Tareas Actuales

A pesar de la grave crisis que confrontamos, de la hiperinflación, el desabastecimiento, la inseguridad, los racionamientos de agua y luz, hay tareas que no se pueden soslayar o dejar de lado pues son también imprescindibles para el futuro. Los problemas actuales mencionados hay que atacarlos con propuestas concretas y en este momento, con un claro programa de “agitación”. Pero no se debe dejar de lado la reflexión acerca de tareas que son urgentes para un futuro, que se nos hará presente muy pronto.

Las marchas de principio del siglo XXI, los cacerolazos, las manifestaciones, las protestas cívicas y originales abrieron una brecha en estos monolíticos 17 años. Eso no iba a “tumbar” al gobierno y mucho menos, como dijo un cronista: “Una oposición inspirada en la Madre Teresa, que pide a los manifestantes respetar las luces de los semáforos…” (Fausto Maso, El Nacional 16/03/2002. Pag. D2),  es cierto, pero tampoco trancando las calles y el tráfico, años después, se logró mucho en cuanto a acorralar al Gobierno de manera definitiva.

La famosa “calle”, por buena parte del país, no se convirtió en la “agitación política” que sus proponentes pensaban, ni puso a dudar las instituciones chavistas (antigua AN, TSJ, Fiscalía, etc.), acerca de que a lo mejor había llegado el momento de “saltar la talanquera” o ser permeables a una salida de la situación del momento. Si lo que de verdad se quería era una salida institucional, lo ocurrido no pudo convertirse en eso porque, reconozcámoslo, no había ninguna organización política detrás, con credibilidad, con un programa de largo plazo y con un planteamiento de futuro bien definido.

La sociedad civil a principios de siglo hizo el trabajo de desgaste, de resistencia, mostró la posibilidad, pero por diseño organizacional, no está para la tarea final, eso le corresponde a los partidos políticos; pero por lo que se ve varios de ellos, afortunadamente no todos, aun están en un proceso interno de reestructuración. No sería tolerable que de allí surgiera una especie de renovación “lampedusiana”: “cambiar” para que todo quede igual, mostrando los mismos rostros, las mismas conductas y las mismas ideas negándose así a ser participantes activos del inminente protagonismo que les corresponde en el proceso de transformación de la sociedad venezolana.

Debemos concluir que aunque la solución esté más próxima, el proceso está en pleno desarrollo y la salida del régimen no se va a producir por buenos deseos, por aburrimiento, por resultados de encuestas o por magia. El deterioro de la situación económica que sufrimos y que se irá agravando nos aproximara a las condiciones para la salida de Maduro de la Presidencia, a través del Referendo Revocatorio, como condición sine qua non para salir de la crisis. Pero esa salida hay que trabajarla políticamente y sobre todo preparar lo que vendrá después.

En ese sentido creo que son tres los frentes que debemos acometer simultáneamente: la sociedad civil, los partidos políticos y las relaciones externas. Quiero dedicarme a examinar el primero de ellos, en el que estoy involucrado.

La sociedad civil (SC) debe continuar su labor de zapa; pero midiéndose en áreas en donde pueda obtener un mayor consenso y apoyo, éxitos y resultados, con metas medibles y continuar sin desmayo en la tarea cotidiana de denuncia, vigilancia y agitación, sin descuidar sus propias actividades, que son las que le dan aval a su actuación ante la población. Olvidarse de eso es olvidar la lección que recibimos hace ya varios años, cuando la elección de la Asamblea Constituyente, que se derrumbó el mito de la sociedad civil, o de las ONG y su supuesta capacidad de movilización política y electoral.

Somos buenos y eficientes en las cosas que hacemos por la comunidad, como Sociedad Civil, o como ONGs, pero eso no es trasladable a la acción política, y si no fue convertible en organización para la movilización electoral y para obtener votos,  mucho menos lo será para enfrentar Gobiernos.

Para la acción cotidiana, la ventaja de la sociedad civil es que es más manejable que un partido, puede actuar con menos recursos, no saca al individuo de sus medio sino que utiliza su talento allí donde lo tiene y puede ser más útil; ofrece mayor variedad de opciones a los ciudadanos y esta más dispuesta a actuar con el tiempo que cada cual pueda aportar o está dispuesto a aportar.

