Liderazgo Regional y Descentralización

Durante los últimos 40 años, desde finales de los años 70 del pasado siglo, hemos denigrado sistemáticamente de los partidos y de los políticos. Esa posición que algunos llaman anti política, ha tenido un resurgir en estos días a raíz de la aparición de los movimientos de “indignados” en Europa y probablemente explica en buena medida el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos, aunque allí actuaron también otros factores, que no viene al caso analizar ahora.

En nuestro país, esas posiciones se manifestaron de manera muy aguda, hasta  que en 1993 y luego más claramente en 1998 triunfaron las opciones anti partido; primero con Rafael Caldera, en 1993 –paradójicamente uno de los padres del Pacto de Punto Fijo, que fue un hito importante del desarrollo de nuestra democracia– y luego con el triunfo de Hugo Chávez, en 1998. Este último prácticamente acabo con los partidos, derrotándolos sistemáticamente en procesos electorales y elecciones amañadas –no necesariamente fraudulentas– dejándolos sin recursos, denigrando de ellos, persiguiendo y encarcelando sus líderes. Aún hoy los partidos políticos no se han podido reponer.

Hoy tenemos un liderazgo político que es muy similar al sistema político que desarrollamos desde finales de los años 50 del pasado siglo, “presidencialista”, se caracteriza por liderazgos fuertes, del tipo carismático, que en muchos casos se convierten en “mesiánicos”. Nos gustan los líderes que dicen cual es el camino, que tienen todas las respuestas, que marcan la ruta, aun cuando para crecer, hacia una sociedad moderna, hace falta otro tipo de líderazgo, más organizacional, más institucional, que nos acompañe en el camino, que corra “riesgos” con nosotros; pero lamentablemente, el otro es el que tenemos, con ese hay que lidiar por el momento.

Así, hoy tenemos –no nos extrañe– una oposición a la que le cuesta unirse y mantenerse unida, dividida en opciones ideológicas, poco profundizadas por sus militantes, y fragmentada en liderazgos individuales. Solo nos ha mantenido unidos un propósito, salir de este régimen; y algunas ideas, casi míticas, que podríamos llamar “ideas fuerza”, como lo es la idea de la “unidad”.

Claramente, en las elecciones parlamentarias de 2015, los candidatos que se salieron de la “unidad” fueron barridos y en algunos casos, con grave deterioro para sus liderazgos locales y regionales. En 2016, una de esas “ideas fuerza” fue el “RR”; idea o propósito que una vez “cancelado” inconstitucional e ilegalmente, no hemos logrado aun reponernos y reemplazarlo, afectando liderazgos nacionales y en algunos casos hasta la unidad.

Otra característica del liderazgo de hoy es la tendencia a ser “mediático”. Los líderes y los medios se buscan, unos tras la noticia, otros tras el espacio y la notoriedad; probablemente para ahorrarse el trabajo político de recorrer calles, campos, fábricas, liceos y universidades, para buscar a la gente en sus ambientes de estudio, de trabajo, donde viven, en la cotidianidad que nos ahoga a todos. Este tipo de liderazgo enfrenta hoy una dificultad inmensa y fundamental para la oposición, dado el control de los medios de comunicación que tiene el régimen.

Quienes nos oponemos al Gobierno contamos con espacios cada vez más limitados, en escasos dos o tres periódicos nacionales, sin papel suficiente para mantener ediciones diarias, con censura velada, cuya lectura alcanza a duras penas al 3% de la población; unas pocas emisoras de radio, que no pasan de unas quince en todo el país y contados minutos en tímidos noticieros de TV que escasamente informan acerca de lo que hace o propone la oposición al régimen y con una audiencia cada vez menor, que prefiere los canales internacionales. La alternativa de las “redes sociales”, que muchos sobre estiman, no tiene aún una penetración importante, sobre todo en la población de menores recursos e ingresos, por lo que es muy difícil que pueda compensar el abrumador despliegue que tiene el estado régimen con sus redes de medios impresos, circuitos de radio nacionales y locales y canales televisivos, toda una red de desinformación y manipulación de la opinión pública; sin contar con las múltiples y continuas cadenas presidenciales y de publicidad del gobierno.

