Balance 2017: Sobre el Discurso Político

Tras los últimos resultados electorales el tema de la unidad opositora quedo en entredicho; pero una vez que ese tema se resuelva, surge otro inevitable:¿cuál será el mensaje que la oposición llevará al país? y la respuesta comienza por resolver otro tema crucial: ¿Cómo es posible que millones de personas sigan creyendo que este régimen oprobioso y corrupto pueda ser una alternativa para ellos?

Las respuestas son muchas, pero una de ellas apunta al “discurso político”, del cual la oposición carece y me refiero a un mensaje poderoso, para convencer al electorado del país que puede ser una opción de cambio y de poder.

Por ejemplo, un mensaje poderoso, demagógico, pero poderoso, es este:

“Venezuela es un país rico, tiene petróleo, minerales, tierras, etc. Esa riqueza es del pueblo y se la apropió la oligarquía, que se apoyaba en los políticos para someter al pueblo engañándolo con una falsa democracia que llamaron el Pacto de Punto Fijo, dejando al pueblo en la miseria.

Casi 200 años después de los padres libertadores llegamos al poder para devolverle al pueblo lo que es suyo: el petróleo que estaba en manos de una tecnocracia que lo regalaba al imperio yanqui y las grandes compañías; los minerales y las industrias de Guayana que habían sido privatizadas para entregárselas a los ricos; las tierras que se las quitaron a los campesinos con una falsa reforma agraria. Fortalecimos el Estado y el gobierno con leyes que concentran el poder que ellos habían dispersado, con una supuesta descentralización administrativa, para que fuera más fácil controlar todo.

Esa oligarquía con intentos de golpes de estado, güarimbas y su guerra económica, apoyada desde el exterior, no ha podido con nuestra revolución, que le ha dado al pueblo beneficios que el pueblo nunca había visto: regulación de precios, aumentos salariales constantes, servicios de salud a través de barrio adentro y los CDI, subsidios a la comida a través de los abastos centenario y los Mercal, entrega de alimentos a través de los CLAP y todas las misiones en beneficio del pueblo. A cambio solo te pedimos que nos apoyes con tu voto para mantenernos en el poder y fortalecer al Gobierno y al Estado, para luchar contra tus enemigos, la oligarquía y sus cómplices imperialistas…”

Del otro lado, el discurso opositor, es básicamente una mezcla de conceptos, abstractos para la mayoría del país: elecciones, democracia, libertad, derechos humanos, respeto a la propiedad, libertad de expresión e ideas similares; todo lo mas llegamos a formulaciones económicas generales: hay que respetar y restituir la propiedad privada, trabajar muy duro para rescatar las empresas, producir más, para ahorrar y que ese ahorro los bancos lo inviertan en proyectos que generen la riqueza que después se pueda compartir. Más grave aún, sobre ese discurso económico muchos de los políticos actuales –con alguna probable excepción– no están dispuestos y ganados para elaborarlo, para llevarlo al pueblo; dudo incluso que haya muchos empresarios dispuestos a defenderlo en público; en privado sí, pero no en público. Y mucho menos que nadie está dispuesto a hablar de quitar de en medio al gobierno, que es visto por la mayoría como fuente de prebendas y bajo un concepto populista del estado como: “el protector del pueblo, el que evita que los ricos los exploten más”, el que “defiende a los pobres y les reparte algo de la riqueza petrolera, que de otra manera nunca verían”.

En síntesis, es un pobre discurso, lejos de ser un “discurso” poderoso, convincente, alternativo al discurso populista de la dictadura y que le llegue a las grandes mayorías del país, a ese 32% que aun vota por la dictadura y a ese 35% que es indiferente y que ni siquiera vota.

Una buena parte de esas “grandes mayorías” piensa además, porque ha sido “educado” en esa idea, que tiene “derecho” a la supuesta “riqueza” que tiene el país por el solo hecho de haber nacido o vivir en Venezuela, sin necesidad de hacer mayores esfuerzos, sin tener que trabajar o producir. Esa es la prédica que lideres populistas han hecho durante casi dos siglos, pero especialmente durante los últimos veinte años.

No tenemos un discurso, pero además tenemos una gran parte de pueblo maleado −al que demagógicamente justificamos por ser “pueblo”− con valores difusos y poca disposición al trabajo y al logro, para quienes no somos una opción política.

¿Y cómo estamos construyendo esa opción política alternativa?, frente al hambre, la escasez, la falta de medicinas, el subempleo y el resto de las plagas que asolan al pueblo y mientras el gobierno esta monolíticamente unido, al menos en apariencia, y tiene el discurso poderoso del que hemos hablado, nosotros ¿Qué le estamos ofreciendo para salir de ese cuadro de miseria y escasez?

Unos, organizan manifestaciones de calle, no para protestar por todas esas calamidades, sino para apoyar a Almagro, un Sr. que vive a miles de Km de aquí. Otros lo convocan a luchar por condiciones electorales para que les den “garantías” a ellos; otros a que voten por ellos para defender los espacios que ellos ocupan; y otros, a que no se haga nada, sino sentarse a esperar a que la dictadura renuncia o que los militares o los “marines” resuelvan.

Y ojo, creo que todo esto hay que hacerlo –me refiero a apoyar Almagro, luchar por condiciones electorales justas, defender los espacios– excepto eso de abstenerse y esperar los militares y los “marines”… pero el discurso que necesitamos hay que construirlo, pues el que tenemos es un discurso complicado de vender o de comprar. Estamos en un verdadero aprieto y los resultados electorales recientes lo que han hecho es empeorarlo y ponerlo en evidencia. Tarea pendiente para 2018 la elaboración de ese discurso opositor, motivante, que le llegue a la mayoría del país.

Con esta entrega finalizo mi actividad por este año, hasta el 12 de enero de 2018, no sin antes desear a todos unas muy Felices Navidades y lo mejor posible para 2018

@Ismael_Perez

Anuncios

Balance 2017, ¿Unidad?

Hay un sector del país al que llamamos “chavismo” que es algo más que un fenómeno político y electoral; es una forma de concebir la vida, el país, el futuro, es una forma de ver a Venezuela, con una cierta “coherencia” interna, víctima de un “discurso” unificado. Frente a ese sector cerramos 2017 con la sensación de que no tenemos un diagnostico claro de la situación que lo afecta, junto a la gran mayoría del país.

La derrota sufrida el 15-O, entre otras cosas que ya hemos analizado, y mientras esperamos la debacle del 10D, ponen también en evidencia que no conocemos a fondo las aspiraciones de una buena parte del país, cercana a un 30%, que no tenemos una propuesta para él, que obviamente sigue pensando que la dictadura es una respuesta a sus múltiples problemas.

Quizás si reflexionamos a fondo y sin perjuicios podamos llegar a la conclusión de por qué en la oposición no tenemos una visión de país, compartida, traducible en propuestas para llenar las aspiraciones que, el chavismo ayer y la dictadura hoy, llenan con populismo, dadivas y un “discurso” frente al que no hemos ofrecido, de manera clara, una alternativa. Como la tuvieron los venezolanos del 28, del 36, del 45, del 58 del siglo pasado, que crearon las instituciones que hoy añoramos, que desarrollaron la democracia que anhelamos y cuyas ideas se nos fueron desperdigando en el camino. Mientras eso no se logre y ocurra lo que estamos viendo (impostergables aspiraciones personales y de grupos, ansias de fácil liderazgo mediático y en redes sociales, respuestas individuales a problemas colectivos, etc.) no vamos a quitarnos de encima este régimen, que si bien no crece más, tampoco se resquebraja significativamente.

