Abstención, el Daño en Cifras

Los datos que presento a continuación no pretenden llenar el vacío de la falta de estudios con respecto al fenómeno de la abstención, son solo algunas cifras para reflexionar al respecto. He tomado solo cifras oficiales del CNE que cualquiera puede corroborar y solo sobre algunos eventos electorales: presidenciales, Asamblea Nacional, referendos, elecciones de Asamblea Constituyente y desde luego elecciones de gobernadores, que es el tema que hoy tenemos sobre la mesa. No se dispone de cifras de los dos referendos de 2007 y no hay tampoco cifras completas de las parlamentarias de 2005.

Desde 1958 se han realizado 33 de estos eventos, pero solo tenemos cifras de abstención de 30 de ellos. El promedio de abstención de estos 30 eventos fue del 34%. Como ya sabemos, el promedio de abstención más bajo se da en las elecciones presidenciales:19%; pero este promedio está sesgado por las bajas abstenciones de los cuatro procesos presidenciales entre 1958 y 1973, que fue del 6%.

En 1978 se produjo el primer “salto” en la abstención que fue del 12%; el promedio de abstención desde ese proceso y durante los cuatro siguientes, hasta 1998, fue del 27%. En 1993 se produjo un segundo “salto” en la abstención, subiendo 21 puntos para ubicarse en 40%; fenómeno signado sin duda por los intentos de golpes de estado de 1992 y la crisis política que se desató en el país; desde ese entonces la abstención para cualquier proceso electoral se ha situado en un promedio del 34% y no ha descendido. Sin duda este “salto” en la abstención y que se haya mantenido alta se debe al fenómeno del sesgo antipolítico y antipartidos que ha caracterizado a la sociedad venezolana desde mediados de los años 70 y hasta el día de hoy, reforzado por el hecho de que en la Constitución de 1999 el sufragio es un derecho y no un deber, como lo era en la de 1961, inclusive con aplicación de sanciones a quienes no votaban.

Como dato curioso, en los cuatro procesos electorales presidenciales que se han efectuado desde el año 2000, bajo la nueva Constitución, la abstención también fue del 27%. Luego es falsa esa afirmación de que la participación electoral ha aumentado con el denominado “proceso revolucionario”. Así lo confirman también los referendos constitucionales, pues en los dos de los que se disponen cifras –los de 1999– la abstención en uno fue del 62% y en el otro 54%; la más alta, del 44%, fue en el 2000 con la “relegitimación” de Hugo Chávez. Ni siquiera el importante referendo presidencial de 2004 –contra Chávez Frías– movió a la población a votar, pues la abstención fue del 30% y una de las abstenciones más altas ha sido la elección de la Asamblea Constituyente de 1999, que fue del 54%.

Las elecciones parlamentarias y las de gobernadores tienen niveles bajos de participación. El promedio de abstención de los seis procesos parlamentarios de los que se tienen cifras –desde que se separaron de las presidenciales en 1993– es del 38% y peor aún es el caso de las elecciones de gobernadores, cuyo promedio de abstención es del 47% desde el año 1989.

Detengámonos en las cifras de gobernadores, para ver el efecto que ha tenido la abstención en este tipo de elección. La primera observación es que la elección de gobernadores siempre ha estado signada o impactada por los acontecimientos políticos recientes y los resultados electorales de otros procesos.

Para analizar este punto, veamos este pequeño cuadro que contiene el porcentaje de abstención desde el año 2000 en las elecciones de gobernadores, y tomaremos como referencia el año 1998, año en el que se celebraron las últimas elecciones bajo la Constitución de 1961 cuando la oposición obtuvo 17 gobernaciones, solo para ver la evolución de ese número.

GOBERNADORES

2000

2004

2008

2012

  42%

  48%

  34%

  50%

    Promedio

43%
  • En el año 2000, como efecto de la relegitimación de los poderes bajo la nueva Constitución, la “sombra” de los triunfos de los referendos constituyentes y el efecto “porta avión” de la mega elección de ese año, la oposición perdió 10 gobernaciones, quedando nada más con 7.
  • En el año 2004, después del referendo revocatorio en el que salió triunfante Chávez Frías y la oposición reclamó “fraude”, la abstención se incrementó al 48% y la oposición perdió 5 gobernaciones, manteniendo solamente dos: Nueva Esparta y Zulia.
  • En el año 2008, la abstención promedio bajó 14 puntos, hasta el 34% y la oposición se recuperó y obtuvo 5 gobernaciones: Carabobo, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia y pudo haber ganado otras cuatro –Bolívar, Cojedes, Falcón y Mérida– de no ser por los elevados porcentajes de abstención en esos estados, 31%.
  • En el año 2012, tras el revés electoral de Capriles Radonsky frente a Chávez Frías y el reclamo de muchos opositores nuevamente con relación a un supuesto “fraude” y llamados a la abstención, ésta se incrementó 16 puntos, llegando al 50%, lo que ocasionó que la oposición se quedara solo con 3 gobernaciones, Amazonas, Lara y Miranda; ganando la de Amazonas y perdiendo las de Carabobo, Nueva Esparta, Táchira y Zulia; y más grave aún, perdiendo la oportunidad de ganar Aragua, Barinas, Bolívar, Mérida y Monagas, debido a los altos niveles de abstención en esas entidades, 50%.