En este momento la SC debe asumir:

1) una tarea de férrea denuncia de la actuación los poderes del Estado que están haciendo nulo el derecho al voto de los venezolanos y están anulando la institución que constitucionalmente es la representación del pueblo, la Asamblea Nacional.

Es decir, las organizaciones de la SC y los ciudadanos debemos volcarnos a denunciar –con nombre y apellido de sus integrantes– la tarea obstruccionista del CNE con relación al referendo revocatorio y la tarea inconstitucional del ilegitimo TSJ en contra de la AN y los derechos sociales, políticos y económicos de los venezolanos, al obstruir todas las leyes que se aprueban por dicha Asamblea

2) En esa tarea cotidiana la SC debe ayudar a que se produzca el salto de conciencia de que salir de un régimen como el actual, con todos sus poderes cómplices y vasallos, es una tarea política y es preciso politizar al ciudadano para que no deje ese terreno solo en manos de los políticos, como si no fuera una parte esencial de su vida, sobre la que debe tener las riendas y ejercer control. Por eso creo que su papel, dado que no tiene el impulso o el deseo del “poder” político para ejercerlo de manera personal, es participar activamente en la denuncia y estar debidamente preparada y entrenada para lo que vendrá después, cuando se ejerza el poder de manera democrática.

3) He dicho en otros momentos que la tarea política de la SC es también ayudar a fortalecer partidos y sindicatos y ayudar a evitar que, en el nuevo Gobierno, retrocedan a situaciones de inamovilidad política como las que tuvimos en los periodos anteriores. Por eso hablé también de la necesidad de un nuevo pacto político y social –al que me referiré en los próximos días– para salir de esta situación, pero para evitar también retrocesos que nos conduzcan de nuevo al punto en que nos encontramos ahora.

Debemos estar conscientes de que si el salto modernizador hacia la plena democratización se produce por el auge de la sociedad civil, seriamos el único caso en la historia de la humanidad. No se descarta, pero creo que la modernización de la democracia pasa más bien por el auge de las organizaciones políticas y el fortalecimiento de las instituciones. Es el liderazgo político lo que produce ese salto modernizador y a eso debemos ayudar.

 

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La Oposición Venezolana y la Unidad

La situación del país se aproxima a un desenlace y cobra entonces importancia el tema de la democracia interna y la unidad de la oposición política al actual régimen, llamada a sustituirlo.

No podemos desconocer el ambiente de violencia y tensión que se vive en el país desde hace más de tres lustros; pero tampoco olvidemos que Venezuela tuvo entre 1958 y 1998, durante 40 años, la democracia más antigua de América Latina.

Esa democracia, con errores y aciertos, cercada y amenazada por la corrupción, como cualquier democracia en el mundo, desarrolló partidos políticos modernos, sindicatos, gremios y cámaras empresariales, organizaciones profesionales, empresas públicas de magnitud internacional (PDVSA); incrementó el nivel de vida general de la población con una gran movilidad social que se mantuvo durante más de 25 años; cuadruplicó el nivel educativo del país, lo llenó de universidades, institutos tecnológicos y de investigación, de centros de educación media y diversificada, formando un recurso humano de primera calidad de profesionales, especialistas y artesanos; construyó hospitales y centros de salud, empresas, redes viales a nivel nacional, represas, redes de distribución eléctrica, electrificó al país, lo lleno de vías de penetración agrícolas, modernos medios de telecomunicación, etc. Es decir, impulsó el desarrollo económico y social del país, que nos llevó a la modernidad, brindando oportunidades de progreso a la gran mayoría de venezolanos.

