333 y 350

Finalmente, lo que tanto clamaron muchos, llegó. El pasado martes 20 de junio, la MUD, por boca de uno de los voceros más calificados de la oposición, el Presidente de la Asamblea Nacional, nos convocó a todos los venezolanos a “…lograr la sustitución del régimen dictatorial y la restitución del orden constitucional… a enfrentar y desconocer activamente el fraude constituyente en todo el territorio nacional… (y) al desconocimiento a la convocatoria de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente”, invocando los artículos 333 y 350 de la Constitución.

El análisis jurídico de los artículos constitucionales y todos sus vericuetos legales –que son varios, incluida una sentencia del TSJ del año 2003– lo dejo a los juristas expertos en la materia. Yo prefiero reflexionar el tema desde un punto de vista más político y sobre todo del significado de esa invocación del 333 y el 350 desde un punto de vista práctico.

Lo convocatoria de la MUD es a defender el orden constitucional, la Constitución de 1999. Y aquí nos encontramos con una primera paradoja: defender algo a lo que muchos nos opusimos en 1999. En efecto, en 1999, un millón trescientos mil venezolanos, votamos NO, por la actual Constitución, tres millones trescientos mil votaron SI, y seis millones de venezolanos se abstuvieron.

Pero allí no terminó la historia, porque en el año 2007, cuando Hugo Chávez Frías quiso reformar “la mejor Constitución del mundo” –lo que hoy muchos chavistas no “maduristas” consideran su “legado”– entonces cuatro millones y medio de venezolanos, entre los que seguramente estábamos los que nos opusimos en 1999, votamos porque NO se reformara esa Constitución y ganamos el referendo; mientras que casi cuatro millones cuatrocientos mil votaron a favor de que SI se reformara y siete millones cuatrocientos mil se abstuvieron, el 46% de los electores.

A estas alturas muchos se preguntarán porque este rodeo por cifras y resultados de votaciones. Muy simple, porque al final de todo este proceso, y como bien fue dicho por Borges, el vocero de la MUD, llegaremos “…a nuestro fin más importante: tener elecciones para restituir el orden constitucional”. Por eso quiero resaltar que estamos defendiendo una Constitución que le es indiferente, en promedio, al 30% de los electores del país, y en consecuencia al 30% del país. Ese es el “peso muerto” que arrastramos en casi todos los procesos electorales. Una población indiferente, que no la ha movido nadie, ni el “chavismo” en su mejor época, mucho menos el “madurismo”, y tampoco la oposición. Y ese “peso muerto”, junto con los que ahora quieren una nueva Constitución a través de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que deben ser, siendo magnánimos con el “madurismo”,  un máximo del 15% de los electores, suman casi un 45%. Un peso en contra a ser tomado en cuenta para todas las acciones y movilizaciones que se vayan a realizar.

Entrando ya en el 333 y el 350, para algunos pareciera ser una palabra mágica, que al haber sido invocada, confían en que producirá un efecto inmediato y masivo de movilización que arrastrará al pueblo a la calle y a los soldados a salir de sus cuarteles a defender la Constitución, como se los ordena el artículo 328. No creo que eso sea así y espero que los dirigentes de la oposición así lo crean también, porque entenderlo de otra manera conduciría a peligrosos errores de estrategia.

Sin caer en el manido e irónico interrogante de ¿Con qué se come eso?, es necesario responder de manera seria, ¿Qué significa invocar el 350 y el 333, desde un punto de vista práctico?, porque decir que se trata de un derecho a rebelarse, a la desobediencia civil, puede significar mucho o nada. De lo que se trata es de su sentido de eficacia. Razones para protestar –y eso es “desobedecer” en un país donde ninguna protesta es autorizada– sobran en el país: violación de derechos constitucionales, políticos, sociales y la masiva corrupción pública son el motivo para algunos; la falta de comida y medicinas, de gas para cocinar, los continuos cortes de luz y de agua, la falta de seguridad personal, los pésimos servicios públicos, y paremos ya de contar, son los motivos para otros.

Protestas hay todos los días desde hace tiempo, según nos lo reportan algunos organizaciones especializadas en la materia, el problema es su sentido de eficacia política. Cómo convertir esas protestas en motor de cambio. Cómo extender la conciencia a nuestros compatriotas de que solo con un cambio de régimen político se podrá comenzar a poner remedio de todos esos males.

Según las encuestas, al 85% del país no le agrada el Gobierno de Nicolás maduro; y el 92% piensa que la solución no está en una ANC. Pero cómo hacer para que la parte de la población, que fue simpatizante del chavismo y hoy se opone a Nicolás Maduro, se decida a respaldar a la oposición, al país que se opone a que se instale la constituyente.

