¡7.587.579!

El titulo no es un número de cedula de identidad. Tampoco que nadie se lo vaya a jugar a la lotería, porque hasta pavoso puede ser. Es el número de votos que llevó a Nicolás Maduro a la presidencia de la Republica. Apenas el 1,5% más de los que sacó Henrique Capriles. Dicho en otros términos, ese número es nuestra esperanza y nuestro reto. El reto de aquellos que aspiramos a rescatar la democracia plena en Venezuela y vivir en una sociedad distinta a la que ahora malvivimos.

He dicho en oportunidades anteriores que soy partidario del Referendo Revocatorio y que creo es la mejor de las alternativas que se barajan. No quiere decir que será fácil o que sea la más fácil de todas las opciones, pero sí, que es la vía más segura contra la que no prevalecerán las artimañas del Régimen con su TSJ, pues supone una inmensa movilización popular.

Para revocar el mandato del actual Presidente se requiere que revoquen el número de votos que están en el título del artículo, más uno. Teóricamente no es una tarea imposible, habida cuenta que la suma de los que votaron por la oposición en las elecciones parlamentarias del 6D es una cifra largamente superior a esa.

Además, desde la elección del 2013, en la que Nicolás Maduro sacó ese número de votos, es mucha el agua que ha corrido por El Guaire, muchas las privaciones, las penurias que han soportado esos venezolanos que votaron por él. Muchas las largas e interminables colas en búsqueda de alimentos y medicinas, de repuestos, de artículos de limpieza y aseo personal. Y porque no decirlo, muchas y lamentables colas frente a la morgue de Bello Monte, o en otras morgues, a la espera del cadáver de algún ser querido cuya vida fue arrebatada por el hampa.

No basta el sufrimiento y la frustración del venezolano para convencerlo de que debe revocar el mandato del actual régimen. Eso es parte de la condición para lograrlo, pero no es el único requisito. He planteado que se requiere dibujar, bosquejar, trazar las líneas fundamentales de la sociedad en la que queremos vivir y no solo describir y lamentarnos de la que queremos abandonar.

No es por falta de un programa o de una propuesta –que ya se tienen desde hace varias elecciones y varios candidatos– que va desde lo más general: alternativas al sistema socialista, contraponiéndole un sistema de mercado o capitalismo social; hasta lo más concreto e inmediato: alternativas cambiarias, medidas antiinflacionarias o contra la escasez, pasando por la defensa a la propiedad privada, el estado de derecho, la regionalización, la democracia, etc.

Más bien creo que son demasiadas propuestas, no es por falta de ellas, el problema está –como irónicamente señalé en: La oposición no tiene una propuesta. (ND. 01 de agosto de 2015)– “…en la falta de un discurso alternativo, que le llegue al pueblo de manera eficiente y eficaz, que articule todas esas propuestas que ya ruedan y las convierta en un discurso simple, tan atractivo como el discurso populista…” que tiene adormecidos a cinco millones y medio de venezolanos.

Esa, la elaboración del discurso alternativo, es una primera tarea pendiente, no la única. Están también pendientes, como dice un buen amigo: “ganarse la esperanza de la gente”, convencer a los venezolanos –los que han venido votando por el régimen y a todos los demás– que la tarea es posible y que contando ya con el Poder Legislativo, al ganar el Poder Ejecutivo y varias Gobernaciones importantes, todo ese castillo de arena y de ignominia que mantiene a los demás poderes públicos, se derrumbará fácilmente.

Y por último, está también pendiente señalar claramente, explicar al país, que no será una transición fácil, mágica. Será difícil, costará trabajo y esfuerzo, habrá que hacer sacrificios y posponer algunas aspiraciones, en materia empresarial, laboral, etc. Pero al menos serán sacrificios distintos a los que estamos haciendo ahora que carecen de sentido y de esperanza. Serán sacrificios para construir un país y no la consecuencia de la destrucción que tenemos desde hace 17 años.

