Temas de Asamblea: Subsidios y Pobreza

Las “vacaciones” decembrinas y la espera por la nueva Asamblea Nacional es un tiempo propicio para algunas reflexiones pausadas, como por ejemplo, la confrontación de “misiones”, pobreza y los subsidios. Prepararse para proponer políticas públicas alternativas es una tarea que los partidos y la sociedad civil —que se oponen al actual régimen político del país— deben acometer de manera inmediata, abordando de manera sistemática y profunda la discusión de algunos temas importantes, como el señalado.

La asistencia a la inocultable crisis económica y social que existe en el país es la materia más urgente y si bien hay que buscarle una solución estructural a largo plazo, no se puede obviar que es necesario encontrar un remedio inmediato para los que hoy sufren la pobreza, pasan hambre y necesidades

Así conectamos el problema con el tema de los subsidios, arma favorita del populismo. Descartado ya el fin inmediatista de ganar votos, si se quiere tratar el tema mucho más seriamente, hay que plantearse entonces la discusión de cómo auxiliar o subsidiar a una población que carece de cosas elementales en vivienda, salud, educación, alimentación y seguridad.

Lo primero es estar consciente, al tratar el tema de los subsidios, que el fantasma que recorre Venezuela, no solo es el del comunismo ramplón del que hablaba Marx y que recorría Europa, sino el del populismo y la demagogia que acompañan la campaña electoral en la que perennemente vive el Gobierno.

Al tratar los subsidios, el primer tema debe ser de donde saldrán los recursos y eso implica, obviamente, hablar de la industria petrolera; más concretamente, cómo hacer para que sus beneficios lleguen de una manera más inmediata a toda la población y no convertida en limosna “misionera”. Al efecto hemos visto un ensayo poco exitoso, en lo que combatir la pobreza se refiere, con el actual Gobierno, que ha repartido a través de misiones administradas por PDVSA los recursos petroleros, comprometiendo la rentabilidad de la industria, su eficacia operativa y haciendo que aumenten sus costos y se comprometa la producción sin que haya disminuido la pobreza, sino más bien aumentado. No parece ser ese el camino.

Con respecto al petróleo y qué hacer con PDVSA, a lo largo de los años hemos escuchado diferentes propuestas y versiones. Algunos hablan de repartir dinero en efectivo, otros hablan de bonos para ser cambiados por salud o educación, etc.; pero todos tienen en común que contribuyan a una verdadera democratización de la industria y que el pueblo se vea beneficiado de manera directa y eficaz, sin demagogia y sin que —como señaláramos mas arriba— se comprometa su rentabilidad, eficacia, producción, su futuro, en síntesis.

Se trata de hallar un mecanismo para que los recursos de la principal industria del país le lleguen directamente al pueblo, sin que intermedien funcionarios del Estado u otros, pues ya se sabe que la intermediación usualmente se presta a corrupción y el enriquecimiento de esos intermediarios. Sobre este tema, de los recursos de la industria petrolera, hay más tela que cortar, pero dejemos por ahora planteada la inquietud.

Profundizando más el tema de los subsidios, eso de que deben llegar directamente al pueblo, a quienes van dirigidos, no es algo nuevo, lo vienen diciendo, practicando y recomendando, organismos multilaterales, como el FMI, el BM, el BID, el PNUD, etc.

La conclusión a la que, desde hace tiempo, han llegado los multilaterales que negocian préstamos y ayudas a los países es que son preferibles mecanismos de entrega directa de subsidios a la población —aunque sea complicado de administrar— que hacerla a través de intermediarios. Por ejemplo, si se va a repartir leche o comida, que se le dé a los escolares que vayan a las escuelas y no a los productores; si es de transporte estudiantil, que se les dé a los muchachos directamente, no a los transportistas; si son becas, que se les dé a las madres directamente a través de la banca, por ejemplo, a pesar de las largas colas, y no a las instituciones educativas, de esta manera de paso se incrementa la matricula escolar y se reduce el índice de deserción, etc. En fin, se trata —como hemos dicho— de buscar que el subsidio llegue de manera directa a quien lo necesita, mientras que de la otra manera, dándolo a quien presta el servicio o produce el bien, no siempre llega.