Por eso, más allá de proclamar el derecho a rebelión invocando artículos de la Constitución, la verdadera tarea es organizar a la población para que la resistencia, la rebelión, la desobediencia civil, o como lo queramos llamar, sea una actividad eficaz, que nos conduzca a ese fin de “…tener elecciones para restituir el orden constitucional.” y llegado ese momento que esté dispuesta a apoyar electoralmente a un candidato de la oposición.

Creo que ya no basta solo con convocar a manifestaciones de calle, ya no basta ampliar geográficamente la protesta, hay que extenderla también masivamente y para eso debe insistirse en un mensaje que cale mucho más en otros sectores sociales de la población, cuyo interés inmediato no es solamente la lucha por la libertad, por los derechos civiles, políticos y humanos violados, sino probablemente los derechos sociales y económicos, que son los problemas reales a los que se enfrentan cada día. Ya no basta con convocar “trancazos”, de la noche a la mañana confiando en las redes sociales, es preciso organizarlos y planificarlos por todas las ciudades para que sean mucho más eficientes y paralicen mucho más al país.

Si ya no basta solo con convocar manifestaciones, tampoco es suficiente con invocar artículos de una ley, o dar ejemplos de las cosas que resultaron o no en otros países y de medidas o acciones que se podrían tomar; es preciso organizar a la gente, no asumir que sabemos hacerlo; enseñar a la gente como se llevan adelante medidas concretas de desobediencia civil, que sean eficaces, sustentables en el tiempo y con mínimos riesgos para la población, porque no todas lo son o nos sirven para la causa inmediata.

Claro que un artículo no es el medio para hacer descripciones de las actividades que se deben realizar o poner ejemplos de las mismas; pero si para exponer y discutir algunas ideas.

Desobediencia civil es –siguiendo a San Agustín, Luther King y Gandhi– desobedecer leyes injustas o medidas injustas. Por ejemplo, tenemos un problema inmediato, en el que se debe concentrar el esfuerzo de desobediencia civil: evitar que se lleve a cabo el proceso electoral de la ANC, y si el Gobierno se empeña en llevar adelante un proceso espurio al que concurran menos del 10% de los electores, estar preparados para desenmascarar ese proceso y resistirse a que la ANC se instale y funcione. Eso es desobedecer un decreto presidencial, el decreto que convoca a una ANC y establece sus bases comiciales, que ha sido avalado por el CNE, violando todas sus leyes, lapsos y procedimientos; que ha sido “bendecido” de manera ilegal e inconstitucional por las Salas Constitucional y Electoral del TSJ. Actuar contra la ANC, por todos los medios posibles, los que estén al alcance de cada quien, es un acto de desobediencia civil.

Se ha dicho también, y es una buena idea, que el pueblo se debe reunir en Asambleas de Ciudadanos, que es un medio de participación política, y allí rechazar la ANC; de igual manera los alcaldes pueden reunir a sus ciudadanos en cabildos abiertos, que son también medios de participación política, para igualmente rechazar la ANC; ambos, asambleas y cabildos, están contemplados en el artículo 70 de la Constitución como medios de participación política y sus decisiones son de carácter vinculante. Estas y otras ideas que se han asomado son ejemplos concretos de actos de rebelión y desobediencia civil.

Pero el problema insisto, es que no basta con mencionarlos, esos y cientos más y esperar a que la gente de manera espontánea se organice, es allí donde deben intervenir los partidos políticos, sus dirigentes, los diputados de la Asamblea Nacional, para organizar a los ciudadanos, en sus propios ámbitos de actividad, en los sitios donde viven, donde trabajan, donde estudian, en las tareas de resistencia y desobediencia civil que pueden llevar adelante.

@Ismael_Perez

Resistencia y Presión (2/2)

Cerrada momentáneamente la vía electoral, el pueblo y la oposición venezolana han cambiado de estrategia para combatir la dictadura: la estrategia se resume ahora en una palabra: ¡Resistencia!

La semana pasada me referí a este tema y concluía que resistencia no es solo la que se libra en las calles enfrentando la crueldad de las fuerzas represivas del estado, sino también la que tiene todo un país, que sin alimentos suficientes y caros, sin medicinas, sin servicios públicos, sin seguridad social y personal, sobrevive y trata de llevar una vida “normal”.

(https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/06/10/resistencia-y-presion-1/)

No pretendí hacer una lista exhaustiva de acciones y formas de resistencia, sino reflexionar en el conjunto de actividades que conforman la actividad de una población, “que no es solo esa importante batalla, en las calles, confrontando sin armas a la GNB/PNB y los grupos paramilitares del régimen, sino también todo ese conjunto de actividades más silenciosas, calladas, cotidianas, que despliegan los ciudadanos para restituir el estado de derecho y la democracia”. Ahora quiero continuar la reflexión de ese otro término: Presión, que anuncio en el titulo y que mencioné la semana pasada.

