La Relegitimación de los Partidos

Han transcurrido cuatro semanas desde que se inicio el llamado proceso de relegitimación o validación de partidos políticos; conviene hacer un resumen de hechos e ideas en torno a este proceso.

Aunque el CNE es el organismo al que por ley le compete la función de registrar a los partidos políticos, recordemos que el actual proceso se lleva a cabo por una decisión del TSJ, que le establece condiciones al CNE para que lleve adelante el proceso de renovación de los partidos políticos, bajo pena de que quien no cumpla con “…el proceso de renovación de su inscripción ante el órgano rector electoral, no podrá participar en ningún proceso electoral sea éste interno de carácter municipal, estadal y nacional”.

Tras la decisión del TSJ, el CNE establece entonces las leoninas condiciones que todos conocemos, contrarias a lo que había sido la costumbre en estos procesos en años anteriores y contrario a los principios de participación ciudadana, transparencia y celeridad en todos sus actos y decisiones, que son parte de los principios que deben regir al CNE, de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Electoral (LOPE). Según uno de sus propios rectores, Luis Emilio Rondón,  “el CNE limita el derecho a la Participación al aprobar un proceso de renovación de partidos en condiciones de casi imposible cumplimiento”

A partir de estas disposiciones del CNE, contrarias a la Ley que lo rige y a la lógica más elemental, se dio inicio al proceso de relegitimación. Resultaba obvio para cualquier observador que las condiciones impuestas dificultarían el proceso y parecían, en efecto, destinadas a impedir que los partidos se legitimen, con lo cual se sazona el caldo que muchos afirman, de que la intención es dificultar e impedir los procesos electorales o que la oposición pueda participar en ellos.

Además de las críticas al proceso en sí, hemos escuchado críticas y defensas a quienes se han presentado al mismo. Personalmente no simpatizo con la idea de que los partidos aceptaran las condiciones impuestas y se presentaran al proceso de legitimación, pero no por razones abstractas de principios “morales” o efectistas sobre la “justicia”, “legalidad” o la “constitucionalidad” del proceso, sino por la razón práctica de que no creo que forme parte de la esencia, de la “eticidad”, de un partido el que sea reconocido o no por el Gobierno de turno, mucho menos por uno como el régimen que nos gobierna.

Un partido político, para decirlo de manera simple y obviamente incompleta, es una agrupación de individuos con ideas afines, que se organizan para disputar, alcanzar y mantener el poder. Los partidos políticos en Venezuela, como en cualquier país del mundo, surgieron, se organizaron y comenzaron a competir por el poder sin que fuera necesario que nadie los “reconociera” –excepto el ciudadano que se afiliaba o votaba por ellos– y menos aun con las reglas que ahora les impusieron, a todas luces para entorpecer la participación política de los ciudadanos.

Mucho menos me gusto la idea de que no hubiera una estrategia conjunta de los partidos opositores, a través de la MUD, frente al proceso de relegitimación. Se dejo poco menos que a la decisión individual de cada partido el acudir o no a buscar las firmas; la MUD únicamente fijo una posición crítica en cuanto al proceso como tal y sus condiciones y acordó aceptar a todos los partidos en el seno de la unidad, bien sea que se legitimaran o no. Creo que se desaprovechó una oportunidad para alcanzar un consenso y se contribuyo a sembrar más incertidumbre en cuanto al proceso, especialmente hacia los que decidieron participar, que fueron calificados por los críticos opositores de siempre, los “mudicidas” como los bautizara Jean Maninat recientemente, de poco menos que “vendidos” y “traidores”.

Han transcurrido cuatro semanas de relegitimación y han pasado tan solo cuatro partidos de la MUD por el proceso (Avanzada Progresista, Movimiento Progresista de Venezuela, Voluntad Popular y Primero Justicia; al momento de salir esta nota, en la cuarta semana, acude a validar Acción Democrática) y es preciso constatar y resaltar que se han recogido casi medio millón de firmas a favor de estos partidos, lo que es una cantidad no despreciable de simpatizantes de partidos, sobre todo si tomamos en cuenta las pésimas condiciones en las que se desarrolló el proceso y a las que fueron sometidos quienes acudieron a firmar, bajo todo tipo de asechanzas, presiones y amenazas.

No es descabellado suponer que al final del proceso nos pudiéramos encontrar con casi un millón de personas respaldando con su firma, huella y CI a los partidos políticos opositores, lo que no deja de ser una cifra muy importante si partimos de la base de la decepción política sufrida por la oposición en el año 2016, tras la suspensión del RR y el aplazamiento indefinido de las elecciones de Gobernadores, además de la cerrada campaña anti política, anti partidos y anti MUD a la que hemos estado sometidos en las redes sociales y en los escasos espacios de opinión de prensa y TV a la que tiene acceso la oposición.

Esta cifra es también significativa si tomamos en cuenta que quienes acudieron y acuden a firmar lo hacen sabiendo que su nombre queda asociado a una determinada opción partidista y obviamente anti gubernamental, lo que no deja de ser llamativo si nos acordamos de las infaustas listas “Tascón” y “Maisanta”.

Sin entrar muy a fondo en el tema, por todo lo que antecede y a pesar de mi resistencia inicial, ahora comparto el planteamiento de que acudir al proceso en términos de sus resultados en números ha sido positivo. También comparto la idea expresada por algunos de que ha sido positiva por la movilización y organización de la población en una actividad política y obviamente anti Gobierno y tan solo por estas razones, ya es una ganancia política para la oposición.

Como algunos analistas señalan, creo que lo ocurrido demuestra que la oposición se mueve cuando hay metas claramente definidas –votar, firmar por el RR, firmar en apoyo a los partidos– es decir, actividades que signifiquen avanzar en la vía democrática y electoral.

Pero que no se equivoquen los partidos que se logren relegitimar, no se trata de un cheque en blanco las firmas que recibieron. El apoyo dependerá de cuál sea la posición y estrategia, por ejemplo, frente al tema de la unidad y frente al tema de mantener o no la tarjeta única –la de la MUD– para presentar los candidatos; frente al tema de impulsar la lucha por tener los procesos electorales pendientes, elecciones regionales –gobernadores y alcaldes– en este año y las presidenciales en 2018; frente al tema de la selección de candidatos a través de elecciones primarias cuando se tenga más de un aspirante en alguna circunscripción. Estos y otros temas determinaran el ánimo de los electores y cuales partidos continuaran contando con el apoyo de la sociedad civil.

@Ismael_Perez

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