues una buena parte de los firmantes del plebiscito del 15J estaban en el exterior, que en esta oportunidad no votaron. Pero hay una votación “dura” del oficialismo que no podemos negar –aunque entendamos que está sostenida con políticas clientelares, intimidación y abuso de las necesidades y carencias en alimentos y medicinas– y que luce más “fiel” que la opositora, ésta segunda mucho más voluble a los estados de ánimo y resultados de otros eventos políticos.

Como conclusión, la combinación de estos dos factores, abstención y fraude, explican la derrota sufrida por la oposición. Si los votos no están, el fraude es más fácil. En 2015 la dictadura tenía que anular casi tres millones de votos para ganar. No lo hizo. Utilizó otros mecanismos –sentencias del TSJ–  para desconocer los resultados, pero lo está pagando caro internacionalmente. Para el 15-O cambió la estrategia. En unas elecciones regionales, que son 23 elecciones diferentes, solo necesitó arrebatar o eliminar unos miles de votos por entidad para “ganar”. Lo hizo por diversas vías, la mayoría antes del 15-O. Pero, para conquistar el poder hay que tener vocación de poder. ¿Cómo se saca a la gente a la calle a defender lo que no hizo? ¿Van a salir a la calle los que no votaron a defender los votos de los que sí lo hicimos?

¿Y ahora qué?

Hay más cosas que analizar, papel de la MUD, estrategias, organización, y otras. Serán temas de próximas reflexiones; pero de una vez adelanto mi propuesta, a explicar con detalle en la próxima ocasión: Superar rápidamente la situación actual. Se puede caminar y masticar chicle al mismo tiempo; es decir se puede denunciar e investigar todo lo ocurrido y exigir condiciones electorales justas y al mismo tiempo prepararse para las elecciones de alcaldes y presidenciales de 2018. Yo, al menos, que creo en la vía electoral, al tenor de los resultados, pienso que lo que hay que hacer es prepararse mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Fijarse en los números duros que tenemos, no en los que no tenemos.

@Ismael_Perez

Abstención, el Daño en Cifras

Los datos que presento a continuación no pretenden llenar el vacío de la falta de estudios con respecto al fenómeno de la abstención, son solo algunas cifras para reflexionar al respecto. He tomado solo cifras oficiales del CNE que cualquiera puede corroborar y solo sobre algunos eventos electorales: presidenciales, Asamblea Nacional, referendos, elecciones de Asamblea Constituyente y desde luego elecciones de gobernadores, que es el tema que hoy tenemos sobre la mesa. No se dispone de cifras de los dos referendos de 2007 y no hay tampoco cifras completas de las parlamentarias de 2005.

Desde 1958 se han realizado 33 de estos eventos, pero solo tenemos cifras de abstención de 30 de ellos. El promedio de abstención de estos 30 eventos fue del 34%. Como ya sabemos, el promedio de abstención más bajo se da en las elecciones presidenciales:19%; pero este promedio está sesgado por las bajas abstenciones de los cuatro procesos presidenciales entre 1958 y 1973, que fue del 6%.

En 1978 se produjo el primer “salto” en la abstención que fue del 12%; el promedio de abstención desde ese proceso y durante los cuatro siguientes, hasta 1998, fue del 27%. En 1993 se produjo un segundo “salto” en la abstención, subiendo 21 puntos para ubicarse en 40%; fenómeno signado sin duda por los intentos de golpes de estado de 1992 y la crisis política que se desató en el país; desde ese entonces la abstención para cualquier proceso electoral se ha situado en un promedio del 34% y no ha descendido. Sin duda este “salto” en la abstención y que se haya mantenido alta se debe al fenómeno del sesgo antipolítico y antipartidos que ha caracterizado a la sociedad venezolana desde mediados de los años 70 y hasta el día de hoy, reforzado por el hecho de que en la Constitución de 1999 el sufragio es un derecho y no un deber, como lo era en la de 1961, inclusive con aplicación de sanciones a quienes no votaban.

Como dato curioso, en los cuatro procesos electorales presidenciales que se han efectuado desde el año 2000, bajo la nueva Constitución, la abstención también fue del 27%. Luego es falsa esa afirmación de que la participación electoral ha aumentado con el denominado “proceso revolucionario”. Así lo confirman también los referendos constitucionales, pues en los dos de los que se disponen cifras –los de 1999– la abstención en uno fue del 62% y en el otro 54%; la más alta, del 44%, fue en el 2000 con la “relegitimación” de Hugo Chávez. Ni siquiera el importante referendo presidencial de 2004 –contra Chávez Frías– movió a la población a votar, pues la abstención fue del 30% y una de las abstenciones más altas ha sido la elección de la Asamblea Constituyente de 1999, que fue del 54%.