De manera que a la combinación de abstención, fraude, votación por la dictadura y burocracia partidista con la que cuenta el régimen, que son los factores que explican el triunfo electoral de la dictadura o la derrota de la oposición en los últimos procesos electorales, hay que sumarle, primero, la falta de un “discurso” − al cual me referiré próximamente−, de una alternativa que entusiasme a esa parte del país que aun vota por la dictadura o que no vota por nadie; y segundo, la falta de “unidad”, con el perdón de la palabra, que resulta ofensiva para algunos. Tenemos así, entonces, el cuadro completo de lo que nos hizo daño el 15-O y nos continúa haciendo daño hoy.

Pero la falta de unidad no es algo que se manifiesta solo después del 15-O, de la juramentación de los gobernadores ante al ANC y la forma desorganizada con la que nos enfrentamos a las elecciones de alcaldes. Es cierto que el “fraude continuado” nos perjudicó electoralmente, pero más allá de eso, tras las reacciones de algunos de sus dirigentes y como se expresan de otros y de la MUD, hoy vemos que esa falta de unidad fue lo que nos impidió –más allá del fraude, reitero–, tener alianzas perfectas, en primera instancia, en todos los estados.

Hoy ya no es un secreto, aunque no sea algo definitivo, que la MUD está fragmentada, no solo en la clásica división entre social demócratas, socialistas, demócrata cristianos, liberales, laboristas, etc. sino también en la estrategia política que se plantean para combatir la dictadura: votar, abstenerse, dialogar, no dialogar, intervención militar, insurrección popular, etc.

La “unidad”, incluso de lo diverso, lució siempre −y luce todavía− como una condición política fundamental para luchar contra la dictadura. Muchos, yo mismo, hemos defendido la “diversidad” de la oposición como algo positivo, como una fortaleza; pero ahora me pregunto: ¿Es eso, mantener la diversidad, más importante políticamente hablando, que presentar una unidad solida y firme, aunque no sea de todos, a la hora de enfrentar a una dictadura como la que padecemos? ¿Habrá llegado, como muchos sostienen, la hora de un deslinde entre los que ahora nos oponemos a la dictadura, aunque eso implique un retraso en la salida de la dictadura? La naturaleza de las ofensas que nos endilgamos los opositores unos a otros parecen hacer ver que una “reconciliación” no será fácil y para algunos ni siquiera deseable. Son temas para reflexionar y si no que les pregunten a los votantes de algunos estados y municipios –que no mencionare públicamente– en donde vimos disputas muy fuertes entre candidatos y ex candidatos, que impidió que las fuerzas opositoras trabajaran intensamente y triunfaran en las elecciones recientes.

Por supuesto que después del 15-O y del 10-D estaremos en una situación mucho más precaria, más débil que la que teníamos después de las elecciones parlamentarias del 2015. Resultado de procesos electorales en los que salimos derrotados debido a los factores ya explicados y que hacen que estemos mucho más debilitados. Corresponde a los factores políticos, a los partidos, a la MUD, a los opositores, generar las condiciones políticas que nos permitan ir a una negociación con el Gobierno para convocar un proceso electoral en condiciones creíbles el próximo año que, constitucionalmente, están previstas las elecciones presidenciales.

A menos que a alguien se le ocurra la brillante idea de que “con este CNE, no”, “a unas elecciones convocadas por la ANC, no”. O que a alguno de los asesores “internacionales” −que ahora dictan nuestras políticas− le parezca que “no están dadas las condiciones”, que “no hay garantías suficientes”.

@Ismael_Perez

 

Saramago y las Elecciones de Alcaldes

Voy a contarles una novela de Saramago, “Ensayo sobre la lucidez”. (Alfaguara, mayo 2004), pertinente con lo que vivimos sobre las elecciones de alcaldes.

Esta novela de Saramago se desarrolla en la misma capital en la que −según la historia que se narra y otra novela anterior− cuatro años atrás la gente se quedo ciega. En esta ocasión se celebraban unas elecciones y la gente, sin ninguna razón aparente, sin ningún estimulo externo, en un día muy lluvioso, tormentoso, llegada la calma, fue a votar. Pero no voto por los partidos tradicionales de derecha, de centro o de izquierda, tampoco voto nulo, voto masivamente, pero voto en blanco.

Amparados en cualquier subterfugio de los que siempre encuentran los que ejercen el poder, las elecciones se repiten una semana más tarde, con idéntico resultado, nuevamente la gente vota en blanco. Acuden masivamente a votar pero votan en blanco. La novela transcurre entonces narrando todas las peripecias del Gobierno, del poder, para tratar de descubrir la “conspiración” que, seguramente, esta por detrás de este acontecimiento. ¿Quién ha urdido toda esta conspiración? Porque sin duda la hay. Hay que descubrir algún enemigo a quien hacer culpable. Todos sabemos que cuando se buscan conexiones entre las cosas, se acaba encontrándolas y por todas partes, entre lo que sea. Se vinculan por analogía y no hay reglas para decidir si una analogía es o no es valida; después de todo, desde que se invento la dialéctica y ahora la globalización, cualquier cosa guarda una similitud con cualquier otra, desde algún punto de vista.

Así, el Gobierno de esa ciudad, como cualquier Gobierno, construye unos culpables, los acusa por la prensa, publicando sus fotos. Pero, alguien decide contar la historia verdadera y logra, a pesar del estado de sitio y la censura de prensa, que esta se publique. Ocurre entonces algo asombroso, que de alguna forma −para mi− es el meollo de toda la historia y de la novela. A pesar de que el Gobierno recoge la edición del periódico en el que se publicó, la historia verdadera comienza a circular, profusamente, en todas partes, y en palabras de Saramago: “Resulta que no todo esta perdido, la ciudad ha tomado el asunto en sus manos, ha puesto en marcha cientos de máquinas fotocopiadoras, y ahora son grupos animados de chicas y chicos los que van metiendo los papeles en los buzones de las casas o los entregan en las puertas, alguien pregunta si es publicidad y ellos responden que sí señor, y de la mejor que hay.” No espero una votación masiva el 10D, ni tampoco que nadie relate la historia. Pero si es válida la lección que Saramago nos quiere trasmitir en su novela.

Saramago dice: “La ciudad ha tomado el asunto en sus manos”. Esa es la clave. El pueblo, la gente, los ciudadanos, resuelven las cosas cuando de verdad las toman en sus manos. En política esto es, para muchos, un romanticismo; hasta para mi lo era, hasta que uno va llegando al convencimiento, por las fracturas internas de la oposición, de que no queda más remedio que las cosas vuelvan al nivel del pacto originario, ese que es necesario reestablecer entre ciudadanos y políticos.