Los que critican estas modalidades, que por lo general son los que administran o administraban los subsidios, argumentan una serie de razones que se pueden confundir con un retrasado moralismo: Que si se da dinero a los estudiantes para los pasajes, se lo toman en licor o consumen drogas; que las madres compran otras cosas con ese dinero o lo gasta en la peluquería, etc. Por esa vía, claro, habría que educar al pueblo primero, tarea que nadie discute que es necesaria, pero que se tomaría años, y mientras tanto —dicen— déjame el subsidio, para que yo lo administre que si sé cómo hacerlo.

La respuesta a estas objeciones es única y contundente: eso es problema de ellos, si se lo toman en licor o consumen drogas, irán caminando y la próxima vez lo pensaran mejor; y si las madres lo gastan en otra cosa que no es lo que los “administra subsidios” piensan, pues tendrán que buscar otros recursos para usarlos en comprar leche o alimentos para su familia, e igualmente lo pensaran mejor una próxima vez, después de todo los pobres son pobres pero no tontos.

Hay mucho más en que profundizar sobre los subsidios, pero queda así planteado el tema y volveremos con otros igualmente importantes.

Militares…¿cómo para qué?

Tras el triunfo opositor habría muchos temas que discutir, de algunos, como el de la amnistía ya hemos hablado (Tolerancia y Amnistia, ND, 27/11/2015)) y sobre otros es preferible, por ahora, dejar que los perros ladren a la caravana y esperar que decanten todas esas ideas sobre comunas, asambleas paralelas, etc. antes de ocuparse de ella.

Pero hay uno que se abre paso debido a que el Presidente Maduro ha ordenado el regreso de los militares a sus cuarteles –de donde nunca debieron salir– después de la aparatosa derrota que sufrió su política económica el pasado 6D, en cuyo fracaso, no olvidemos, estuvo involucrado su gabinete, constituido en más de la mitad por militares activos. Por lo tanto, en el contexto de prepararse para una transición política, a partir de los resultados del 6D, el tema militar es uno de los más complejos de abordar.

En el mes de octubre, un articulo de Luis Ugalde (¿Y los militares que?, El Nacional, 22/10/15) y un comentario en las Verdades de Miguel, ponían el dedo en la llaga con relación al tema. El analítico comentario de Ugalde lo podemos reducir a su énfasis en no rechazar a los militares y que deben volver a su papel del monopolio del uso de las armas, para salvaguardar el bien común. El comentario de Miguel Salazar, sin embargo, tenía otro giro; se refería a que los militares no estarían dispuestos, por razones de Estado, a aceptar un triunfo de la oposición el 6D. Lo que implicaría, obviamente, un golpe de estado. Al final, este comentario de Salazar, quedo en uno de los tantos chismes y rumores de la campaña, de esos que buscan notoriedad y que no conducen a nada.

El tema militar siempre ha sido un tema delicado y por eso siempre se aborda de manera indirecta. De allí que se traiga a colación el tema discutiendo sobre la guerra económica, o de una posibilidad de invasión de los estados Unidos, o una confrontación armada con algún vecino, por ejemplo, Colombia.

No le doy ningún crédito a la guerra económica, como no se la dio ningún venezolano serio, tal y como quedo demostrado el pasado 6D. Tampoco doy crédito a la posibilidad de ninguna guerra con nadie, mucho menos con los Estados Unidos o Colombia, ni convencional, ni asimétrica. Y esa posibilidad de ser invadidos por los Estados Unidos solo me recuerda aquella película inglesa de 1959, llamada El Rugido del Ratón, que es la historia de un pequeño país europeo, en serias dificultades económicas, que decide declararle la guerra a los Estados Unidos, para ser obviamente derrotados y que la “potencia imperial” tras ganar tan desigual contienda, emprenda algún Plan Marshall para reconstruir al derrotado.

Por eso, para mí, la gravedad por ejemplo de que Venezuela gaste dinero en armas, no está en que vaya a agredir a otro país, o ser agredidos o invadidos por otro país, el del norte, por ejemplo, sino en que se gaste dinero en cosas tan inútiles como las armas, en vez de hacerlo en cualquier otra cosa. Alguien decía en estos días de campaña electoral: ¿Cuántas escuelas nos cuesta un Sukhoi?, a propósito de la reciente compra de estos aviones a Rusia, tras la lamentable caída de uno de ellos.