De manera que para mí es claro, a partir de estas cifras, a quien ha perjudicado la abstención, en general, y en las elecciones de gobernadores en particular. En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios. De allí el empeño de la dictadura en promover la abstención y la importancia para la oposición de hacer un esfuerzo por reducir sus niveles el 15-O y bajar el “peso muerto” de la abstención.

@Ismael_Perez

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15 de Octubre: Recta Final

La “predicción política” es un arte adivinatorio que no se me da bien, pero a veces por mera reflexión política vale la pena hacerlo.

La dictadura no necesita tener buenos candidatos a gobernadores, los que vayan a votar por ellos, votarán por ellos como quiera que sean, igual que los opositores lo harán por los suyos. La polarizada situación política del país no deja alternativas, no vamos a una elección, sino a una medición. Muchos han olvidado este detalle.

El problema de la dictadura es que ese número: “los que vayan a votar por ellos”, cada vez se reduce más y ya no les alcanzará para ganar muchas gobernaciones. Tendrán la votación de sus “fieles” que se completará con las trampas que puedan hacer –en aquellas mesas remotas o peligrosas, donde la oposición no logre tener testigos u observadores– y tratando de disminuir la votación opositora. Con eso ganarán unas pocas gobernaciones, estimo que no más de siete, que no menciono por aquello de las profecías auto cumplidas.

Esto se debe a que la política pro abstencionista de la dictadura y de algunos opositores –frustrados, molestos o resentidos con la MUD porque no se logró el objetivo de sacar a Maduro tras cuatro meses de protestas en la calle– no ha tenido éxito o se ha “desinflado” y cada día pierde más adeptos. Falta ver sí ese aumento en la intención del voto le alcanza a la oposición para ganar 16 o más gobernaciones de las 23 –si 23– que lucían posibles a finales de 2016, de acuerdo con encuestas y algunos estudios históricos de resultados electorales. En todo caso, es seguro que la oposición ganará las gobernaciones más grandes, donde hay más población.

La dictadura tiene entonces dos opciones, el fraude y la suspensión del proceso. El fraude ya sabemos que es difícil si se logran testigos en el 90% de las mesas; la oposición lo sabe bien y en este proceso que es regional o local, donde hay 23 candidatos con sus propios intereses y maquinarias, este objetivo es más fácil de lograr. Lo de la suspensión del proceso, es un punto del que se ha hablado y yo lo he mencionado en un par de artículos anteriores. Sigue siendo un “peligro” real y siempre se creyó que era la mejor opción de la dictadura. Pero fíjense que pongo “peligro” entre comillas y digo “era”, pues ya no estoy tan seguro que ahora puedan suspender las elecciones, porque la comunidad internacional le está respirando en la nuca a la dictadura.

Lo que van a tratar es de minimizar pérdidas para que la derrota no sea tan estridente. Por lo tanto intensificarán su campaña de abstención, confusión y desmoralización de la oposición. Con el CNE exacerbando las arbitrariedades, como la de impedir la sustitución de candidatos, ahora “legalizada” por el TSJ, o hablando de poner más normas absurdas y desesperadas, como lo de la “juramentación” ante la ANC, buscando que sea la oposición la que se “retire” o se exacerben los ánimos de algunos opositores en contra de la MUD, que le haga perder votos. No obstante, si la situación se les vuelve más crítica, no creo que tengan mucho escrúpulo en darle la patada a la mesa y que sea la ANC, por ejemplo, la que suspenda las elecciones con cualquier pretexto. Pero reitero, aunque siempre es posible, la presión internacional hace que esto sea cada vez más difícil.

Veremos entonces en los próximos días, en el desarrollo de la campaña pro abstención de la dictadura, como intensifica también su campaña favorita: intimidación y demagogia populista. La intimidación abarca también a los suyos; a los más pobre les dirán: “cuidado, que te van a quitar lo que te dio el comandante” y a los “enchufados” ricos acosándolos con su Fiscal y asustándolos con lo que pueden perder, sobre todo ahora que se van reduciendo los “espacios de disfrute”, por las medidas que en contra de algunos seguidores de la dictadura se están adoptando internacionalmente.