Pero otra característica que tiene el liderazgo político hoy en día, muy importante para la meta electoral que es preciso desarrollar en 2017, es que es también un liderazgo “regional”.

Lo “regional” tiene hoy un espacio; anteriormente, al inicio del desarrollo de nuestro sistema de partidos y sistema político, había que venir a Caracas para “triunfar” políticamente, para darse a conocer como opción; hoy es cosa del pasado. La oposición, por ejemplo, ha tenido varios candidatos regionales con proyección nacional, aun cuando su característica era que eran líderes regionales; son ejemplos de esto: Oswaldo Álvarez Paz y Andrés Velásquez en 1993, Salas Romer, en 1998 y Manuel Rosales en 2006. Hoy en la oposición, nos gusten o no, hay candidatos presidenciales o lideres cuya característica es lo regional; Henry Falcón es uno y –nuevamente– Manuel Rosales, es otro que reaparece en escena.

Eso es posible gracias a otra “idea fuerza” que comenzó a desarrollarse a final de los años 80 del pasado siglo y que debemos mantener, la idea de la “descentralización”. Contra esa idea el régimen ha dirigido buena parte de sus baterías, tratando de impedir el desarrollo de los líderes regionales, propios y sobre todo ajenos, persiguiendo y apresando gobernadores y alcaldes por todo el país, despojándolos de facultades y dejando a las regiones sin recursos económicos y bajo su control.

Por eso es tan importante que madure y adquiera mayor fuerza el tema de las elecciones de Gobernadores. Se trata, no solamente de defender el derecho al voto, hoy vulnerado por el CNE, organismo constitucionalmente encargado de defenderlo, sino también para proteger, desarrollar esa “idea fuerza” de nuestro sistema democrático, la descentralización y contribuir también al desarrollo, fuerte, indispensable, del liderazgo regional. Las elecciones regionales es, sin lugar a dudas, una oportunidad de “pintar de azul” los 23 estados del país y fortalecer y consolidar definitivamente nuestra mayoría electoral, nuestra verdadera fuerza: el voto ciudadano.

@Ismael_Perez

 

 

2017 y Sociedad Civil (SC)

 

Desde la óptica de la oposición, comenzamos unidos el año 2016, tras un triunfo indudable y aplastante en las elecciones parlamentarias del 2015. Comenzamos el año 2017 desunidos, con una relación entre los partidos bastante distante y fragmentada y un importante alejamiento entre varios líderes opositores. Negar esto sería absurdo.

En 2016 no pudimos avanzar nada con relación al Refrendo Revocatorio, que asumimos desde principio de año como la gran opción y esperanza para resolver los problemas del país, desalojando del poder al Gobierno de Nicolás Maduro.

Comenzamos el 2017, con una vaga e imprecisa opción de la oposición con el “abandono del cargo” de Nicolás Maduro, que solo en sueños desquiciados es posible que se dé. Afortunadamente, debemos reconocerlo, esa aspiración onírica, es solo eso, un sueño utópico y lejano que la gran mayoría del país no creé, por lo cual es de esperar que se disipe el fantasma de una nueva y mayor frustración política.

El Gobierno ya ha fijado su estrategia: endurecer el proceso político, persiguiendo a la oposición y atemorizando el país, con amenazas de violencia y de “armar” al pueblo en inconfesable propósito; desconocer y negar la AN, buscando destruirla de manera definitiva; perpetuarse en el poder, desconociendo los mecanismos democráticos del voto y la consulta popular. Mientras, la oposición está en peligrosa mora en definir su estrategia.

No podemos seguir en el reconcomio de buscar los culpables de lo ocurrido y la oportunidad desperdiciada de 2016; sin duda se cometieron errores y errores graves que nos tienen en un estado de postración, del cual debemos salir. Es tiempo de lamerse las heridas y continuar, de “sacudir las sandalias del polvo del camino” y emprender cuanto antes la reconstrucción de la aspiración política de encontrar la salida que el país espera, en conocimiento de que el régimen está fuera de la constitución y no dudará en continuar desconociéndola. Esta es una condición que debemos enfrentar.