Democracia que sobrevivió a varias divisiones de sus partidos políticos más importantes, a la lucha armada y subversiva de los años sesenta del pasado siglo, a la riqueza petrolera y caídas súbitas del ingreso con grandes casos de corrupción, a dos intentos de golpe de estado en 1992 del difunto Chávez Frías –quien fue después Presidente “Constitucional” y sobrevivió también a un intento por deponerlo a él mismo–; al tránsito de gobierno, varias veces, de un partido político a otro y de partidos políticos a gobernantes sin partidos bien establecidos, a la diatriba pública a través de los medios de comunicación de más de 20 años en contra de sus instituciones democráticas y de sus partidos y dirigentes. Al enjuiciamiento y deposición de un Presidente en ejercicio.

Más importante aún, rescoldos de esa democracia están sobreviviendo y son la reserva civil y civilizada al proceso de predica de violencia y odio de clases al que nos ha sometido el régimen instaurado en 1999, a sus intentos de desmantelamiento sistemático de las instituciones laboriosamente construidas; a sus intentos totalitarios por apoderarse de todos los poderes públicos y el haberlo logrado en alguna medida; a sus intentos por destruir los partidos democráticos sin ser capaz de crear uno propio, que se pueda considerar tal; a sus intentos por destruir la organización sindical del país sin proponer una alternativa coherente; a sus erradas políticas económicas que pretendiendo ser en nombre de los pobres y a pesar de haber gastado 1.000 billones de dólares, ha incrementado la pobreza, el desempleo, el subempleo y la economía informal, la inflación, ha debilitado exponencialmente el bolívar frente al dólar; y a pesar de una prédica “moralista” no ha sido capaz de enjuiciar por corrupción a nadie, por el contrario, cada día se conocen más casos de corrupción y de desvío de fondos públicos en su propio Gobierno.

La oposición venezolana durante estos 17 años se ha enfrentado a las consecuencias de los veinte años anteriores de prédica inmisericorde en contra de las instituciones democráticas y a dos presidentes, los dos últimos, que disponiendo de todos los recursos del Estado han concentrado el poder político más grande que ningún Presidente electo democráticamente haya tenido en Venezuela.

Hugo Chávez Frías fue electo en un proceso electoral, desarrollado por una democracia y una institucionalidad que él no ayudó a construir sino que intentó destruir, primero como conspirador y golpista en 1992 y luego como Presidente en ejercicio desde 1999 hasta su fallecimiento. No solo fue ineficaz como gobernante, también fue incapaz de construir una opción política que perdurara después de él.

Los partidos políticos que lo apoyaron –y apoyan al actual Gobierno– han sido incapaces de articularse como partidos verdaderamente democráticos, hasta el punto de que el principal, el PSUV, no se le conoce ningún proceso electoral interno verdaderamente democrático y sí reclamos de sus propios militantes y ex militantes quienes se han quejado, incluso en tribunales, de que no se respetan las efímeras reglas internas de selección de candidatos. Como alternativa, el Gobierno, con recursos del Estado, de manera ilegal e inconstitucional, ha desarrollado diversos grupos de choque, algunos de los cuales están acusados de ejercer la violencia contra los estudiantes, manifestantes, periodistas, medios de comunicación y los opositores en general.

En medio de este cuadro tan irregular y accidentado, se pretende que la oposición democrática, compuesta por social demócratas, demócrata cristianos, socialistas, liberales, conservadores, ciudadanos organizados e independientes, sindicalistas, empresarios, etc. olviden sus ideologías, intereses y diferencias naturales y se presenten al país como un partido único, un bloque unido y sin fisuras.

Precisamente durante estos 17 años hemos luchado por la libertad y la democracia, contra los intentos totalitarios y el socialismo trasnochado del Presidente anterior y el actual y sus pretensiones hegemónicas de control y poder. Contra sus intentos de someter a todos al mismo patrón y contra sus intentos de dominar todos los poderes públicos y eliminar el natural y democrático balance entre ellos.