Como para lo segundo –la demagogia populista– no hay recursos, el énfasis será en la intimidación y en la confusión.

 

@Ismael_Perez

 

El Mandato del 16J

En Venezuela cada quien lee, ve, oye y entiende lo que quiere leer, ver, oír y entender y el tema de cómo interpretar el “mandato” del plebiscito del 16 de julio de 2017, no es una excepción.

El 16 de julio, en mi opinión, se dieron varios mensajes. El primero, ya lo he dicho,  es que cuando se convocan eventos electorales o similares, la respuesta es masiva: millones de personas acudimos al llamado. Algo debería decir ese primer mensaje a nuestros líderes y la interpretación es que los venezolanos queremos enfrentar a la dictadura, que la rechazamos, pero no somos suicidas. Tras cuatro meses de enfrentamiento en las calles con la GNB/PNB/FANB y grupos paramilitares armados, no estamos dispuestos a seguir siendo acribillados y morir en las calles asesinados por los esbirros del régimen. Y no es una metáfora, lo hemos vivido. No somos soldados, somos ciudadanos, queremos elecciones, en las que podamos expresarnos y participar masivamente, además de votar.

El segundo mensaje, también fue claro en las respuestas a las tres preguntas del plebiscito, especialmente a la tercera, que reproduzco casi textualmente: queremos “la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”, lo queremos en “elecciones libres y transparentes” y que se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”. Esta ha tenido otra lectura por parte de algunos.

No hay en la tercera pregunta un lapso para hacerlo, una fecha para su ejecución, que además sería absurdo definirla frente a una dictadura que hemos visto dispuesta a mentir, reprimir y matar por mantener el poder. Pero sí hay en la pregunta un “modo”: renovando poderes, de acuerdo a la Constitución, mediante elecciones; y una finalidad, un “mandato”, para usar la palabra que les gusta a algunos: conformando un gobierno de unidad nacional. Es decir, que sea por decisión de la mayoría y que se incluya a todos en ese proceso.

Ahora bien, los poderes públicos se deben “renovar” de acuerdo con un procedimiento constitucional y legal, claramente establecido, porque de eso se trata, de “restablecer el orden constitucional” que ha sido violado, alterado, desconocido, por esta dictadura. Algunos, el Tribunal Supremo, CNE e integrantes del Poder Ciudadano, deben ser designados por la Asamblea Nacional (AN); otros –la propia AN y el Presidente de la Republica– deben ser electos por el pueblo en elecciones democráticas. Ya la AN desconoció al TSJ y nombró magistrados – casi todos hoy en el exilio– e inició el proceso para elegir rectores del CNE, que debió suspenderse cuando los candidatos retiraron sus nombres al ver lo que pasó con los magistrados del TSJ designados por la AN; además reconoció a la Fiscal General, también hoy en el exilio, y designó al Vice Fiscal. Pero la AN ha hecho mucho más: declaró la ausencia del cargo del Presidente de la República, desconoció la ANC, llamó a la FANB a restituir el orden democrático y desconocer a la dictadura, y llamó al pueblo a la desobediencia civil a través de los artículos 333 y 350 de la Constitución, organizando además un plebiscito popular, al margen del CNE, desconociendo en la práctica, a este organismo. Y varias cosas más, que sería largo enumerar.

¿Qué significa entonces cumplir el mandato del 16J? ¿Cómo lo hacemos? ¿Aplicamos una “caída y mesa limpia”? ¿Le pedimos a la AN que desconozca la Constitución y proceda a hacerlo de cualquier manera? ¿A la brava, como lo hace la dictadura, sabiendo, como sabemos, además, que la AN no tiene la “fuerza física” –léase bien, “fuerza física”– para hacer que se respeten sus decisiones?

Agradeceríamos a quienes sí han entendido “correctamente” el mandato del 16J que nos ilustraran acerca del Cómo y Cuándo, según ellos, se cumple el mandato del 16J y que ellos han entendido de una manera tan distinta y perentoria y que asuman la responsabilidad de lo que eso implica.

@Ismael_Perez

 

Abstención o Indiferencia

Los temas políticos se repiten y escribir sobre ellos también, con el problema de que cada vez es más difícil decir algo nuevo, distinto, y eso pasa con la abstención, que es un problema que cíclicamente se nos presenta en la mesa de discusión.

Hasta hace poco la composición política de Venezuela, de acuerdo con las encuestas y resultados electorales, se repartía más o menos en tres pedazos iguales. A favor, en contra del régimen y un tercio del electorado que se autodenomina “independiente”, “ni-ni” –que yo denomino indiferente– y que se inclina parcialmente por una u otra opción, dependiendo de la situación del momento, las promesas o las políticas populistas predominantes. Es este sector el que inclina la balanza electoral y en él hay un grupo que sistemáticamente se abstiene de participar, simplemente porque la política le es indiferente. La indiferencia por la política y las posturas antipolíticas, anti partidos, de ese grupo y de otros, es lo que en el pasado y en buena parte del presente, nos condujo a la dictadura que hoy tenemos.