Las elecciones parlamentarias y las de gobernadores tienen niveles bajos de participación. El promedio de abstención de los seis procesos parlamentarios de los que se tienen cifras –desde que se separaron de las presidenciales en 1993– es del 38% y peor aún es el caso de las elecciones de gobernadores, cuyo promedio de abstención es del 47% desde el año 1989.

Detengámonos en las cifras de gobernadores, para ver el efecto que ha tenido la abstención en este tipo de elección. La primera observación es que la elección de gobernadores siempre ha estado signada o impactada por los acontecimientos políticos recientes y los resultados electorales de otros procesos.

Para analizar este punto, veamos este pequeño cuadro que contiene el porcentaje de abstención desde el año 2000 en las elecciones de gobernadores, y tomaremos como referencia el año 1998, año en el que se celebraron las últimas elecciones bajo la Constitución de 1961 cuando la oposición obtuvo 17 gobernaciones, solo para ver la evolución de ese número.

GOBERNADORES

2000

2004

2008

2012

  42%

  48%

  34%

  50%

    Promedio

43%
  • En el año 2000, como efecto de la relegitimación de los poderes bajo la nueva Constitución, la “sombra” de los triunfos de los referendos constituyentes y el efecto “porta avión” de la mega elección de ese año, la oposición perdió 10 gobernaciones, quedando nada más con 7.
  • En el año 2004, después del referendo revocatorio en el que salió triunfante Chávez Frías y la oposición reclamó “fraude”, la abstención se incrementó al 48% y la oposición perdió 5 gobernaciones, manteniendo solamente dos: Nueva Esparta y Zulia.
  • En el año 2008, la abstención promedio bajó 14 puntos, hasta el 34% y la oposición se recuperó y obtuvo 5 gobernaciones: Carabobo, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia y pudo haber ganado otras cuatro –Bolívar, Cojedes, Falcón y Mérida– de no ser por los elevados porcentajes de abstención en esos estados, 31%.
  • En el año 2012, tras el revés electoral de Capriles Radonsky frente a Chávez Frías y el reclamo de muchos opositores nuevamente con relación a un supuesto “fraude” y llamados a la abstención, ésta se incrementó 16 puntos, llegando al 50%, lo que ocasionó que la oposición se quedara solo con 3 gobernaciones, Amazonas, Lara y Miranda; ganando la de Amazonas y perdiendo las de Carabobo, Nueva Esparta, Táchira y Zulia; y más grave aún, perdiendo la oportunidad de ganar Aragua, Barinas, Bolívar, Mérida y Monagas, debido a los altos niveles de abstención en esas entidades, 50%.

De manera que para mí es claro, a partir de estas cifras, a quien ha perjudicado la abstención, en general, y en las elecciones de gobernadores en particular. En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios. De allí el empeño de la dictadura en promover la abstención y la importancia para la oposición de hacer un esfuerzo por reducir sus niveles el 15-O y bajar el “peso muerto” de la abstención.

@Ismael_Perez

15 de Octubre: Recta Final

La “predicción política” es un arte adivinatorio que no se me da bien, pero a veces por mera reflexión política vale la pena hacerlo.

La dictadura no necesita tener buenos candidatos a gobernadores, los que vayan a votar por ellos, votarán por ellos como quiera que sean, igual que los opositores lo harán por los suyos. La polarizada situación política del país no deja alternativas, no vamos a una elección, sino a una medición. Muchos han olvidado este detalle.

El problema de la dictadura es que ese número: “los que vayan a votar por ellos”, cada vez se reduce más y ya no les alcanzará para ganar muchas gobernaciones. Tendrán la votación de sus “fieles” que se completará con las trampas que puedan hacer –en aquellas mesas remotas o peligrosas, donde la oposición no logre tener testigos u observadores– y tratando de disminuir la votación opositora. Con eso ganarán unas pocas gobernaciones, estimo que no más de siete, que no menciono por aquello de las profecías auto cumplidas.

