Rompiendo el Cerco

No cabe duda que el Gobierno actual es un régimen neo comunista o neo totalitario, pero en el sentido clásico del término, comunista, hay muchas cosas en las que rompen el “molde” y no siguen el “modelo”, comenzando porque serian el primer caso exitoso de llegar al poder mediante métodos constitucionales y electorales –luego de un fracasado y cruento golpe de estado– si consideramos que el de Allende fue un experimento fallido.

Sin embargo, en donde sí siguen el modelo y son expertos es en mantenerse en el poder una vez conseguido, a través del control de la conciencia de los ciudadanos mediante la propaganda[i], el amedrentamiento y la represión por el uso de la fuerza física.

En efecto, el actual régimen es especialista en esa forma clásica, comunista, de mantener el poder mediante la propaganda, respaldada en la fuerza física y utilizando la más fuerte de las armas propagandísticas, según los expertos en la materia: la forma negativa de censura, impidiendo a la gente el acceso a la información, sometiendo a los medios de comunicación mediante amenazas, privándolos de papel, persiguiendo y reprimiendo a los periodistas y comunicadores. Ejerciendo una hegemonía informativa y comunicacional sobre los medios para su propaganda y a los que no controlan de manera directa, los obligan a “encadenarse”, cada vez que lo consideran necesario. El efecto es un temor generalizado y atiborramiento de engañosa propaganda oficial. Pero la resistencia, gracias a las redes sociales, no les ha permitido el control completo de la información, sobre todo la que procede o va al exterior.

La propaganda y atemorización se dan en un contexto de control de todos los  niveles y estamentos del Estado; primero de todos los poderes, obviamente el Poder Ejecutivo, que les permite además controlar los recursos económicos del país; el Poder Ciudadano (Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo) que se pliegan a defender el Gobierno o actuar contra sus enemigos, inhabilitando a unos, encarcelando a otros, etc.; el Poder Judicial, a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el control de prácticamente todos los jueces y de los cuerpos policiales del país; el Poder Electoral, a través de un CNE sumiso y complaciente con el régimen; y además, el control de la mayoría de las Gobernaciones y Alcaldías, el Seniat, PDVSA, el Banco Central, empresas del estado, etc.

Solo un poder, el Legislativo, a través de la Asamblea Nacional (AN) escapa a su control, pero mediante el TSJ lo quieren mantener maniatado y mediatizado, desconociendo todas las leyes y decisiones de la Asamblea, desconociendo el estado de derecho, en violación abierta a la Constitución Nacional.

Es difícil medirse y enfrentar a una suma de poder tan poderoso como el actual Gobierno de Venezuela. No es tarea fácil para la oposición, que además de estar sometida a todo tipo de ataques, controles y persecuciones desde el Gobierno, tiene sus propias ineficiencias y fisuras internas, comprensibles algunas de ellas. Eso ha hecho que en este momento los venezolanos y especialmente la oposición luzcan acorralados por el “cerco a la democracia” que ha tendido el Gobierno, que desconoce y anula con decisiones del TSJ, a la Asamblea Nacional y la eficacia del voto de los venezolanos.

Mediante un conjunto de orquestadas decisiones –una docena en total– de las salas Electoral y Constitucional del TSJ, el Poder Judicial, socava el estado de derecho y desafía a la AN. La última de las decisiones o interpretaciones del “máximo” Tribunal es la más insólita y descarada de todas, en donde desaparece todo disimulo y queda clara la intención del régimen de acabar con uno de los poderes del Estado. En efecto, sin que nadie lo solicitara y sin que la AN terminara de legislar en la materia, la Sala Constitucional del TSJ se “adelantó” e “interpretó” que cualquier enmienda a la Constitución que reduzca el periodo presidencial se aplicaría al próximo periodo constitucional y no al que está actualmente en curso.

Cree el Gobierno que con estas acciones de sus acólitos del TSJ le cierra el paso a los anhelos de cambio que las encuestas dicen que hay en el país y que quedó demostrado con los resultados electorales del pasado 6D y las inmensas colas para firmar solicitando se inicie el proceso revocatorio de Nicolás Maduro.