Una última cosa que también debemos tener presente para mantener la esperanza es que si bien las cosas no cambiarán de la noche a la mañana, habrá resultados que se verán muy pronto.

Venezuela no es el país ricachón que algunos nos han vendido por décadas, pero si tiene recursos suficientes que, bien administrados, pueden resolver varios problemas de los venezolanos y servir de base para atraer inversiones que hagan posible comenzar un camino de industrialización y reindustrialización del país.

Ocho millones de venezolanos que se pronunciarán por revocar el mandato del actual Presidente, abonarán ese camino de futuro que comenzó con el triunfo de las elecciones parlamentarias del 6D y que continuará ganando además varias gobernaciones importantes y por último la Presidencia del país. Son los votos que sembraran la nueva Venezuela de bienestar, progreso y democracia.

Más allá de la Hoja de Ruta

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) finalmente dio a conocer el resultado de sus deliberaciones, respuesta a las últimas acciones del régimen a través del TSJ. Su propuesta se traduce en la Hoja de Ruta 2016 y no cabe la menor duda que dicha Hoja de Ruta es el resultado de negociaciones y consenso político de todos los factores y grupos políticos que conforman la MUD. á é í ó ú

En el comunicado de la MUD dado a conocer el 8 de marzo de este año por Jesús “Chuo” Torrealba, Secretario Ejecutivo de la MUD se plantea la movilización popular para lograr la renuncia de Nicolás Maduro de la Presidencia de la República; aprobar una Enmienda Constitucional para reducir el mandato presidencial y eliminar la reelección indefinida, e iniciar el proceso para un Referendo Revocatorio. Todas estas acciones, llevadas a cabo dentro del marco de una “…solución política, electoral constitucional y pacífica este mismo año…”.

Estos objetivos han sido aclarados por Torrealba en sucesivas presentaciones y declaraciones públicas posteriores, ampliando el objetivo a la construcción de una alternativa política, económica y social al régimen actual, donde el triunfo electoral del 6D, debe ser proseguido hasta lograr la sustitución del actual Presidente de la República, por un candidato de la oposición y lograr el cambio de gobierno este mismo año.

¿Es este un paso significativo e importante? Desde luego; y así la MUD además responde a algunas críticas de periodistas y comentaristas políticos que ya habían comenzado a surgir. ¿Es este anuncio suficiente? Esto ya es harina de otro costal.

No se trata de sí con esta iniciativa la MUD complace a todos los que pedíamos un pronunciamiento. Probablemente no. Probablemente surgirán –y ya han surgido– críticas a alguno de los mecanismos propuestos, renuncia, enmienda y referendo. Algunos calificándolos de utópicos, otros de insuficientes y algunos hasta de blandengues. Es inevitable que esto ocurra y a pesar de que la MUD llegó a una “solución de compromiso” entre quienes participan de sus deliberaciones, no cabe duda que el país político opositor es algo “más ancho” que la MUD y es imposible complacer a todos.

Por ejemplo, soy de los que cree que si bien la renuncia es la solución más simple y rápida –mañana mismo se podría dar y en un mes y medio podríamos tener nuevo Presidente electo– es la más utópica y no imagino, en el cuadro de la política actual, al Presidente Nicolás Maduro abandonando el poder, que tantos “beneficios” le ha deparado a sus colaboradores cercanos, para no entrar en más detalles.

Creo que la Enmienda Constitucional para acortar el periodo presidencial y la no reelección indefinida, es algo que la Asamblea debe hacer y se debe dar esa discusión en el país. Pero creo que será una alternativa que fácilmente el régimen actual “desechará” a través del TSJ y su Sala Constitucional, o “constituyente” como algunos ya la llaman, por el “poder” decisorio que tiene, que pesa más que el voto de varios millones de venezolanos.