Esto se debe a que la política pro abstencionista de la dictadura y de algunos opositores –frustrados, molestos o resentidos con la MUD porque no se logró el objetivo de sacar a Maduro tras cuatro meses de protestas en la calle– no ha tenido éxito o se ha “desinflado” y cada día pierde más adeptos. Falta ver sí ese aumento en la intención del voto le alcanza a la oposición para ganar 16 o más gobernaciones de las 23 –si 23– que lucían posibles a finales de 2016, de acuerdo con encuestas y algunos estudios históricos de resultados electorales. En todo caso, es seguro que la oposición ganará las gobernaciones más grandes, donde hay más población.

La dictadura tiene entonces dos opciones, el fraude y la suspensión del proceso. El fraude ya sabemos que es difícil si se logran testigos en el 90% de las mesas; la oposición lo sabe bien y en este proceso que es regional o local, donde hay 23 candidatos con sus propios intereses y maquinarias, este objetivo es más fácil de lograr. Lo de la suspensión del proceso, es un punto del que se ha hablado y yo lo he mencionado en un par de artículos anteriores. Sigue siendo un “peligro” real y siempre se creyó que era la mejor opción de la dictadura. Pero fíjense que pongo “peligro” entre comillas y digo “era”, pues ya no estoy tan seguro que ahora puedan suspender las elecciones, porque la comunidad internacional le está respirando en la nuca a la dictadura.

Lo que van a tratar es de minimizar pérdidas para que la derrota no sea tan estridente. Por lo tanto intensificarán su campaña de abstención, confusión y desmoralización de la oposición. Con el CNE exacerbando las arbitrariedades, como la de impedir la sustitución de candidatos, ahora “legalizada” por el TSJ, o hablando de poner más normas absurdas y desesperadas, como lo de la “juramentación” ante la ANC, buscando que sea la oposición la que se “retire” o se exacerben los ánimos de algunos opositores en contra de la MUD, que le haga perder votos. No obstante, si la situación se les vuelve más crítica, no creo que tengan mucho escrúpulo en darle la patada a la mesa y que sea la ANC, por ejemplo, la que suspenda las elecciones con cualquier pretexto. Pero reitero, aunque siempre es posible, la presión internacional hace que esto sea cada vez más difícil.

Veremos entonces en los próximos días, en el desarrollo de la campaña pro abstención de la dictadura, como intensifica también su campaña favorita: intimidación y demagogia populista. La intimidación abarca también a los suyos; a los más pobre les dirán: “cuidado, que te van a quitar lo que te dio el comandante” y a los “enchufados” ricos acosándolos con su Fiscal y asustándolos con lo que pueden perder, sobre todo ahora que se van reduciendo los “espacios de disfrute”, por las medidas que en contra de algunos seguidores de la dictadura se están adoptando internacionalmente.

Como para lo segundo –la demagogia populista– no hay recursos, el énfasis será en la intimidación y en la confusión.

 

@Ismael_Perez

 

El Mandato del 16J

En Venezuela cada quien lee, ve, oye y entiende lo que quiere leer, ver, oír y entender y el tema de cómo interpretar el “mandato” del plebiscito del 16 de julio de 2017, no es una excepción.

El 16 de julio, en mi opinión, se dieron varios mensajes. El primero, ya lo he dicho,  es que cuando se convocan eventos electorales o similares, la respuesta es masiva: millones de personas acudimos al llamado. Algo debería decir ese primer mensaje a nuestros líderes y la interpretación es que los venezolanos queremos enfrentar a la dictadura, que la rechazamos, pero no somos suicidas. Tras cuatro meses de enfrentamiento en las calles con la GNB/PNB/FANB y grupos paramilitares armados, no estamos dispuestos a seguir siendo acribillados y morir en las calles asesinados por los esbirros del régimen. Y no es una metáfora, lo hemos vivido. No somos soldados, somos ciudadanos, queremos elecciones, en las que podamos expresarnos y participar masivamente, además de votar.

El segundo mensaje, también fue claro en las respuestas a las tres preguntas del plebiscito, especialmente a la tercera, que reproduzco casi textualmente: queremos “la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”, lo queremos en “elecciones libres y transparentes” y que se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”. Esta ha tenido otra lectura por parte de algunos.