Si bien luce que la oposición se encuentra en un callejón, la resistencia continúa. El ciudadano común, con rabia e indignación enfrenta sus necesidades en colas interminables para conseguir comida y medicinas; luce pasivo, pero es una fuerza que está allí y puede resultar incontenible en cualquier momento. Grupos organizados de ciudadanos, ONGs, de la sociedad civil, los más politizados, se reagrupan y pronuncian contra el régimen (El País No Aguanta Más: http://unidadvenezuela.org/2016/04/chuo-torrealba-el-pais-no-aguanta-mas-opinion/ ) y los partidos políticos opositores, obviamente presionados por el deseo de cambio del país van resolviendo sus diferencias y comienzan nuevamente a presentar un solo frente.

Pero el “cerco a la democracia” que intenta tender el Gobierno, paradójicamente  parece estar ayudando a despejar algunas dudas. Por ejemplo, pocos dudan ya, tras la descarada actuación del TSJ y el CNE, que el camino del Referendo Revocatorio es el más sólido con el que cuenta el país para resolver esta situación política, entre otras cosas porque es el camino que claramente implica la movilización del pueblo y está claro, como quedo palmariamente demostrado esta semana, con miles de venezolanos haciendo cola para firmar en cada rincón del país, que la gente quiere votar, que la gente quiere revocar, para una salida pacífica y electoral de este oprobioso régimen. El pueblo como el agua, cuando lo cercan, siempre busca y encuentra su salida.

@Ismael_Perez

[i] Acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores. (RAE) Lo característico de la propaganda es que sigue un fin político y no comercial (J.M. Domenach)

La Tarea de los Partidos de oposición

Los partidos que conforman la MUD definieron hace poco más de un mes lo que denominaron la “Hoja de Ruta 2016”, es decir la vía o la formula según la cual vamos a salir de este oprobioso régimen. Todas las opciones fueron aceptadas: referendo revocatorio, enmienda constitucional, asamblea constituyente, renuncia del Presidente, etc. Es decir, el resultado fue una verdadera “ensalada”, aderezada con aquello de que esto no es un cuartel, que no importan las diferencias de opinión pues eso es lo propio de una democracia, que la discusión es algo que está en su ADN, que es parte del ejercicio democrático,  etc.

No está mal que se tengan diferencias. En efecto, es lo propio del juego democrático. Por lo tanto no debe sorprender ni preocupar las diferencias entre los partidos políticos que conforman la MUD. Después de todo, allí conviven socialistas, social demócratas, demócrata cristianos, liberales, conservadores, en fin, abarcan todo el espectro ideológico y político, desde la extrema derecha, hasta la extrema izquierda, pasando por todas las variedades de “centro”.

Lo que no está bien es que el Secretario General de la MUD tenga que confesar a la prensa que le preocupa “… el desencuentro que existe entre los cuatro principales partidos que conforman la MUD…” y que “…durante todo lo que va de 2016 –es decir, casi 4 meses– el referido G4 no ha funcionado como lo hizo el año pasado…” (Tal Cual 17/04/2016) Las hoy inocultables “desavenencias” entre los factores de oposición hicieron eclosión durante la elección del Presidente de la Asamblea Nacional y fueron más evidentes durante los primeros días de la gestión de Ramos Allup, con algunas erráticas idas y venidas en estrategias, tácticas y posiciones frente a diferentes problemas: la proclamación y desproclamación de diputados de Amazonas, el show con los cuadros del difunto Chávez Frías, las reacciones frente a las “inconstitucionalidades” del TSJ y sus decisiones, hasta con las diferentes posiciones frente al tema de las “planillas” del CNE para recoger las firmas del revocatorio, el cual pareciera que es un problema exclusivo de Primero Justicia y no un problema de todos los venezolanos, que por supuesto ese “todos” incluye a los partidos políticos.

Resulta penoso tener que referirse al tema y hasta preocupa el hacerlo, por aquello de “lavar los trapos” en casa y no descubrir el juego ante tus enemigos, pero es preciso dar unas campanadas de alerta.

Soy de los que cree que buena parte del despertar y la resistencia al régimen, durante los primeros años del mismo, le correspondió a diferentes actores de la Sociedad Civil (SC) o personalidades individuales que con sus opiniones, análisis y denuncias contribuyeron a elevar el nivel de conciencia de la población venezolana; pero también he afirmado que este es el momento de los partidos, que son los que pueden disputar el poder, que con propuestas concretas sobre el devenir y un claro programa de agitación en el presente, deben conducir el proceso al término de salir cuanto antes del Gobierno de Nicolás Maduro y llevarnos a un mejor futuro a todos los venezolanos.

