Sobre la Decisión del CNE

Los acontecimientos políticos recientes, tras la decisión del CNE con relación al 20% de la recolección de firmas para el referendo revocatorio (RR), están aún demasiado fluidos como para emprender un análisis político de fondo, estando además pendientes de cuál será la posición de la MUD al respecto; por eso creo conveniente hacer algunas reflexiones acerca del caldo de cultivo en el cual se mueven estas decisiones y que no es otro que las violaciones a la Constitución y a las leyes, que es lo mismo, en la práctica, que vivir sin ley.

Ya es un lugar común decir que la decisión de las rectoras del CNE es inconstitucional, pues viola lo que dice expresamente el artículo 72 de la Constitución, con respecto a que el 20% de las firmas deben ser recogidas en la circunscripción nacional y no estado por estado. Pero es que además, esa decisión es contraria a una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, de su Sala Constitucional, del año 2002, cuando presidia el Tribunal Iván Rincón Urdaneta, de quien no se puede sospechar que sea pro oposición.

En efecto, la sentencia 1139 del 5 de junio de 2002, en ponencia del magistrado Antonio J. Garcia Garcia, establece que:

“… el Consejo Nacional Electoral tiene facultades para convocar y organizar cualquier tipo de referéndum… Sin embargo, el ejercicio de las referidas facultades por parte del máximo ente comicial, que se desencadena al ser presentada la solicitud de convocatoria a referéndum revocatorio, se encuentra sometido a las reglas previstas en el artículo 72 de la Constitución, sin que deje ningún margen de discrecionalidad que autorice al Consejo Nacional Electoral a emitir pronunciamiento alguno sobre el mérito o conveniencia de la solicitud formulada, ni a establecer -en las normativas de carácter sub legal que dicte-, nuevas condiciones para la procedencia de la revocación del mandato, no contempladas en el marco constitucional vigente.

Por consiguiente, esta Sala concluye, que una vez que el Consejo Nacional Electoral verifica el cumplimiento irrestricto de las condiciones mencionadas ut supra –referentes a que haya transcurrido, al menos, la mitad del período para el cual se había elegido al funcionario o funcionaria, y que un número no inferior del veinte por ciento (20%) de los electores inscritos en el Registro Electoral en la correspondiente circunscripción así lo pidiesen-, y por ende, declare que las mismas se encuentran satisfechas, correspondería a dicho órgano comicial convocar al referéndum revocatorio solicitado, fijando la oportunidad de su celebración, y organizando, dirigiendo y supervisando los comicios correspondientes.” (Subrayado mío)

De modo que si alguien tenía dudas con respecto al artículo constitucional, el propio TSJ del año 2002, que también era proclive al régimen, disipa esas dudas.

No solo con respecto al 20% viola el CNE la Constitución, también viola el artículo 3 de la Ley Orgánica del Poder Electoral (LOPE) –que es copia del 294 de la Constitución– y que establece como uno de los principios del órgano electoral el de:

“…celeridad en todos sus actos y decisiones.” (Art.3)

por todos los retrasos que ha tenido en la aplicación de los lapsos que le establecen sus propias normas sobre referendos, las del 2007, y que según la MUD excede ya los 125 días.

También con la decisión respecto el número de centros y máquinas el CNE viola el artículo 4 de la LOPE, que establece que

“El Poder Electoral debe garantizar la igualdad, confiabilidad, imparcialidad, transparencia y eficacia de los procesos electorales…”

al no aplicar a la MUD, las mismas condiciones que aplicó al PSUV cuando este partido realizó sus elecciones primarias en junio del año 2015.

En efecto, según información que se puede ver en el siguiente vinculo:

http://registronacional.com/venezuela/elecciones/psuv-elecciones-primarias-internas.htm,

el CNE para dicho proceso habilitó un de total 5.613 mesas de votación (221 más que ahora para el 20%), distribuidas en 3.987 centros de votación (2631 más que para el 20%) y para una población menor que la que tendría derecho a acudir para firmar por el RR en octubre de este año, que es el total de electores del Registro Electoral al corte de abril 2016.