El día 15-O, a pesar de la abstención y el fraude, millones fuimos a votar, en ambos lados de la acera, por ambas opciones, ¿Cómo negarlo? Pero el 16 fue por demás evidente que nos hayamos sin conducción política. Nadie en la dirección opositora ha venido con un tardío y valiente análisis a reconocer un fracaso. Ni de los partidos, ni los políticos, pero tampoco de la sociedad civil; nadie salió a protestar… ni a celebrar. Ni en ese día ni en los siguientes, hasta hoy. Como en la novela de Saramago, en donde nadie se atribuyó el triunfo arrollador del voto blanco, simplemente ocurrió. En la novela de Saramago nadie asumió tampoco la gloria de reproducir la historia verdadera y comenzar a repartirla, simplemente ocurrió. Aquí no es así, no hubo la votación masiva ni la narración o reflexión sobre los hechos, pero el resultado final es parecido: hay, como diría Saramago y he comentado antes, “… un corte de energía cívica”. Algo espeso en el ambiente, algo se ha roto, la confianza básica en el voto ha desaparecido.

Lo dicho otras veces: El voto nos une a sociedad civil y ciudadanos con partidos y políticos; pero al mismo tiempo nos separa. Para los partidos y políticos el voto es fuente de poder y legitimación; para los ciudadanos y la sociedad civil es fuente de representación y control. Como nunca en las próximas elecciones de alcaldes esos dos objetivos se van a enfrentar y mostrar sus incompatibilidades.

Los partidos usualmente son los que tienen los candidatos y ejercen su libertad para decidir si continúan o no en el proceso. Esta vez decidieron, como en el 2005, no participar. Sin embargo tienen candidatos. Y eso es porque saben −espero− que no participar es poner de lado uno de sus objetivos fundamentales: La conquista del poder mediante el voto. Para algunos candidatos es incluso algo más, es dejar de lado una buena parte de su razón de ser, de su modo de vida.

Ellos, los partidos, tienen la maquinaria, tienen los candidatos, tienen el poder de negociación formal como actores del proceso… pero no tienen los votos. Los votos los tenemos los ciudadanos; de manera dispersa, poco articulada, con poca o ninguna sincronización, pero allí están. Si bien muchos no están para nada convencidos de acudir a un proceso en el que no se le asegura que su voto tenga algún valor. Otros, por el contrario, no estamos dispuestos a que se nos arrebaten nuestros espacios de ciudadanos, esos donde convivimos, donde tenemos nuestro primer contacto con el poder, donde manifestamos nuestras protestas. Allí reside, para mí, el valor del voto en esta ocasión. Ese es el drama, que está −creo yo− lejos aun de ser comprendido y asimilado.

El ciudadano no tiene la “maquinaria” para promover candidatos; ni poder demiúrgico o dedo mágico para ponerlos o quitarlos. Pero tiene el voto y ese es su patrimonio que no puede perder y ya parece obvio que si él no lo defiende, nadie más lo va a hacer. En otras palabras; nadie va a llamar a “las masas a la calle a defender la justicia de una causa” en caso de que se produzca un nuevo “arrebatón” electoral.

Por lo tanto, lo que no defienda el ciudadano en su propio espacio, en su mesa de votación, en su centro de votación, en su municipio, nadie −de manera colectiva− lo va a defender, ni antes ni después. Cruzarse de brazos y entregar las alcaldías no es la solución.

@Ismael_Perez

Alcaldes Bajo Dictadura

Es momento de tocar temas espinosos sin falsos moralismos, la juramentación ante la ANC es uno de ellos, algo para lo que deben estar preparados los alcaldes opositores que resulten electos el 10 de diciembre próximo… y sobre todo los que votaremos por ellos.

Es un lugar común decir que vivimos bajo una dictadura. Definamos entonces el concepto. Cuando caracterizo a este régimen de “dictadura” no quiero entrar en profundas disquisiciones teóricas, analizando conceptos como “autoritarismo”, “totalitarismo”, “partido único o hegemónico” o conceptos similares, mantengo el término en un nivel “coloquial”. Por eso lo más simple para mí –situación que era mucho más clara y evidente para todos con HChF– es que nos enfrentamos a un “dictador”; es decir, a un individuo, que concentra el poder, que no rinde cuentas a nadie, que está por encima de instituciones, leyes y Constitución. Sea que califiquemos este régimen como autoritario, totalitario o dictadura, simple o militar –y si bien hay matices y diferencias entre cada uno de esos conceptos– las consecuencias prácticas para enfrentarlo son muy similares.

Uno de nuestros problemas es que en la práctica política no reconocemos que vivimos bajo una dictadura y asumimos conductas que son contradictorias con lo que afirmamos respecto del régimen dictatorial; me explico. Este régimen, en tanto que dictadura, se apuntala en los poderes del estado que domina: el Judicial, el Electoral y el Ciudadano; y ahora, por carecer de control sobre el Poder Legislativo, creó, de manera fraudulenta el 30 de julio pasado, una especie de institución absolutista, que es la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Todo esto da forma a la dictadura, es la dictadura, es su fuerza y el poder que ha creado; contra esto es que nos enfrentamos, contra todas y cada una de sus partes.

Comparto que es necesario documentar las irregularidades que se cometen a todos los niveles, para preservar la memoria y dejar constancia jurídica e histórica de ellas a nivel nacional e internacional; pero pensar y argumentar “indignadamente”  que se viola la constitución, que el “orden jurídico” está siendo violado por la dictadura, no debe ser lo que guie nuestra acción política concreta, pues de eso se trata la dictadura, es su esencia: adaptar el “orden jurídico” a sus necesidades y eso debe ser para nosotros un simple “dato” de la realidad y nuestro objetivo es enfrentarlo, no permitir que nos asombre, que nos absorba explicándolo pues lo convertimos en obstáculo para avanzar.

A la agresión dictatorial, violatoria de las leyes, la respuesta no puede ser abrir la boca y constatar con estupor y extrañeza que “están violando la ley”, hay que actuar de manera más práctica.

Por ejemplo, afortunadamente los ciudadanos, los vecinos, han decidido en muchos municipios que ellos no tienen nada que hacer con las disputas de la MUD y los anti MUD, que no cederán gratuitamente esos espacios y están proponiendo candidatos o apoyando para alcaldes los que los partidos de manera abierta –o solapadamente, bajo cuerdas– están lanzando.

Cómo reprochar a la sociedad civil organizada que no se resigne a que la dictadura cope todos los espacios y alcaldías y haya emprendido la tarea de promover el voto y lanzar o apoyar candidatos a alcalde en una serie de municipios en donde es posible impedir que esas alcaldías pasen a manos de la dictadura. ¿Son todos los “vecinos” traidores, cómplices, vendidos o “cohabitan” con el régimen? Claramente han dicho que promoviendo la votación y sobre todo cuidando las mesas y denunciando, impidiendo o dificultando irregularidades se puede evitar que estas afecten los resultados electorales, al menos en una buena cantidad de municipios urbanos.

Pero –y aquí viene el trago amargo que hay que afrontar– debe estar preparada esa sociedad civil y los votantes de esos municipios para que, a los alcaldes que resulten electos, el aparato de la dictadura/ANC, actuando como la dictadura que es, les imponga como condición para asumir el cargo, que la “juramentación” se realice ante esa instancia. Eso no debería sorprender a nadie, ni producir los deplorables efectos que se suscitaron cuando los gobernadores de oposición electos el 15-O se juramentaron ante la ANC. La juramentación de los gobernadores ante la ANC, lo dijimos en su momento, sin duda fue un error político; sobre todo una incoherencia política, porque la posición durante la campaña fue otra: que no habría juramentación ante la ANC; pero ahora hay que replantearse las cosas y no cometer el error de decir que “de esta agua no beberé”.