Pero, en los últimos dos años, la composición política del país ha cambiado. Según los últimos resultados electorales y las encuestas, el “tercio” chavista ha descendido al 20%; el sector opositor ha aumentado a casi el 50% y se mantiene casi incólume el sector indiferente, que es de donde más se nutre el “abstencionismo”.

La abstención es uno de los fenómenos políticos que menos se ha estudiado, a nivel mundial, y particularmente en Venezuela, donde además, durante muchos años –hasta la Constitución de 1999 que eliminó el carácter obligatorio del voto– no fue un evento significativo. Desde 1999 en las elecciones más concurridas, que suelen ser las presidenciales, la abstención o indiferencia más baja fue del 25,3%, en las elecciones presidenciales del 2006. La más alta ha sido en las elecciones parlamentarias de 2005 que superó el 75%. Pero, por mucho que queramos disfrazarla, la primera razón para la abstención en cualquier proceso electoral es la simple indiferencia.

Hay muchas razones para votar o para abstenerse y no voy a reproducir aquí esa discusión. Aparte de las filosóficas y de principios, que son para mí las razones válidas, me interesa discutir la “abstención” como política y desde ese punto de vista, discutir su eficacia, porque lo que no está en discusión es que en política es preciso hacer lo que sea más eficiente. En 2005 la abstención fue la “política oficial” de la oposición y como dije, fue alta, más del 75%. ¿Qué se logró con eso? ¿Suspendió el CNE las elecciones? ¿Quedaron los cargos de diputados vacantes? ¿Fue declarada ilegítima la Asamblea electa con una mayoría espuria? ¿Dejó la comunidad internacional de reconocer al Gobierno venezolano de Hugo Chávez Frías? La respuesta a todas esas preguntas es negativa, como lo fue la situación en la que quedó la oposición democrática venezolana, nacional e internacionalmente, y de la cual nos costó años recuperarnos.

Y es que convertir la abstención en una política que sea movilizadora y se distinga de la simple indiferencia requiere de un gran esfuerzo, mucho más sostenido y de mucha mayor capacidad organizativa que, simplemente, participar; y ese esfuerzo es lo que no veo de manera concreta en ninguna de las posiciones abstencionistas. Al no ofrecer una posición activa, que se traduzca en un enfrentamiento y movilización contra la dictadura, se confunden con la indiferencia; usualmente no pasan de descargar insultos y descalificaciones hacía aquellos que creemos en la eficacia de la movilización masiva a participar y defender el voto y se limitan a enfrentar agria y duramente al propio sector opositor.

@Ismael_Perez

Por Qué se Enfrio la calle

Tras cuatro meses de intensas protestas la pregunta que ahora muchos se hacen es ¿Por qué se “enfrió” la calle? En política es conveniente aclarar los acontecimientos, tratar de explicarlos, aunque sea con hipótesis, porque una correcta interpretación de los hechos ayuda a evitar que se cometan los mismos errores en el futuro, aunque eso no siempre es posible.

No fue que se dejo de hacer convocatorias a actividades de “calle”, como algunos señalan, culpando de ello a la MUD. Entre el 16 de julio y el 13 de agosto se realizaron más de 10 convocatorias, cada dos días, a diversos eventos por parte de la MUD –que por cierto es la única que convocaba, organizaba y se responsabilizaba por cualquier tipo de evento– que fueron languideciendo, hasta desaparecer.

Avanzo entonces mi hipótesis señalando lo que para mí es obvio: La calle se enfrió porque no estaba suficientemente caliente. Tal como ocurrió 2002/2003 y en el 2014, cuando también vimos manifestaciones “masivas”, las grandes concentraciones, sobre todo en Caracas y otras grandes ciudades, se realizaban solo en ciertos sectores, geográficos y sociales, de clase media o media baja y ciertas zonas de las ciudades, pero en el área central y en áreas populares la vida transcurría con cierta “normalidad”; en 2017 fue igual, aunque es cierto que vimos –hablo solo de Caracas– algunas manifestaciones importantes y actividades de calle significativas en sectores populares del oeste y del centro de la ciudad.

Eso no quiere decir que no exista apoyo popular a la oposición, como anhela y pretende señalar la dictadura, simplemente significa que ese apoyo busca manifestarse de otra manera. Esa es la lectura política que tenemos que hacer y que algunos se niegan a ello, porque deja muy mal parada la idea pro abstención o contra la participación electoral. Me explico.