No voy a anticipar lo que podría ser la decisión de la MUD, pero sí creo que todos podemos contribuir a esa discusión. En particular yo propondría los siguientes puntos:

  • Creo que se debe continuar, a pesar de todo, empujando el RR y las elecciones regionales, mientras se trata de dialogar con lo salvable de la otra parte del país, que también es necesaria para reconstruirlo
  • Creo que la MUD debe asumir la misma posición, la de continuar con el proceso, pero previamente y en nombre de la oposición, debe denunciar por inconstitucionales e ilegales las condiciones establecidas por el CNE y continuar la lucha por modificarlas, especialmente lo relativo al 20% por estado. A pesar de lo establecido por el CNE se debe continuar, pues para el régimen sería un golpe político demoledor que, por ejemplo, en 22 estados del país se rebase el 20% de los inscritos en el registro electoral y el RR no se vaya a realizar porque en algún estado no se logre alcanzar ese 20%.
  • Creo también, que aunque sea un ejercicio inútil e ineficaz, la MUD debe solicitar un recurso de interpretación al TSJ sobre el 20% y la circunscripción nacional; debemos obligarlos a que se contradigan con la sentencia ya mencionada del año 2002 y a que en todo caso se hagan solidarios con ese exabrupto jurídico del CNE, que sería una forma de engrosar el ignominioso expediente de ambos poderes y la confabulación y emboscada por parte de estos poderes, controlados por el gobierno, para secuestrar la salida constitucional, pacífica y electoral.

Estoy consciente de que hay quienes piensan que ya “no hay RR”, porque “las condiciones son inaceptables”, que además para algunos no debe haber diálogo, porque “con el enemigo no se dialoga” y hacerlo es traicionar los principios y traicionar a la gente. Con todo respeto, se equivocan.

Quienes solo ven el camino del enfrentamiento, aunque sea  “velado” o “disimulado” por una suerte de desobediencia o rebelión gandhiana, olvidan que Gandhi se enfrentaba con un Gobierno, el colonialista Ingles, que mal que bien aceptaba los principios democráticos y era partidario también de defender los derechos humanos, al punto de que fue a una guerra mundial por defender ambos conceptos o principios.

Los que piensan que el camino es el enfrentamiento abierto con el régimen, con el PSUV, deben estar conscientes que eso es enfrentarse con el “poder”, pero sobre todo con el “poder de fuego” del régimen, ése que mata o encarcela a sus enemigos, como ya lo han demostrado hasta la saciedad con crueldad y sin ningún tipo de escrúpulos. Y disculpen la crudeza, ¿Quién asumirá la responsabilidad de lo que pueda ocurrir, el precio que habría que pagar en vidas, cárcel y persecución?

No es fácil la disyuntiva actual, pero en mi opinión esta clara: Seguir el camino trazado, con firmeza, acorralando al Gobierno con las cosas que lo desquician: las manifestaciones multitudinarias, bien planificadas y puntuales; las “Villa Rosa” por todo el país; la recolección de firmas; el RR, para revocar a Nicolás Maduro y ponérsela difícil a quien lo sustituya de entre los suyos, si el RR es en el 2017; y arrebatarles importantes gajos de poder y control institucional, económico y social mediante las elecciones regionales y de alcaldes.

A la larga, el pueblo que ha ido despertando en Venezuela del sopor del socialismo del siglo XXI es el cauce de un río que arrasará todo aquello que intente contenerlo.

@Ismael_Perez

 

Sentencia 1139 del TSJ

La Sentencia 1139 del 5 de junio de 2002, en ponencia del magistrado Antonio J. Garcia Garcia, establece que:

“… el Consejo Nacional Electoral tiene facultades para convocar y organizar cualquier tipo de referéndum… Sin embargo, el ejercicio de las referidas facultadas por parte del máximo ente comicial, que se desencadena al ser presentada la solicitud de convocatoria a referéndum revocatorio, se encuentra sometido a las reglas previstas en el artículo 72 de la Constitución, sin que deje ningún margen de discrecionalidad que autorice al Consejo Nacional Electoral a emitir pronunciamiento alguno sobre el mérito o conveniencia de la solicitud formulada, ni a establecer -en las normativas de carácter sub legal que dicte-, nuevas condiciones para la procedencia de la revocación del mandato, no contempladas en el marco constitucional vigente.

Por consiguiente, esta Sala concluye, que una vez que el Consejo Nacional Electoral verifica el cumplimiento irrestricto de las condiciones mencionadas ut supra –referentes a que haya transcurrido, al menos, la mitad del período para el cual se había elegido al funcionario o funcionaria, y que un número no inferior del veinte por ciento (20%) de los electores inscritos en el Registro Electoral en la correspondiente circunscripción así lo pidiesen-, y por ende, declare que las mismas se encuentran satisfechas, correspondería a dicho órgano comicial convocar al referéndum revocatorio solicitado, fijando la oportunidad de su celebración, y organizando, dirigiendo y supervisando los comicios correspondientes.”