Los alcaldes opositores que resulten triunfantes en los comicios del 10 de diciembre, además de juramentarse ante sus respectivos Concejos Municipales, como establece la ley, –e invitar al pueblo a que presencie esa juramentación–   deben estar dispuestos a hacer valer el cargo que les otorgue la voluntad popular, enfrentando cualquier alternativa abusiva de parte de la dictadura y su órgano absolutista decimonónico, la ANC, que tratará de impedir que los alcaldes asuman sus cargos poniendo como condición que se juramenten ante ella. Nadie debe sorprenderse por esto y debemos, maquiavélicamente, preparar a los votantes para que ocurra esta vicisitud y estar dispuestos a acompañar a nuestros alcaldes, hasta la ANC si es preciso, cuando ocurra esa circunstancia.

No se trata de que el fin justifique los medios, pero sí de que el que quiere el fin, debe poner los medios necesarios para lograrlo. Mientras no tengamos la fuerza para hacer otra cosa, si no se está dispuesto a eso, es mejor adoptar una cómoda política abstencionista, disfrutar de un día de playa o de un domingo de parrilla familiar y olvidarnos de elecciones, derecho al voto, futuro y democracia.

@Ismael_Perez

La Ilegitima ANC

Los tiempos de forzada “fluidez” como los que vivimos, son propicios para discutir hasta la idea más peregrina sin que nadie se extrañe por ello; como por ejemplo, el de la “legitimidad” de ese bodrio llamado Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que a muchos no les gusta tocar.

En la oposición democrática optamos por no participar el 30J en la elección de la ANC, pero no tuvimos la fuerza para impedir que se llevara a cabo el proceso fraudulento con que se eligió, ni tampoco para evitar que se instalara. Vimos impávidamente como el CNE inventó millones de votos que nadie ha visto, no vimos a las “multitudes” votando, ni conocemos la cantidad de votos con los que resultó electo cada “representante”. En todas las elecciones el CNE ha publicado los resultados hasta el nivel de mesa electoral, excepto los de la “elección” de la ANC; se limitaron a dar una cifra global, que cumplió el “requisito” de ser mayor que la del plebiscito realizado por la oposición el 16J y con eso fue suficiente para ellos.

Después de eso, internamente la Asamblea Nacional desconoció la legitimidad de la ANC y lo mismo han hecho los partidos políticos opositores y en general todos los que nos oponemos a este régimen. Lo mismo ha ocurrido internacionalmente, una buena cantidad de gobiernos y parlamentos han desconocido la legitimidad de la ANC, que consideran –con toda propiedad– que fue electa en unos comicios fraudulentos. Fuera de toda duda la ANC es inconstitucional, fue convocada inconstitucionalmente, fue electa de manera fraudulenta, nada de lo que haga tiene valor jurídico alguno. Pero lo que no podemos obviar es que esta allí y es uno de los factores con los que la dictadura ejerce su dominación. Con un agravante: Pusimos todos los huevos en la canasta de que se impediría la elección de la ANC y su instalación, y perdimos la apuesta, con la consiguiente desmoralización para todos los votantes opositores y muchos optaron por no salir a votar el 15-O, con lo cual el régimen logró su objetivo. Sabemos todo lo que rodeó esa fecha, pero ya íbamos derrotados de antemano.

Ahora la dictadura, internamente, no necesita que se legitime la ANC; la dictadura lo único que necesita es imponerla, porque para eso es dictadura, para imponer sus condiciones de dominio y sojuzgamiento y aplicar la represión a los que se resistan. Para eso cuenta con todos los “aparatos” del Estado y la ANC es un “aparato” más, hecho a la medida del régimen en su plan de mantenerse en el poder.

Donde obviamente nos afecta más la ANC es en materia electoral, pues ahora, por razones estrictamente políticas, la dictadura hace que pasen por la ANC las convocatorias a elecciones; para desmotivarnos más, para desalentarnos, para dividirnos, para que nos abstengamos de participar; y le creemos el discurso, hasta el punto de que las elecciones de gobernadores y de alcaldes, aun cuando están previstas explícitamente en la Constitución, la dictadura las “convoca” a través de la ANC y nosotros le compramos el argumento y somos los primeros en decir que, porque las convoca la “ilegítima” ANC, no hay que participar. Eso es, precisamente, lo que quiere la dictadura; si participamos nos hace trampa, pero si no participamos, mejor, así ni siquiera tiene que hacer la trampa y tampoco tendrá la reprobación internacional por haber cometido fraude.

Estas son las nuevas reglas del juego: todo funcionario electo tendrá que juramentarse ante la ANC, un arma más de ataque y disuasión a participar; y pronto los que quieran ser candidatos de algo, tendrán que pasar previamente por un “visto bueno” de la ANC, como lo han anunciado algunos de los voceros del régimen; nosotros veremos si aceptamos participar o no en esas condiciones; si no las aceptamos, no participaremos; pero, como esta dictadura se legitima ganando elecciones, los cargos no quedarán vacios, eso tengámoslo por seguro, es algo que ya hemos vivido y experimentado. Si no participamos, la dictadura “ganará” con millones de votos fantasmas, pero procesos electorales siempre habrá, sino veamos el caso de Cuba y Zimbabue.

Pero si aceptamos esas reglas del juego, la condición implícita será “juramentarse” ante la ANC. ¿Cómo vamos a lidiar con este tema? Y no es una pregunta retórica. Para mí, al igual que para millones de venezolanos, en lo personal la respuesta es fácil; como no aspiro a ningún cargo de elección, nadie me va a pedir que jure ante la ANC, no tengo dilema, tranquilamente me puedo rasgar las vestiduras, arroparme con los “principios” y plantear de manera dura, tajante y fulminante: ¡Que Nadie se “humille” juramentándose ante la ANC!, ¡El que lo haga es un traidor y un vendido al régimen!… ¡Listo!… ¡Qué posición más consecuente y sólida! ¿No? Todas las salidas “individuales” son fáciles, aunque se tomen en masa.

Mientras no tengamos otra vía, distinta a la electoral, pacífica, democrática y constitucional –que como dice un amigo: “…esa otra vía existe, tengo fe en que existe, aunque no sé cual es…”–  tendremos que plantearnos el tema de la ANC de una manera más política y pragmática.

Podemos, como dije, arroparnos con los principios y no participar nunca más en los procesos electorales que organizará la dictadura y presidirá este CNE, o uno similar; o tendremos que asimilar esa “nueva” regla de juego y hacer lo que sea necesario para que los candidatos que elijamos ocupen los cargos para los cuales los elegimos, incluyendo la juramentación ante la ANC; o esperar a que algún sabio de los que abundan en contra de las elecciones, nos diga de una vez cual es su fórmula –en la que mi amigo cree por pura fe– para derrotar a la dictadura.

@Ismael_Perez

 

 

¡Duro de Explicar!

Sobre la derrota sufrida por la oposición en las elecciones del 15-O no es fácil reconocer que se ha convertido en nuestro peor enemigo, para las elecciones de alcaldes y para las venideras elecciones presidenciales.

