Resistencia y Presión (2/2)

Cerrada momentáneamente la vía electoral, el pueblo y la oposición venezolana han cambiado de estrategia para combatir la dictadura: la estrategia se resume ahora en una palabra: ¡Resistencia!

La semana pasada me referí a este tema y concluía que resistencia no es solo la que se libra en las calles enfrentando la crueldad de las fuerzas represivas del estado, sino también la que tiene todo un país, que sin alimentos suficientes y caros, sin medicinas, sin servicios públicos, sin seguridad social y personal, sobrevive y trata de llevar una vida “normal”.

(https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/06/10/resistencia-y-presion-1/)

No pretendí hacer una lista exhaustiva de acciones y formas de resistencia, sino reflexionar en el conjunto de actividades que conforman la actividad de una población, “que no es solo esa importante batalla, en las calles, confrontando sin armas a la GNB/PNB y los grupos paramilitares del régimen, sino también todo ese conjunto de actividades más silenciosas, calladas, cotidianas, que despliegan los ciudadanos para restituir el estado de derecho y la democracia”. Ahora quiero continuar la reflexión de ese otro término: Presión, que anuncio en el titulo y que mencioné la semana pasada.

Es difícil explicar la diferencia entre ambas palabras, que en realidad son un continuo de una misma actividad. La resistencia nos conduce a mantener la presión sobre la dictadura y ejercer esa presión es una forma de resistir. Por tanto, vamos a diferenciarlas en cuanto a lo que se persigue al mantener la presión.

La presión es necesario mantenerla en dos ámbitos. El ámbito interno y el ámbito internacional. En el ámbito interno se persiguen varios objetivos:

1) Lograr una masiva incorporación a la lucha contra el régimen. Después de 77 días de lucha, enfrentados a una represión salvaje e inhumana, que a todas luces lo que busca es intimidar, atemorizar y desmoralizar, la gente sigue en las calles, atendiendo el llamado de los líderes de la oposición y saliendo a manifestar, a marchar, a realizar actividades, a sabiendas de que será reprimida violentamente. Pareciera que hay una relación inversamente proporcional a la violencia: más reprimen, mayor es la furia, la rabia de la gente, las ganas y el deseo de salir a protestar y además de manifestarlo a viva voz o por escrito, por cuanto medio se encuentra disponible para hacerlo.

Quiero detenerme un poco para hacer una reflexión sobre el tema. La protesta se ha extendido geográficamente por el país y especialmente en Caracas. En la capital, sede del poder ejecutivo de la dictadura, ya no es solo un fenómeno del “este de la ciudad”, de las zonas de clase media, como lo era en el pasado, sino que se ha extendido al Oeste, Sur Oeste, Centro de la ciudad y varias barriadas populares. Pero debemos reconocer que no se ha extendido masivamente. Ejemplifico claramente lo que quiero decir; se habrá extendido masivamente cuando en plaza Catia y la Ave. Sucre, o en Caricuao, desde la UD4 hasta la entrada de la autopista, se reúna una concentración de gente como la que hemos visto desde el Distribuidor de los Ruices hasta el Distribuidor Altamira. Y no me refiero a ganar electoralmente en esas zonas de la ciudad, que ya se ha logrado, me refiero a que la gente esté dispuesta en esas zonas a salir como lo hacen en el este de la ciudad, en Montalbán, El Paraíso y La Candelaria, por citar algunos ejemplos.

Para que eso ocurra el mensaje opositor debe calar más, mucho más y para que eso ocurra se requiere de más acciones como las que hemos visto en los últimos días de los diputados y dirigentes opositores recorriendo el metro o algunas barriadas. Es decir, seguir en estaciones del metro y medios masivos de transporte, en mercados municipales, grandes paradas de autobús y busetas, recorrer barriadas y urbanizaciones populares, casa por casa, zonas industriales, plazas públicas, etc.  Pongo como ejemplo a Caracas, pero es válido para todo el país y sus ciudades más importantes.

No digo que no se esté haciendo. Digo que hay que hacerlo más, de manera más efectiva y creativa, que se vea, y medir los resultados a la hora de una convocatoria. Motivar y dar ideas para que cada quien en su ámbito, donde vive, trabaja, estudia, se incorpore a difundir el mensaje de la necesidad de un cambio urgente e impostergable para sacar al país de la ruina y detener la instalación de una constituyente que agravará y profundizará las penurias y miserias del país y no aportara ninguna solución. Millones de venezolanos, léase bien, millones, aun no tienen idea de qué se trata lo de la ANC y como eso los va a afectar en su vida cotidiana, en su día a día. ¿Qué esperamos para explicarlo?

2) Presión sobre el chavismo para que se profundicen las fisuras internas y la separación con el “madurismo” que empezó a manifestarse desde las elecciones parlamentarias y se agudizó desde la propuesta de una ANC.

En eso puede jugar un papel importante las acciones que ha emprendido la Fiscal, Luisa Ortega Díaz. No sé cuales sean sus intenciones últimas o cual pueda ser su agenda política, si es que la tiene; pero en este momento todo el que contribuya a impedir que se logre instalar la ANC debe ser bienvenido y ese debe el objetivo de los acercamientos que se puedan dar –y que se deben dar– con los disidentes chavistas del régimen para incluirlos en la lucha contra la ANC.

Creo que tenemos algo en común con el llamado chavismo disidente, la defensa y aplicación de la Constitución que ellos impulsaron en 1999 y a la cual me opuse con millones de venezolanos, votando en contra, pero que en 2007, también millones de venezolanos, nos pronunciamos porque se mantuviera, cuando el propio Chávez intentó modificarla.