Son aceptables las diferencias de opiniones, las discusiones internas, pero no es aceptable que durante casi tres meses haya habido una ausencia casi total frente a la opinión pública con relación a los graves problemas que vive el país. Las discusiones internas solo son aceptables si externamente se ve a cada uno de los partidos trabajando por lo que creen, llevando esas ideas a la discusión pública, denunciando los desmanes del régimen y proponiendo alternativas a un pueblo cansado y agotado por tanta penuria. No basta con la acción legislativa, eso es la tarea de los diputados y aunque ha sido productiva, aun lo puede ser más.

¿Dónde está el accionar de los partidos para llevar ante las grandes masas del país lo que se está haciendo en la Asamblea Nacional o a que se produzca el salto de conciencia que permita al hombre común de nuestro país relacionar sus penurias del desabastecimiento y la inseguridad con la ineficiencia del Gobierno? Eso depende de la acción política que desplieguen los partidos, a partir de proyectos y programa concretos, explícitos  y compartidos, de modificación y transformación de la sociedad venezolana y de cuya discusión no deben excluir a nadie, incluida esa gran cantidad de la población que hoy se dice chavista.

Hemos afirmado y defendido la idea de que la oposición tiene un programa y metas concretas, ofertas realmente positivas acerca de la Venezuela que queremos, la que se quiere construir. Hay propuestas alternativas en lo político, lo jurídico, lo social, la seguridad personal y pública, la agricultura y la ganadería, el turismo, la educación a todos sus niveles, el desarrollo tecnológico, el desarrollo de determinadas regiones del país, etc.

Hay opciones y alternativas en materia económica, para industrializar y reindustrializar el país; con relación a las empresas del estado, las petroleras, las de Guayana y las estatizadas; propuestas en materia cambiaria; con relación a la industria petrolera. Y van desde lo más general –como lo es sustituir este mal remedo de estado y sistema socialista, por un sistema de mercado o de capitalismo social– hasta lo más concreto e inmediato, como son las alternativas cambiarias, medidas antiinflacionarias o contra la escasez, pasando por la defensa a la propiedad privada, el estado de derecho, la regionalización, la democracia, etc.

Pero eso debe ser traducido, por los partidos políticos, en un lenguaje que le llegue de manera directa a toda la población. Un lenguaje simple, al alcance de todos y una narrativa sencilla, comprensible por cualquiera; una verdadera historia popular que desenmascare lo que se ha dado en llamar el “cuento” populista, que cada pocos años, debidamente “engrasado” con petrodólares, reeditan los caudillos de turno.

En síntesis, de los partidos que conforman la MUD, de todos ellos y no solo de los cuatro principales, esperamos claras orientaciones de acción, claros mensajes acerca de cómo conducir políticamente la salida de este horror en el que nos han sumido 17 años de barbarie del socialismo del siglo XXI; si lo hicieran, pueden tener todas las disputas internas que quieran.

@Ismael_Perez

 

La crtica a la oposición…y algunas propuestas.

Parte de la tarea de escribir es leer lo que los demás opinan sobre los temas que están en discusión, para evitar repetirse en exceso y sobre todo para respetar la opinión y esfuerzo de los demás, es fácil notar entonces que desde hace varios días hay una cierta crítica a lo que está haciendo o dejando de hacer la oposición.

Este es un tema que tiene ciertas dificultades para ser tratado. La primera es que es el tema favorito de muchos, por nuestra inveterada costumbre de demolernos unos a otros, especialmente a los políticos que se atreven a hacer algo. Siempre son presa fácil de cualquier crítica los que hacen algo y no los que no hacen nada. Otra dificultad es que supuestamente no se deben hacer críticas a la oposición porque según los actores eso es “hacerle el juego al Gobierno”. Y en parte, es verdad.

Pero al margen de que eso sea verdad, que uno a veces termine haciéndole el juego a quien no se lo quiere hacer, también es cierto que votamos el 6D masivamente por una opción de cambio y no para darles un cheque en blanco a nuestros diputados.