No coincido con quienes señalan que no tiene sentido votar en las elecciones de alcaldes, debido a la situación en la que nos encontramos en este momento, de falta de liderazgo, desorganización, desmotivación y desmoralización o porque el ganar no conlleve el ejercicio del cargo; todo eso es cierto y hay que atenderlo, pero el voto se defiende votando, no hay otra manera.

Es cierto, en las regionales hubo fraude, continuado y el día de la elección. Pero hay también soberbia del liderazgo opositor  al no analizar lo ocurrido y no querer reconocer que la abstención, pero también los errores cometidos, el triunfalismo, el descuido en cubrir todas las mesas, la falta de motivación a los electores, tener candidatos con poco arrastre, divisiones internas, entre otros factores, limitaron un desarrollo exitoso de la campaña opositora y el triunfo de la oposición en muchos estados.

Como alternativa a votar en las elecciones de alcaldes algunos plantean una suerte de “abstención militante”, algo que nadie ha alcanzado nunca. “Convertir la abstención en una campaña de denuncia”, de desenmascaramiento de las trampas del régimen, dicen. ¿Cómo se logra eso contando solo con efímeras redes sociales, en las cuales todos nos vemos el ombligo y nos hablamos y peleamos entre nosotros como si estuviéramos frente a un espejo? ¿Cómo se denuncian las arbitrariedades y trampas de un proceso en el cual no se cree y por lo tanto no se participa? ¿Quién va a escuchar, si ya todo el mundo lo sabe? ¿A quién importa que eso del fraude ocurra, si precisamente porque ocurre es que no se participa?

No luce que sea una estrategia coherente decir: no participo porque “no hay condiciones”, pero … ¡denuncio la trampa! ¿Qué me importa que haya abusos y trampas en un proceso en el que no creo y por eso no estoy participando?

Se parte de una especie de “milagro por ocurrir”: que la dictadura, que es dictadura y acaba de ganar, fraudulentamente, unas elecciones se va a “rendir” ante una oposición a la que acaba de derrotar y le va a “conceder” graciosamente las condiciones que quiere para un nuevo proceso electoral, va a cambiar al órgano electoral que le permite hacer todas las trampas y le va a abrir las puertas del país, que maneja como una hacienda, para que vengan observadores internacionales  a “garantizar” unas elecciones sin abusos y trampas por parte… de la dictadura.

Sí como es de prever, por la historia reciente, no se logran “mejores condiciones” electorales, cambios en el CNE y si no se permite una observación internacional que controle el abuso y el ventajismo oficial, pregunto a los partidos que han decidido no participar en las elecciones de alcaldes,  ¿Qué vamos a hacer en el 2018? ¿Nos abstendremos también en las elecciones presidenciales y le regalamos seis años más a Nicolás Maduro y su dictadura?

Aunado a la falta de autocrítica y el no reconocimiento de los errores cometidos en las regionales, hoy asistimos a un de menosprecio de nuestra dirigencia política por los cargos de alcaldes, a los que no se les considera importantes. Grave error y peligrosa miopía política. Se están equivocando, con el agravante de que mucha gente de la sociedad civil se siente molesta y abandonada a su suerte.

Además de lo dicho, de que el alcalde es el funcionario público más cercano al ciudadano, el que tiene que ver con su vida cotidiana, con su entorno, los espacios de la comunidad, su seguridad y calidad de vida no es cierto que los alcaldes no puedan gobernar. A los alcaldes –salvo la Alcaldía Mayor, que es en la práctica una gobernación– no es fácil nombrarles “protectores” o estructuras paralelas como a los gobernadores, porque los municipios tienen un ingreso propio con los impuestos municipales que administran de manera autónoma, no pasan por la unidad del tesoro y no dependen tanto del situado o de que el gobierno central les dé recursos. Por eso a los alcaldes los persiguen, destituyen y meten presos, algo que quienes propician la abstención prefieren no mencionar, porque se les cae el argumento de la “cohabitación”, eso de que los políticos son unos “traidores”, vendidos”.

Hay un punto más que considerar, en esto de abstenerse o participar en las elecciones de alcaldes, y es que la comunidad internacional, que nos observa y que ya nos había comprado la tesis de la dictadura y de la ilegítima ANC, ahora tiene que asimilar esta “nueva” estrategia, la de no participar en un proceso electoral, después de estar meses pidiendo un cronograma electoral. Dentro de un año –o de unos meses– cuando tengamos el mismo CNE, las mismas condiciones o peores y posiblemente un adelanto de las elecciones presidenciales o de las parlamentarias, o ambas, ¿Cómo justificaremos a esos millones de votantes y a esa comunidad internacional  que “ahora sí” hay que participar? Internamente será complicado explicarlo, al exterior, casi imposible.

Siempre se le puede explicar a la comunidad internacional que hay que participar en los procesos electorales en las condiciones que sea, porque estamos bajo una dictadura; pero explicarle que ahora no participamos, porque “no hay condiciones”, pero que mañana si participaremos, aunque las condiciones sean las mismas, no será fácil.

@Ismael_Perez

La Estrategia Equivocada

La dictadura tiene su estrategia clara: ganar elecciones; por eso las convoca cuando las puede ganar y abusa de los recursos del poder y hace fraude, con tal de ganarlas.

La dictadura, que es militar, se sostiene por la fuerza de las armas, pero no se legitima haciendo elecciones, se legitima ganando elecciones. Y las gana a base de una minoría que la apoya con votos –cultivada a base de populismo clientelar, proselitismo, intimidación y dadivas–, una maquinaria bien “engrasada” y haciendo fraude.

Mientras, la oposición se estrangula en un círculo perverso y repite estrategias equivocadas. La estrategia de la oposición no solo no está clara, no es la correcta. Para solaz de la dictadura, retirarse de la elección de alcaldes y plantear como única alternativa lograr unas condiciones electorales “justas”, que pasen por el cambio de CNE es una estrategia que nos mete en un callejón sin salida. Se debe denunciar permanentemente las irregularidades y presionar por los cambios que aspiramos, pero eso solo tiene sentido y será efectivo en la medida en que participemos y nos anticipemos, no absteniéndonos.

La participación en las elecciones regionales del 15-O fue una estrategia correcta, era una apuesta que se debía tomar para repetir el triunfo de las elecciones parlamentarias del 2015: más del 50% de los votos y 2/3 de la Asamblea. La organización desplegada en 2015, con los equipos de los diputados y testigos en más del 90% de las mesas, la alta participación votando por la oposición anularon todos los abusos y trampas que hicieron el Gobierno y el CNE, porque también en 2015 hubo fraude continuado. Siempre ha habido fraude –continuado– desde que este régimen tiene el poder, ha sido parte de su estrategia. Y a pesar de eso, hasta ahora la estrategia electoral, la participación en elecciones es lo único que le ha dado triunfos y consolidado a la oposición y le ha dado proyección y respeto internacional. El éxito obtenido en 2015 demuestra que la estrategia electoral es esencialmente correcta y efectiva.