Hace ya más de un mes en otro artículo, (¿Y ahora, qué?: Acción de la Sociedad Civil, ND, 9 de diciembre de 2016), me referí a que ha llegado el momento de la Sociedad Civil de incorporase más activamente y de manera eficaz a la lucha política.

En aquel momento, como ahora, es preciso matizar esta afirmación. No quiero que se confunda mi planteamiento con algunas de las voces agoreras que denigran de la política y de los partidos políticos. Nada más lejano en mi ánimo, que considero a los partidos políticos como el elemento esencial de la lucha política para conseguir el poder y producir las transformaciones que la sociedad venezolana necesita. Pero son también un elemento esencial, imprescindible e insustituible en este proceso, los ciudadanos, la gran fuerza social, el país cívico, todos los que no somos gobierno ni fuerza pública.

Nuestra tarea, con nuestras organizaciones no gubernamentales, las defensoras de los derechos civiles, sociales, de los derechos humanos, los gremios técnicos y profesionales –médicos, maestros, abogados, ingenieros, trabajadores de la salud y la educación– y demás profesiones liberales, las organizaciones de transportistas, los sindicatos de todo tipo, las organizaciones estudiantiles,  etc., tenemos que movilizarnos, mostrando nuestra realidad, haciendo propuestas y buscando la toma de conciencia de nuestros allegados y del pueblo en general, acerca de los graves problemas del país y quienes son los responsable de los mismos: el Gobierno nacional, con todos sus órganos y sus cómplices del PSUV.

Decía también en el artículo mencionado, que esa incorporación activa de la SC  a la actividad política debe abarcar también la lucha por la restitución del derecho al voto en Venezuela, lograr del irresponsable CNE un cronograma electoral para la elección de Gobernadores de Estado y los Diputados de las Asambleas Legislativas, pospuestas sin ninguna razón ni justificación en 2016, y también de la elección los Alcaldes y Concejos Municipales, previstas para este año, de acuerdo con la ley.

Pero debemos ser claros, los ciudadanos, la SC, en nuestra organizaciones, no estamos llamados a remplazar a los partidos en la lucha por el poder. Podemos movilizarnos, hasta masivamente, como se ha demostrado, pero no nos engañemos, nuestras organizaciones no tienen la capacidad de convocatoria y de coordinación para esas tareas, que sí tienen los líderes políticos y los partidos. A los partidos y sus líderes hay que ayudarlos a que sean verdaderamente democráticos, a que los partidos tengan procesos internos transparentes y que no teman al control ciudadano. Pero sin coadyuvar a la tarea de destruirlos que inicio Hugo Chávez Frías en 1998 y que ha continuado Nicolás Maduro.

Una cosa es la crítica, necesaria y responsable que debe existir siempre, que puede ser dura y hasta implacable, pero no confundamos papeles ni conductas, no le hagamos el juego a la antipolítica, tan de moda en el mundo contemporáneo y que la mayoría de las veces solo contribuye a agravar y perpetuar los males que pretende erradicar.

La SC, junto a los partidos políticos y sus líderes, tiene una responsabilidad importante en sembrar la semilla de la agitación social que el país necesita para sacudirnos de este adormecimiento, esta modorra que nos quita la esperanza de que es efectivamente posible un país distinto y mejor.

La estrategia diseñada por el régimen en abierto abuso de su poder y falta de escrúpulos, es para generar desesperanza, desconfianza en nuestros líderes, miedo a ser acosados y perseguidos, para que nos sintamos secuestrados, sin salidas, para que abandonemos nuestra justa y cívica lucha ciudadana para el rescate de nuestra democracia, nuestra forma de vida y de relacionarnos; aparentemente les está dando resultados, pero solo aparentemente, pues la realidad es que el país está en situación de caos y debemos crecernos, unirnos y seguir luchando juntos porque somos muchos más, muchísimos más y con la fuerza de la razón, la verdad y la justicia.

Hay una realidad a la que el régimen teme mucho: la fuerza del pueblo, de todo un país reclamando sus derechos y es a lo que el régimen trata por todos los medios de acallar, doblegar, descalificar y desconocer. Rendirse no es una opción.