 

 

Diálogo

Establecido el punto de que vivimos bajo una dictadura –peculiar, moderna, dirían algunos– o bajo un régimen autoritario, es pertinente la pregunta: ¿Cómo se sale de una dictadura?

De la última dictadura, clásica, que vivió el país, la de Marcos Pérez Jiménez, salimos tras un proceso de resistencia político partidista, que concluyó en una revuelta social y un “pronunciamiento” militar en 1958. Las cosas allí estaban claras, en cuanto a la suerte que podían esperar los capitostes del régimen; los que no tuvieron la suerte de montarse en la “vaca sagrada” y huir del país, antes, o en el momento, con una maleta de dinero, podían esperar el linchamiento o que su suerte fuera la cárcel, tras ser juzgados en los tribunales correspondientes. Esa fue incluso la suerte del dictador Pérez Jiménez.

Los regímenes dictatoriales que son derrocados tras una sublevación popular, una guerra civil o un golpe de estado protagonizado por algún militar que se deslinda del régimen, siguen invariablemente esta ruta. Los derrocados son perseguidos, enjuiciados y encarcelados y de alguna manera pagan con prisión o exilio forzado sus desmanes y delitos durante el periodo que gobernaron.

En otras circunstancias, la historia nos dice que aún en los regímenes más autoritarios, represivos y corruptos, que sin embargo desaparecen tras un complejo proceso social que conduce a una elección democrática, sus odiados “protagonistas” son indultados, perdonados o la sociedad se hace la “vista gorda” con lo ocurrido, para cerrar ese nefasto capítulo de su historia, no perpetuar el conflicto y pasar a una nueva etapa.

Así ocurrió con la España post franquista, con el Chile de Pinochet, incluso con la Nicaragua de Ortega que dio paso electoralmente a Violeta de Chamorro, por nombrar solo algunos y no caer en una larga y aburrida lista de ejemplos que tanto hemos oído. Es probable que incluso eso sea lo que ocurra con la longeva y cruenta dictadura de los Castro en Cuba.

¿Qué pasará en Venezuela? No dudamos que estamos en una variante de este segundo caso. Nuestra “peculiar” dictadura está siendo empujada fuera del poder, desde la base de la sociedad y los partidos políticos, por una transformación política que se quiere sea pacífica, electoral, democrática y constitucional, para repetir el “mantra” que tanto hemos proclamado los venezolanos para ratificar nuestra decisión de cambio en paz.

Claro que no todos están conformes con esta solución, en uno y otro polo de la política venezolana. Los partidarios del régimen, al menos algunos de ellos, desean quedarse indefinidamente y usan y abusan de todo el poder, institucional, económico y de “fuego”, para perpetuarse. Estos, claro está, no creen en ningún proceso de diálogo. Otros, más “sensatos”, que saben que esto llega a su fin, prefieren alguna modalidad que les permita extenderse en el poder –posponer el RR para el 2017– para tratar de recuperarse y participar sin tanta desventaja en los próximos procesos electorales del 2017, 2018 y 2019. Hay un tercer grupo, llamémoslo de los “conscientes” de su quehacer político y que piensan –están en su derecho– que tienen algún futuro político, que serian los que propugnan por algún tipo de entendimiento o diálogo con el sector opositor que permita la supervivencia del chavismo –o de ellos– como sector político.

En los opositores al régimen también encontramos variables. Unos, los más extremistas, parten de la premisa de que al “enemigo ni agua”; y se niegan a cualquier proceso de diálogo, que consideran es una posición blandengue, que vende o traiciona la voluntad de cambio, que no tiene ninguna cabida, pues los culpables de los desmanes, cualquiera que estos hayan sido, deben pagarlo muy caro. Ponen por delante algunos “principios” abstractos de orden, se asientan en la posición de fuerza que les dan los resultados electorales del 6D y lo que dicen las encuestas y envueltos en la bandera de la justicia y en pro de la vindicación de los desmanes cometidos, niegan cualquier posibilidad de diálogo con un régimen que todos sabemos inhumano, corrupto y represor. Estos pertenecen a la legión de los “consecuentes”, a los que no dudan en librar las guerras hasta que quede en pie el último soldado y naturalmente coinciden con los más radicales partidarios del régimen, en cuanto a la posición de no dialogar.