Por eso me he pronunciado en otras ocasiones por el Referendo Revocatorio, porque creo en la capacidad de movilización política que tienen los procesos electorales y me gustaría ver a esa Sala del TSJ “argumentando” en contra de más de ocho millones de venezolanos revocando –y “revolcando”– al actual Presidente, que es la cifra de votantes, sino es más, que me atrevo a adelantar votaríamos por la revocatoria del mandato presidencial.

Pero, volviendo al punto de la suficiencia de la Hoja de Ruta de la MUD, insisto en que proponer un objetivo –la salida de este régimen para construir una nueva Venezuela– y una estrategia, dividida en tres acciones: renuncia, enmienda y referendo, es un buen principio, pero no es suficiente.

He dicho en artículos anteriores (Liderazgo II: Reflexiones sobre el Liderazgo, ND, 13 de febrero de 2016) que creo en un liderazgo que reta, motiva y así compromete, obliga y moviliza a un grupo humano y si bien movilizar al país para recoger cuatro millones de firmas para convocar un referendo revocatorio, lograr más de 8 millones de votos para efectivamente revocar y luego esos mismos 8 millones de votos, para elegir un nuevo Presidente, es un reto inmenso, un esfuerzo gigantesco, insisto en que –desde el punto de vista del objetivo último de construir una nueva Venezuela– no es suficiente.

Todo lo anterior sería, permítaseme decirlo, un logro descomunal, importante, sí, pero “electorero”, si cabe el término. Porque si el verdadero logro es construir esa “nueva” Venezuela, para ello es imprescindible comenzar a vislumbrarla, a dibujarla, a entreverla, más allá de declaraciones de que será una Venezuela verdaderamente democrática y justa, verdaderamente participativa, con seguridad personal y jurídica y oportunidades para todos, etc.

Necesitamos “detalles” y como alguien dijo, “el diablo esta en los detalles”. Aquí el consenso político MUD ya no es tan fácil y no se puede complacer a todos con “tres” vías de movilización, para que cada quien tome la suya, la que más le guste. Se necesita conocer propuestas. Se necesitan más detalles; por ejemplo, acerca de ese nuevo pacto político entre ciudadanos y partidos, del que también hemos hablado (El mito de la sociedad civil, ND, 29/01/2016)

No digo que no haya propuestas en la oposición y la MUD. Digo que los ciudadanos de este país queremos conocer y discutir esas propuestas concretas, para ir elaborando un consenso al respecto, que es mucho más complejo y difícil que las tres vías para salir de Maduro, que a fin de cuentas se pueden ensayar y hacer caminar todas a la vez. Esa “propuesta”, que define la “otra Venezuela” que queremos para remplazar a la actual, es impostergable y urge que comencemos a construir la alternativa política, económica y social.

@Ismael_Perez

Crisis y Gobernabilidad

Crisis económica y crisis política, los dos temas sobre la mesa; ¿Cuál es más grave, a cuál dedicarle la prioridad? ¿O es posible dedicársela a ambos por igual? Pareciera que así debe ser, pues juntas o por separado nos pueden conducir a la imprevisible consecuencia de la ingobernabilidad del país.

La sentencia del TSJ no es más que la manifestación de la crisis política; es la señal inequívoca de que este régimen no está dispuesto al diálogo. Comenzando porque no está dispuesto a reconocer que fue políticamente derrotado, apaleado, por el pueblo el 6D.
El régimen se resiste y buscando como mantenerse en el poder, emplea todas sus argucias. Su TSJ dicta sentencias absurdas, contra derecho, contra la Constitución, pero que siguen la “lógica revolucionaria” de buscar como aferrarse al poder. Sus grupos camorreros y armados persiguen manifestantes opositores y diputados, los agreden verbal y físicamente, buscando imposibilitar su acción e intimidar. Sus funcionarios, comenzando por el Presidente, se declaran en rebeldía frente a las leyes que promueva la Asamblea y frente a la propia Asamblea Nacional; se niegan a ser interpelados, a rendir cuentas frente a la representación del pueblo, frente al pueblo. Sus dirigentes o líderes profieren amenazas veladas o abiertas hacia la oposición o quien ose hacer alguna crítica a la gestión gubernamental.