No hay en la tercera pregunta un lapso para hacerlo, una fecha para su ejecución, que además sería absurdo definirla frente a una dictadura que hemos visto dispuesta a mentir, reprimir y matar por mantener el poder. Pero sí hay en la pregunta un “modo”: renovando poderes, de acuerdo a la Constitución, mediante elecciones; y una finalidad, un “mandato”, para usar la palabra que les gusta a algunos: conformando un gobierno de unidad nacional. Es decir, que sea por decisión de la mayoría y que se incluya a todos en ese proceso.

Ahora bien, los poderes públicos se deben “renovar” de acuerdo con un procedimiento constitucional y legal, claramente establecido, porque de eso se trata, de “restablecer el orden constitucional” que ha sido violado, alterado, desconocido, por esta dictadura. Algunos, el Tribunal Supremo, CNE e integrantes del Poder Ciudadano, deben ser designados por la Asamblea Nacional (AN); otros –la propia AN y el Presidente de la Republica– deben ser electos por el pueblo en elecciones democráticas. Ya la AN desconoció al TSJ y nombró magistrados – casi todos hoy en el exilio– e inició el proceso para elegir rectores del CNE, que debió suspenderse cuando los candidatos retiraron sus nombres al ver lo que pasó con los magistrados del TSJ designados por la AN; además reconoció a la Fiscal General, también hoy en el exilio, y designó al Vice Fiscal. Pero la AN ha hecho mucho más: declaró la ausencia del cargo del Presidente de la República, desconoció la ANC, llamó a la FANB a restituir el orden democrático y desconocer a la dictadura, y llamó al pueblo a la desobediencia civil a través de los artículos 333 y 350 de la Constitución, organizando además un plebiscito popular, al margen del CNE, desconociendo en la práctica, a este organismo. Y varias cosas más, que sería largo enumerar.

¿Qué significa entonces cumplir el mandato del 16J? ¿Cómo lo hacemos? ¿Aplicamos una “caída y mesa limpia”? ¿Le pedimos a la AN que desconozca la Constitución y proceda a hacerlo de cualquier manera? ¿A la brava, como lo hace la dictadura, sabiendo, como sabemos, además, que la AN no tiene la “fuerza física” –léase bien, “fuerza física”– para hacer que se respeten sus decisiones?

Agradeceríamos a quienes sí han entendido “correctamente” el mandato del 16J que nos ilustraran acerca del Cómo y Cuándo, según ellos, se cumple el mandato del 16J y que ellos han entendido de una manera tan distinta y perentoria y que asuman la responsabilidad de lo que eso implica.

@Ismael_Perez

 

Abstención o Indiferencia

Los temas políticos se repiten y escribir sobre ellos también, con el problema de que cada vez es más difícil decir algo nuevo, distinto, y eso pasa con la abstención, que es un problema que cíclicamente se nos presenta en la mesa de discusión.

Hasta hace poco la composición política de Venezuela, de acuerdo con las encuestas y resultados electorales, se repartía más o menos en tres pedazos iguales. A favor, en contra del régimen y un tercio del electorado que se autodenomina “independiente”, “ni-ni” –que yo denomino indiferente– y que se inclina parcialmente por una u otra opción, dependiendo de la situación del momento, las promesas o las políticas populistas predominantes. Es este sector el que inclina la balanza electoral y en él hay un grupo que sistemáticamente se abstiene de participar, simplemente porque la política le es indiferente. La indiferencia por la política y las posturas antipolíticas, anti partidos, de ese grupo y de otros, es lo que en el pasado y en buena parte del presente, nos condujo a la dictadura que hoy tenemos.

Pero, en los últimos dos años, la composición política del país ha cambiado. Según los últimos resultados electorales y las encuestas, el “tercio” chavista ha descendido al 20%; el sector opositor ha aumentado a casi el 50% y se mantiene casi incólume el sector indiferente, que es de donde más se nutre el “abstencionismo”.

La abstención es uno de los fenómenos políticos que menos se ha estudiado, a nivel mundial, y particularmente en Venezuela, donde además, durante muchos años –hasta la Constitución de 1999 que eliminó el carácter obligatorio del voto– no fue un evento significativo. Desde 1999 en las elecciones más concurridas, que suelen ser las presidenciales, la abstención o indiferencia más baja fue del 25,3%, en las elecciones presidenciales del 2006. La más alta ha sido en las elecciones parlamentarias de 2005 que superó el 75%. Pero, por mucho que queramos disfrazarla, la primera razón para la abstención en cualquier proceso electoral es la simple indiferencia.