Un ejemplo que tenemos hoy sobre el tapete de discusión, es que hay la impresión de que la decisión de apoyar todas las opciones para la salida de Maduro, sin privilegiar ninguna de ellas, en especial la del Referendo Revocatorio, condujo a cierta “pasividad” o “dispersión” en exigir de forma clara y precisa al CNE que inicie el proceso que permita ejercer ese derecho constitucional y que como ahora vemos –y era de esperarse– está conduciendo a una peligrosa demora en el proceso, que puede anular la eficacia de esa opción y que eso si es hacerle el juego a la estrategia del Gobierno.

Lo que está ocurriendo debe servirnos de lección para dos cosas. La primera es que se hace imprescindible que los partidos políticos y los ciudadanos mantengan la presión política, organizada, de calle, por los medios que sean necesarios en los organismos ante los cuales se reclame algún derecho, en este caso el CNE, que forma parte de la “orquesta” o entrampado institucional del Poder Ejecutivo para anular los derechos de los venezolanos.

La segunda lección es que quienes escribimos sobre política –y los ciudadanos en general– no podemos inhibirnos de hacer críticas, del talante que sean, aunque se esgrima que eso es “hacerle el juego” al Gobierno. Por supuesto que la crítica a la oposición debe ser fundamentada, respetuosa y no debe ser personal, pero debe ser lo suficientemente contundente para que conduzca a la reflexión y a la rectificación oportuna, de ser necesario. Los líderes opositores no son de plastilina, para aguantar toda clase de embates e improperios, pero tampoco son frágiles piezas de porcelana que no resisten el mínimo impacto.

Tampoco podemos hacer el papel de “foca de circo” y aplaudir cuanta idea o frase “ingeniosa” se le ocurra a algún diputado o líder opositor, pues esa actitud nos conduciría a peligrosas conclusiones y estrategias equivocadas, como esa de que como la derrota del Gobierno el 6D fue tan contundente y preludia el fin del régimen, eso significa que el final está a la vuelta de la esquina, que es inminente y que no hace falta hacer nada más, salvo sentarse para ver que ocurra. Eso es un ejemplo de una falsa conclusión.

Creo importante manifestar en este momento que los venezolanos que elegimos una Asamblea Nacional (AN) opositora esperamos que legislen mas, sobre la infinidad de problemas que padecemos, independientemente de la posición politiquera y doblegada al Poder Ejecutivo que tome el TSJ. Obliguemos al ilegitimo TSJ a que declare “inconstitucionales” todos los derechos de los venezolanos.

Va siendo hora de enfrentar al TSJ en su mismo terreno, con las mismas armas y devolviendo golpe por golpe, por ejemplo:

  • Declarando ilegal la elección espuria de Magistrados que hizo la pasada Asamblea en la postrimerías de su periodo constitucional, con la evidente intención de desconocer el triunfo opositor en las elecciones del 6D y preparar el terreno para lo que ahora está haciendo el TSJ, que no es ni más ni menos que desconocer la soberanía del voto y la voluntad de los venezolanos para mantener el poder a toda costa.
  • Modificando la Ley del TSJ, incrementando el número de miembros de la Sala Constitucional, para romper esa mayoría ilegítima, que está tomando decisiones inconstitucionales, desconociendo a la AN y socavando las bases del estado de derecho y de la democracia.
  • Incorporando a la AN a los tres diputados del Estado Amazonas cuya proclamación fue suspendida por el TSJ, dejando sin representación al mencionado Estado, al desincorporarlos del parlamento, desconociendo la voluntad y el voto de miles de electores de dicho Estado

De igual manera es imprescindible denunciar internacionalmente, especialmente en los niveles parlamentarios, como en Venezuela se vulnera la democracia, se conculcan los derechos de los electores, de los ciudadanos y se desconoce a la AN, con decisiones ilegales, inconstitucionales, por parte de un TSJ ilegítimo y dependiente totalmente del Poder Ejecutivo.

