Liderazgo I: Reflexiones sobre Chávez Frías

El poder desgasta y eso le está ocurriendo al régimen actual. La magia Chávez Frías se evaporó, no solo por su desaparición física, sino también por las consecuencias, que el pueblo sufre, por sus erradas políticas económicas y sociales. Por eso, cuando se comienza a hablar insistentemente de un reemplazo del actual poder, quizás vale la pena analizar algo de su personalidad, de esa “magia” que ya no está, tras su desaparición. Es bueno entonces, comenzar a plantearnos el tema del liderazgo.

El Presidente Chávez Frías demostró ser un portento de la comunicación. Realmente “hipnotizaba” a la audiencia en sus kilométricas apariciones públicas. Y era tan eficiente en eso de manejar la imagen, que llegó a convencer a miles de venezolanos que un rotundo fracaso militar, el del 4 de febrero de 1992, años más tarde podía ser celebrado con bombos y platillos como si se tratara de unas efemérides patrias en las que se celebraba un triunfo rutilante.

Un golpe que fracasa, como el de 1992, no es más que una siniestra intentona; siempre había sido así, pero estamos ante algo inédito en la historia latinoamericana –casi mundial– y es que si los protagonistas de ese golpe, años más tarde, llegan al poder por la vía democrática, esa oscura jornada se convierte en un “hecho histórico” digno de celebrarse con actos cívico militares, aunque los civiles brillaron por su ausencia en los acontecimientos iniciales.

Tenía otra característica el Presidente Chávez Frías –junto con muchas otras– se le daba muy bien el manejo de la confrontación y el conflicto. ¿Sería su formación militar? No lo sé, pero es innegable. Las contiendas electorales eran para él campañas militares: dos bandos enfrentados a muerte, que no piden ni dan cuartel. Como ya dije, la única batalla que libró en verdad, el 4 de febrero de 1992, la perdió, pero las demás –las electorales– las ganó casi todas. Actuando con lenguaje agresivo, directo, que le llegaba al pueblo, que se sentía expresado en él.

Encarnaba la frustración de mucha gente que se sintió defraudada por Pérez y Caldera, y no precisamente los más pobres de la sociedad, pues ni la pobreza crea automáticamente descontento, ni el nivel de descontento es proporcional al nivel de pobreza.

Tras el “proyecto chavista”, paradójicamente, había mucha gente de clase media que había visto empeorar sus condiciones de vida, después de soñar con “la gran Venezuela” y bien sabemos por la psicología social que cuanto más alcanzable parece un fin, mayor es la frustración por no haberlo alcanzado.

La mayoría de las revoluciones sociales han sido conducidas por líderes de la clase media en ascenso, las pequeñas aristocracias rurales, campesinos ricos desposeídos de sus tierras y convertidos en obreros asalariados (con lo de los campesinos convertidos en obreros, la mente me lleva al caso del Peronismo en Argentina). Hugo Chávez Frías no descubrió la lucha de clases, predicó que estaba allí y fue un maestro explotándola para sus campañas. El odio, cuando se comparte, es la emoción que más une, también nos lo dice la psicología social.

El Presidente Chávez Frías necesitaba la confrontación; en ella se sentía como pez en el agua; cuando no se le ofrecía resistencia frontal, cuando no lograba ubicar un enemigo claro, se desconcertaba. Necesitaba la movilización constante, ese fue el signo de su régimen, cuando no la tenía, bajaba su popularidad, se enfermaba, comenzaba a sobreactuar.

Sin embargo, un actor, la sociedad civil, que no se organizaba políticamente para disputarle el poder, lo sacaba de sus casillas, lo debilitaba, hacía más evidente su incompetencia para gobernar, para dialogar, para construir un país. Mientras la riqueza petrolera le permitía dar “dadivas”, en forma de Misiones, proseguía su incapacidad para resolver los dos problemas que más golpean a sus seguidores: la inseguridad y el desabastecimiento. Pero la acción final debe ser política y conducida políticamente y esa fue la debilidad de esa “sociedad civil” durante la era de Chávez Frías. El Presidente Chávez Frías era un formidable animal político, aquel zoon politikon de los griegos, todo lo que no lo “mataba”, lo alimentaba y lo hacía crecer.

Ahora es inútil especular acerca de lo que podría haber sucedido. Chávez Frías ya no está, su sucesor no calza sus botas –literal y simbólicamente– y el país también ha cambiado, pues la riqueza petrolera se evaporó y la falta de recursos requiere de una gerencia gubernamental que no existe.

Solo queda esperar el desenlace del fracaso del socialismo del siglo XXI, un experimento mil millonario en dólares, que no pudo dejar una obra tangible en el país y que la intangible, la que pudiera estar en el sentir de sus seguidores, se esfuma en las largas y desesperantes colas de la gente, durante horas, buscando comprar comida y medicinas, con un ingreso que la inflación convierte en una caricatura de lo que algún día fue.

En el próximo artículo analizaremos las características del liderazgo que, en mi opinión, debe enfrentar al fantasma de Chávez Frías y su estela.

@Ismael_Perez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s