Hay muchas razones para votar o para abstenerse y no voy a reproducir aquí esa discusión. Aparte de las filosóficas y de principios, que son para mí las razones válidas, me interesa discutir la “abstención” como política y desde ese punto de vista, discutir su eficacia, porque lo que no está en discusión es que en política es preciso hacer lo que sea más eficiente. En 2005 la abstención fue la “política oficial” de la oposición y como dije, fue alta, más del 75%. ¿Qué se logró con eso? ¿Suspendió el CNE las elecciones? ¿Quedaron los cargos de diputados vacantes? ¿Fue declarada ilegítima la Asamblea electa con una mayoría espuria? ¿Dejó la comunidad internacional de reconocer al Gobierno venezolano de Hugo Chávez Frías? La respuesta a todas esas preguntas es negativa, como lo fue la situación en la que quedó la oposición democrática venezolana, nacional e internacionalmente, y de la cual nos costó años recuperarnos.

Y es que convertir la abstención en una política que sea movilizadora y se distinga de la simple indiferencia requiere de un gran esfuerzo, mucho más sostenido y de mucha mayor capacidad organizativa que, simplemente, participar; y ese esfuerzo es lo que no veo de manera concreta en ninguna de las posiciones abstencionistas. Al no ofrecer una posición activa, que se traduzca en un enfrentamiento y movilización contra la dictadura, se confunden con la indiferencia; usualmente no pasan de descargar insultos y descalificaciones hacía aquellos que creemos en la eficacia de la movilización masiva a participar y defender el voto y se limitan a enfrentar agria y duramente al propio sector opositor.

@Ismael_Perez

Por Qué se Enfrio la calle

Tras cuatro meses de intensas protestas la pregunta que ahora muchos se hacen es ¿Por qué se “enfrió” la calle? En política es conveniente aclarar los acontecimientos, tratar de explicarlos, aunque sea con hipótesis, porque una correcta interpretación de los hechos ayuda a evitar que se cometan los mismos errores en el futuro, aunque eso no siempre es posible.

No fue que se dejo de hacer convocatorias a actividades de “calle”, como algunos señalan, culpando de ello a la MUD. Entre el 16 de julio y el 13 de agosto se realizaron más de 10 convocatorias, cada dos días, a diversos eventos por parte de la MUD –que por cierto es la única que convocaba, organizaba y se responsabilizaba por cualquier tipo de evento– que fueron languideciendo, hasta desaparecer.

Avanzo entonces mi hipótesis señalando lo que para mí es obvio: La calle se enfrió porque no estaba suficientemente caliente. Tal como ocurrió 2002/2003 y en el 2014, cuando también vimos manifestaciones “masivas”, las grandes concentraciones, sobre todo en Caracas y otras grandes ciudades, se realizaban solo en ciertos sectores, geográficos y sociales, de clase media o media baja y ciertas zonas de las ciudades, pero en el área central y en áreas populares la vida transcurría con cierta “normalidad”; en 2017 fue igual, aunque es cierto que vimos –hablo solo de Caracas– algunas manifestaciones importantes y actividades de calle significativas en sectores populares del oeste y del centro de la ciudad.

Eso no quiere decir que no exista apoyo popular a la oposición, como anhela y pretende señalar la dictadura, simplemente significa que ese apoyo busca manifestarse de otra manera. Esa es la lectura política que tenemos que hacer y que algunos se niegan a ello, porque deja muy mal parada la idea pro abstención o contra la participación electoral. Me explico.

De los procesos de manifestaciones y paros de 2003/2004, que igualmente fueron mermando, “salimos” con un evento masivo de recolección de firmas –el llamado “firmazo”– para lograr el RR del 15 de agosto de 2004, del cual salimos derrotados, gritando un fraude que nunca pudimos probar y con la inercia de una política que resultó inoportuna e inmanejable ya que apelar a esa política del fraude sin resolverlo, sin tener una respuesta alternativa y contundente, trajo graves consecuencias en desmotivación que aun pagamos. Pero ya sabemos lo poco propensos que somos a admitir los errores que cometemos.

Tras la llamada “salida” o manifestaciones de “calle” en el año 2014, se inicio un proceso de discusión que concluyó en un proceso de primarias para elegir los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, elección que se realizó en 2015 y en la cual obtuvimos la mayoría de los votos y 2/3 de los diputados.