La verdad es que los pasados dieciséis años me han convencido de la inutilidad de tener una fuerza armada; y estos dos últimos, tras la caterva de ministros y altos funcionarios militares que hemos tenido como ministros y que no han resuelto ningún problema, me lo han confirmado por completo. Solo cuando pasan a retiro, dejan los cuarteles y se dedican a actividades privadas, es que los militares comienzan a existir para mí y es cuando he aprendido a apreciarlos y a considerar que sí tienen algo que aportarle al país. Es decir, cuando ya no son militares. Visto lo que hemos visto, no tengo dudas de que sobre la Fuerza Armada hay que trabajar desde el principio con la idea de eliminarla, por poco útil, por consumir recursos, sin aportar nada o muy poco al país.

Ni siquiera por razones históricas, pues me resulta difícil pensar que este ejército que hoy tenemos sea el mismo de los libertadores; nada parece tener que ver con aquel, ni en ideas, ni en tradición, ni en historia. Este parece no ser más que los residuos de las “montoneras”, con las que acabaron Cipriano Castro y su compadre Juan Vicente Gómez y que al acabar con ellas, mataron también lo que quedaba del espíritu y alma del ejercito independentista y libertador y crearon un ejército centralizado, no sin alma, sino con una a su imagen y semejanza, es decir a la de un tirano dictador; luego lo modernizaron —a partir de López Contreras— y finalmente lo sometieron al control civil y del estado civil —a partir de 1958— pero, ha resurgido en estos años, con la misma alma tiránica que les infundió Gómez. La “modernidad” que le insuflaron y el control del poder civil, lo obligaron a someterse a los designios y caprichos del gobernante de turno; al crecer la corrupción, nos dejo lo que hoy tenemos y hemos visto en estos dieciséis años en todo su esplendor: ineficacia, denuncias de corrupción, pensar solo en sus intereses inmediatos y en nada más.

Me pregunto, ¿Para qué queremos algo así?, ¿De qué nos defiende, si la guerrilla y el narcotráfico –junto con el hampa común– fuertemente armados, entran, salen y recorren a sus anchas por el país?, ¿De qué nos sirven sí dependiendo de bajo que ordenes estén reprimen o no reprimen a la población, sin mirar principios o atender derechos o razones?

Por otro lado, la amenaza de la revolución bolivariana, para mí, no está en su capacidad guerrera o de ir a confrontaciones militares, que considero nula, sino que reside en su capacidad de difundirse, de esparcirse, de que la infección se propague, no por lo peligrosa que pueda ser, sino por su capacidad destructiva, de arruinar a los pueblos, de generar más pobres y más expectativas, que solo harán mas difícil y duro salir de la miseria espantosa que crean.

En cuanto al tema de la guerra asimétrica, tan de moda en vida de Hugo Chávez Frías, se demostró que tenía otro propósito; era una bravata que daba espacio de prensa, que todavía hoy hablar de guerra permite justificar la compra de armas y equipos para reprimir a la disidencia y eventualmente para que algunas de esas armas o las viejas, vayan a parar, intencionalmente, por descuido o desorden, a manos “inapropiadas”.

Esas posiciones, guerreristas, también han permitido o justificado que se constituya una llamada “reserva” de no sé cuantos miles de hombres, que estarían listos para entrar a “actuar” en caso de agresión externa y que hasta ahora solo han servido para custodiar Mercales y Bicentenarios.

No me imagino a ningún venezolano empuñando un arma para defendernos de una supuesta invasión externa de cualquier tipo; mucho menos empuñar el arma para ser un agresor, sobre todo después de que algunos de los aguerridos ex militares que nos piden que enseñemos los dientes y odiemos un supuesto enemigo, de la manera más palmaria admiten que en caso de cualquier conflicto nuestra fuerza armada regular no aguantaría ni dos días.

Los “reservistas” me preocupan más, pero por el hecho de que sirvan de pretexto para armar de verdad, como una milicia, a algunos de los “colectivos” más agresivos, simpatizantes del régimen, que sí han demostrado que son capaces de abrir fuego y matar, pero no soldados enemigos, sino opositores al régimen, pues para ellos –y para el régimen que los ampara y alienta– los opositores son los verdaderos enemigos que no merecen vivir.

