Algunos Mitos Politicos del Venezolano

La tentación de escribir sobre lo ocurrido con el proceso de validación es muy grande, pero sería difícil no caer en centrarse en las trapacerías, violaciones al reglamento y triquiñuelas del CNE y su esfuerzo por proteger al Gobierno de Nicolás Maduro, impidiendo y obstaculizando el ejercicio de los derechos políticos y electorales de los venezolanos, que es precisamente lo que ellos deben proteger y garantizar. Por tanto prefiero hablar de algunos temas de fondo que surgen de la épica civilista protagonizada por los ciudadanos, que hemos visto estos días, con el liderazgo de partidos y la actuación de la sociedad civil, aprovechando para desmitificar estas dos entidades.

Esta semana ha sido aleccionadora en cuanto a la posibilidad de cooperación entre partidos políticos y sociedad civil, para tareas específicas, en este caso la organización del proceso de la mal llamada validación de firmas para autorizar a la MUD a organizar una consulta popular que nos lleve a un referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro.

Por eso creo que la forma en que se han organizado y puesto de acuerdo partidos y organizaciones de la sociedad civil para lograr ese objetivo, nos debe llevar a hacer algunas reflexiones sobre la relación entre partidos y las organizaciones de la llamada sociedad civil y como dije, para eso es necesario despejar algunos mitos, sobre ambos.

Uno de los axiomas políticos de la sociedad contemporánea, que ha llegado a erigirse en un verdadero mito en las sociedades democráticas, es que los partidos son indispensables para la democracia. Cierto. Pero cuando hay un principio valido pretendemos que se haga extensivo a otras cosas; por ejemplo, ese principio valido, se ha hecho extensivo a lo que los partidos son ahora, en el sentido de que no son los partidos los indispensables para la democracia, sino “estos partidos”, los que existen en el momento, con sus formas organizativas actuales y su forma de hacer política. Por eso ese silogismo no siempre es cierto. No necesariamente los que están ahora son los indispensables y sobre todo menos indispensable aun o más iluso pensar que los partidos tienen que organizarse como están organizados ahora, basados en el centralismo democrático que inventó Lenin para la Rusia de finales del siglo 19 y principios del siglo 20. Como si no hubiera corrido mucha agua bajo el puente.

Afortunadamente ese mito ya se puso seriamente en duda en Venezuela, en 1993, cuando Rafael Caldera llegó a la presidencia apoyado en una amalgama de partidos, totalmente desarticulados, organizados solo electoralmente, y basado en el prestigio del líder, en la desmoralización política del país y la búsqueda por parte del pueblo de una solución; búsqueda que no ha concluido. Ni que decir que ese mito lo siguió siquitrillando Hugo Chávez Frías, quien prácticamente prescindió por completo de los partidos para gobernar y para todo.

Pero si no comparto el mito de lo imprescindible de los partidos con sus formas de organización actual, tampoco comparto su opuesto, que debemos o podemos prescindir de los partidos, como se pretende al destacar como su alterno a la sociedad civil, tema al que paso a continuación.

En efecto, el mito de lo prescindible o imprescindible de los partidos, en los últimos años en Venezuela, va aparejado a otro, el de la fuerza telúrica, inmanente, de la sociedad civil. Ese mito de la sociedad civil, o mejor dicho el mito de que la sociedad civil es la que va a resolver los problemas políticos del país, comenzó a desmoronarse en el mismo momento en que comenzó a surgir, tan temprano como en 1999, aunque algunos no se han dado cuenta o no lo han aceptado.

Ya en 1999, cuando se abrió la primera oportunidad y se discriminó a los partidos políticos para definir una nueva Constitución, en la sociedad civil no solo no denunciamos esa estratagema de Chávez Frías que lo que pretendía era eliminar a los partidos, sino que además no fuimos capaces de ponernos de acuerdo, sino hasta última hora, cuando ya era demasiado tarde, para llevar una lista común para elegir candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, a pesar de que se logró apoyar una lista final única, nuestro comportamiento durante las frustrantes negociaciones de esa lista no tuvo nada que “envidiarle” a las prácticas de los partidos que durante años criticamos; . No fuimos capaces de dejar de lado nuestras diferencias y apetencias personales, no fuimos capaces de posponer o al menos mostrar claramente nuestras agendas particulares. No teníamos el “dedo” del Secretario General para escoger a los candidatos, pero surtían y surten el mismo efecto otros dedos de algunas personalidades.