Los procesos electorales, o eventos como el plebiscito del 16J, son lo único que ha tenido convocatoria multitudinaria, que han movilizado a millones de personas. Allí hay un mensaje claro del pueblo hacia los políticos: queremos esta vía, la via electoral, la via del voto, esa es la que estamos dispuestos a seguir millones de venezolanos. Este es un hecho que no admite dudas por más que contra él han irrumpido posiciones radicales y abstencionistas, las que hemos criticado abiertamente pues desmovilizan a la población.

Estamos ahora enfrentados a un agudo dilema. Están convocadas las elecciones de alcaldes para dentro de seis semanas. Para el próximo año están previstas, constitucionalmente, las elecciones presidenciales y ¿Qué decidió una buena parte de la oposición? No participar en las elecciones de alcaldes.

Si no participamos, la dictadura se quedara con casi todas las alcaldías, digamos lo que digamos del proceso y del CNE –que no es seguro, que no hay garantías, que es ilegitimo– de todas maneras se realizaran las elecciones, lo vivimos en el 2005 y el 30J. Vamos a repetir el mismo error de no participar, como en las parlamentarias del 2005. El CNE no cambió ni va a ser cambiado. ¿Cómo explicaremos en 2018 que sí vamos a ir a las elecciones presidenciales con este CNE o no lo haremos y le vamos a regalar a la dictadura seis años más?

Con la decisión de no participar en las elecciones de alcaldes la MUD, además, está entregando a los vecinos a la dictadura y todo por tranquilizar la conciencia de algunos a quienes les angustia “votar con este CNE” –como si fuera muy distinto a los otros con los que hemos votado– o se lamentan porque las elecciones no tienen “garantías”. ¿Cuándo han sido “seguras” las elecciones o cuándo nos han dado “garantías” desde que Hugo Chávez Frías llegó al poder?

¿Qué es lo que se está planteando, que tenga asidero real? Porque es fácil decir que hay que elegir un nuevo CNE y que se deben hacer elecciones en “condiciones seguras” y otras consignas similares; pero ¿Cómo lo logramos? (Con el perdón de la pregunta, porque a algunos no les gusta que se les pida digan que alternativas proponen) Si entregamos las alcaldías, ¿Han pensado los agoreros radicales o los líderes de la neo-oposición donde van a convocar manifestaciones, marchas, trancazos, cuando la dictadura las controle todas? Pensar que la forma de recobrar la deteriorada confianza de los electores en la política y en los partidos es abandonar las alcaldías, que son el primer contacto del ciudadano con la política, es un grave e irresponsable error, que costara votos en el futuro.

“Todo el poder a los soviets”, exclamaban los bolcheviques en Rusia en mayo de 1917 para desconocer el gobierno provisional de Kerensky, un siglo después nuestros líderes los emulan con “Todo el poder a la dictadura”

@Ismael_Perez

Juramentados, ¿Y Ahora Qué?

Prescindir de la posición personal, despojar los hechos de sus connotaciones éticas, morales, de principios, que las tiene y son importantes, para tratar de ser objetivo y analizar el tema políticamente, sus pros y sus contras, es la tarea del analista político para explicar, no para justificar o condenar.

Hacia el largo plazo –creo que es hacia donde apuntan AD y su hoy líder principal, Ramos Allup– están confiados en que los gobernadores van a poder hacer algo, que los que los eligieron no les va a importar ante quien juren, porque más les importa salir de los gobernadores chavistas, pero sobre todo confían en la secular “mala memoria” del venezolano, que en tres meses habrá olvidado todo. ¿Será en el largo plazo una decisión política exitosa, afortunada? Solo el tiempo lo dirá.

En el corto plazo, en lo inmediato, desde el punto de vista de la coherencia, la credibilidad de los actores políticos y la eficacia de la decisión, no puedo sino decir que fue un error, una pésima decisión. Si durante la campaña no se hubiera dicho, hasta el cansancio, oficialmente por la MUD y personalmente por sus voceros, incluido Ramos Allup, que los gobernadores no se juramentarían ante la ilegítima ANC, la situación probablemente habría sido diferente. Pero no fue así.

Ya la dictadura les nombró “protectores”, estructuras paralelas e inició el proceso de despojarlos de recursos, como han hecho en otros casos. El problema grave es que la unidad opositora, ya carcomida por dentro, queda más resentida internamente y no sabemos bien cual será la reacción de la comunidad internacional; el premio Sajarov a la oposición venezolana, es un buen augurio, nos da cierta esperanza de que comprenden lo que pasó el 15-O y después.

Otra secuela grave es que AD –principal partido opositor, nos guste o no– deja de ser un partido confiable para cualquier alianza política.

Lo peor es que la vía electoral como alternativa, el voto como derecho, hace agua por todas partes y nadie propone algo coherente como alternativa, que no sea insinuar una salida de fuerza, interna o internacional. Hay algo espeso en el ambiente, algo se ha roto, la confianza básica en el voto ha desaparecido. Hay, como diría Saramago, “… un corte de energía cívica”. (Ensayo sobre la lucidez. Alfaguara, mayo 2004)

La dictadura convocó para el 10 de diciembre próximo las elecciones de alcaldes; la oposición se debate en el sí o el no; ya Freddy Guevara ha dicho que VP no participará. Se nos presenta un agudo dilema. El CNE ni va a renunciar, ni lo van a cambiar, ni va a dejar de hacer las elecciones con los mismos abusos y trampas. Debilitados, divididos, en muy malas condiciones nos toca decidir qué es lo que vamos a hacer. Si participamos, sabemos que pueden volver a hacer trampa y a lo mejor tampoco vamos a tener la fuerza para impedirlo. Si no participamos, la dictadura se quedará “legalmente” con todas las alcaldías. Asistirán cuatro gatos, pero no les importa, ya nos han demostrado que tienen la “manera” de hacer que parezca que son millones.

Hay un punto que la oposición no parece haber entendido; esa burocracia partidista del PSUV, que con recursos opera en todo el país, a la orden para acosar, para hacer proselitismo, intimidar, trampear procesos electorales, es además mantenida por el Gobierno Central, las empresas del Estado y sobre todo por gobernaciones y alcaldías; de allí la importancia de ganar las gobernaciones y alcaldías para despojarlos de esa burocracia enquistada. Y parece tarde para entenderlo.

Por otro lado, ¿Cómo se defiende el derecho al voto sin votar? Me temo que no hay recetas, ni fórmula única. ¿Quién sabe?; quizás es como dice Saramago: “…hay que tener mucho cuidado con lo que se cree saber, porque por detrás se oculta una cadena interminable de incógnitas, la última de ellas, probablemente, sin solución”.

@Ismael_Perez

El 15-O, ¿Abstención o Fraude?

Los resultados del 15-O reflejan, para la oposición y el país, un escenario que nadie esperaba. Hasta el más contumaz y recalcitrante abstencionista daba por seguro que la oposición obtendría, al menos, la mitad de las gobernaciones del país. No fue así. Los resultados, fueron al revés de lo que daban todas las encuestas. Hay que felicitar a quienes ganaron en sus estados y los recuperaron para la democracia y para su pueblo, pero aunque la oposición tiene tres gobernaciones más de las que tenía, nada nos puede consolar del hecho de que no se cumplieran los vaticinios anhelados y mucho menos de haber perdido “joyas” tan preciadas como Miranda y Lara.