De los procesos de manifestaciones y paros de 2003/2004, que igualmente fueron mermando, “salimos” con un evento masivo de recolección de firmas –el llamado “firmazo”– para lograr el RR del 15 de agosto de 2004, del cual salimos derrotados, gritando un fraude que nunca pudimos probar y con la inercia de una política que resultó inoportuna e inmanejable ya que apelar a esa política del fraude sin resolverlo, sin tener una respuesta alternativa y contundente, trajo graves consecuencias en desmotivación que aun pagamos. Pero ya sabemos lo poco propensos que somos a admitir los errores que cometemos.

Tras la llamada “salida” o manifestaciones de “calle” en el año 2014, se inicio un proceso de discusión que concluyó en un proceso de primarias para elegir los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, elección que se realizó en 2015 y en la cual obtuvimos la mayoría de los votos y 2/3 de los diputados.

Del proceso de protestas de 2017 “salimos” con el plebiscito del 16 de julio en el cual recogimos más de 7 millones de firmas, legales, mostrables, que todo el mundo vio en las calles y no como en el “fraude” masivo del 30 de julio para la elección de la inconstitucional ANC.

Cuando se convoca un “trancazo” o cierre de calles, participan cientos, escasamente miles de personas. Cuando se convocan “manifestaciones” o “marchas”, participan cientos de miles. Cuando se convocan eventos electorales o parecidos, participan millones de personas. El análisis de estos procesos a mi me dice que la gente está dispuesta a participar masivamente en eventos en los cuales se pueda expresar pero que le garanticen una cierta seguridad. Otras actividades de mayor riesgo y acción quedan para las “elites”; no en balde los pensadores de principios del siglo pasado decían que la política la practican las minorías, el “control” de la política es el que debemos hacer las mayorías, papel al que muchas veces hemos renunciado.

@Ismael_Perez

 

 

 

¡Propongan Algo!

A todos los que denigran y descalifican a los partidos, sobre todo los tradicionales, a los que arremeten contra a los políticos, contra los dirigentes de la MUD –esa instancia anónima que nadie defiende– les llego su momento estelar. No los voy a nombrar, todos saben quiénes son y donde están. La escena les pertenece. Somos todo oídos.

Las elecciones regionales no tienen sentido, dicen, y la sola mención del tema  los enardece y les produce urticaria ética; “de que sirve tener gobernadores, si no los van a dejar gobernar”, “ya vimos lo que paso con la Asamblea, de que sirvió”, alegan. “Igual pasará con los gobernadores y alcaldes”. “Las dictaduras no salen con votos”, afirman. Supongamos que sí, que compramos el argumento en contra de las regionales, ¿Qué proponen?, porque ya está demostrado –en 2002 y 2003, en 2014 y ahora, en estos cuatro meses– que para sacar dictaduras como la venezolana, “la calle” tampoco sirve de mucho. El país se puede terminar de ir a la ruina, caer en la más espantosa miseria y a la dictadura no le importa; a ellos no les afecta, en su campana de cristal no hay problemas ni penurias, todo fluye, especialmente las divisas, así que todo lo niegan y ni se van, ni resuelven nada.

Sí, hay que admitirlo, la estrategia opositora no alcanzó el anhelado objetivo final de sacar a Nicolás Maduro. Tal parece que no “faltaba poco”, que no estaba “por caer”, que no era “cosa de días”, que no “sale pronto”, como algunos/as afirmaban frecuentemente. La experiencia fue amarga y no fue que la dictadura triunfó, se impuso con apoyo militar, con apoyo de la fuerza, de la represión sanguinaria. Ahora no vamos a pretender que quienes argumentan contra las regionales, convoquen a manifestaciones multitudinarias de “calle”, porque la gente se cansó de “calle”. Pero que al menos esbocen una estrategia, un rumbo, que digan algo, que propongan algo que no sea cruzarse de brazos a denigrar de la MUD y de los partidos y esperar a que se produzca un milagro, una supuesta invasión, un alzamiento de los “militares institucionales”, de los que habla Maduro, por cierto.

Dicho lo anterior y culminada mi catarsis, vale la pena matizar las cosas. La “calle”, es cierto, no cumplió su objetivo final; la jornada fue agotadora y la represión brutal, pero todo lo emprendido desde el primero de abril, los cientos de muertos, los miles de heridos y los cientos de apresados sirvieron para desnudar internacional y completamente a la dictadura y eso no es poca cosa, sobre todo porque, repito, la dictadura no triunfó sino que se impuso por la fuerza de las armas.