Y así, nuestras diferencias y disputas internas, que terminaron por fracturarnos, no se diferenciaron en nada de las que durante años presenciamos en los partidos. Allí aprendimos, o debimos aprender, que nuestras organizaciones de la sociedad civil, tan eficientes en áreas específicas, no están ni remotamente diseñadas para tomar el poder, sino apenas para proponer, influir, modelar y sembrar ideas en la mente de los demás ciudadanos.

Soy militante y defensor de la sociedad civil, pero forzoso es reconocer que estos “movimientos”, espontáneos, eficaces en movilizar, que hemos visto durante los últimos años, hasta cierto punto, son movimientos básicamente de ideas, no destinados a tomar el poder –el poder político, el poder del Estado– y de allí la frustración, el fracaso, esa incapacidad de producir una alternativa coherente, a pesar del cierto poder de movilización. Estos movimientos ciudadanos, aunque muy concientizados, producto de intensos y largos debates políticos, de una muy activa participación, de un fuerte gregarismo social y resistencia contra el poder del Estado, están muy claros en sus aspiraciones y en lo que rechazan, pero no pueden entrar en negociación porque no aceptan que alguien esté en capacidad de negociar en nombre de ellos.

El mito de la supremacía de la sociedad civil va asociado al de la política como algo éticamente despreciable y con una variante peligrosa en los últimos tiempos: prescindamos de los políticos, de los partidos; por ejemplo, somos independientes, no dejemos que saquen sus banderas y sus consignas en marchas y manifestaciones, no queremos contaminarnos ni volver al pasado, etc. Esa conclusión es tan equivocada como la de los partidos de creer que ellos por ser imprescindibles no deben cambiar, no deben democratizarse, no deben superar ciertas prácticas. Ambos extremos están errados y desconocen la urgencia y solicitud de cambio a que aspiran los ciudadanos.

Lo dicho otras veces, se impone entonces un nuevo pacto político entre ciudadanos y partidos, que parta de aceptar las especificidades, capacidades y aspiraciones de cada uno. Hemos venido posponiendo eso durante años y ya va siendo hora de que asumamos la tarea seriamente.

La experiencia, exitosa, de esta semana con el proceso de validación puede ser un inicio importante de esta nueva relación, donde ambos salimos fortalecidos, unidos, con logros compartidos y propósitos comunes.

 

 

Estrategias sobre el Revocatorio (y II): La Oposición

La semana pasada comenté la estrategia del Gobierno en cuanto al Referendo Revocatorio (RR), en esta oportunidad lo haré acerca de la estrategia de la oposición, cuya finalidad se centra en la realización del RR en el 2016, con dos estrategias fundamentales, que no dejan de tener sus riesgos y dificultades.

Una estrategia, la de Primero Justicia y Henrique Capriles (HCR), a la que se sumó recientemente Voluntad Popular y Leopoldo López (LL): la movilización ciudadana para presionar al CNE y al Gobierno para que el RR se realice este año. La insistencia en el referendo ha sido el caballo sobre el que se montó HCR, a quien habiendo sido derrotado en el último proceso electoral presidencial, se le criticó  –por parte de un sector de la población–  el no haber disputado con más firmeza lo que muchos asumieron como un fraude electoral que llevó a la presidencia a Nicolás Maduro. En cuanto a Voluntad Popular y LL, la estrategia de la movilización popular para alcanzar la salida de Nicolás Maduro es algo que vienen planteando desde hace tiempo y que costó la libertad a LL. Creo que la libertad de LL está más cerca y es más segura siguiendo la ruta del RR que ahora propone la oposición y HCR, que esperando alguna “concesión misericordiosa” o una ley de amnistía que será siempre vetada por los esbirros judiciales del Gobierno.

No cabe duda que hasta ahora la “apuesta” de HCR ha sido exitosa y lo ha catapultado nuevamente, como el líder de la oposición, hacia la candidatura presidencial, que es la innegable conclusión o consecuencia del RR. A su liderazgo han tenido que plegarse todos los demás, especialmente después de la exitosísima recolección de firmas para iniciar el proceso revocatorio. Pero HCR sabe que si esa faena no se corona con el resultado final, la realización del RR en este año, todo se puede venir abajo nuevamente, con buena parte de la esperanza del país y la posibilidad de detener y revertir el acelerado y devastador proceso de destrucción económica, social y de inseguridad.