Insisto, no le busquemos una lógica a lo que no lo tiene; las decisiones del TSJ son decisiones políticas y adefesios jurídicos. Así ocurrirá con cualquier ley que promueva la Asamblea: la de Amnistía, la de Producción Nacional, la del Banco Central de Venezuela, la de Divulgación y Acceso a la Información Pública, incluso contra la enmienda a la Constitución si llegara a aprobarse. Sus “sicarios judiciales” del TSJ se encargarán por cualquier medio de sentenciar que son inconstitucionales, que no deben ser obedecidas, las desconocerán o desaplicarán aquellas que pudieran hacer alguna mella al poder.

Mientras, la otra crisis, la económica, sigue su marcha devastadora contra el pueblo. En el país no hay comida, no hay medicinas, no hay hospitales ni servicio de salud, no hay agua, las calles están sucias y deterioradas, tenemos la grave amenaza de que nos podremos quedar sin electricidad por muchas horas al día. ¿Cómo se remedia esto? No hay solución aparente dentro de las actuales reglas de juego.

La producción nacional, que lleve alimentos y medicinas a los hogares venezolanos pasa porque se les reconozca la deuda con sus acreedores, que les permita restablecer sus circuitos de abastecimiento y de provisión de materias primas, insumos y repuestos. No basta con demagógicas “mesas” de producción o de consulta para discutir problemas. Se requiere de algo que no hay: voluntad para resolver los problemas y dólares. La falta de agua y la amenaza sobre el servicio eléctrico, no solo requiere que se adelanten las lluvias. Ahora hay aplicar medidas de emergencia y duros racionamientos, mientras se hace lo que no se hizo a tiempo: invertir en generación y nuevas facilidades eléctricas, en líneas de distribución, en mantenimiento. Y nuevamente el mismo problema: no hay los dólares, ni la voluntad para atraer inversión privada que lo haga, pues va contra la esencia y lógica misma del régimen que gobierna. Más grave aún, ¿Tendrá el Gobierno la fuerza para imponer ese duro racionamiento u otras medidas necesarias?

Y así llegamos a la amenaza latente: la ingobernabilidad.

La gobernabilidad, la capacidad de gobernar, se convierte en motivo de reflexión. Cualquier libro de texto elemental de política nos dice que la única manera de gobernar, no solo la mejor, es aquella que cuenta con el consentimiento de los gobernados. No con el “temor” de los gobernados.

La gobernabilidad es el resultado de dos elementos, la eficacia del gobierno en sus funciones y la legitimidad de sus actos frente a los ciudadanos. ¿Es este gobierno eficaz? La eficacia es la capacidad de alcanzar objetivos. La crisis económica parece desmentir esa capacidad de alcanzar cualquier objetivo. Entonces la pregunta, ¿Es este gobierno legítimo? La llamada legitimidad de origen, por la elección de Maduro, perdida al tenor de todas las encuestas y confirmada por la derrota electoral el 6D, aunque no lo quieran reconocer, a este gobierno le resta muy poca de esa legitimidad que llaman de desempeño.

La continuación y exacerbación, violenta, de la crisis política por parte del gobierno y sus seguidores nos hace vislumbrar una creciente pérdida de la legitimidad y gobernabilidad, que de producirse en manifestaciones –violentas o no– harán cada día más difícil la continuidad del régimen por vía pacífica.

La ingobernabilidad, así como la crisis política y económica, no solo afectan al régimen, nos afectan a todos los venezolanos por igual y ante eso es menester que el sector político opositor y la MUD estén preparados y preparen a la población para afrontar momentos cada vez más complejos y difíciles, que exigen temple y firmeza en las respuestas al Gobierno.

@Ismael_Perez