Tema complejo este del diálogo, porque soy de los que creen que la justicia y la ley es lo que debe regresar e imperar en Venezuela y que hay delitos que se cometieron que no pueden ser obviados. No obstante yo me ubico, como he dicho otras veces, en la raza de los “inconsecuentes”, de los que no creen en los “verdugos”, ni en la “cacería de brujas” y afirmo –¡oh anatema!– la necesidad de iniciar un diálogo de tolerancia con todos los sectores del país, que nos permita reconstruirlo, contando con el concurso de todos los que tengan la buena fe de admitir errores y estén dispuestos a enmendarlos.

Repito la idea. Todo régimen autoritario, toda dictadura que acabe en un proceso democrático, forzado por la acción y voluntad popular, implica un profundo proceso de diálogo que permita cerrar heridas y continuar el camino construyendo un futuro para todos. Implica reconocer un principio democrático fundamental: las minorías tienen derecho a existir, a expresarse, a continuar su vida política.

Por último –y no podía dejar de mencionarlo– tras observar las virulentas críticas de esta semana a los “dialogantes” de la oposición, uno se pregunta ¿De qué lado están realmente algunos de esos “críticos”?; da la impresión de que para algunos opositores el chavismo es “funcional” y si dejara de existir el protagonismo que hoy ellos tienen, o creen tener, perdería una buena parte de su razón de ser.

Concluyo, como en otra ocasión, con aquella frase atribuida a Gandhi: El “ojo por ojo”, nos dejará ciegos a todos.

@Ismael_Perez

Mensajes de Septiembre

La multitud, los millones de personas que nos desplazamos por el país desde el 1º de septiembre lanzamos varios mensajes, donde el más obvio es que queremos revocar a Nicolás Maduro de la presidencia de la Republica y desalojar del poder a todo su Gobierno en el 2016. Pero ese no fue el único mensaje.

Somos demócratas y defendemos la Constitución.Se dio un claro mensaje al mundo de que el chavismo se extingue, que pronto solo será historia, un mal recuerdo que irá desapareciendo poco a poco en la medida en las fuerzas verdaderamente democráticas del país vayan ocupando todos los espacios y rescatando las hoy maltrechas instituciones del país. Les dijimos también al mundo que Venezuela cuenta con una oposición democrática, a la que debe apoyar, en su tarea de hacer respetar la Constitución y reconstruir el país y la vida para los venezolanos.

Somos mayoría.Le dimos un mensaje de esperanza a todo el país; reconfirmamos lo que dijimos el 6D: Que somos mayoría, que no tenemos miedo, que fracasaron los intentos de atemorizarnos, de demonizarnos, que salimos con entusiasmo a expresarnos pacíficamente, sin retar ni agredir a nadie, que el fantasma del golpe, la desestabilización y la violencia solo están en la mente enferma de nuestros actuales gobernantes, porque nosotros queremos un país en paz, democrático y moderno.

Un país donde cabemos todos.Le dimos un mensaje a los llamados chavistas, de que ellos también tienen cabida en nuestro proyecto político de modernización y progreso para todos, porque entre los millones que nos desplazamos por el país desde el 1S hay seguramente miles que no hace mucho tiempo aun pensaban que el llamado Socialismo del Siglo XXI podía ser una alternativa válida de desarrollo, pero que hoy están decepcionados ante la cruda realidad de escasez, hambre, inflación, inseguridad y demás males que nos agobian, sin distinción, a todos los venezolanos por igual.

Ejerceremos nuestro derecho a revocar en el 2016. Le dimos un mensaje al Gobierno y a sus secuaces del CNE y el TSJ, que sus estratagemas para atemorizarnos, confundirnos, desanimarnos, quitarnos la esperanza, no han dado resultado, pues estamos cada día más comprometidos y más convencidos de que la solución a lo que nos pasa en el país es la salida, vía revocatorio, de este oprobioso Gobierno.

Somos Villa Rosa. Ese mensaje al Gobierno fue crudamente ratificado el 8 de septiembre por los humildes habitantes de Villa Rosa –un poblado margariteño del que muchos ni siquiera habíamos oído hablar– y que puso al Presidente Nicolás Maduro bajo la mirada del mundo, como un déspota y repudiado mandatario tercermundista.