Del proceso de protestas de 2017 “salimos” con el plebiscito del 16 de julio en el cual recogimos más de 7 millones de firmas, legales, mostrables, que todo el mundo vio en las calles y no como en el “fraude” masivo del 30 de julio para la elección de la inconstitucional ANC.

Cuando se convoca un “trancazo” o cierre de calles, participan cientos, escasamente miles de personas. Cuando se convocan “manifestaciones” o “marchas”, participan cientos de miles. Cuando se convocan eventos electorales o parecidos, participan millones de personas. El análisis de estos procesos a mi me dice que la gente está dispuesta a participar masivamente en eventos en los cuales se pueda expresar pero que le garanticen una cierta seguridad. Otras actividades de mayor riesgo y acción quedan para las “elites”; no en balde los pensadores de principios del siglo pasado decían que la política la practican las minorías, el “control” de la política es el que debemos hacer las mayorías, papel al que muchas veces hemos renunciado.

@Ismael_Perez

 

 

 

¡Propongan Algo!

A todos los que denigran y descalifican a los partidos, sobre todo los tradicionales, a los que arremeten contra a los políticos, contra los dirigentes de la MUD –esa instancia anónima que nadie defiende– les llego su momento estelar. No los voy a nombrar, todos saben quiénes son y donde están. La escena les pertenece. Somos todo oídos.

Las elecciones regionales no tienen sentido, dicen, y la sola mención del tema  los enardece y les produce urticaria ética; “de que sirve tener gobernadores, si no los van a dejar gobernar”, “ya vimos lo que paso con la Asamblea, de que sirvió”, alegan. “Igual pasará con los gobernadores y alcaldes”. “Las dictaduras no salen con votos”, afirman. Supongamos que sí, que compramos el argumento en contra de las regionales, ¿Qué proponen?, porque ya está demostrado –en 2002 y 2003, en 2014 y ahora, en estos cuatro meses– que para sacar dictaduras como la venezolana, “la calle” tampoco sirve de mucho. El país se puede terminar de ir a la ruina, caer en la más espantosa miseria y a la dictadura no le importa; a ellos no les afecta, en su campana de cristal no hay problemas ni penurias, todo fluye, especialmente las divisas, así que todo lo niegan y ni se van, ni resuelven nada.

Sí, hay que admitirlo, la estrategia opositora no alcanzó el anhelado objetivo final de sacar a Nicolás Maduro. Tal parece que no “faltaba poco”, que no estaba “por caer”, que no era “cosa de días”, que no “sale pronto”, como algunos/as afirmaban frecuentemente. La experiencia fue amarga y no fue que la dictadura triunfó, se impuso con apoyo militar, con apoyo de la fuerza, de la represión sanguinaria. Ahora no vamos a pretender que quienes argumentan contra las regionales, convoquen a manifestaciones multitudinarias de “calle”, porque la gente se cansó de “calle”. Pero que al menos esbocen una estrategia, un rumbo, que digan algo, que propongan algo que no sea cruzarse de brazos a denigrar de la MUD y de los partidos y esperar a que se produzca un milagro, una supuesta invasión, un alzamiento de los “militares institucionales”, de los que habla Maduro, por cierto.

Dicho lo anterior y culminada mi catarsis, vale la pena matizar las cosas. La “calle”, es cierto, no cumplió su objetivo final; la jornada fue agotadora y la represión brutal, pero todo lo emprendido desde el primero de abril, los cientos de muertos, los miles de heridos y los cientos de apresados sirvieron para desnudar internacional y completamente a la dictadura y eso no es poca cosa, sobre todo porque, repito, la dictadura no triunfó sino que se impuso por la fuerza de las armas.

A la espera de que nos digan otra opción, en la que podamos participar –más allá de “decálogos” con más análisis y propuestas genéricas de organización sin explicar para que– el ciudadano común, ese que no está armado para enfrentarse a la GNB, PNB, FANB y paramilitares del gobierno, sabe qué a la dictadura, en el terreno electoral es en el único terreno en el que le ha infringido derrotas, le ha ganado alcaldías, referendos, gobernaciones, la Asamblea Nacional. Sí, “ingenuamente” votaremos, pondremos testigos en la mayor cantidad de centros y mesas posibles, contaremos los votos, denunciaremos el fraude donde se presente; con eso no va caer la dictadura, pero nos organizaremos y haremos más fuertes y demostraremos una vez más que a la dictadura solo la sostiene la fuerza de las armas, hasta que…

@Ismael_Perez