Hoy más que nunca los ciudadanos hacemos seguimiento a la extrema y dramática situación que vivimos y la actuación de nuestros diputados y líderes de oposición. Aspiramos participar en las decisiones importantes que tenemos por delante como ciudadanos y constructores de país. Esperamos de nuestros representantes electos y los que aspiran a ocupar posiciones de conducción publica, una conducta más proactiva, con una agenda clara y efectiva para el manejo de la crisis económica, social y política; devolviendo los “golpes” que reciben; defendiendo nuestros derechos y el valor del voto, que el Gobierno atropella y menoscaba en cada acción política.

Por eso reitero, no les dimos un “cheque en blanco” a nuestros diputados y mucho menos a los líderes políticos, a quienes ni siquiera elegimos.

@Ismael_Perez

¿Crisis de Gobernabilidad?

En política, como en la guerra, todo se vale. La ligereza en el lenguaje y en los términos también. Hoy todos hablamos de crisis y algunos ya hablan de crisis de gobernabilidad, falta de legitimidad, etc. pero, estrictamente,  ¿Es valido afirmar que en Venezuela estamos ante una crisis de Gobernabilidad? No es esa mi opinión y pensarlo y actuar como si la hubiera, pudiera llevarnos a un error de cálculo y de estrategia política. Hace algunas semanas me referí a este tema de manera superficial (Crisis y Gobernabilidad. ND. 04 de marzo de 2016.), se nos impone ahora examinar algunos conceptos con cierta rigurosidad.

La gobernabilidad, o habilidad de gobernar y mantener el poder,  es una de las capacidades de cualquier tipo de régimen político, democrático o no, de aplicar decisiones políticas mediante sus instituciones, sin salirse o violar un marco del derecho y en un contexto de legitimidad democrática. Cuando se presentaban las crisis de gobernabilidad por lo general se resolvían con un golpe militar, pero en las últimas décadas se ha impuesto otra modalidad o salida constitucional.

Según los estudiosos de está materia, todas las crisis de gobernabilidad,  que terminaron en acusación o recusación de un Presidente, tuvieron varios elementos en común: Un país escandalizado por alguna acción del Gobierno, una gran movilización popular contra ese Gobierno y un acuerdo en el poder legislativo contra el Presidente en funciones. Eso lo vimos en varios países de América Latina, desde el caso de Color de Melo en Brasil en 1992, luego en Ecuador con Bucarán en 1997, en Perú con Fujimori, en el 2000; en Argentina con Fernando De la Rúa, en 2001, el más reciente de José Manuel Zelaya en Honduras, en 2009 y nuestro particular caso en Venezuela con Carlos Andrés Pérez, en 1993.

 

Cuando se presenta una crisis de gobernabilidad por una confrontación entre diversos poderes, generalmente el ejecutivo y legislativo, estos se ven obligados a coexistir en un marco de confrontación, hasta que otra instancia institucional, el Tribunal Supremo, por ejemplo, resuelva la controversia. Por supuesto en Venezuela el TSJ es parte del bloque del Ejecutivo y como tal no es una autoridad “legitimada” o reconocida por todos los actores como para dirimir un conflicto entre poderes.

Cuando surge una crisis, como la que tenemos en Venezuela, tanto económica y social, como política, dada la confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, la gobernabilidad obviamente se ve afectada porque la evaluación y aplicación de las decisiones se paraliza hasta tanto se resuelva la crisis. Si no es posible encontrar una salida y la crisis no se resuelve en el marco constitucional e institucional, generalmente conduce a una intervención militar y la ruptura definitiva de las reglas del juego.

No cabe duda que la actual crisis económica y social y el conflicto entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional en Venezuela podría devenir en una crisis de gobernabilidad y una deslegitimación del Gobierno de Nicolás Maduro, pero se necesita que se den algunas condiciones o supuestos.

Para algunos estudiosos del tema[i] la gobernabilidad o la falta de ella, no es solo un problema de falta de legitimidad o falta del reconocimiento mayoritario por tomar decisiones que afectan a todos o a algunos sectores del país; no basta con la legitimidad originaria o electoral que debe tener todo Gobierno, es preciso que este se relegitime en el ejercicio de su actividad y que llene ciertas expectativas; por eso es que dicen los especialistas que la gobernabilidad en los sistemas democráticos resulta de la combinación de dos factores, uno es la legitimidad, pero el otro es la eficacia; legitimidad y eficacia son pues las dos caras de la gobernabilidad.