Es difícil explicar la diferencia entre ambas palabras, que en realidad son un continuo de una misma actividad. La resistencia nos conduce a mantener la presión sobre la dictadura y ejercer esa presión es una forma de resistir. Por tanto, vamos a diferenciarlas en cuanto a lo que se persigue al mantener la presión.

La presión es necesario mantenerla en dos ámbitos. El ámbito interno y el ámbito internacional. En el ámbito interno se persiguen varios objetivos:

1) Lograr una masiva incorporación a la lucha contra el régimen. Después de 77 días de lucha, enfrentados a una represión salvaje e inhumana, que a todas luces lo que busca es intimidar, atemorizar y desmoralizar, la gente sigue en las calles, atendiendo el llamado de los líderes de la oposición y saliendo a manifestar, a marchar, a realizar actividades, a sabiendas de que será reprimida violentamente. Pareciera que hay una relación inversamente proporcional a la violencia: más reprimen, mayor es la furia, la rabia de la gente, las ganas y el deseo de salir a protestar y además de manifestarlo a viva voz o por escrito, por cuanto medio se encuentra disponible para hacerlo.

Quiero detenerme un poco para hacer una reflexión sobre el tema. La protesta se ha extendido geográficamente por el país y especialmente en Caracas. En la capital, sede del poder ejecutivo de la dictadura, ya no es solo un fenómeno del “este de la ciudad”, de las zonas de clase media, como lo era en el pasado, sino que se ha extendido al Oeste, Sur Oeste, Centro de la ciudad y varias barriadas populares. Pero debemos reconocer que no se ha extendido masivamente. Ejemplifico claramente lo que quiero decir; se habrá extendido masivamente cuando en plaza Catia y la Ave. Sucre, o en Caricuao, desde la UD4 hasta la entrada de la autopista, se reúna una concentración de gente como la que hemos visto desde el Distribuidor de los Ruices hasta el Distribuidor Altamira. Y no me refiero a ganar electoralmente en esas zonas de la ciudad, que ya se ha logrado, me refiero a que la gente esté dispuesta en esas zonas a salir como lo hacen en el este de la ciudad, en Montalbán, El Paraíso y La Candelaria, por citar algunos ejemplos.

Para que eso ocurra el mensaje opositor debe calar más, mucho más y para que eso ocurra se requiere de más acciones como las que hemos visto en los últimos días de los diputados y dirigentes opositores recorriendo el metro o algunas barriadas. Es decir, seguir en estaciones del metro y medios masivos de transporte, en mercados municipales, grandes paradas de autobús y busetas, recorrer barriadas y urbanizaciones populares, casa por casa, zonas industriales, plazas públicas, etc.  Pongo como ejemplo a Caracas, pero es válido para todo el país y sus ciudades más importantes.

No digo que no se esté haciendo. Digo que hay que hacerlo más, de manera más efectiva y creativa, que se vea, y medir los resultados a la hora de una convocatoria. Motivar y dar ideas para que cada quien en su ámbito, donde vive, trabaja, estudia, se incorpore a difundir el mensaje de la necesidad de un cambio urgente e impostergable para sacar al país de la ruina y detener la instalación de una constituyente que agravará y profundizará las penurias y miserias del país y no aportara ninguna solución. Millones de venezolanos, léase bien, millones, aun no tienen idea de qué se trata lo de la ANC y como eso los va a afectar en su vida cotidiana, en su día a día. ¿Qué esperamos para explicarlo?

2) Presión sobre el chavismo para que se profundicen las fisuras internas y la separación con el “madurismo” que empezó a manifestarse desde las elecciones parlamentarias y se agudizó desde la propuesta de una ANC.

En eso puede jugar un papel importante las acciones que ha emprendido la Fiscal, Luisa Ortega Díaz. No sé cuales sean sus intenciones últimas o cual pueda ser su agenda política, si es que la tiene; pero en este momento todo el que contribuya a impedir que se logre instalar la ANC debe ser bienvenido y ese debe el objetivo de los acercamientos que se puedan dar –y que se deben dar– con los disidentes chavistas del régimen para incluirlos en la lucha contra la ANC.

Creo que tenemos algo en común con el llamado chavismo disidente, la defensa y aplicación de la Constitución que ellos impulsaron en 1999 y a la cual me opuse con millones de venezolanos, votando en contra, pero que en 2007, también millones de venezolanos, nos pronunciamos porque se mantuviera, cuando el propio Chávez intentó modificarla.