Paralela a ésta viene corriendo otra estrategia, encabezada por Henry Ramos Allup (HRA) que –a mi modo de ver– también persigue realizar el RR pero que enfatiza lograrlo tras un proceso de “dialogo” con el Gobierno, mediado por algunos factores internacionales: la intervención de la OEA, los buenos oficios de la Santa Sede, la mediación de Samper-Unasur o un grupo de ex presidentes hispanoamericanos (Rodríguez Zapatero, Fernández y Torrijos), algunos de los cuales tienen su propia y oportunista agenda, que en buena medida le hace el juego a la estrategia gubernamental. No sé si la candidatura presidencial sea algo a lo que también aspire Ramos Allup, –no tendría nada de raro y es lo natural de un político–, pero no cabe duda que puede ser el resultado de este proceso si se logra el “dialogo” planteado.

Si bien ambas estrategias persiguen la misma finalidad, para los objetivos políticos de cada uno, qué duda cabe que no es lo mismo llegar al RR 2016 por la “presión” de movilización ciudadana que propone HCR, que tras el “dialogo” que propone HRA. El liderazgo y el líder que de allí surja serán muy diferentes.

No obstante, debemos reconocer que HRA se ha plegado a la estrategia de la presión y actividades de movilización que plantea la estrategia de HCR para lograr que se dé este año el RR.

Hay otro elemento importante, que es común en ambas estrategias opositoras: la internacionalización del tema. HCR lo hace visitando países latinoamericanos, en donde ha sido recibido por las más altas instancias gubernamentales; mientras HRA se ha concentrado en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA).

No cabe duda que el tema “la situación en Venezuela” ocupa ya la atención de muchos países, dentro y fuera de la región; cuan eficaz sea esto para resolver la situación interna es algo dudable, pero lo que no se duda es que el aislamiento del Gobierno de Nicolás Maduro es cada día mayor y para un régimen que dio importancia a la credibilidad de sus procesos electorales a nivel internacional, no deja de ser un problema que esa credibilidad este totalmente disuelta y resquebrajada.

Pero la disputa inocultable de ambas estrategias no deja de tener sus riesgos.

Las organizaciones políticas venezolanas y sus líderes no pueden olvidar que el RR es el centro de la unidad política venezolana y representa la salida constitucional, civil y democrática al oprobioso régimen de Nicolás Maduro, instalado por Hugo Chávez Frías hace 17 años.

Uno de los riesgos de exacerbarse las diferencias de estrategias en la oposición  –y no el menos importante– es la posibilidad de que la disputa lleve a un nuevo colapso divisionista, deje heridas difíciles de cerrar y una población desmoralizada, que a la larga ponga en peligro la posibilidad de ganar los procesos electorales que se avecinan: las elecciones de Gobernadores –de la que se continua sin hablar ni presionar– y la Elección Presidencial o el propio Referendo.

Es en estas situaciones límites es donde se nota el verdadero carácter de los líderes, en que sean  capaces de posponer sus propios objetivos personales a los de todo un país. A nadie se le perdonará que ponga en peligro la unidad de las fuerzas democráticas hasta el punto de que peligre la posibilidad de de salir de este régimen, por la vía electoral.

 

Estrategias sobre el Revocatorio: – El Gobierno

Las cartas están sobre la mesa y la mano esta descubierta; por lo tanto, nada de lo que voy a decir se puede considerar una infidencia, pues aparte de que no tengo ninguna fuente de información confidencial, todo procede de información que es pública, en medios de comunicación y redes sociales. Se trata simplemente del análisis de alguien que observa lo que ocurre en el mundo de la política y que lo observa con preocupación, dado que lo que está en juego es la posibilidad de sumir al país en más caos y violencia.

A toda costa y a cualquier precio la estrategia del Gobierno es evitar el Referendo Revocatorio (RR), de ser posible de manera definitiva y en todo caso, como mal menor, que se realice en el 2017; de esa manera lograrían su objetivo de mantenerse en el poder. La finalidad del Gobierno es solamente esa, por lo que lo de la libertad de los presos políticos u otras solicitudes de la oposición, son cosas secundarias y negociables; el poder, no.