Vayamos a la reflexión sobre los resultados. Parto de una premisa fundamental y es que, dada la situación política del país, lo del 15-O no era una simple elección de gobernadores, sino una medición; como lo expresara magníficamente la periodista Argelia Ríos en un tuiter el 29 de septiembre: “…no estamos eligiendo gobernadores. Los ganadores quizás no ejerzan. Estamos en una medición de fuerzas” De manera que hay dos factores que combinados explican lo ocurrido: la abstención y el fraude, que fueron el centro de la estrategia de la dictadura. 

La participación/abstención.  

El resultado sorpresivo no es solo por las gobernaciones ganadas o perdidas, lo es también por el porcentaje de participación o abstención que acompañan a esos resultados. Según cifras que publicó el CNE, la abstención promedio fue del 37%, que aunque es más baja que el promedio para este tipo de eventos –de 42% –  representa un incremento del 11% con respecto a los comicios del 6D de 2015. No podemos pretender que el 6D no existió, para analizar el resultado del 15-O que, como dije, más que una elección, era una medición. También resalto que habría que examinar estado por estado esa cifra, pues las encuestas anunciaban resultados algo distintos con ese nivel de participación y la abstención afectó de manera diferente a unos u otros estados, pero ese no es mi objetivo en esta reflexión.

En mi artículo de la semana pasada: Abstención, el daño en cifras (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/10/11/abstencion-el-dano-en-cifras/) señalé que: “En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios.”, pues bien, la abstención en este proceso fue del 37%, un 11% más alta que la de las parlamentarias del año 2015 y estamos viendo el resultado. Si evaluamos algunas cifras por estado: en Miranda fue del 41%, en Lara del 36%, en Bolívar del 42%, en Vargas del 36% y así pudiéramos seguir. Incluso en los estados en donde la oposición ganó, la abstención fue muy alta, como por ejemplo en Zulia y Táchira en donde fue del 44% y del 40%, respectivamente. Allí la victoria opositora o la derrota de la dictadura se pueden explicar por la ausencia o presencia combinada de otros factores.

Sin culpar a la “abstención” por el ciento por ciento de los resultados del pasado domingo, negar que una vez más tuviera su impacto, es demagógico y cerrar los ojos a la realidad. Pero hay varias formas de analizar el impacto de la abstención y en todas el resultado es el mismo; por ejemplo, los que prefieren compararlo con los resultados de las elecciones de gobernadores, en 2012 con una abstención del 47%, obtuvimos tres gobernaciones; en 2017 con una abstención más baja, del 37%, obtuvimos más gobernaciones, seis, incluyendo el Estado Bolívar que fue nos fue arrebatado; es decir, menor abstención, mayores beneficios. Hay otra manera de medirlo; según las cifras publicadas los votos que perdió la dictadura con respecto a las elecciones de 2015 son muy pocos, menos de 250 mil votos, en comparación con los que perdió la oposición que se remontan a más de 2,2 millones de votos.

Lo cierto es que se comprobó una vez más que el aumento de la abstención, en este caso con respecto al 6D de 2015 y al promedio general, 34%, a quien perjudicó más fue a la oposición. No se trata, como algunos, dicen de responsabilizar o exculpar a los electores, sino de constatar un hecho innegable y comprobar que quienes señalamos que estimular la abstención era hacerle el juego a la política de la dictadura, estábamos en lo correcto. No entiendo porque ahora quienes asumieron esa política se resisten a aceptar sus consecuencias.

El Fraude.  

Antes de que los viudos de la calle me vayan a preguntar que pienso de “el fraude”, lo diré de una vez: Sí, hubo fraude; pero gritar “fraude” es lo fácil, lo difícil es probarlo. Nadie me  tiene que convencer del fraude –lo vengo observando y denunciando con este régimen, “sobrevenido” hoy en dictadura, desde 1999– pero hay que dejar de buscarlo en las máquinas y en los números; si pensamos  que está allí, entonces hay que demostrarlo, pruebas en mano. Desde luego que tener las actas es mucho mejor que no tenerlas, porque sin ellas nunca podremos probar nada ante nadie, pero aunque las tengamos todas, cuyos resultados usualmente coincidirán con los resultados que arrojaron las máquinas, tampoco es garantía de nada. “Acta mata fraude”, pero hace décadas se decía: “Acta mata voto”, y lo estamos comprobando amargamente en el Estado Bolívar. Luchamos contra una dictadura.

Ahora no podemos obviar otra realidad; el CNE nos está retando, nos está diciendo: aquí están nuestros números. Es el momento de dejar de decir “fraude” y sacar las cifras, si se tienen. Si no se tienen, hay que dejar de buscar en las actas, números que no están y poner el acento donde se dio el gigantesco fraude: todas las violaciones perpetradas por el CNE/dictadura antes del día de la votación, que destruyen el derecho y el secreto del voto de los venezolanos. Lo que hace la MUD cuando declara que hay que determinar todas las “incidencias” o irregularidades que afectaron los resultados, es lo correcto; pero vamos a estar claros, nadie lo va a reconocer porque es el tipo de acciones que políticamente no complacen a nadie, no tienen glamur político, cuando lo que se espera es una acción mágica, contundente, que resuelva las cosas en un instante.

Sí, sí hubo fraude y gigantesco, está en todas esas irregularidades que se han denunciado: suspensión y adelanto de fechas electorales, ventajismo, la no sustitución de candidatos, inhabilitación de candidatos y de la MUD, migraciones y reubicaciones, saboteos y violencia contra las mesas, y ese largo etcétera con muchos detalles que ya se han mencionado y que no vale la pena volver a enumerar a los fines de esta reflexión. Miles de “triquiñuelas”, delitos electorales, que se constituyen en fraude porque fueron hechos, antes y durante el día de la votación, con la deliberada intención de alterar los resultados. Están allí, hay que denunciarlos, determinarlos, contarlos, impugnarlos, pero sobre todo, tomarlos en cuenta para el futuro.

Por ejemplo, la “reubicación” ilegal de centros, 48 y 24 horas antes del día de votación, entre otras cosas impactó los resultados en Miranda, más que en otras entidades. Como no haya sido además una forma de camuflar otra irregularidad, la “migración” de votantes desde municipios y estados vecinos. Habrá que revisar y contrastar el REP y mejor aún los cuadernos de votación, uno a uno, para despejar esta duda. Otro ejemplo, no permitir la “sustitución” de candidatos, que con otras irregularidades y la alteración de actas terminaron con la victoria opositora en el Estado Bolívar.

Mientras tanto hay cifras que el CNE/dictadura debe explicar; por ejemplo, los 8 millones de votos que anuncio Tibisay Lucena el 30J que no se vieron por ninguna parte, ni ese día votando, ni después se han publicado, no existen, de eso no hay actas, ni números, ni nada. ¿Dónde están más de dos millones de supuestos votos del oficialismo que se evaporaron en tan solo dos meses y medio, entre el megafraude del 30J y los resultados de 15-O? En cambio, la oposición si puede explicar mejor sus números, pues una buena parte de los firmantes del plebiscito del 15J estaban en el exterior, que en esta oportunidad no votaron. Pero hay una votación “dura” del oficialismo que no podemos negar –aunque entendamos que está sostenida con políticas clientelares, intimidación y abuso de las necesidades y carencias en alimentos y medicinas– y que luce más “fiel” que la opositora, ésta segunda mucho más voluble a los estados de ánimo y resultados de otros eventos políticos.