Se me hace difícil entender que exista un “legado” chavista que quieran defender, cuando muchos de ellos, por ejemplo Héctor Navarro, hablan del fracaso de la revolución bolivariana y hasta el propio Chávez que pretendió cambiar su constitución en 2007; pero no es ese mi problema. Es obvio que buscan sobrevivir a una debacle que ven venir y eso nos lleva a coincidir en dos cosas vitales en este momento, oponernos a la ANC y buscar una salida a la dictadura de Nicolás Maduro. Más allá de eso, no nos debe importar la agenda del chavismo disidente, eso será parte de la lucha política que se dará al recuperar la democracia. Lo importante ahora, reitero, es frenar la aspiración de la dictadura de consolidarse a través de la modificación de la Constitución.

3) Presión sobre el único soporte real que tiene la dictadura: el sector militar. Es una tarea compleja, dado el grado de involucramiento y complicidad de los militares con el régimen, que algunos califican –y me incluyo– como una dictadura militar, pero es preciso demostrarle al estamento militar la perdida de soporte popular que enfrenta el Gobierno y que lo ha deslegitimado por completo para seguir gobernando.

Durante 18 años hemos visto fracasar la gestión gerencial y administrativa de altos componentes del sector militar en tareas de Gobierno; hemos sido testigos de su ineficacia y de acusaciones de graves y escandalosos actos de corrupción y hasta involucramiento en narcotráfico. Si a eso sumamos lo visto estos dos meses, con la represión violenta e inhumana al pueblo de uno de sus componente, la GNB –y repito, la GNB es uno de los componentes de la FANB–  si la FANB no quiere ser arrastrada en la caída del oprobioso gobierno de Nicolás Maduro y quiere diferenciarse de esas “atrocidades”, si quiere desligarse de su fracaso en la gestión del Gobierno durante los últimos 18 años y demostrar que aun tiene cabida en la nueva sociedad que se diseñe, debe dar el paso de exigir que se cumpla la constitución. No le veo otro papel, ni creo en soluciones militares que vayan más allá de lo que les establece la constitución actualmente.

En el ámbito internacional, en vísperas de la reunión de cancilleres de la OEA, es importante mantener la presión para profundizar el aislamiento al que está sometida la dictadura. Pero debemos estar conscientes en que la acción internacional en este tipo de casos, dictaduras, regímenes de fuerza, etc. es limitada. Como se ha dicho, los organismos multilaterales son clubes de Gobiernos y tienen capacidad limitada para interferir en asuntos internos de sus miembros. Pero lo pueden hacer.

Nadie quiere un vecino políticamente inestable, donde su Gobierno no tenga cabal control de lo que ocurre en su territorio y del que se puedan producir desplazamientos de población ante crisis humanitarias. Esa es una situación peligrosa. Nadie quiere tampoco un vecino declaradamente “comunista” o “revolucionario” y al que le gusta inmiscuirse en asuntos internos de otros países para exportar “su forma de gobierno” y que tenga, al menos potencialmente, recursos económicos para hacerlo. A nadie le gusta tampoco tener un vecino al que se le acusa de apoyar regímenes terroristas o al que involucren a sus altos funcionarios en el tráfico de narcóticos.

Del lado más positivo o altruista, no es tampoco bien visto un país en el que se violan flagrantemente los derechos humanos, que mantenga presos políticos e inhabilitados y que su Gobierno no tome ninguna medida para reconocer y corregir esta situación.

No obstante, dudo mucho que se pueda producir algo mas allá de una declaración general sobre presos políticos, DDHH y restitución del orden democrático, que pueda eventualmente incluir una solicitud de suspensión de la convocatoria a una ANC. Pero ya eso es bastante.

En materia de acciones concretas pudieran proponer una “misión internacional” que visitara el país para ver la situación in situ y contactar a las partes en conflicto, pero eso no es posible sin el consentimiento del Gobierno de turno, y eso es algo que no podemos esperar que el régimen acepte. Otra de las acciones concretas que podríamos esperar y en la cual pudieran participar algunos multilaterales como la ONU y la OEA –y eventualmente el Vaticano– es que se produjera algún acuerdo para proponer la formación de un “grupo de amigos”, seleccionados entre las partes, como ya ha ocurrido en el pasado en Venezuela y como parece que algunos países están pensando, sugiriendo incluso candidatos como Justin Trudeau.

Pero lo más importante en materia internacional es lo que la denominada “diáspora” puede hacer en el exterior para denunciar a la dictadura venezolana y dar a conocer a la población y el Gobierno del país en el que residen cuál es la situación que se vive en Venezuela en cuanto a ausencia de democracia, violación de derechos humanos y crisis humanitaria.

¿Cuál sería la finalidad de esta presión nacional e internacional? Muy simple, fortalecer a la oposición venezolana de cara a que se produzca cuanto antes el único proceso que puede traer paz al país y en el cual desembocan todos los procesos políticos de crisis como la que vivimos en Venezuela: una negociación.