Se me hace difícil entender que exista un “legado” chavista que quieran defender, cuando muchos de ellos, por ejemplo Héctor Navarro, hablan del fracaso de la revolución bolivariana y hasta el propio Chávez que pretendió cambiar su constitución en 2007; pero no es ese mi problema. Es obvio que buscan sobrevivir a una debacle que ven venir y eso nos lleva a coincidir en dos cosas vitales en este momento, oponernos a la ANC y buscar una salida a la dictadura de Nicolás Maduro. Más allá de eso, no nos debe importar la agenda del chavismo disidente, eso será parte de la lucha política que se dará al recuperar la democracia. Lo importante ahora, reitero, es frenar la aspiración de la dictadura de consolidarse a través de la modificación de la Constitución.

3) Presión sobre el único soporte real que tiene la dictadura: el sector militar. Es una tarea compleja, dado el grado de involucramiento y complicidad de los militares con el régimen, que algunos califican –y me incluyo– como una dictadura militar, pero es preciso demostrarle al estamento militar la perdida de soporte popular que enfrenta el Gobierno y que lo ha deslegitimado por completo para seguir gobernando.

Durante 18 años hemos visto fracasar la gestión gerencial y administrativa de altos componentes del sector militar en tareas de Gobierno; hemos sido testigos de su ineficacia y de acusaciones de graves y escandalosos actos de corrupción y hasta involucramiento en narcotráfico. Si a eso sumamos lo visto estos dos meses, con la represión violenta e inhumana al pueblo de uno de sus componente, la GNB –y repito, la GNB es uno de los componentes de la FANB–  si la FANB no quiere ser arrastrada en la caída del oprobioso gobierno de Nicolás Maduro y quiere diferenciarse de esas “atrocidades”, si quiere desligarse de su fracaso en la gestión del Gobierno durante los últimos 18 años y demostrar que aun tiene cabida en la nueva sociedad que se diseñe, debe dar el paso de exigir que se cumpla la constitución. No le veo otro papel, ni creo en soluciones militares que vayan más allá de lo que les establece la constitución actualmente.

En el ámbito internacional, en vísperas de la reunión de cancilleres de la OEA, es importante mantener la presión para profundizar el aislamiento al que está sometida la dictadura. Pero debemos estar conscientes en que la acción internacional en este tipo de casos, dictaduras, regímenes de fuerza, etc. es limitada. Como se ha dicho, los organismos multilaterales son clubes de Gobiernos y tienen capacidad limitada para interferir en asuntos internos de sus miembros. Pero lo pueden hacer.

Nadie quiere un vecino políticamente inestable, donde su Gobierno no tenga cabal control de lo que ocurre en su territorio y del que se puedan producir desplazamientos de población ante crisis humanitarias. Esa es una situación peligrosa. Nadie quiere tampoco un vecino declaradamente “comunista” o “revolucionario” y al que le gusta inmiscuirse en asuntos internos de otros países para exportar “su forma de gobierno” y que tenga, al menos potencialmente, recursos económicos para hacerlo. A nadie le gusta tampoco tener un vecino al que se le acusa de apoyar regímenes terroristas o al que involucren a sus altos funcionarios en el tráfico de narcóticos.

Del lado más positivo o altruista, no es tampoco bien visto un país en el que se violan flagrantemente los derechos humanos, que mantenga presos políticos e inhabilitados y que su Gobierno no tome ninguna medida para reconocer y corregir esta situación.

No obstante, dudo mucho que se pueda producir algo mas allá de una declaración general sobre presos políticos, DDHH y restitución del orden democrático, que pueda eventualmente incluir una solicitud de suspensión de la convocatoria a una ANC. Pero ya eso es bastante.

En materia de acciones concretas pudieran proponer una “misión internacional” que visitara el país para ver la situación in situ y contactar a las partes en conflicto, pero eso no es posible sin el consentimiento del Gobierno de turno, y eso es algo que no podemos esperar que el régimen acepte. Otra de las acciones concretas que podríamos esperar y en la cual pudieran participar algunos multilaterales como la ONU y la OEA –y eventualmente el Vaticano– es que se produjera algún acuerdo para proponer la formación de un “grupo de amigos”, seleccionados entre las partes, como ya ha ocurrido en el pasado en Venezuela y como parece que algunos países están pensando, sugiriendo incluso candidatos como Justin Trudeau.

Pero lo más importante en materia internacional es lo que la denominada “diáspora” puede hacer en el exterior para denunciar a la dictadura venezolana y dar a conocer a la población y el Gobierno del país en el que residen cuál es la situación que se vive en Venezuela en cuanto a ausencia de democracia, violación de derechos humanos y crisis humanitaria.

¿Cuál sería la finalidad de esta presión nacional e internacional? Muy simple, fortalecer a la oposición venezolana de cara a que se produzca cuanto antes el único proceso que puede traer paz al país y en el cual desembocan todos los procesos políticos de crisis como la que vivimos en Venezuela: una negociación.

El fracaso del diálogo de finales del año pasado es un tema que aun pesa en el país, pero como ya he dicho en otros artículos, el tema de una “negociación” ya está menos satanizado, aunque todavía hay algunos sectores radicales e intransigentes que no sé cómo se imaginan que se va a producir una salida a todo lo que estamos viviendo, como no sea a través de algún tipo de negociación, que implique ceder de parte y parte.

(https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/05/20/buscando-una-salida/)

La negociación implicaría, reitero, ofrecer algún tipo de salvoconducto a los principales “líderes” del actual gobierno, a cambio de que dejen el poder de inmediato. Es un inevitable trago amargo que habrá que tomar para evitar que continúen los derramamientos de sangre.

@Ismael_Perez

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