La vilipendiada oposición democrática, sobreponiéndose a los errores cometidos, en mi opinión, ha logrado varios acuerdos importantes que ha anunciado al país y entre ellos tres que constituyen la base de su unidad:

  • la imperiosa necesidad de salir cuanto antes de este oprobioso Gobierno
  • la necesidad de hacerlo por mecanismos constitucionales, democráticos y electorales, aun respetando una Constitución hecha a la medida del actual régimen y que es el primero en violarla
  • la necesidad de recortar el mandato presidencial y evitar la reelección indefinida para evitar que un individuo como el actual Presidente, con escaso soporte popular, verificado en todas las encuestas y en la calle, pueda asaltar de nuevo el Estado y eternizarse en el poder

Aspirar a una “uniformidad” opositora, conservando las debidas distancias y diferencias, es como pedir que Demócratas y Republicanos se hubieran unido en los Estados Unidos para presentar un único candidato a los electores norteamericanos después de la defenestración de Richard Nixon. O como si se le hubiera pedido a los partidos españoles que presentaran un único candidato a los electores para reemplazar a Felipe González, después del desgaste de catorce años en el Gobierno y sumido en acusaciones de corrupción. O como si se hubiera pretendido que en pro de la unidad nacional y el proceso de paz, se hubiera pedido a los partidos colombianos que siguieran presentando un único candidato en los comicios electorales, después de 40 años de democracia.

Esa es la democracia. Diversidad de opciones, que el elector pueda escoger en procesos internos, al menos por ahora, entre alternativas contrapuestas y contradictorias y que aprendamos a dirimir y negociar diferencias y a ponernos de acuerdo para superarlas y presentar opciones únicas al país, pero partiendo de la base de que las diferencias existen y de que están allí y que sus voceros no son todo lo idóneos o ajustados a nuestros esquemas mentales.

Quizás lo que hay que revisar son los “esquemas mentales” no democráticos o totalitarios de los que tienen pretensiones “unitarias o uniformizantes”, si vale la expresión y pretenden una oposición con una sola consigna, una sola ideología y propuesta política y filosófica.

@Ismael_Perez

 

 

Exagerar, Esa es el Arma

 

El titulo era una de las frases que, como “grafiti”,  decoraba una de las paredes cercanas a la estación del Metro Parisino de Censier Daubenton, en aquel mayo de 1968 en el cual se llenaron las paredes de la vetusta Europa con altisonantes y, en aquel entonces, románticas consignas: “Tomen sus deseos por realidades”, “Sean realistas: pidan lo imposible” y la mejor de todas: “La imaginación toma el poder”.

Consignas de una época, que comenzó a morir cuando los tanques soviéticos invadieron Praga y Daniel Cohn Bendit, o Dany el Rojo –doblemente rojo por pelirrojo y comunista– se convirtió en uno de esos burgueses parlamentarios con cuyas tripas los estudiantes de la Sorbona querían colgar a los burócratas y que fundó y promovió por toda Europa el Partido de los Verdes. Lejos estamos de ese “mayo francés”, aun cuando Ramonet defienda esta revolución, esta especie de maoísmo tropical sin revolución cultural, desde la comodidad de un café parisino.

Como quiera que sea, las revoluciones obran “milagros”. Solo que esta, como es de un marxismo ramplón y vergonzante, no regresa al “mayo francés”; la nota parece más “bíblica”, nuestras exageraciones, deseos, imposibilidades e imaginaciones se tiñen de pretendidos “milagros” que nos anuncian por radio y TV, pero sin multiplicación de panes y peces. Sincretismos de la época, para delicia de un Roger Garaudy.

“Exagerar, esa es el arma…”, toda esta revolución ha sido una exageración y no podíamos esperar que fuera a concluir de otra manera.

Por ejemplo, hoy podemos hablar y desmitificar uno de los temas álgidos, el de los resultados electorales, sin que nadie se escandalice; este tema: los resultados electorales y la popularidad de Chávez Frías, fue siempre tabú, algo que siempre se dio por sentado y en realidad nunca se trato de la manera adecuada. Por alguna misteriosa razón, nunca, hasta ahora, habíamos querido confrontarnos con estas cifras.

Los resultados electorales de Chávez Frías, en cifras, nunca fueron muy espectaculares, pero si engañosos. Exagerados por él y sus acólitos. Más aun, todos sus adversarios electorales se empeñaron en verlos a través del cristal de sus propias frustraciones políticas. Pero en realidad, el Presidente Chávez siempre estuvo entre el 35 y el 40% del total de votos posibles. Para ser más precisos, el 38,69% en promedio en los cuatro procesos electorales en los que participó como candidato presidencial. Lo que confunde es que la gran abstención que casi siempre lo acompañó, hacia que sus resultados lucieran espectaculares. Veamos detalles.