El fracaso del diálogo de finales del año pasado es un tema que aun pesa en el país, pero como ya he dicho en otros artículos, el tema de una “negociación” ya está menos satanizado, aunque todavía hay algunos sectores radicales e intransigentes que no sé cómo se imaginan que se va a producir una salida a todo lo que estamos viviendo, como no sea a través de algún tipo de negociación, que implique ceder de parte y parte.

(https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2017/05/20/buscando-una-salida/)

La negociación implicaría, reitero, ofrecer algún tipo de salvoconducto a los principales “líderes” del actual gobierno, a cambio de que dejen el poder de inmediato. Es un inevitable trago amargo que habrá que tomar para evitar que continúen los derramamientos de sangre.

@Ismael_Perez

Resistencia y Presión (1)

 

Al momento de escribir esta nota la oposición a la dictadura lleva 70 días, en múltiples ciudades y pueblos del país y en algunas zonas rurales, protestando enfrentando a la GNB, la PNB y a grupos paramilitares armados por el Gobierno, que actúan con total impunidad. Más de 70 muertos, miles de heridos y cientos de detenidos sometidos a procesos judiciales irregulares o simplemente detenidos sin formulación de cargos es el balance trágico de esta situación.

Por los resultados es claro concluir que se trata obviamente de una lucha desigual; paradójicamente la tan temida por el régimen “guerra asimétrica”, que el Gobierno ha cacareado por años, solo que es él quien dispone de la parte mejor armada de la misma –en fuego y poder– y la masiva población civil y desarmada, la peor.

Pero el trágico y luctuoso resultado no es el único. Un resultado en sí mismo es que a pesar de la brutal y desproporcionada represión, las campañas de intimidación, persecución y amedrentamiento, los ciudadanos no ceden en su empeño de salir a manifestar, no cesan de denunciar los atropellos del Gobierno, no ceden, no claudican en su derecho de reclamar lo fundamental de todas las peticiones: el derecho de tener democracia, que se respete la constitución y vivir en libertad.

Día y noche, las protestas y manifestaciones se suceden. Multitudinarias concentraciones, manifestaciones y marchas durante el día y cada día en múltiples ciudades y poblados, que usualmente terminan en cruda represión y refriegas, en donde suelen participar muchos ciudadanos y los más jóvenes opositores, los llamados “guerreros”, entre los cuales suelen estar las victimas asesinadas. Y durante la noche, hasta la madrugada, barricadas y cacerolazos, igualmente reprimidas de forma brutal, pero en zonas mucho más céntricas y populares de las principales ciudades del país. Por ejemplo en Caracas y sus zonas aledañas: en Guarenas, San Antonio, Los Teques, Santa Fe, Baruta, Altamira, Chacao, El Valle, Coche, La Urbina, Petare, Mamera, San Bernardino, La Candelaria, San José, Panteón, San Juan, El Paraíso, Cota 905, Montalbán, La Vega, San Martin, Caricuao, sectores del 23 de Enero y otras que escapan a mi memoria, pues la idea no es hacer un recuento exhaustivo, sino destacar que desde hace mucho tiempo la protesta, al menos en Caracas, dejó de ser un problema del Este de la Ciudad y ya está bien asentada en el Oeste, Sur Oeste y Centro de la Capital, muy cerca de Miraflores, lo que sin duda debe tener muy preocupado al Gobierno.

La idea es aportar elementos a la reflexión y el primero es constatar el hecho de que, a pesar de la represión, de los muertos, del temor al uso desmedido de la violencia por parte del Gobierno y sus seguidores, el ánimo de la gente luce incólume, inquebrantable y la rabia e indignación in crescendo. Pero ese no es el único elemento sobre el cual reflexionar. Hay dos conceptos o elementos sobre los cuales vale la pena detenerse: Resistencia y Presión, que se han vuelto claves en lo que está ocurriendo. Empecemos con la “resistencia” y reflexionemos sobre ella en el resto de este escrito.

Resistir no es únicamente lo que ocurre usualmente al final de las manifestaciones y marchas y que se prolonga por varias horas, en el combate desigual que se libra entre manifestantes “armados” solo de escudos, cascos, piedras y alguna molotov, contra escuadrones de GNB, y PNB –protegidos con equipamiento militar– y eventualmente motorizados paramilitares, apoyados además con tanquetas, ballenas, bombas lacrimógenas, gas pimienta, escopetas de perdigones, cohetones, helicópteros de apoyo y –como hemos visto en algunas manifestaciones y en los techos de algunos edificios públicos– vigilancia de francotiradores y armas de fuego

Resistir es también tratar en la medida de lo posible de llevar una vida “normal”; tratando de trabajar y proveerse para subsistir en ciudades con las calles trancadas por el Gobierno, sin medios de transporte, con alcabalas y eventuales barricadas de manifestantes.