Pero no se trata de que quieran permanecer en el poder para gobernar y resolver los problemas del país, pues  no hacen nada útil o valido en esa dirección. Lo “valioso”, vital e importante para ellos es conservar el poder “como sea” por todo lo que este representa de acceso a recursos, control y disposición de los mismos. Para ello ganan tiempo, retrasan, posponen, confunden, amenazan, enredan, se hacen los locos, porque cada día demorado los acerca más a su “mal menor”, que el RR sea en el 2017, lo que les permitiría conservar el poder hasta el 2019, esperando que se produzca un milagro electoral, previo milagro de incremento de los precios del petróleo.

Pero cada vez se les hace más difícil lograr este objetivo, porque aparte de que son un gobierno malo, ineficaz y poco productivo y de estar corroídos por el morbo de la corrupción, tampoco cuentan con los recursos económicos que en el pasado tuvieron en abundancia para, mediante medidas populistas, sostener esa “corte de milagros” que los ha mantenido en el poder hasta ahora.

Por lo tanto solo les quedan las medidas más deleznables, pero aun eficaces; primero, el abuso de poder utilizando el TSJ para amañar la Constitución y las leyes y el dócil y cómplice CNE, para retrasar con todo tipo de triquiñuelas y violaciones de la Constitución y la legislación respectiva, los plazos para reconocer firmas y poner en marcha el proceso revocatorio; y como segundo recurso, la represión a través de los cuerpos militares y policiales, la violencia de sus colectivos y los tribunales para sembrar el miedo y la desesperanza en la población e inhibir la participación ciudadana que los adversa. Nada de extraño tiene que presenciemos una nueva arremetida de apresamiento de opositores, con juicios y condenas amañadas como las que ya hemos visto en años recientes.

Hay sin embargo un factor que se les escapa de las manos: el fantasma del hambre y la mengua, que cada día penetra más a una población sometida a la escasez de alimentos y medicinas más cruel y grave que haya tenido Venezuela en toda su historia. Parecemos un país en guerra: sin agua, luz, ni servicios básicos eficientes, largas colas de la población en busca de alimentos, gente deambulando en busca de medicinas y asistencia médica y decenas de muertos en las morgues los fines de semana, producto de la violencia del hampa y el ajuste de cuentas entre hampones. En cualquier momento estalla el polvorín sobre el que estamos, arrasando lo que encuentre. Ese es el precio que se puede pagar por la negativa del Gobierno de reconocer lo que está a la vista de todos y que ellos son los únicos que no reconocen y sin que se esté tomando ninguna medida seria para remediarlo.

De realizarse este año el RR, junto con la salida de Nicolás Maduro, se precipita en un mes un proceso electoral para elegir un nuevo Presidente, que significa un cambio de Gobierno, un cambio de sistema económico, el fin del régimen en definitiva. De allí la explicable resistencia del Gobierno actual. Para ellos es todo o nada, no hay un mañana después del RR, si éste se realiza en 2016, algunos de los jerarcas del régimen no tendrán siquiera a donde ir, no hay muchos países que estén ansiosos en recibirlos como exilados.

Pero esa estrategia de impedir la realización del RR tiene un riesgo considerable; no olvidemos que la legitimidad del régimen instaurado en 1999 por Hugo Chávez se sustentaba en procesos electorales. Negando la realización del RR, solo quedara la “desnudez del rey”: sostener el Gobierno por la fuerza de la represión, que es lo que estamos viviendo. Delante de la Policía Nacional y la Guardia Nacional Bolivariana, manifestantes, periodistas, dirigentes y diputados opositores son asaltados, agredidos y robados por simpatizantes del Gobierno, sin que las “fuerzas del orden” mencionadas hagan algo para impedirlo, antes bien, en algunos casos –que están debida y ampliamente documentados– cooperan con los agresores.

Hay otro riesgo o consecuencia adicional y es que lo que está ocurriendo en el país, la ola de represión del régimen contra manifestantes que piden un derecho constitucional, las largas colas de gente buscando comida y medicinas, lo que ya muchos califican como crisis humanitaria, ocurre a la vista de la comunidad internacional, que en otras ocasiones era benévola o se hacía la vista gorda con lo que ocurría en el país.