  • En 1998, Chávez Frías obtuvo 3.673.685 votos, cifra que vista por si sola luce como una enormidad, pero que representaba solo el 33,35% de un total de 11.013.020 votos posibles, con una abstención del 36,55%. Por supuesto, la cifra que siempre manejó el régimen fue que obtuvo el 56,20% de los votos, porque nunca toman en cuenta la abstención, esos venezolanos no existen.
  • En el año 2000, cuando fue ratificado, después de aprobada la nueva Constitución, obtuvo 3.757.773, apenas un 2% más que en 1998, de un total de 11.720.660 votos posibles, es decir, solo subió un 2% de un incremento del 6,42% del padrón electoral; dicho de otra manera, obtuvo el 32.06% del total del padrón electoral, en porcentaje es menos que en 1998 y con una abstención más alta, del 43,69%. Y una vez más, la cifra que manejó el régimen fue que Chávez Frías salió electo con el 59,76% de los votos, nuevamente descartan la abstención.
  • En el año 2006 obtuvo 7.309.080 de un total de 15.862.001 electores, es decir el 46,07% de los votos posibles, y vale decir que fue el porcentaje más alto de cualquier elección en la cual el candidato fuera Hugo Chávez Frías, sin embargo sus partidarios resaltan que la cifra fue del 62,84%, que fue el porcentaje con respecto a los votos emitidos.
  • En 2012, última “batalla electoral” de Hugo Chávez Frías, obtuvo 8.191.132 votos, que representó el 43,3% de los votos posibles, que fueron 18.903.937; en la que deben destacarse dos hechos, primero que también fue la elección con la abstención más baja desde 1998 (19,51%) y segundo que su principal oponente, Henrique Capriles R. obtuvo 6.591.304 votos, es decir, el 44,31%. ¿Quién fue el que hizo que bajara la abstención, Chávez Frías o Henrique Capriles? He ahí una pregunta interesante.
  • Y finalmente, el 2013, la última contienda electoral presidencial, donde el abanderado oficial ya no fue Hugo Chávez Frías, sino Nicolás Maduro y que apenas obtuvo 1,49% más votos que su principal oponente, Henrique Capriles R. Nicolás Maduro obtuvo en esta oportunidad el 40,13% de los votos posibles, perdiendo más de 600 mil votos con respecto a Hugo Chávez en 2012 y siendo la abstención el 20,32%.

Estas cifras, hábilmente manejadas, contaron además con la desmoralización y confusión de sus adversarios; con la desorganización y falta de renovación, líderes e ideas de los partidos políticos opositores; con la indiferencia de la sociedad civil y con la apatía política de la clase media, media alta y profesional.

Pero una vez que este régimen asumió el poder y se fue sintiendo el descalabro económico, el incremento de la corrupción, las tendencias totalitarias y autoritarias de su Gobierno, se ha ido produciendo el cambio de actitud de la población. No solo de aquellos que lo apoyaron y que algunos, o muchos, aun apoyan, sino de todos los demás sectores de la sociedad.

El Gobierno Chavista-Madurista ha sabido, mediante la demagogia y el populismo, mantener a su alrededor una “corte de los milagros”, exacerbando el espíritu de pedigüeños en los venezolanos e incrementando la mentalidad de buhoneros, hoy bachaqueros, sin ánimo de ofender a nadie; a la vez, el Régimen que dejó Chávez Frías también ha sabido “ganarse” la animadversión de una buena parte de la población más pobre del país, harta del desempleo, la inflación, el desabastecimiento y la escasez  y la inseguridad personal.