Si un gobierno no es eficaz, es decir, si no logra sus objetivos y si las decisiones que toma comienzan a ser cuestionadas, resistidas o rechazadas por la mayoría, estamos en presencia de una pérdida de legitimidad y probablemente eso conduzca a una situación de ingobernabilidad o de pérdida de la capacidad de gobernar.

No cabe duda que la ineficacia es una de las críticas fundamentales del chavismo y particularmente del Gobierno de Nicolás Maduro; en el país se ha dilapidado la friolera de más de 900 mil millones de dólares desde 1999 sin que se vean efectos significativos, todo lo contrario, devastadores, que han hundido y condenado al país a su peor crisis económica en cien años perdiendo la oportunidad de impulsarlo a la modernidad y el crecimiento sustentable.

Por otra parte, los defensores del régimen destacan que su apoyo popular es producto de que su Gobierno es un “gobierno para los pobres”, pues en efecto, es entre la población de menores ingresos en donde está su principal bastión y soporte electoral. Algunos sostienen irónicamente que ha sido política del chavismo aumentar su número, para incrementar su poder electoral. Pero, ironías aparte, la realidad es que la situación de los más desposeídos del país es la que más ha empeorado durante los últimos 17 años, según estudios recientes de varias universidades, 73% de los hogares venezolanos viven en pobreza y ha engrosado este segmento una parte importante de quienes otrora formaron parte de la clase media.

Todos los valores con los que pudiéramos pueden medir la eficacia de un Gobierno, en Venezuela están alterados: el desempleo se ha incrementado significativamente al igual que el poder de compra del salario; la moneda se ha devaluado en un altísimo porcentaje; contener la inflación, meta fundamental del Gobierno, no solo no ha sido posible, sino que estamos en pleno proceso de hiperinflación. A la vista salta el incremento de la economía informal y la buhonería; los índices de secuestros, delitos e impunidad también han aumentado en todo el país; enfermedades endémicas que se habían erradicado hace años vuelven a aparecer; la corrupción no solo no ha desaparecido, sino que hay serias evidencias de su grotesco incremento; la seguridad ciudadana es cada día más precaria y ahora a la violencia producto del delito –que deja más de 100 muertos en las morgues los fines de semana– se le debe agregar la violencia política, verbal y de hecho, del Gobierno o sus seguidores en contra de sus “enemigos” de oposición.

Todo lo anterior bastaría para conformar un cuadro de ineficacia que nos explicaría la pérdida de legitimidad de cualquier Gobierno; pero esto no parece ser así hasta el momento en el país. No es un proceso automático. La conciencia de la ineficacia es un problema de expectativas y de percepción subjetiva de cuál es la causa y raíz de un problema. Si no hay una conexión contundente entre la grave situación y la responsabilidad directa del Gobierno, no se producirá un cuestionamiento que lleve a deslegitimar al gobierno en amplios sectores populares que aun lo apoyan.

La tarea política del momento, que la oposición al régimen debe emprender y continuar sin dilación, es la de lograr que los sectores populares que aun lo apoyan hagan la conexión entre los problemas que nos aquejan y su responsable, el Gobierno Nacional.

@Ismael_Perez

#YOREVOCO

[i] Xavier Arbós y Salvador Giner: La Gobernabilidad. Ciudadanía y Democracia en la encrucijada mundial. Siglo Veintiuno de España, 1993.

 

El Papel del Miedo

El Miedo, así se llamaba el hato de Doña Barbara en la formidable novela de Rómulo Gallegos y con ese nombre Gallegos retrato una situación, una forma de vida que su personaje en la novela intentó imponer en el llano, a todos los demás, para acumular tierras y ganado, símbolos inequívocos de poder en esas tierras y en la Venezuela de comienzos del siglo XX.

Hoy vivimos una época en la que el miedo forma parte de nuestro entorno cotidiano y tiene rostro multiforme.

Tenemos miedo a la inseguridad personal, a que nos asalten o secuestren, a la violencia del crimen aleatorio, sin sentido o al organizado; pero también a la crisis económica, a la escasez y el desabastecimiento, a quedarnos sin comida o medicinas, miedo al desempleo; y observamos como en otros países hay miedo al terrorismo, a la creciente ola migratoria que afecta a su población que por lo general tiene tasas negativas de crecimiento poblacional desde hace varios años, miedo a perder la esencia de la identidad nacional.