Somos una sociedad civil, no militar. Le dimos también un mensaje claro a la FANB que debe evaluarse y revisar si el partido que ha tomado es el correcto, que debe volver a su papel institucional, el que le marca la Constitución: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política… está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna…”, que esos discursos en pro del socialismo del siglo XXI es tomar partido por una opción política concreta, que desvirtúa su esencia y de paso viola la Constitución que juró respetar y defender. Que con esa actitud compromete su futuro, pues ya somos muchos los que nos preguntamos si tiene sentido tener una fuerza armada como la actual, que nos ha demostrado en estos 17 años que está politizada, que es parcializada, que muchos de sus efectivos han sido acusados de estar incursos en procesos de corrupción y narcotráfico y por sobre todo, que han sido ineficaces, cuando han ocupado altos cargos de Gobierno, en resolver los problemas del país.

Somos ciudadanos movilizados.Por último y no menos importante, le dimos un mensaje a la llamada sociedad civil venezolana de que estamos en la vía correcta, institucional, pacífica y democrática; una sociedad civil que por instantes luce huérfana de liderazgo y organización, desapegada de la política, pero que en los momentos decisivos, participa, firma, vota, se identifica, se moviliza, aunque a veces no se organiza ni se agrupa y que cada día está más lejos de quienes quieren incendiar el país y lanzarnos a la confrontación desde las redes sociales, los cómodos teclados de una computadora o alejados exilios.

Los mensajes de septiembre han sido claros y contundentes, hemos avanzado y consolidado una estrategia compartida y mayoritaria, seguiremos movilizados, ahora con mayor entusiasmo, fuerza y confianza en nuestra fortaleza ciudadana y ratificaremos, cuando sea el momento, nuestro deseo de revocar al actual Gobierno para reconstruir entre todos a la Venezuela de paz, progreso e inclusión.

@Ismael_Perez

 

 

La Otra Toma de Caracas

La Toma de Caracas fue multitudinariamente contundente. No hubo sorpresas. Basta con un video para comprobarlo:

https://www.youtube.com/watch?v=zOH_9Fo3Mc4

Se confirmó lo que ya sabíamos por las elecciones del 6 de diciembre de 2016 y por todas las encuestas que se han hecho en el país desde hace más de un año: la oposición es mayoría, el Gobierno ha perdido la calle y ya no tiene ninguna capacidad espontánea de movilización.

Miles de personas vinieron desde el oeste de la ciudad, Municipio Libertador, supuesta “zona roja” –que ya sabemos que no es así y ayer se confirmó– desde la Av. O’Higgins, por toda la Av. Páez, con incorporados de la Cota 905, el final de la Av. Fuerzas Armadas, Av. Victoria, Plaza de San Pedro y calles de Los Chaguaramos, Principal de Bello Monte, para unirse allí a la concentración de la Av. Rio de Janeiro a la altura de las Mercedes y concluir frente al C.C. Lido. Lo propio hicimos los habitantes de El Cafetal, como hormigas por el Boulevard, bajando de las Urbanizaciones y saliendo de los edificios, hasta concentrarnos en Caurimare, subir por esa Avenida y llegar a la Av. Rio de Janeiro, hasta Chuao, para luego seguir ruta a engrosar las concentraciones de Las Mercedes y de la Francisco de Miranda. Miles de personas vinieron del Suroeste, para concentrarse en Santa Fe y seguir por la Autopista del Este y calles paralelas, a sumarse a las impresionantes multitudes de las avenidas Rio de Janeiro, Las Mercedes y la Francisco de Miranda.

¿Cómo es que el Gobierno pretende negar esto y decir –que ya es mucho, de todas maneras– que no fueron más de 35 mil personas? Pues, como siempre lo han hecho, con miedo, caradura y cinismo.

La concentración oficialista en la Av. Bolívar daba lástima, aunque pretendieron disfrazarla entregando a la prensa y difundiendo por tuiter una fotografía de un acto del 2012 con el entonces Presidente Chávez Frías; pero más lastima dio la intervención de Nicolás Maduro en dicho evento. Desencajado, con cara larga, furioso y amenazante, insultando y sacándole la madre, en plena transmisión televisiva, al Presidente de la Asamblea Nacional (Por cierto, ¿CONATEL no tiene nada que decir acerca de este delito? No, ya sabemos que no, pero no podíamos dejar de mencionarlo).

