El Mandato del 16J

En Venezuela cada quien lee, ve, oye y entiende lo que quiere leer, ver, oír y entender y el tema de cómo interpretar el “mandato” del plebiscito del 16 de julio de 2017, no es una excepción.

El 16 de julio, en mi opinión, se dieron varios mensajes. El primero, ya lo he dicho,  es que cuando se convocan eventos electorales o similares, la respuesta es masiva: millones de personas acudimos al llamado. Algo debería decir ese primer mensaje a nuestros líderes y la interpretación es que los venezolanos queremos enfrentar a la dictadura, que la rechazamos, pero no somos suicidas. Tras cuatro meses de enfrentamiento en las calles con la GNB/PNB/FANB y grupos paramilitares armados, no estamos dispuestos a seguir siendo acribillados y morir en las calles asesinados por los esbirros del régimen. Y no es una metáfora, lo hemos vivido. No somos soldados, somos ciudadanos, queremos elecciones, en las que podamos expresarnos y participar masivamente, además de votar.

El segundo mensaje, también fue claro en las respuestas a las tres preguntas del plebiscito, especialmente a la tercera, que reproduzco casi textualmente: queremos “la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”, lo queremos en “elecciones libres y transparentes” y que se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”. Esta ha tenido otra lectura por parte de algunos.

No hay en la tercera pregunta un lapso para hacerlo, una fecha para su ejecución, que además sería absurdo definirla frente a una dictadura que hemos visto dispuesta a mentir, reprimir y matar por mantener el poder. Pero sí hay en la pregunta un “modo”: renovando poderes, de acuerdo a la Constitución, mediante elecciones; y una finalidad, un “mandato”, para usar la palabra que les gusta a algunos: conformando un gobierno de unidad nacional. Es decir, que sea por decisión de la mayoría y que se incluya a todos en ese proceso.

Ahora bien, los poderes públicos se deben “renovar” de acuerdo con un procedimiento constitucional y legal, claramente establecido, porque de eso se trata, de “restablecer el orden constitucional” que ha sido violado, alterado, desconocido, por esta dictadura. Algunos, el Tribunal Supremo, CNE e integrantes del Poder Ciudadano, deben ser designados por la Asamblea Nacional (AN); otros –la propia AN y el Presidente de la Republica– deben ser electos por el pueblo en elecciones democráticas. Ya la AN desconoció al TSJ y nombró magistrados – casi todos hoy en el exilio– e inició el proceso para elegir rectores del CNE, que debió suspenderse cuando los candidatos retiraron sus nombres al ver lo que pasó con los magistrados del TSJ designados por la AN; además reconoció a la Fiscal General, también hoy en el exilio, y designó al Vice Fiscal. Pero la AN ha hecho mucho más: declaró la ausencia del cargo del Presidente de la República, desconoció la ANC, llamó a la FANB a restituir el orden democrático y desconocer a la dictadura, y llamó al pueblo a la desobediencia civil a través de los artículos 333 y 350 de la Constitución, organizando además un plebiscito popular, al margen del CNE, desconociendo en la práctica, a este organismo. Y varias cosas más, que sería largo enumerar.

¿Qué significa entonces cumplir el mandato del 16J? ¿Cómo lo hacemos? ¿Aplicamos una “caída y mesa limpia”? ¿Le pedimos a la AN que desconozca la Constitución y proceda a hacerlo de cualquier manera? ¿A la brava, como lo hace la dictadura, sabiendo, como sabemos, además, que la AN no tiene la “fuerza física” –léase bien, “fuerza física”– para hacer que se respeten sus decisiones?

Agradeceríamos a quienes sí han entendido “correctamente” el mandato del 16J que nos ilustraran acerca del Cómo y Cuándo, según ellos, se cumple el mandato del 16J y que ellos han entendido de una manera tan distinta y perentoria y que asuman la responsabilidad de lo que eso implica.

@Ismael_Perez

 

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Abstención o Indiferencia

Los temas políticos se repiten y escribir sobre ellos también, con el problema de que cada vez es más difícil decir algo nuevo, distinto, y eso pasa con la abstención, que es un problema que cíclicamente se nos presenta en la mesa de discusión.