Muchos de esos miembros de la “comunidad internacional” aprovecharon por años la petrochequera venezolana que “el gobierno chavista y revolucionario” dispensaba generosamente en el exterior, en algunos casos “financiando” o regalando el petróleo; en otros financiando la construcción de obras en el exterior, a expensas de lo que esas obras se necesitaban en el país; en otros casos realizando “ventas o contratos de obras” con sobreprecios y jugosas comisiones; y en otros casos propiciando la instauración de regímenes similares en otros países, fondeando organizaciones políticas, satélites o similares.

Pero ya el “rey está desnudo” y si bien la solución a los problemas del país no vendrá del exterior, es importante que allí se sepa y se reconozca lo que de verdad ocurre en Venezuela con el oprobioso régimen que instaló en el país Hugo Chávez Frías y que hoy continúa Nicolás Maduro

Nuevo Pacto, Políticos y Sociedad Civil

Un grupo de ONG’s, dedicadas fundamentalmente a la actividad política, dio a conocer un documento (El país no aguanta más) en el cual, entre otros puntos, apoya a los partidos congregados en la MUD, ofrece su apoyo a los mismos en el proceso de lograr el Referendo Revocatorio y la vía electoral para apoyar al pueblo para salir de la crítica situación que nos agobia y el actual Gobierno, insta que se trabaje por la realización de las elecciones regionales o de Gobernadores que están pendientes y solicita a los partidos que la selección de sus candidatos se haga mediante elecciones primarias.

La aparición de este documento me lleva a plantear un tema pendiente –además ante la grave crisis institucional que vivimos– como es la necesidad de desarrollar, o mejor dicho, oficializar, un nuevo pacto entre sociedad civil y partidos políticos.

El ciudadano ya no puede dejar la calle; tampoco puede pretender disputar con sus organizaciones civiles, sus ONG’s, el ámbito propio de los partidos, que es la lucha por el poder. Pero estos tampoco pueden negar al ciudadano su espacio natural.

Fue la sociedad civil la que en los primeros años de este régimen se enfrentó a los desmanes del Gobierno, mientras los partidos y los sindicatos se recuperaban. Desconocer esto, es darle la espalda a un hecho sociológico y político de primera magnitud.

La sociedad civil, protagonista ahora de su propio papel no puede equivocarse en los pasos subsiguientes. Debe estar consciente de sus propias limitaciones; sus organizaciones, que por diseño son pequeñas, no de masas, y no están concebidas para disputar el poder, ni electoralmente ni por otra vía, tienen que fortalecerse, por sus propios medios económicos, sin contar con recursos del estado o del Gobierno, para crecer independientes y sin lastres.

Los sindicatos deben terminar de cortar también su cordón umbilical con los partidos que les dieron origen muchos años atrás, para que sean capaces de responder a los intereses de los trabajadores, sin la mediación o mediatización del partido que ocupe el Gobierno, habida cuenta que es el Estado el principal empleador en Venezuela.

Las organizaciones empresariales también deben deslastrarse de las prebendas y subsidios del Estado que les pudieran quedar, para que su voz y opinión suene más fuerte en el ámbito económico, sin hipotecas frente al Gobierno. Y así pudiéramos ir, una tras otra enumerando las esferas de la sociedad civil en donde se impone una acción independiente de tutelas estatales.

Pero este análisis del nuevo pacto social no puede concluir sin una referencia a lo que será la situación general del país, de sus ciudadanos, de su pueblo. Cuando salgamos de este infausto régimen habrá que reconstruir el país y corregir todos los desmanes cometidos en estos 17 años. Esa tarea ya no podrá ser solo de los partidos. Tampoco podrá ser excluyente; la desaparición de Hugo Chávez, como estamos viendo, no es la desaparición del chavismo ni de las cosas que le dieron origen; quedará reducido probablemente a un 10 ó 15% de la población, que también tiene derecho a expresarse y a ser tomada en cuenta en sus aspiraciones para construir el país que queremos y que es de todos. A un sector del país que ellos pudieran representar en parte, no se le puede postergar y arrinconar sin conocer su opinión, sin tomarlos en cuenta, como se hizo durante buena parte de los 40 años precedentes. Ignorar esto es dejar incubándose el germen de una nueva experiencia como la que ahora estamos viviendo.