A la espera de que nos digan otra opción, en la que podamos participar –más allá de “decálogos” con más análisis y propuestas genéricas de organización sin explicar para que– el ciudadano común, ese que no está armado para enfrentarse a la GNB, PNB, FANB y paramilitares del gobierno, sabe qué a la dictadura, en el terreno electoral es en el único terreno en el que le ha infringido derrotas, le ha ganado alcaldías, referendos, gobernaciones, la Asamblea Nacional. Sí, “ingenuamente” votaremos, pondremos testigos en la mayor cantidad de centros y mesas posibles, contaremos los votos, denunciaremos el fraude donde se presente; con eso no va caer la dictadura, pero nos organizaremos y haremos más fuertes y demostraremos una vez más que a la dictadura solo la sostiene la fuerza de las armas, hasta que…

@Ismael_Perez

En Una Página: Evaluando Resultados

El objetivo fundamental de las protestas que se iniciaron el 1 de abril de 2017 era salir de este régimen de oprobio, instalado en Venezuela desde 1999. Ese objetivo no se logro y eso sin duda alguna acarrea una pesada frustración que no es fácil de digerir. Pero, políticamente hablando, eso no quiere decir que no se haya logrado nada, que es el balance que nos falta hacer y al que nadie se anima.

No es sobre ese objetivo máximo que se deben evaluar los resultados de estos cuatro meses de lucha política, sino sobre los objetivos iniciales que se trazaron. No es que eso mejore mucho el balance, pero nos permite ver algunos triunfos, que aunque parciales, son importantes.

1) El supuesto “desacato” que pende sobre la AN no se eliminó, pero qué duda cabe que hoy la AN tiene un mayor reconocimiento, incluso de la dictadura, hasta el punto de que aunque se le ha despojado de sede y presupuesto y sus funciones le siguen arrebatadas –antes en manos del TSJ y ahora de la ANC–, la ilegitima y arbitraria ANC no se ha atrevido a disolverla. No es que eso no vaya a ocurrir, pero no ha ocurrido. 2) El cronograma electoral no está definido, pero la dictadura no le ha quedado más remedio que programar las elecciones regionales que habían suspendido en 2016; aunque no estoy muy seguro que finalmente se vayan a realizar, pues si oposición mantiene su posición de asistir y la dictadura estima que puede perder un grupo importante de gobernaciones, no dudara ni un segundo en volverlas a suspender, bajo cualquier pretexto que invente la ANC o el TSJ, o ambos. 3) La mayoría de los presos políticos, siguen presos, aunque algunos emblemáticos han alcanzado casa por cárcel o régimen de presentación. 4) En el desarme de los paramilitares del régimen no se ha avanzado nada y 5) el canal humanitario no se ha abierto ni un milímetro; más bien la situación de escasez, desabastecimiento de alimentos y medicinas es cada día peor; el país pasa hambre y ese es un peligroso caldo de cultivo que en cualquier momento le explotara al régimen en la cara, con consecuencias imprevisibles.

Pero al menos dos resultados obtenidos merecen especial mención y son verdaderamente significativos. El primero es el desenmascaramiento definitivo del régimen a nivel internacional. En ninguna parte del mundo queda ninguna duda que el chavismo y el gobierno de Nicolás maduro es una dictadura y los gobiernos democráticos del mundo se han pronunciado calificándola como tal y algunos se preparan para tomar sanciones que han ido aislando a la dictadura venezolana.

El segundo resultado, notorio, es el surgimiento de una nueva camada de jóvenes líderes, en todos los partidos y grupos políticos que abre el país a una nueva generación y modalidad de enfrentar la política. Estos dos resultados no son poca cosa y debemos luchar por mantenerlos, hasta que…

@Ismael_Perez

En una página… ¿A las Armas?

En política, no se descarta ninguna vía para la conquista o mantenimiento del poder. Otra cosa es la valoración ética de esa vía y sobre todo la capacidad o posibilidad individual de emprender una u otra.

Frente a una dictadura como la que nos somete, empeñada en cerrar todas las alternativas democráticas e imponer por la fuerza un modelo económico que el pueblo rechaza, están abiertas todas las vías para deponer la dictadura. Entre las que asoman y más se discuten, sin ningún orden particular, están: 1) mantener el nivel de protestas callejeras hasta que una insurrección popular concite un apoyo militar o armado, que obligue a la renuncia del gobierno y organice un proceso electoral libre y democrático 2) renuncia, de manera voluntaria, de Nicolás Maduro y su tren ejecutivo, ante el desastre económico y político del país, para que den paso a la formación de un nuevo gobierno; 3)una intervención militar extranjera, de los EEUU, con apoyo de otros gobiernos, que restablezca el sistema democrático, convocando un proceso electoral, libre, en corto tiempo; 4) un golpe militar que deponga al gobierno y convoque un proceso electoral a la brevedad posible y 5) que se cumplan los procesos electorales previstos en la constitución, renovándose los poderes entre 2017 y 2018.