Hasta hace poco la composición política de Venezuela, de acuerdo con las encuestas y resultados electorales, se repartía más o menos en tres pedazos iguales. A favor, en contra del régimen y un tercio del electorado que se autodenomina “independiente”, “ni-ni” –que yo denomino indiferente– y que se inclina parcialmente por una u otra opción, dependiendo de la situación del momento, las promesas o las políticas populistas predominantes. Es este sector el que inclina la balanza electoral y en él hay un grupo que sistemáticamente se abstiene de participar, simplemente porque la política le es indiferente. La indiferencia por la política y las posturas antipolíticas, anti partidos, de ese grupo y de otros, es lo que en el pasado y en buena parte del presente, nos condujo a la dictadura que hoy tenemos.

Pero, en los últimos dos años, la composición política del país ha cambiado. Según los últimos resultados electorales y las encuestas, el “tercio” chavista ha descendido al 20%; el sector opositor ha aumentado a casi el 50% y se mantiene casi incólume el sector indiferente, que es de donde más se nutre el “abstencionismo”.

La abstención es uno de los fenómenos políticos que menos se ha estudiado, a nivel mundial, y particularmente en Venezuela, donde además, durante muchos años –hasta la Constitución de 1999 que eliminó el carácter obligatorio del voto– no fue un evento significativo. Desde 1999 en las elecciones más concurridas, que suelen ser las presidenciales, la abstención o indiferencia más baja fue del 25,3%, en las elecciones presidenciales del 2006. La más alta ha sido en las elecciones parlamentarias de 2005 que superó el 75%. Pero, por mucho que queramos disfrazarla, la primera razón para la abstención en cualquier proceso electoral es la simple indiferencia.

Hay muchas razones para votar o para abstenerse y no voy a reproducir aquí esa discusión. Aparte de las filosóficas y de principios, que son para mí las razones válidas, me interesa discutir la “abstención” como política y desde ese punto de vista, discutir su eficacia, porque lo que no está en discusión es que en política es preciso hacer lo que sea más eficiente. En 2005 la abstención fue la “política oficial” de la oposición y como dije, fue alta, más del 75%. ¿Qué se logró con eso? ¿Suspendió el CNE las elecciones? ¿Quedaron los cargos de diputados vacantes? ¿Fue declarada ilegítima la Asamblea electa con una mayoría espuria? ¿Dejó la comunidad internacional de reconocer al Gobierno venezolano de Hugo Chávez Frías? La respuesta a todas esas preguntas es negativa, como lo fue la situación en la que quedó la oposición democrática venezolana, nacional e internacionalmente, y de la cual nos costó años recuperarnos.

Y es que convertir la abstención en una política que sea movilizadora y se distinga de la simple indiferencia requiere de un gran esfuerzo, mucho más sostenido y de mucha mayor capacidad organizativa que, simplemente, participar; y ese esfuerzo es lo que no veo de manera concreta en ninguna de las posiciones abstencionistas. Al no ofrecer una posición activa, que se traduzca en un enfrentamiento y movilización contra la dictadura, se confunden con la indiferencia; usualmente no pasan de descargar insultos y descalificaciones hacía aquellos que creemos en la eficacia de la movilización masiva a participar y defender el voto y se limitan a enfrentar agria y duramente al propio sector opositor.

@Ismael_Perez

Por Qué se Enfrio la calle

Tras cuatro meses de intensas protestas la pregunta que ahora muchos se hacen es ¿Por qué se “enfrió” la calle? En política es conveniente aclarar los acontecimientos, tratar de explicarlos, aunque sea con hipótesis, porque una correcta interpretación de los hechos ayuda a evitar que se cometan los mismos errores en el futuro, aunque eso no siempre es posible.

No fue que se dejo de hacer convocatorias a actividades de “calle”, como algunos señalan, culpando de ello a la MUD. Entre el 16 de julio y el 13 de agosto se realizaron más de 10 convocatorias, cada dos días, a diversos eventos por parte de la MUD –que por cierto es la única que convocaba, organizaba y se responsabilizaba por cualquier tipo de evento– que fueron languideciendo, hasta desaparecer.

Avanzo entonces mi hipótesis señalando lo que para mí es obvio: La calle se enfrió porque no estaba suficientemente caliente. Tal como ocurrió 2002/2003 y en el 2014, cuando también vimos manifestaciones “masivas”, las grandes concentraciones, sobre todo en Caracas y otras grandes ciudades, se realizaban solo en ciertos sectores, geográficos y sociales, de clase media o media baja y ciertas zonas de las ciudades, pero en el área central y en áreas populares la vida transcurría con cierta “normalidad”; en 2017 fue igual, aunque es cierto que vimos –hablo solo de Caracas– algunas manifestaciones importantes y actividades de calle significativas en sectores populares del oeste y del centro de la ciudad.