En política, el miedo, ya lo sabemos, es una poderosa arma de dominación y control social y también puede ser paralizante, negativo y conducirnos a sacrificar derechos civiles y políticos y libertades individuales, si eso nos preserva en una falsa seguridad.

Infundir miedo ha sido una clara estrategia de este Gobierno para mantenerse en el poder. A los suyos con el temor a un supuesto golpe de estado que les haga perder privilegios y prebendas. A todos los demás, atemorizándolos con la inseguridad, la incertidumbre y el caos, en el caso de que ellos pierdan el poder.

Pero además, con los cuerpos policiales y los otros poderes del Estado, tratan de amedrentar a los ciudadanos hasta la parálisis, infundiendo un miedo a veces indefinido, a través de detenciones, persecuciones, acosos, creando falsos escenarios de una supuesta guerra económica, que como toda guerra solo trae penurias y problemas. El objetivo es que sus “enemigos” y el ciudadano común se retiren, se alejen y desaparezcan de la escena política y social y desincentivando la participación activa en las cuestiones públicas.

Atemorizada, la sociedad se fracciona en individualidades, mucho más manipulables, aplicando la estrategia del “sálvese quien pueda”, resaltando las diferencias individuales, de personas y grupos políticos y olvidando los puntos de encuentro e identidad común entre ellos, porque dividiendo es como “se reina” y es más fácil convencer. Así también el miedo cumple el papel de ayudar a preservar el poder.

Por eso el Gobierno no resuelve nada, no concreta ninguna medida que en verdad solucione algún problema grave del país. No es solo por su crasa incapacidad, más básico aun, el Gobierno, aun suponiendo que reconociera que los problemas existen, que no lo hace, tampoco resolvería nada, porque lo que le interesa es preservar la incertidumbre y el caos, porque estos generan la amenaza de violencia, miedo y el miedo paraliza, dispersa e impide actuar.

Ante el miedo lo que provoca es salir corriendo, dejar el país o escondernos en nuestras casas, aterrorizados, sin hacer nada y ese es otro de los objetivos que busca el Gobierno; lo que quiere es que “nos vayamos”, al exterior o a nuestro hueco en la tierra o en nuestras casas, que abandonemos todo y les dejemos el país a ellos, para seguir haciendo y deshaciendo, como ocurrió en la Cuba de los años 60 del pasado siglo. Por eso no resuelve nada y niega toda iniciativa, venga de donde venga, aunque le pudiera sacar provecho político.

De allí esa conducta, francamente irritante del Poder Ejecutivo ante toda iniciativa de la Asamblea Nacional –aun cuando favorezca al pueblo– que es desconocida, relegada y enviada al TSJ con argumentos pueriles. Simplemente lo que busca es irritar, molestar, detener, obstaculizar y desconocer. E igual podemos decir de otros funcionarios del Estado, como por ejemplo los Gobernadores, que se niegan a acudir y comparecer ante la asamblea, aun cuando eso les permitiera aclarar su posición frente a determinados problemas, como el de la matanza en Tumeremo. Ponen a prueba la paciencia del más pintado, hasta del Santo Job, si este estuviera en el país.

Pero el miedo no es necesariamente algo malo. Puede convertirse en un impulso positivo para resolver y superar las condiciones que lo generan. Al miedo se le combate de frente, con esperanza, información y acción. Y esa debe ser la tarea de la oposición, de la MUD y de los parlamentarios de la Asamblea, llenar al país de información, esperanza y un plan de acción, donde participemos todos:

  • La MUD y las organizaciones políticas recorriendo el país, casa por casa, con dos consignas fundamentales: las elecciones regionales de gobernadores y la revocatoria del mandato del actual Presidente.
  • La ciudadanía movilizada con un camino constitucional y democrático a través de los procesos electorales y el reclamo de sus derechos.
  • La mayoría democrática de la AN, promoviendo leyes económicas a favor del pueblo, que le ayuden a abrir los ojos a la esperanza y un futuro mejor y posible, sin importar si son rechazadas o declaradas inconstitucionales.

Lo que se haga ahora quedara en la conciencia del pueblo y quedara como precedente, como antecedente, ante una justicia que algún día volverá y se impondrá.

@Ismael_Perez