Resistencia, y heroica, es la de los que a duras penas y con muchos sacrificios logran conseguir comida, escasa y cara –pues esto no ha mejorado ni un ápice, ha empeorado– para mantener a sus familias, para que sus integrantes puedan salir a protestar y manifestar. Resistencia es tratar de hacer esa vida “normal” en ciudades con pésimos servicios públicos: con cortes de luz y agua, sin gas para cocinar alimentos, sin asistencia médica ni seguridad, etc.

Resistencia es también la de los que se han organizado para asistir y ayudar a los que resultan heridos y lesionados en las refriegas, los cascos verdes y azules, los que llevan a hospitales y sobre todo clínicas privadas a los heridos, para que los atiendan, donde son tratados sin costo y sus doctores los cuidan y protegen mas allá de lo que demanda su deber profesional y los ciudadanos se desvelan por conseguir medicinas para curarlos o atender su convalecencia, en un país que muere de mengua sin medicinas, sin hospitales, con clínicas colapsadas y sin equipos de rayos x, resonancia, etc.

Es también resistencia la actividad  de los que asisten legalmente, día y noche, siete días a la semana, para sacar de la cárcel a los manifestantes encarcelados injustificadamente y a quienes se les violan todos sus derechos.

Es también resistencia la de los que denuncian sin cesar los atropellos, los que graban y fotografían todo lo que ocurre, desde sus automóviles, en la calle, desde las ventanas de sus casas y oficinas, a riesgo de su integridad personal y física y a quienes nadie les repone sus equipos de teléfonos y cámaras que la GNB/PNB les destruye o roba y peor aún, a los que les incendian apartamentos  con bombas lacrimógenas y cohetones, o les destruyen sus vehículos en los estacionamientos.

Resistencia es la de los que ayudan y protegen a manifestantes cuando los cuerpos represores los persiguen y terminan contemplando como las hordas de delincuentes arrasan y saquean sus locales, impunemente y a la vista de la “autoridades” o a los que los cuerpos de “seguridad” les allanan sus oficinas y negocios, sin orden judicial, persiguiendo manifestantes a los que brindaron protección.

Resistencia es lo que hacen los venezolanos de la diáspora, en todos los rincones del mundo, recogiendo y enviando dinero, comida y medicinas a sus familiares y amigos en Venezuela para que estos puedan sobrevivir; que participan de todas las actividades y manifestaciones de apoyo a la protesta de Venezuela; que constantemente están pendientes de las actividades propagandísticas del régimen para asistir y denunciar lo que ocurre en el país; los que aprovechan sus posiciones en empresas, medios de comunicación, universidades, o en el mundo profesional de la academia y la medicina para informar en conferencias, charlas, congresos, etc. sobre la situación del país y denunciar los atropellos de la dictadura.

Resistencia es la actividad desplegada por la Asamblea Nacional, frente a los otros poderes del estado, legislando, investigando, pasando leyes que son desconocidas y rechazadas, realizando su tarea legislativa sin presupuesto y sin que sus diputados reciban ninguna remuneración. Resistencia es la tarea desplegada también por los partidos políticos de oposición, que sin mayores recursos, ni acceso a medios de comunicación para divulgar sus ideas y posiciones, les toca enfrentar los desmanes y ataques de la dictadura y muchas veces la incomprensión y criticas injustificadas desde las propias filas opositoras.

Resistencia, en síntesis, es la que tiene todo un país, que sin alimentos suficientes y caros, sin medicinas, sin servicios públicos, sin seguridad social y personal, contempla como el régimen regala dólares a bancos extranjeros o importa material para reprimir manifestaciones, en lugar de dedicar esos recursos a satisfacer las necesidades de alimentos y medicinas del país.

Y pudiéramos hacer una lista interminable de tareas y actividades desplegadas por ciudadanos, partidos, empresarios de la ciudad y el campo, profesores, estudiantes, congregaciones religiosas, gremios, deportistas de alta competencia en el exterior, etc. pero no es la idea; la idea es detenernos a reflexionar que hay un conjunto de actividades que conforman la resistencia de un país, que no es solo esa importante batalla, en las calles, confrontado sin armas a la GNB/PNB y los grupos armados del régimen, sino también todo ese conjunto de actividades más silenciosas, calladas, cotidianas, que despliegan los ciudadanos para restituir el estado de derecho y la democracia.

Que la oposición masivamente se mantenga en las calles manifestando y los muchachos batiéndose con las fuerzas represoras del Gobierno en las manifestaciones, tras las barricadas, es posible gracias a esa “resistencia”, menos glamorosa y que no sale en los noticieros internacionales y no es fácil expresarla en una foto o en un video que “ruede” viralmente por las redes sociales.

