¿Cerrada laVía Democrática?

¿Estamos al borde de que se cierre la vía electoral para resolver el grave conflicto político en Venezuela y con ello la posibilidad de una salida pacífica y democrática? Eso parece. Al menos tras las últimas sentencias del TSJ, la 155 y la 156, tan inconstitucionales como muchas anteriores y en las que se desconoce sin ambages el estado de derecho, se insiste en el desconocimiento de la Asamblea Nacional, le otorga poderes omnímodos al Presidente, lo insta a iniciar eventuales juicios penales a los diputados opositores y diluye en la practica la Asamblea Nacional asumiendo sus funciones a través de la Sala Constitucional.

Por otra parte, surge nuevamente la vana “esperanza” de una posible decisión de la OEA –suspender a Venezuela en ese organismo–  que traiga como consecuencia alguna solución inminente a nuestro conflicto político, económico y social. Sin desestimar la influencia que tiene que más de 20 países constaten y se pronuncien sobre la crítica situación venezolana e insistan en una vía electoral para salir de ella, no olvidemos que las intervenciones de la OEA en esta materia –casos recientes de Honduras y Paraguay– no conducen a ninguna solución inmediata.

Sin embargo, para algunos otra salida constitucional siempre es posible, sobre todo con una constitución tan absurda como la venezolana que lleva dentro de sí, cual Caballo de Troya, el germen de su autodestrucción, el artículo 350 que declara constitucional rebelarse contra la propia constitución.

Pero son la intransigencia, arbitrariedad, los actos inconstitucionales y el autoritarismo del Gobierno los únicos responsables del caos jurídico en el que nos encontramos y de este pensamiento pesimista en cuanto a las salidas democráticas. El Gobierno/TSJ/CNE ha hecho todo tipo de trampas, argucias jurídicas e irregularidades para desconocer a varios millones de venezolanos que elegimos una Asamblea Nacional y solicitábamos una consulta popular, un referendo, sobre la continuación o no de Nicolás Maduro en el poder.

Pero en la oposición tampoco somos un rebaño de mansos corderos. Desde hace varios meses hemos venido “satanizando” a la MUD y al liderazgo opositor en general, acusándolos poco menos que de “traidores”, “vendidos”, “colaboracionistas”, etc. En todos los medios de las llamadas “redes sociales” han tenido cabida y han sido alentadas posiciones radicales contra la oposición, los partidos y sus líderes, estimulando la conseja de que se estaba y está “negociando” con el chavismo-madurismo y planteando como alternativa una suerte de insurrección popular, callejera, que en verdad nunca termina de surgir y nadie de liderar.

Lo grave del asunto, en lo electoral, es que tras cerrar el RR, también se cerró la vía de las elecciones regionales. Cerrar la vía al RR, de la manera fraudulenta como se hizo, para muchos trae como consecuencia que en lo adelante cualquier intento electoral del Gobierno/CNE tendrá poca o ninguna credibilidad, ¿Con qué legitimidad –argumentan– se llevaría adelante un eventual proceso de elecciones regionales que sea confiable? Por eso toman fuerza las tesis de algunos de que la oposición debe abandonar la estrategia de insistir en la convocatoria de las elecciones regionales –en realidad cualquier vía electoral, pues “dictadura no sale con votos”, dicen– y con ello se alejan las posibilidades de una solución pacífica al conflicto social y político en el que nos consumimos.

“Ya no se puede seguir hablando con eufemismos” dicen, “al pueblo hay que hablarle claro”; solo que ellos tampoco lo hacen, porque decir que no se van a realizar más procesos electorales porque estamos bajo una flagrante dictadura y por lo tanto hay que organizar la “resistencia” en la calle, suena muy romántico, pero es decir solo la mitad de la verdad. La verdad completa es que la oposición no tiene fuerza para tratar de imponer ninguna opción distinta a la electoral y el Gobierno –que si tiene la fuerza y no tiene escrúpulos para usarla– solo está esperando que se desate en la protesta el primer acto de violencia para tener un pretexto para reprimir y acabar por la fuerza con la resistencia que quede, de parte de la sociedad civil y los partidos políticos. Y ahora las mencionadas sentencias del TSJ pretenden que el régimen disponga de más instrumentos para ello.

Les guste o no a los amigos de las salidas militares, de fuerza, violentas o insurreccionales, la oposición no tiene armas con que enfrentarse al ejército que está de parte del Gobierno y que éste tiene el absoluto y total monopolio del uso de la fuerza y ha demostrado hasta la saciedad que está dispuesto a usarla. Cacerolas, banderas, pitos, marchas o decisiones de la OEA, ayudan, motivan y organizan, pero no tumban gobiernos, menos si son dictaduras, eso nos lo dicen hasta el aburrimiento muchas experiencias históricas y algunos analistas políticos.