Pesadilla Gubernamental el 6D

Hasta ahora, la verdad fría, objetiva, es que el 6D el pueblo dijo NO al proyecto socialista autoritario que nos rige. Y se lo dijo de tres maneras: votando por la oposición, votando por otras opciones o quedándose en su casa. Y no se trata de una victoria “pírrica” de la oposición, —como una vez la calificó, mas escatológicamente, Hugo Chávez Frías, cuando fue derrotado su proyecto de modificar la Constitución en 2007—, sino de una derrota epopéyica, monumental, del Gobierno, pues perdieron dos millones de votos. Podemos comprender, porque venimos de allí — ¡y vaya si los opositores sabemos lo que es sufrir derrotas electorales!— que eso no es fácil de asimilar y por lo tanto nada de raro tienen todos los rumores que se esparcen en situaciones de tanta incertidumbre y tensión como las que vivimos la noche del 6 y la madrugada del 7 de diciembre, las que vivimos ahora y las que viviremos los próximos días.

Podemos entender que del lado Gobierno quieran desmerecer la victoria opositora, relativizar su derrota y no reconocer que fueron apaleados por la “derecha maltrecha” y “escuálida” que tanto desprecian, por los “apátridas” y “pelucones”, que traten de restar méritos e importancia a lo que es, sin duda, un triunfo muy importante, vital, sobre todo, de cara al futuro.

No faltarán los que desde nuestro lado hablen de “arrasar” con base en los resultados, porque estos les parecieron lo suficientemente holgados a favor de la oposición. ¡Cuidado!.

Antes de montarnos en el Carro de la Victoria, detengámonos a hacer dos o tres reflexiones. El 6D, la oposición creció al ritmo al que venía creciendo, ni más, ni menos, solo eso; incrementó en trescientos mil y pico su votación, que es un capital político importante, sólido y en constante crecimiento. Lo más importante es que nos consolidamos donde éramos fuertes y crecimos en zonas donde éramos débiles. ¡Gran trabajo! Pero estemos conscientes de que salimos favorecidos o sobre representados en el número de diputados por el artilugio que inventó el oficialismo para perjudicarnos la vez pasada, la manipulación de los circuitos, ¡paradojas de la vida!

El Gobierno, por otro lado fue derrotado, por su propia gente; perdieron 2 millones de votos que se quedaron en su casa; si ellos no quieren aprender la lección que les deja su derrota, mejor para nosotros. Además de los dos millones que no fueron a votar por el Gobierno hay casi un millón de votos por otras opciones, nulos o blancos; votantes que no fueron a hacerlo por Gobierno, pero tampoco lo hicieron por la oposición. Esos tres millones de votos “flotando” por allí son los que debemos tener en cuenta al pensar en referendos, constituyentes o adelantos de elecciones.

La oposición ganó y ganó con todo en contra. En contra de la “mayoría usual” de 4 a 1 en el CNE, abiertamente parcializada a favor del Gobierno. Con un REP viciado. Con centros y mesas nuevas, aparecidas fantasmagóricamente en zonas presumiblemente chavistas. Con miembros de mesa que no fueron informados ni formados. Con testigos de oposición a los que se les escatimó credenciales y se trató de que no pudieran trabajar en sus centros. Con máquinas que se trancaron y sin material electoral para pasar a elección manual. Con material electoral faltante. Con todo tipo de tramoyas, como las inútiles capta huellas que solo sirvieron, una vez más, para retrasar el proceso e informar al Gobierno acerca del flujo de votantes. Con un Gobierno abusivo que utilizó, como siempre, todos los recursos del Estado a su favor. Con motorizados acosando y atemorizando a los votantes, sin que las autoridades hicieran nada. Con unos poderes públicos alineados y bailando la música que sonó desde Miraflores. Y un sinfín de irregularidades más, las usuales de todos los procesos electorales, que nadie niega ni desconoce.