Algunos ven en estos actos verdaderas demostraciones de “desobediencia civil”, aquella de la que hablaba Thoreau y que sin duda practicaron, entre otros, Luter King o Gandhi. Conservando las distancias con estos símbolos de las luchas por los derechos humanos, no cabe duda que el comportamiento –casi heroico de los manifestantes venezolanos– de enfrentar inermes a un poder de fuego y de represión infinitamente superior, podría ser comparado con el de esos héroes de los derechos civiles pues la resistencia en Venezuela ha roto paradigmas y está dando ejemplo al mundo en lucha cívica y ciudadana.

No cabe duda que en algún momento esta “resistencia” pasará a una fase superior de lucha, aquella de la que hablaba San Agustín, que se resume en que ningún hombre justo obedece una ley injusta, pues una ley injusta no es ley, y que sí podría considerarse entonces un acto de “desobediencia civil”, con todas sus consecuencias, sobre todo si el régimen persiste en imponer mediante una minoría, una constituyente y una constitución que afectarán y cambiarán la vida y el contrato social a toda una nación en detrimento de su futuro, libertades y derechos.

Que la resistencia alcance otros niveles de lucha dependerá de ese otro vocablo, concepto y acción: la presión, de la cual nos ocuparemos la próxima semana.

@Ismael_Perez

Yo el Supremo

La Sala Constitucional del TSJ acaba de dictar sentencia, la número 378.

( http://historico.tsj.gob.ve/decisiones/scon/mayo/199490-378-31517-2017-17-0519.HTML )

Era la que todos esperábamos, para completar la trampa, no es ninguna sorpresa. La sentencia, en síntesis, señala lo que ya sabíamos que señalaría cualquier decisión del TSJ sobre esta materia: que para convocar la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) no hace falta realizar un Referéndum Consultivo.

Les confieso que me costó entender la solicitud del demandante, pero con respecto a lo dictado por el tribunal, no tuve ninguna duda; he leído sentencias absurdas, raras, y ésta. Las 15 páginas se pueden resumir en estos dos párrafos:

“De tal manera que, el artículo 347 define en quien reside el poder constituyente originario: en el pueblo como titular de la soberanía. Pero el artículo 348 precisa que la iniciativa para ejercer la convocatoria constituyente le corresponde, entre otros, al “Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros”, órgano del Poder Ejecutivo, quien actúa en ejercicio de la soberanía popular…

En los términos expuestos anteriormente, la Sala considera que no es necesario ni constitucionalmente obligante, un referéndum consultivo previo para la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, porque ello no está expresamente contemplado en ninguna de las disposiciones del Capítulo III del Título IX.”

Es decir, como en el artículo 347 de la Constitución en ninguna parte dice expresamente que hay que hacer un referéndum consultivo y como el Presidente ejerce la soberanía popular y ya convocó una Asamblea Nacional Constituyente, no es necesario realizar ningún referéndum consultivo. Punto final.

Estamos frente a una versión moderna de aquella mítica frase atribuida a Luis XIV, el famoso Rey Sol: L’État, c’est moi, “El estado soy yo”, cuya traducción en términos “revolucionarios” es “el pueblo soy yo”. El Presidente es el pueblo y el pueblo es el Presidente. Queda todo dicho.

Con esta sentencia queda sellada una vez más la sumisión del poder judicial al poder ejecutivo y consumada la eliminación del estado de derecho, el desconocimiento y perdida de la soberanía popular y los vestigios que quedan de democracia, pues el derecho al voto universal y directo ya lo eliminaron con la sentencia 355 del 16 de mayo pasado. Esta de ahora, la 378, es una mera formalidad.

Por su parte el CNE, otra pieza de los poderes del Estado de Miraflores, ya se terminó de quitar la careta y montó su propio sainete. Antes de que se pronunciara el TSJ, sin ni siquiera aprobar en su Directorio las bases comiciales presentadas por el Presidente Maduro, y sin ni siquiera fijar la fecha de los comicios para elegir los “constituyentistas”, ya dio inicio en su página Web al proceso de inscripción de los candidatos. Y no seamos ingenuos, no importa si la página está todo el día colapsada, al final el resultado será el mismo, porque esos candidatos están previamente decididos y esa base de datos es alimentada por gente pagada para eso; dicen que ya hay varios miles de inscritos y se prolongó un día más el proceso de inscripción.

Finalizada esta parte, esos “precandidatos” –novísima figura, no contemplado en ninguna ley o reglamento, inventada ad hoc por el CNE– saldrán a recoger las firmas para postularse de manera definitiva; pero no habrá colas, no habrá nada de ese engorroso proceso que vivimos cuando intentamos hacer un referéndum revocatorio, ni siquiera habrá capta huellas para verificar la identidad de los firmantes que apoyan sus postulaciones y luego serán validadas por el CNE en una semana, lo que para el RR tomaba 4 meses; desde ya quedan aceptadas como válidas todas las “firmas planas”. Montada la trampa mayor por el Presidente y el TSJ, estas trampitas son un juego de niños para el CNE.