Eso no quiere decir que no exista apoyo popular a la oposición, como anhela y pretende señalar la dictadura, simplemente significa que ese apoyo busca manifestarse de otra manera. Esa es la lectura política que tenemos que hacer y que algunos se niegan a ello, porque deja muy mal parada la idea pro abstención o contra la participación electoral. Me explico.

De los procesos de manifestaciones y paros de 2003/2004, que igualmente fueron mermando, “salimos” con un evento masivo de recolección de firmas –el llamado “firmazo”– para lograr el RR del 15 de agosto de 2004, del cual salimos derrotados, gritando un fraude que nunca pudimos probar y con la inercia de una política que resultó inoportuna e inmanejable ya que apelar a esa política del fraude sin resolverlo, sin tener una respuesta alternativa y contundente, trajo graves consecuencias en desmotivación que aun pagamos. Pero ya sabemos lo poco propensos que somos a admitir los errores que cometemos.

Tras la llamada “salida” o manifestaciones de “calle” en el año 2014, se inicio un proceso de discusión que concluyó en un proceso de primarias para elegir los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, elección que se realizó en 2015 y en la cual obtuvimos la mayoría de los votos y 2/3 de los diputados.

Del proceso de protestas de 2017 “salimos” con el plebiscito del 16 de julio en el cual recogimos más de 7 millones de firmas, legales, mostrables, que todo el mundo vio en las calles y no como en el “fraude” masivo del 30 de julio para la elección de la inconstitucional ANC.

Cuando se convoca un “trancazo” o cierre de calles, participan cientos, escasamente miles de personas. Cuando se convocan “manifestaciones” o “marchas”, participan cientos de miles. Cuando se convocan eventos electorales o parecidos, participan millones de personas. El análisis de estos procesos a mi me dice que la gente está dispuesta a participar masivamente en eventos en los cuales se pueda expresar pero que le garanticen una cierta seguridad. Otras actividades de mayor riesgo y acción quedan para las “elites”; no en balde los pensadores de principios del siglo pasado decían que la política la practican las minorías, el “control” de la política es el que debemos hacer las mayorías, papel al que muchas veces hemos renunciado.

@Ismael_Perez

 

 

 

¡Propongan Algo!

A todos los que denigran y descalifican a los partidos, sobre todo los tradicionales, a los que arremeten contra a los políticos, contra los dirigentes de la MUD –esa instancia anónima que nadie defiende– les llego su momento estelar. No los voy a nombrar, todos saben quiénes son y donde están. La escena les pertenece. Somos todo oídos.

Las elecciones regionales no tienen sentido, dicen, y la sola mención del tema  los enardece y les produce urticaria ética; “de que sirve tener gobernadores, si no los van a dejar gobernar”, “ya vimos lo que paso con la Asamblea, de que sirvió”, alegan. “Igual pasará con los gobernadores y alcaldes”. “Las dictaduras no salen con votos”, afirman. Supongamos que sí, que compramos el argumento en contra de las regionales, ¿Qué proponen?, porque ya está demostrado –en 2002 y 2003, en 2014 y ahora, en estos cuatro meses– que para sacar dictaduras como la venezolana, “la calle” tampoco sirve de mucho. El país se puede terminar de ir a la ruina, caer en la más espantosa miseria y a la dictadura no le importa; a ellos no les afecta, en su campana de cristal no hay problemas ni penurias, todo fluye, especialmente las divisas, así que todo lo niegan y ni se van, ni resuelven nada.

Sí, hay que admitirlo, la estrategia opositora no alcanzó el anhelado objetivo final de sacar a Nicolás Maduro. Tal parece que no “faltaba poco”, que no estaba “por caer”, que no era “cosa de días”, que no “sale pronto”, como algunos/as afirmaban frecuentemente. La experiencia fue amarga y no fue que la dictadura triunfó, se impuso con apoyo militar, con apoyo de la fuerza, de la represión sanguinaria. Ahora no vamos a pretender que quienes argumentan contra las regionales, convoquen a manifestaciones multitudinarias de “calle”, porque la gente se cansó de “calle”. Pero que al menos esbocen una estrategia, un rumbo, que digan algo, que propongan algo que no sea cruzarse de brazos a denigrar de la MUD y de los partidos y esperar a que se produzca un milagro, una supuesta invasión, un alzamiento de los “militares institucionales”, de los que habla Maduro, por cierto.