Estas no son las únicas opciones y sobre todo, no se presentan en “estado puro”, ofrecen una gama de “combinaciones” muy variadas, que dejó a la imaginación de cada quien. Apenas las mencionaré y describiré brevemente, pero no las evaluaré todas, ni a fondo, ni haré consideraciones “morales” sobre ninguna de ellas, sino meras apreciaciones de orden práctico y diré solo cual es mi posición personal.

Una renuncia del Presidente y su gabinete (2) la considero improbable; ocurra lo que ocurra en el país, la dictadura ha demostrado hasta la saciedad –2002 y 2003, 2014 y 2017– que el país se puede caer a pedazos, la gente morir de hambre, miseria y enfermedades, y como eso no afecta a su entorno inmediato, lo que le pase al resto del país les importa muy poco.

Descarto también una intervención militar de los EEUU (3); además de rechazarla por razones éticas o de principios, la creo improbable; sobre todo después de la “gira de consulta” del Vicepresidente Pence por América Latina. Ese es el tipo de materia que, cundo se consulta, nadie va a decir que apoya una intervención armada de EEUU en cualquier país. Por aquello de poner las bardas/barbas en remojo.

Un golpe militar (4) sería más de lo mismo, pero abre la gran incertidumbre de que se nos monte otro régimen militar, de ultraderecha o más de izquierda, que se entronice a robar, reprimir y hacer de las suyas por 20 ó 30 años más.

Como se puede notar entre las opciones predominan las que plantean una salida de facto o violenta; y si se pregunta de sopetón o “en la calle” a cualquier opositor, seguramente dirá que “este gobierno no abandonara por las buenas el poder”, que “esto terminara inevitablemente en violencia”. Personalmente no estoy dispuesto a salir a la calle a batirme a tiros con ningún defensor del régimen, sea GNB/PNB, colectivos violentos, paramilitares o milicias, ni estimularé a nadie a que lo haga por mi o en mi nombre. Por lo tanto me decanto por la opción (5) y saldré a votar todas las veces que sea necesario, en cuanto proceso electoral se presente.

@Ismael_Perez

En Una Página: Campaña Sin Sorpresas

No hay sorpresas en la forma en que la dictadura conduce su campaña electoral para la elección de gobernadores. Es lo que ha hecho desde hace 18 años: Cadenas continuas con insultos, amenazas, utilización de los recursos del estado, manipulación del CNE y un largo etcétera. Ahora Nicolas Maduro insiste con calumnias contra los partidos y dirigentes de la MUD para exacerbar la desesperanza que hoy nos atenaza, las dudas y el descontento de los opositores por la participación en las regionales. A nadie le debería sorprender esta situación, lo asombroso son los que le creen o le quieren creer.

El CNE,”dócil” a los requerimientos de la dictadura, organiza para el mes de octubre, en tan solo mes y medio, el proceso electoral para la elección de gobernadores. Aún recordamos sus excusas y “razones” de una supuesta imposibilidad “logística”, falta de recursos y necesidad de “más tiempo” para organizar “adecuadamente” él RR o las elecciones regionales que debieron realizarse en diciembre de 2016; hasta que ante la persistencia incontenible de la oposición democrática, se vieron precisados a suspender ilegalmente ambos procesos.

Ahora, tras el fraudulento proceso del 30J, de manera “mágica” el tiempo alcanza y hay los recursos para organizar unas elecciones de gobernadores, sin saber siquiera si habrá una empresa que pueda garantizar la automatización del voto. No obstante, entre estos dos últimos procesos hay importantes y singulares diferencias.

Respecto del primero, todos, en Venezuela y en el mundo, fuimos testigos del gigantesco fraude en el que resultó la elección de los “constituyentistas”; a lo ilegal e inconstitucional de la convocatoria se sumó el hecho de que sin que se vieran por ninguna parte, “aparecieron” más de 8 millones de votantes, en un proceso del cual aún no se conocen los resultados oficiales. Ni los partidos democráticos, ni los ciudadanos, participamos en el fraude del 30J. Sin testigos ni opción opositora, sin observadores nacionales ni internacionales –ese día “extrañamos” a Torrijos, Fernandez, Rodriguez Zapatero, y hasta a Samper– la dictadura con su CNE, estuvieron de su cuenta. De allí lo abultado y falso del resultado. Pero el segundo, la elección de gobernadores, aún sin cronograma y fecha definitiva, está llamado a ser necesariamente diferente.

Hay razones para la suspicacia y la desconfianza; pero la historia reciente nos demúesta que aún con este CNE amañado, parcializado, y a pesar de todos los abusos y trampas del régimen, es posible derrotar a la dictadura. Lo hemos visto en innumerables alcaldías, en gobernaciones, en referendos consultivos y la más emblemática, la última elección de nivel nacional como lo fue la elección de la AN el 6D de 2015.