Como conclusión, la combinación de estos dos factores, abstención y fraude, explican la derrota sufrida por la oposición. Si los votos no están, el fraude es más fácil. En 2015 la dictadura tenía que anular casi tres millones de votos para ganar. No lo hizo. Utilizó otros mecanismos –sentencias del TSJ–  para desconocer los resultados, pero lo está pagando caro internacionalmente. Para el 15-O cambió la estrategia. En unas elecciones regionales, que son 23 elecciones diferentes, solo necesitó arrebatar o eliminar unos miles de votos por entidad para “ganar”. Lo hizo por diversas vías, la mayoría antes del 15-O. Pero, para conquistar el poder hay que tener vocación de poder. ¿Cómo se saca a la gente a la calle a defender lo que no hizo? ¿Van a salir a la calle los que no votaron a defender los votos de los que sí lo hicimos?

¿Y ahora qué?

Hay más cosas que analizar, papel de la MUD, estrategias, organización, y otras. Serán temas de próximas reflexiones; pero de una vez adelanto mi propuesta, a explicar con detalle en la próxima ocasión: Superar rápidamente la situación actual. Se puede caminar y masticar chicle al mismo tiempo; es decir se puede denunciar e investigar todo lo ocurrido y exigir condiciones electorales justas y al mismo tiempo prepararse para las elecciones de alcaldes y presidenciales de 2018. Yo, al menos, que creo en la vía electoral, al tenor de los resultados, pienso que lo que hay que hacer es prepararse mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Fijarse en los números duros que tenemos, no en los que no tenemos.

@Ismael_Perez

Abstención, el Daño en Cifras

Los datos que presento a continuación no pretenden llenar el vacío de la falta de estudios con respecto al fenómeno de la abstención, son solo algunas cifras para reflexionar al respecto. He tomado solo cifras oficiales del CNE que cualquiera puede corroborar y solo sobre algunos eventos electorales: presidenciales, Asamblea Nacional, referendos, elecciones de Asamblea Constituyente y desde luego elecciones de gobernadores, que es el tema que hoy tenemos sobre la mesa. No se dispone de cifras de los dos referendos de 2007 y no hay tampoco cifras completas de las parlamentarias de 2005.

Desde 1958 se han realizado 33 de estos eventos, pero solo tenemos cifras de abstención de 30 de ellos. El promedio de abstención de estos 30 eventos fue del 34%. Como ya sabemos, el promedio de abstención más bajo se da en las elecciones presidenciales:19%; pero este promedio está sesgado por las bajas abstenciones de los cuatro procesos presidenciales entre 1958 y 1973, que fue del 6%.

En 1978 se produjo el primer “salto” en la abstención que fue del 12%; el promedio de abstención desde ese proceso y durante los cuatro siguientes, hasta 1998, fue del 27%. En 1993 se produjo un segundo “salto” en la abstención, subiendo 21 puntos para ubicarse en 40%; fenómeno signado sin duda por los intentos de golpes de estado de 1992 y la crisis política que se desató en el país; desde ese entonces la abstención para cualquier proceso electoral se ha situado en un promedio del 34% y no ha descendido. Sin duda este “salto” en la abstención y que se haya mantenido alta se debe al fenómeno del sesgo antipolítico y antipartidos que ha caracterizado a la sociedad venezolana desde mediados de los años 70 y hasta el día de hoy, reforzado por el hecho de que en la Constitución de 1999 el sufragio es un derecho y no un deber, como lo era en la de 1961, inclusive con aplicación de sanciones a quienes no votaban.

Como dato curioso, en los cuatro procesos electorales presidenciales que se han efectuado desde el año 2000, bajo la nueva Constitución, la abstención también fue del 27%. Luego es falsa esa afirmación de que la participación electoral ha aumentado con el denominado “proceso revolucionario”. Así lo confirman también los referendos constitucionales, pues en los dos de los que se disponen cifras –los de 1999– la abstención en uno fue del 62% y en el otro 54%; la más alta, del 44%, fue en el 2000 con la “relegitimación” de Hugo Chávez. Ni siquiera el importante referendo presidencial de 2004 –contra Chávez Frías– movió a la población a votar, pues la abstención fue del 30% y una de las abstenciones más altas ha sido la elección de la Asamblea Constituyente de 1999, que fue del 54%.

Las elecciones parlamentarias y las de gobernadores tienen niveles bajos de participación. El promedio de abstención de los seis procesos parlamentarios de los que se tienen cifras –desde que se separaron de las presidenciales en 1993– es del 38% y peor aún es el caso de las elecciones de gobernadores, cuyo promedio de abstención es del 47% desde el año 1989.

Detengámonos en las cifras de gobernadores, para ver el efecto que ha tenido la abstención en este tipo de elección. La primera observación es que la elección de gobernadores siempre ha estado signada o impactada por los acontecimientos políticos recientes y los resultados electorales de otros procesos.

Para analizar este punto, veamos este pequeño cuadro que contiene el porcentaje de abstención desde el año 2000 en las elecciones de gobernadores, y tomaremos como referencia el año 1998, año en el que se celebraron las últimas elecciones bajo la Constitución de 1961 cuando la oposición obtuvo 17 gobernaciones, solo para ver la evolución de ese número.

GOBERNADORES

2000

2004

2008

2012

  42%

  48%

  34%

  50%

    Promedio

43%
  • En el año 2000, como efecto de la relegitimación de los poderes bajo la nueva Constitución, la “sombra” de los triunfos de los referendos constituyentes y el efecto “porta avión” de la mega elección de ese año, la oposición perdió 10 gobernaciones, quedando nada más con 7.
  • En el año 2004, después del referendo revocatorio en el que salió triunfante Chávez Frías y la oposición reclamó “fraude”, la abstención se incrementó al 48% y la oposición perdió 5 gobernaciones, manteniendo solamente dos: Nueva Esparta y Zulia.
  • En el año 2008, la abstención promedio bajó 14 puntos, hasta el 34% y la oposición se recuperó y obtuvo 5 gobernaciones: Carabobo, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia y pudo haber ganado otras cuatro –Bolívar, Cojedes, Falcón y Mérida– de no ser por los elevados porcentajes de abstención en esos estados, 31%.
  • En el año 2012, tras el revés electoral de Capriles Radonsky frente a Chávez Frías y el reclamo de muchos opositores nuevamente con relación a un supuesto “fraude” y llamados a la abstención, ésta se incrementó 16 puntos, llegando al 50%, lo que ocasionó que la oposición se quedara solo con 3 gobernaciones, Amazonas, Lara y Miranda; ganando la de Amazonas y perdiendo las de Carabobo, Nueva Esparta, Táchira y Zulia; y más grave aún, perdiendo la oportunidad de ganar Aragua, Barinas, Bolívar, Mérida y Monagas, debido a los altos niveles de abstención en esas entidades, 50%.

De manera que para mí es claro, a partir de estas cifras, a quien ha perjudicado la abstención, en general, y en las elecciones de gobernadores en particular. En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios. De allí el empeño de la dictadura en promover la abstención y la importancia para la oposición de hacer un esfuerzo por reducir sus niveles el 15-O y bajar el “peso muerto” de la abstención.

@Ismael_Perez