Dicho lo anterior y culminada mi catarsis, vale la pena matizar las cosas. La “calle”, es cierto, no cumplió su objetivo final; la jornada fue agotadora y la represión brutal, pero todo lo emprendido desde el primero de abril, los cientos de muertos, los miles de heridos y los cientos de apresados sirvieron para desnudar internacional y completamente a la dictadura y eso no es poca cosa, sobre todo porque, repito, la dictadura no triunfó sino que se impuso por la fuerza de las armas.

A la espera de que nos digan otra opción, en la que podamos participar –más allá de “decálogos” con más análisis y propuestas genéricas de organización sin explicar para que– el ciudadano común, ese que no está armado para enfrentarse a la GNB, PNB, FANB y paramilitares del gobierno, sabe qué a la dictadura, en el terreno electoral es en el único terreno en el que le ha infringido derrotas, le ha ganado alcaldías, referendos, gobernaciones, la Asamblea Nacional. Sí, “ingenuamente” votaremos, pondremos testigos en la mayor cantidad de centros y mesas posibles, contaremos los votos, denunciaremos el fraude donde se presente; con eso no va caer la dictadura, pero nos organizaremos y haremos más fuertes y demostraremos una vez más que a la dictadura solo la sostiene la fuerza de las armas, hasta que…

@Ismael_Perez

En Una Página: Evaluando Resultados

El objetivo fundamental de las protestas que se iniciaron el 1 de abril de 2017 era salir de este régimen de oprobio, instalado en Venezuela desde 1999. Ese objetivo no se logro y eso sin duda alguna acarrea una pesada frustración que no es fácil de digerir. Pero, políticamente hablando, eso no quiere decir que no se haya logrado nada, que es el balance que nos falta hacer y al que nadie se anima.

No es sobre ese objetivo máximo que se deben evaluar los resultados de estos cuatro meses de lucha política, sino sobre los objetivos iniciales que se trazaron. No es que eso mejore mucho el balance, pero nos permite ver algunos triunfos, que aunque parciales, son importantes.

1) El supuesto “desacato” que pende sobre la AN no se eliminó, pero qué duda cabe que hoy la AN tiene un mayor reconocimiento, incluso de la dictadura, hasta el punto de que aunque se le ha despojado de sede y presupuesto y sus funciones le siguen arrebatadas –antes en manos del TSJ y ahora de la ANC–, la ilegitima y arbitraria ANC no se ha atrevido a disolverla. No es que eso no vaya a ocurrir, pero no ha ocurrido. 2) El cronograma electoral no está definido, pero la dictadura no le ha quedado más remedio que programar las elecciones regionales que habían suspendido en 2016; aunque no estoy muy seguro que finalmente se vayan a realizar, pues si oposición mantiene su posición de asistir y la dictadura estima que puede perder un grupo importante de gobernaciones, no dudara ni un segundo en volverlas a suspender, bajo cualquier pretexto que invente la ANC o el TSJ, o ambos. 3) La mayoría de los presos políticos, siguen presos, aunque algunos emblemáticos han alcanzado casa por cárcel o régimen de presentación. 4) En el desarme de los paramilitares del régimen no se ha avanzado nada y 5) el canal humanitario no se ha abierto ni un milímetro; más bien la situación de escasez, desabastecimiento de alimentos y medicinas es cada día peor; el país pasa hambre y ese es un peligroso caldo de cultivo que en cualquier momento le explotara al régimen en la cara, con consecuencias imprevisibles.

Pero al menos dos resultados obtenidos merecen especial mención y son verdaderamente significativos. El primero es el desenmascaramiento definitivo del régimen a nivel internacional. En ninguna parte del mundo queda ninguna duda que el chavismo y el gobierno de Nicolás maduro es una dictadura y los gobiernos democráticos del mundo se han pronunciado calificándola como tal y algunos se preparan para tomar sanciones que han ido aislando a la dictadura venezolana.

El segundo resultado, notorio, es el surgimiento de una nueva camada de jóvenes líderes, en todos los partidos y grupos políticos que abre el país a una nueva generación y modalidad de enfrentar la política. Estos dos resultados no son poca cosa y debemos luchar por mantenerlos, hasta que…

@Ismael_Perez