Desde otro de los poderes públicos, la Fiscal General de la República introdujo un escrito solicitando la aclaratoria de varios puntos de la sentencia 378. Pero el meollo está en su solicitud de aclaratoria con respecto a la progresividad de los derechos humanos, pues afirmó que dicha sentencia es un retroceso en esa materia. Y no me cabe la menor duda de que eso es así. Probablemente la acción de la Fiscal tendrá un impacto político importante en las filas del chavismo, cuyas consecuencias no se pueden adelantar en este momento; pero de lo que sí no me cabe ninguna duda es que legalmente no tendrá ningún impacto y que el TSJ realizará todas las “aclaratorias” y ratificará su sentencia, que ya hasta la debe tener redactada. A menos, claro está, que ésta acción de la Fiscal produzca cierto cataclismo político en las filas del chavismo que repercuta en el país y que afecten al régimen. Veremos.

Por lo pronto la sentencia 378 del TSJ no hace más que confirmar que estamos bajo una tiranía, una dictadura militar, que aunque encabezada por un civil, solamente se sustenta en el poder de las armas. Estamos bajo un régimen que no tiene ningún escrúpulo en violar de manera reiterada y continuada la Constitución como ha quedado demostrado con esta fraudulenta convocatoria a una ANC, que fue rápidamente avalada por el CNE, el Poder Moral y ahora por el TSJ.

El gobierno de Nicolás Maduro, que perdió ya toda legitimidad de origen y de desempeño, no tiene ningún soporte popular importante como está quedando en evidencia y se sustenta únicamente en el poder que tiene sobre casi todas las instituciones del Estado y sobre todo en la fuerza de las armas. Es decir, se sustenta solo en la violencia, en la fuerza, en la represión y su capacidad de perseguir, amenazar, de matar y apresar, como estamos viendo en las calles durante estos dos últimos meses.

Mi duda en este momento es: ¿Cuándo terminará esta “ópera bufa”, trágica, –pues nada tiene de cómico– según la cual el Presidente hace lo que le da la gana con el estado de derecho, con la constitución y las leyes, y el TSJ a las pocas horas dicta sentencia ratificando esas violaciones y dándole la razón? Pronto, será pronto.

De darse la instalación de la ANC, en cualquier momento el Presidente –que según el TSJ es ahora la encarnación del pueblo– dará un paso más “atrevido”. No nos extrañe ver pronto al Presidente, por ejemplo, destituir a algún Gobernador o Alcalde, de oposición u oficialista, poco importa, y designar uno a dedo. O verlo remover y designar jueces a su antojo; o destituir a uno o varios magistrados del TSJ y reemplazarlos por otros que le satisfagan mejor sus caprichos y veleidades; o mejor aún, lo veremos destituyendo a uno o varios constituyentistas de “su” ANC que le salgan díscolos y respondones y designando a otros más dóciles, digamos, parientes suyos o de su esposa. ¿Qué o quién se lo impedirá? Ya no habrá límites o muros de contención. Estamos otra vez frente al redivivo José Gaspar Rodriguez de Francia: “Yo el Supremo”, de la famosa novela de Augusto Roa Bastos. Estamos frente a un poder sin límite, únicamente contenido por su escasa imaginación.

Esto de oponerse a la Constituyente es un tema más árido, que probablemente no concite a la calle, de la misma forma que lo hacen las causas y consignas  por la que ahora luchamos; pero si los venezolanos no tomamos conciencia de la necesidad de salir a hacerle frente a lo que ahora está ocurriendo, a las violaciones del Gobierno a la Constitución y al estado de derecho, si no nos constituimos en un frente amplio de defensa de la democracia, del país, donde participemos todos los que nos oponemos a este estado de cosas e impedimos que se realice el proceso constituyente, ilegalmente convocado, estaremos entregando el país a un poder despótico que terminará de acabar con todas las instituciones y con la democracia, representativa, protagónica, participativa, o como queramos llamarla, se habrá disuelto la Republica.

El régimen ha tratado de callar la calle con ruido de balas, bombazos y gases y la resistencia activa no ha dado tregua ni parece amainar, todo lo contrario por cada caído salen mil en su lugar; pero eso no basta, para oponernos a la Constituyente debemos salir millones. La Resistencia debe sumar más, a muchos más, a todos, de forma unitaria y multiplicar su impacto, su fuerza y su presencia con organización, solidaridad y estrategia, ésta es la única fuerza capaz de detener el poder desbocado y sin frenos del régimen.

El país está amenazado, los venezolanos, sin importar el bando político, somos todos víctimas de este régimen. Oponernos activamente es nuestra única opción en este punto de no retorno.

@Ismael_Perez