A pesar de que pueda sonar a destiempo, dada la gravedad de las sentencias recientes del TSJ, que eliminan la democracia y el Estado de Derecho en Venezuela, debo insistir en que, paradójicamente, la solución es pedir más elecciones, más democracia, pedir que se respete el derecho al voto y luchar organizadamente porque se realicen las elecciones regionales y locales en este año. Las elecciones regionales y locales permiten movilizar y organizar a la población en todos los Estados y hasta en los municipios y pueblos más recónditos.

Seguir la vía electoral es lo que ha funcionado, es lo que nos ha traído hasta aquí. La insistencia en lo electoral es lo que ha puesto siempre al Gobierno contra la pared, a lo que más teme y lo ha obligado a quitarse la máscara y descubrirse como un Gobierno autoritario, dictatorial y violador de los derechos humanos; es la vía que el Gobierno está demostrando que no sabe manejar, porque no le permite el uso de la fuerza de manera indiscriminada, solo puede hacer, como lo hace, trampas, engaños, violar el estado de derecho, intimidar, corromper, comprar, etc. pero ese es un pantano que cuanto mas chapotee en él, más se hunde.

Repito, a pesar de la gravedad de la situación que vivimos tras la actuación del TSJ –que por momentos pareciera que es el que le dicta la pauta al Gobierno, y no al revés– son varias las razones que permiten a la oposición, a mi entender, continuar pensando y luchando por la vía electoral e institucional:

  • Primero porque a pesar de lo que muchos piensen, las instituciones democráticas en Venezuela han demostrado ser más sólidas de lo que suponíamos –veamos sino el proceso de relegitimación de partidos políticos–; de igual manera, más sólido de lo que suponíamos es el pensamiento democrático del venezolano y la esperanza de que hay que rescatar y mantener un mínimo estado de derecho.
  • Segundo, porque la resistencia al autoritarismo del régimen debe comenzar a alcanzar niveles organizativos que no se tenían antes, cuando los partidos estaban diezmados y teníamos una sociedad civil más dispersa, menos consciente de su papel y de sus capacidades políticas, más centrada en sus temas específicos y aislada del contexto, del resto del país, más prejuiciada hacia la actividad de los políticos y los partidos. Hoy la oposición tiene claro que puede trascender sus diferencias y posponer sus objetivos particulares con tal de lograr el objetivo inmediato, salir de este régimen autoritario.
  • Tercero, porque esa sociedad civil, ese ciudadano movilizado, si bien puede ser ingenuo o inexperto políticamente hablando, no es suicida y tiene exacta conciencia de la dimensión de sus fuerzas y las de su enemigo; sabe perfectamente que los políticos suelen poner los discursos, los militares los “teatros de operación” y las armas, el Gobierno la violencia y las estrategias de represión, pero son los ciudadanos los que ponen las víctimas y desde 1999, para pesar de todos los venezolanos llevamos muchos, demasiados muertos, encarcelados y perseguidos por la acción directa de la represión del “Gobierno de los pobres” que presidió Chávez Frías y ahora Nicolás Maduro.
  • Cuarto, porque hay una parte importante de la población, que no se ubica de manera decidida o militante en una opción a favor o contra del Gobierno; pero que no sabemos tampoco cual pueda ser su reacción cuando se dé cuenta de que se le están cerrando todas las salidas democráticas y pacíficas a sus múltiples problemas y eso produzca algún tipo de reacción violenta que, quiéralo o no, participe activamente en ella o no, terminará afectándolo.
  • Quinto, porque a pesar de todo, la “nueva” situación política –en la que nos pone el régimen con las sentencias 155 y 156 del TSJ– implica, además de la vía electoral e institucional, asumir una tarea política de organización de la resistencia, aunque ésta obviamente no se puede discutir por este medio, en el cual solo podemos hablar de lo electoral.
  • Y sexto, porque podemos pensar que se pueden continuar dando otras disidencias importantes –además de la Fiscal Luisa Ortega Díaz, independientemente de cuál sea su motivación– que vayan minando y debilitando el régimen que deja ya de lucir monolítico.

Hay fatiga, hay cansancio, hartazgo, desanimo, pérdida de paciencia por parte de una ciudadanía que ha resistido desde hace 18 años los desmanes, abusos, agresiones e insultos de un gobierno despótico, que amenaza y destruye sin límite ni compasión el futuro y el progreso de nuestra nación, manteniéndonos como rehenes, secuestrando nuestras libertades democráticas e imponiendo un régimen que se sustenta solo en la fuerza. Ahora el régimen pretende cerrar definitivamente la vía pacífica y ha abierto una Caja de Pandora. Quedan temas por analizar ante la gran incertidumbre hacia el futuro y queda abierto el punto de la realización o no de las elecciones regionales y locales de este año, que pasan ahora a ser un tema más álgido y más difícil de evaluar de manera serena.

@Ismael_Perez

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