Las claves del éxito son: Una avalancha de votos y contar con testigos en más del 90% de los grandes centros de votación. Sabemos que habrá unos pocos centros rurales, remotos, de dificil y peligroso acceso en los que será difícil tener testigos y entonces veremos que éstos se comportan contra la media estadística, con cero abstención y ciento por ciento de votos oficialistas; pero si los demás centros están cubiertos con testigos opositores, no afectarán el resultado final y será posible arrebatarle por lo menos 18 gobernaciones a la dictadura.

¿Podrán asumir sus cargos estos gobernadores?¿Los dejarán gobernar, o serán impugnados, destituidos y apresados?¿Les darán presupuesto o se los quitarán para dárselo a autoridades paralelas que designará el dictador y que “gastarán” el dinero sin que nadie vea en qué? Esas preguntas no son ociosas, son válidas, todo eso ha ocurrido y puede volver a ocurrir y hay que estar preparados y no quedar “sorprendidos” cuando ocurra. Pero ese es tema para otra ocasión.

 

En una Página: Regionales

El tema de sí la oposición debe o no participar en las elecciones de gobernadores es un tema urgente que levanta pasiones acaloradas, reñidas con la necesaria calma requerida para analizar objetivamente las opciones políticas..

Luce que es una insensatez participar en un proceso regido por un CNE tramposo, favorable a la dictadura y que como el 30J no tendrá ningún escrúpulo en alterar los resultados en favor del régimen. Sobre ese punto no hay duda y los argumentos son contundentes. El problema de quienes así argumentan es cuando pasan a las propuestas alternativas. ¿Cuáles son estas? Cuando se les confronta balbucean una “resistencia total”, “calle, calle y más calle”, “calle sin retorno”, “que se cumpla el mandato del 30J” (?), “unidad de todas las fuerzas opositoras de la sociedad civil”, “apelar al apoyo de la comunidad internacional”, “continuar la lucha, falta poco para la caída de la dictadura”, etc. Todo bajo el halo de que no se debe “legitimar” al régimen participando de un proceso viciado y sobre todo con este CNE.

Lo cierto es que cuando la oposición no ha concurrido a los procesos electorales, estos de todas maneras se realizan -como ocurrió con las parlamentarias en el 2005 y cómo acaba de ocurrir el 30J- y el régimen sin preocuparle lo más mínimo la “legitimidad” o validez del proceso se alza con todos los cargos. Del otro lado, cuando se ha participado, logrado poner testigos y observadores en la mayor parte de las mesas y obtener una contundente votación, se han ganado alcaldías, gobernaciones, referendos y elecciones parlamentarias. ¡Ah, pero es que ahora la cosa no es así, ha cambiado, el régimen se ha quitado la careta!, se argumenta. ¿Y cómo sabremos que será así, si no participamos?

Creo que la respuesta política debe ser más práctica. Para decidir que no se participa en el proceso electoral faltan cuatro meses, pero para participar se deben inscribir los candidatos ahora. Al momento de escribir esta nota se rumora que la ANC pretende adelantar las elecciones de gobernadores para el mes de octubre. Si eso se concreta, algunos dicen que no es más que un intento de la ANC de mostrar “talante democrático”; una asamblea que tiene un origen inconstitucional y es el resultado de un fraude electoral masivo, el más grande de toda la historia de Venezuela, de repente ¿Quiere enviar una señal de “democracia”?. Lo dudo, más bien creo que es una estratagema para evitar que la oposición tenga tiempo de organizarse, de realizar primarias para concretar sus candidatos, de asimilar el resquebrajamiento que está produciendo la discusión acerca de si participar o no en el proceso electoral regional.

Si la oposición no participa, de todas forma se realizará el proceso y el gobierno obtendra gratis 24 gobernaciones y con una votacion que dejara palida la del 30J. Por otra parte, el CNE sin Smartmatic no está en capacidad de realizar ningún proceso electoral por lo tanto, si la oposicion decide participar, nada de raro tendrá que en vez de adelantar, se suspenda el proceso, con base en algún artilugio del CNE, en combinación con la ANC. La dictadura hace esfuerzos -inhabilita posibles candidatos, apresa otros, prohíbe a la MUD inscribir candidatos, inventa cartas de buena conducta, habla de adelantar el proceso- para dividir a la oposición, cosa que está logrando, al menos en las redes sociales, y sobre todo para evitar que participe en las regionales. Por lo tanto la oposición hizo lo correcto al inscribir los candidatos y amenazar con participar, basados precisamente en lo que los radicales opositores sostienen: que “la dictadura no realizara ninguna elección que vaya a perder” y cualquiera que realice la va a perder.

@Ismael_Perez