Se ha ganado también la animadversión de la clase media profesional, que ha visto deteriorase su nivel de vida de manera acelerada; del sector industrial, que ha tenido que cerrar la mitad de las empresas en estos 17 años; del sector comercial que han visto disminuir sus ventas a menos de la mitad; del sector petrolero, que ha contemplado como se destruye la mejor industria del país, que era una de las primeras del mundo; del sector obrero organizado, que ha visto deteriorarse su salarios y poder adquisitivo y desconocerse sus reivindicaciones gremiales y laborales, sin poder siquiera discutir sus contratos colectivos; y todo eso, sin contar con instituciones como: la Iglesia, los Medios de Comunicación, las Universidades, etc. a quienes se les ha desconocido y amenazado sus fueros y posición en la sociedad, por ese afán desmedido de control y destrucción social y de instituciones que tiene este Gobierno.

Al igual que ahora, exagerando situaciones y cifras, el Gobierno maneja el tema de la “guerra económica” y el imperialismo encarnado en el “decreto Obama” como si multitudes, millones de personas, que nadie vio en realidad, hubieran salido a la calle a apoyar sus locuras.

Igual pasó con la crisis de diciembre de 2002 y enero de 2003 –durante el paro cívico nacional, abandonado por sus organizadores para no destruir el país– que el Gobierno la manejó como un efecto “mediático” de la oposición golpista. Y así, ha manipulado y administrado ese tercio de la población que aun le sigue, muchos de ellos sin otra alternativa que esperar alguna prebenda que les mejore su situación económica y social.

Así vemos como la exageración, junto con la atemorización y la provocación, son armas que este Gobierno maneja con soltura.

Esperemos que la desesperación de ahora, cuando se encuentra con varios millones de firmas para iniciar su proceso de salida mediante un referendo, no conduzca al Gobierno a la agresión, como en abril de 2014, o a la irracionalidad de que es preferible que el país se destruya, como ocurrió en diciembre 2002 y enero del 2003, durante el paro cívico, antes que dejar el poder.

Alguien decía que en vez de olor a multitudes, se respira un fuerte olor a formol en el ambiente político venezolano. Parece que muere una quinta República, sin regreso a la cuarta. “Corre… el viejo mundo está detrás tuyo” (Muros de la Sorbona en 1968)

 

El Arte de la Provocación

Hasta ahora la oposición ha reaccionado bien, no cae en provocaciones; pero, se cansa la gente y ya algunos comienzan a ceder y dar respuesta. No se dan cuenta de que eso es lo que quiere el Gobierno. Que su finalidad es desesperarnos, desesperanzarnos y distraernos. Que por eso cada vez los argumentos son más descarados, burdos e increíbles. Y nos falta ver cosas. Calumnias, mejor dicho, más calumnias. Desprestigio a personas. Acusaciones infundadas. “Sembrar pruebas”. Persecución policial. Amenazas de expropiación. Ataques del “hampa común”, etc. Mentiras y más mentiras, repetidas.

Para mí todo esto, sin duda, no es más que el arte de la provocación. Algunos son maestros en ese arte. Les sale natural, son caraduras. Un cinismo que bordea lo sobrehumano, lo absurdo. Perfecta cara de póquer. No es para menos, se les va la vida en esto; han llegado al punto de no-retorno, no les queda más remedio que seguir avanzando llevándose por delante lo que sea y a cualquier precio, el “como sea” del que hace poco hablaba el Presidente Nicolás Maduro. Y siguen, con cara dura, sin ningún tipo de escrúpulo. ¿Cómo lo van a tener?, si muchos de ellos saben que salir del poder significa marcharse del país para no ir a parar a una cárcel por todos los delitos y desmanes cometidos.

Propaganda y agitación, dos armas de una misma lucha que manejan, magistralmente. Dos técnicas bien manejadas, de las cuales Plejanov decía: “un propagandista presenta muchas ideas a una o algunas personas; un agitador presenta sólo una o algunas ideas, pero las presenta a una masa de gente.” En esas técnicas Chávez Frías demostró ser un maestro; en las concentraciones y en los discursos, en inauguraciones, actos y cuarteles era agitador; en ¡Alo Presidente!, era propagandista.