Más allá de las políticas y de las medidas concretas de carácter económico y social, para mí se tiene que partir de la base de una valoración ética de esa política y sobre todo del ser humano; en eso nos debemos diferenciar de lo que han sido los políticos y líderes tradicionales. El nuevo pacto político del que hemos hablado, no se circunscribe solo a un acuerdo entre diversos actores sociales, los denominados políticos y los integrantes de la denominada sociedad civil. La probabilidad de que emerjan mejores instituciones, que es una tarea política y urgente,  será mayor si quienes las empujan y buscan un consenso político para ellas, lo hacen desde una mejor posición ética, como aconsejara Fernando Savater hace ya varios años, en una conferencia recogida después en un folleto. (Fernando Savater: Ética, Política y Ciudadanía. Grijalbo. 1998)

Se trata de impregnar toda la política y la actuación pública de un contenido ético, pues hay principios que van más allá de lo político, que lo trascienden.

Ese nuevo pacto político parte entonces, del concepto que tengamos de la persona humana, tema que se ha discutido muchas veces, pero que vale la pena recordarlo. La persona debe estar en el centro del problema, por encima del Estado y la consideración de que sociedad es una sociedad de personas en primera y última instancia, con reglas aceptadas, pero de personas. Siguiendo o inspirados en Savater –a quien me permito resumir libremente, con relación al respeto a la persona– partimos de tres principios fundamentales, que son la base de los derechos humanos:

  • En primer lugar, la idea de la inviolabilidad del ser humano; el concepto de que no podemos sacrificar su individualidad a un objetivo colectivo; que no podemos sacrificar a una generación, o un grupo, por el bienestar de otro.
  • En segundo lugar, el valor intrínseco que tienen los objetivos de una persona, sus planes, sus ideales, formas de vida, en concepciones estéticas, formas de ver el desarrollo, aun cuando existan normas colectivamente aceptadas, estas no deben afectar esa autonomía personal.
  • Y en tercer término, la dignidad de la persona y el derecho a que se le trate de acuerdo con sus acciones concretas, no por el color de su piel, su raza, su etnia, sus gustos, sino de acuerdo a sus meritos concretos en la sociedad en la cual se desempeña, su condición fundamental como ser humano, aunque se trate de un delincuente, de un criminal. El racismo, la ddiscriminación por sexos, por clases sociales o condiciones económicas, por conocimientos o acceso a cultura, por sus modales o su valoración estética, están reñidos con estos conceptos que hemos resumido.

Establecidos estos puntos –éticos– fundamentales, debemos plantearnos otros problemas: ¿Cómo hacemos para que nuestro mensaje le llegue a las grandes mayorías del país? ¿Cómo hacemos para que el pueblo entienda que nuestro mensaje es el suyo y que el desarrollo capitalista que queremos para el país, es lo mejor para él, y no solo para nosotros? ¿Cómo hacemos para que los habitantes de cualquier barrio del país entiendan nuestro planteamiento, sin demagogias, sin disfrazarnos o despojarnos de lo que somos para ir simplemente a buscar su voto? Ese es nuestro verdadero reto.

Para ello es preciso construir organizaciones modernas, populares, policlasistas, que tomen al individuo en su medio y lo mantengan allí y que se plantee claramente la toma del poder sobre la base de un programa explícito y un compromiso personal y colectivo con ese programa. Es una actividad política, sin duda, que algunos desarrollarán desde los partidos, otros desde la sociedad civil y otros sumando su esfuerzo de manera individual.

¿Cuál programa? Ya lo hemos dicho otras veces; el programa que se defina de común acuerdo y cuyas metas globales ya han sido planteadas en muchas oportunidades, en diferentes campañas electorales y fuera de campañas electorales.

El problema sigue siendo cómo hacemos que llegue a todos los venezolanos y como lo convertimos en un “proyecto compartido de país” y en ideales de lucha común. Para esta pregunta no hay respuestas fáciles, pero lo que sí es seguro es que no puede construirse desde una posición que pueda ser confundida o descalificada como una posición elitista.

@Ismael_Perez