El Gobierno y sus seguidores hicieron todo lo posible para impedir que ocurriera el evento del 1S. El Gobierno puso alcabalas por todo el país, tratando de impedir la llegada a Caracas de los opositores, como si no fuera suficiente con sus propios habitantes para desbordar todas las concentraciones opositoras de la capital, como ocurrió. Amedrentó, amenazó, metió presos a dirigentes opositores, sin motivo, sembrando pruebas, creando delitos donde no los había. Allanó residencias de dirigentes opositores. Amenazaron y atacaron sedes de medios de comunicación. Expulsaron periodistas internacionales que venían a cubrir los acontecimientos y se impidió la llegada de otros. Deportaron diputados de países amigos. Acecharon con sus malandros motorizados, que en Maracay, por ejemplo, hicieron desastres, asaltando y saqueando; en fin, el régimen desplegó toda la suerte de acciones usuales para tapar el sol con un dedo: que ha perdido la calle, que no tiene capacidad de movilización y que hay en el país un deseo multitudinario de revocar el mandato de Nicolás Maduro y acabar con este régimen de oprobio.

Quienes apostaron a la violencia, y la propugnaron, en ambos bandos, se quedaron con las ganas. Focos aislados oficialistas intentaron sabotear algunas actividades o el paso de los marchistas hacia la capital. En algunos sitios, como Maracay, cerca de La Victoria y otros puntos, desplegaron verdadera violencia contra los opositores, pero ni lograron detenerlos ni atemorizarlos. Lo que sí lograron fue, uno, radicalizar más a los opositores en su deseo de manifestar y dos, desprestigiar más al Gobierno, nacional e internacionalmente, por el abuso del poder y de la fuerza. Al final del día, en Caracas, vimos verdaderos excesos de brutalidad policial contra pequeños grupos de manifestantes, algo más radicales y exaltados, que pretendieron extender la protesta. Fueron hechos, aunque brutales y abusivos, aislados porque la mayoría de la oposición no cayó en la provocación del Gobierno.

Pero si hay algo que debe estar claro, tras la exitosísima jornada de ayer, es que el país aun no ha cambiado, que nadie espere milagros, pues el Gobierno continua controlando todos los poderes, incluido el electoral que es el que debe tomar la decisión de anunciar la fecha de recolección del 20% que posibilite la realización del revocatorio para este año, que es lo que todos exigimos y esperamos. Por lo tanto, no cabe duda que la pregunta ¿Qué hacer ahora?, está en el aire y es absolutamente pertinente.

Se impone ahora la “otra” toma de Caracas y del país. La MUD ya ha anunciado algunas acciones para los próximos días, para mantener y fortalecer la presión: entrega de documento en las todas las oficinas a nivel nacional del CNE, el próximo 7 de septiembre y una jornada nacional de movilización de 12 horas de duración en todas las capitales de estado, el 14 de septiembre, para responder a lo que el CNE anuncie el 13 de septiembre y llamar la atención de los gobiernos de los países reunidos en Venezuela en la cumbre de los Paises No Alineados, etc. Pero esa presión no es sostenible por la dirigencia política opositora sin el firme y decidido apoyo popular y el acompañamiento y movilización de los ciudadanos.

Llega la hora de pensar en que es lo que cada uno de nosotros puede hacer, con nuestros propios recursos y posibilidades. Además de participar en las actividades que se convoquen, cada uno de nosotros, de las ONG con actividad política del país, debemos emprender y hacer todo aquello que esté a nuestro alcance. En nuestros propios escenarios. Creando conciencia, sembrando inquietudes, discutiendo con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y de estudios. En el metro, en la buseta, en la cola del supermercado, la panadería o la farmacia, en nuestra junta de condominio, en el ascensor del edificio donde vivimos o trabajamos, con nuestros compañeros de trabajo o empleados, en donde desarrollemos nuestra actividad cotidiana, tratando de elevar el costo político del Gobierno por retrasar la decisión en torno al 20%, la fecha del revocatorio y la fecha de las elecciones de Gobernadores.

Las acciones colectivas son susceptibles de ser detenidas o entorpecidas por la fuerza pública, pero la acción individual, esa del ciudadano común, pero consciente, que cuestiona, discute o reparte pequeños volantes u hojas de papel con consignas, preguntas e inquietudes, es muy difícil de detener. Así como muchos tomaron la iniciativa de repartir volantes convocando y difundiendo a la marcha del 1S, es posible ahora repartir volantes, papeles, pidiendo la fecha para el 20%, el revocatorio y las elecciones de gobernadores. Y muchas otras iniciativas, que pueden ser asumidas de manera individual, en pareja o pequeños grupos, para lo que no se requiere mayor organización, autorización y ninguna convocatoria.

Se impone una verdadera cruzada de resistencia civil, pacífica, callada, inteligente que puede ser muy efectiva y eficiente frente a un gobierno envilecido, todopoderoso, pero atemorizado, fraccionado y en su etapa de declive final.