Pero esta conducta no debe extrañarnos; esas palabras que te sonrojan de la rabia de solo oírlas, esos dicterios, tienen un doble papel. Van dirigidas, como dardos, contra la oposición, a ver si esta cae en la provocación y responde; pero también van dirigidas a su propia gente, que sufrió una tremenda derrota y frustración en las pasadas elecciones legislativas y acaban de ser testigos de una exitosísima recolección de firmas protagonizada de forma casi espontanea por varios millones de venezolanos que deseamos que se inicie el proceso de revocatoria del mandato del Presidente-legado, el que dejó el comandante eterno.

Sus seguidores necesitan un mensaje que focalice en otros su propia derrota y minimice las victorias y éxitos de la oposición democrática. Saben que lo que dicen sus líderes no es cierto, porque ellos lo vieron y lo vivieron. Pero a muchos no les importa que les mientan, se refugian en la mentira y se frustran y la gente frustrada parece disfrutar siendo embaucada y necesita odiar, porque el odio cuando se comparte con los demás, es uno de los sentimientos que más une y uno de los mejores disolventes de la depresión. Pero hay otros muchos, seguidores también del actual Gobierno y más numerosos que estos frustrados, que ya se cansaron del juego y que quieren resultados, quieren ver más allá de las promesas demagógicas y eso preocupa notablemente a los neo amos del valle. La desesperación comienza a notarse y la desesperación en política es mala consejera.

Paralelo a esta táctica, va otra, de la que ya hemos hablado. La atemorización, que se sobrepone a esta de la provocación y muchas veces se presentan juntas.

Provocación-atemorización son las amenazas y agresiones constantes a los diputados opositores en los alrededores de la Asamblea Nacional. Provocación-atemorización es la rueda de prensa de la Presidenta Lucena, con la amenaza implícita de manejar los lapsos y requisitos del referendo revocatorio a discreción. Provocación-atemorización son las palabras del Vicepresidente Isturiz señalando que “A Maduro no lo van a sacar ni con referéndum ni con nada”. Provocación-atemorización es Jorge Rodriguez señalando que “Es absolutamente imposible que haya un referendo este año”…y que…  “la oposición recogió por lo menos un millón menos de firmas que las anunciadas”, como si dos millones no fueran suficientes. Provocación-atemorización es el Diputado Cabello amenazando a los empleados públicos con despedir a los que firmen la solicitud del revocatorio y afirmando que “…los parlamentarios oficialistas interpondrán una demanda ante el Ministerio Público a diputados opositores por traición a la Patria”. Provocación-atemorización es que el Presidente de la República nombre una comisión gubernamental para examinar “una a una” las firmas entregadas por la oposición al CNE, recordando el infausto episodio de la Lista Tascón.

Provocación-atemorización es que el Gobierno, a través de sus acólitos del TSJ y el CNE le digan al país que la Constitución es una especie de plastilina, moldeable a su capricho e intereses; que pueden ser cambiadas y declaradas inconstitucionales cualquier ley que al Gobierno se le antoje, desde la del BCV, pasando por el Reglamento de Debates de la Asamblea, o la ley de Amnistía o decretando que la Asamblea Nacional no tiene determinadas facultades, que de suyo le pertenecen.

Provocación-atemorización fue el intento de golpiza a Jesús “Chuo” Torrealba, solo que no contaron con que el dirigente ni correría ni pondría la otra mejilla. Provocación-atemorización fue la agresión a Maria Corina en su visita al Hospital de la Universidad de Los Andes, pero no contaron con la respuesta “efectiva” de varias mujeres que dijeron que donde las dan las toman. Y así pudiéramos seguir, por páginas y páginas ilustrando ejemplos, pero creo que ya es suficiente para demostrar el punto.

El pueblo se canso del mismo discurso, de las mismas amenazas, de los mismos insultos, de que lo menosprecien. Cuando un pueblo está decidido a producir cambios, nada lo detiene, está dispuesto a emprender cualquier actividad que transforme su tragedia en éxito, a dejar atrás un pasado y un presente de oprobio para construir el futuro que anhela. Esa actividad empezó el 27 de abril con el protagonismo de varios millones de compatriotas que salimos a firmar de manera espontanea en la gesta más importante de este momento: el referendo revocatorio, una iniciativa exitosa.