Pero con todo y eso, la oposición ganó. Se demostró más allá de toda duda y escepticismo lo que ya se ha demostrado en otros países, que es posible derrotar y sacar del poder, electoralmente, estos regímenes autoritarios. El pueblo, en una muestra de gran madurez, le dijo que NO al proyecto político del socialismo del siglo XXI, que no es más que un trasnochado comunismo castrista del siglo XX.

El pueblo le dijo NO a un proceso que pretendía eternizar en el poder a los herederos políticos de Hugo Chávez Frías. Que pretendían cambiar el orden político y territorial del país. Que querían acabar con la descentralización y someter al poder central a alcaldes y gobernadores. Que proponían severas limitaciones al ejercicio de las libertades económicas, la libre iniciativa y los derechos de propiedad. Que eliminaban la propiedad intelectual. Que se inmiscuían en la autonomía universitaria. Que restringían los derechos humanos y las libertades ciudadanas con estados de excepción. Que eliminaban la autonomía del Banco Central y le daban licencia al Jefe del Estado de disponer de nuestro dinero como él quisiera. Y un sinfín más de restricciones autoritarias, largas de enumerar y que se pretendían imponer y que ahora quedan así, en pasado imperfecto.

Pero el pueblo también le dijo que NO al desabastecimiento, a la inflación, a la inseguridad; a la falta de viviendas, al deterioro de las escuelas públicas y hospitales; a la ineficacia en la gestión pública; a las pésimas políticas económicas que han arruinado a las industrias y no han detenido el deterioro de la economía, ni la fuga de divisas; a que el Gobierno esté regalando nuestros recursos petroleros a otros países, sin resolver los problemas de aquí; al despilfarro, al enriquecimiento y la corrupción evidente de los allegados al Gobierno, del entorno gubernamental.

Este régimen entrará ahora en un largo y desesperante tobogán, indetenible, que lo llevará inexorablemente a la salida del poder, para no poder volver a él, por vías democráticas. Ahora deberá dejar de hacer lo único que sabe hacer: calentar la calle con frases soeces, rimbombantes, insultos y amenazas en permanentes campañas políticas y tratara —para salvar algo— de dedicarse a hacer lo que no sabe hacer, aquello en lo que ha demostrado ser completamente inútil: gobernar. Con el agravante, de que lo que haga ya no será en su beneficio político, sino por el contrario, redundará en la progresiva merma de su poder y la mengua de la abundante riqueza petrolera que se encargó de destruir y dilapidar a manos llenas.

Lo peor, es que sin ser Alejandro Magno, metafóricamente hablando, a este régimen sus generales le darán funerales sangrientos.

El Ciudadano y el 6D

El ciudadano, como primer interesado en la eficacia de su voto y en los resultados de cualquier votación, es el primer y más importante actor, observador y guardián de cualquier proceso electoral.

En los tiempos que corren, para que esto sea así, se deben tener algunos conocimientos básicos de los procedimientos electorales y las normas que rigen el proceso. Cuando este artículo aparezca, estaremos en vísperas de un importante proceso electoral y por ello no está de más repasar los conceptos fundamentales de unos pocos aspectos electorales, pero que pueden ser muy significativos.

Lo primordial es recordar que, la cédula de identidad laminada, aunque esté vencida, es el único documento válido para votar, según el Art. 125 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales, LOPRE. Ni pasaporte, ni licencia de conducir, ni comprobante, ni fotocopia de cedula.

Pasemos revista ahora, brevemente, a algunos hechos que han sido motivo de trampas o intentos de las mismas en pasados procesos electorales:

– Secreto del Voto. Este es el primero y más importante de los factores con que el oficialismo intenta amedrentar y desestimular el voto opositor. Ya hemos dicho en artículos anteriores (Fraude Electrónico y Secreto del Voto, Noticiero Digital 06 de Nov. De 2015) que no-hay-manera-de-que-nadie-sepa por quién vota otra persona y la mejor prueba es que algunos altos funcionarios públicos han propuesto que empleados de organismos públicos y empresas del estado tomen una foto del voto en la máquina de votación, para demostrar por quien se está votando. Si de verdad supieran por quien votas esto no sería necesario.

Semejante acto no es algo retórico, es un delito, pues podría considerarse una coacción al voto, según el Art. 126 de la LOPRE, además está expresamente prohibido que se utilicen en el acto de votación equipos fotográficos, de video, celular, o cualquier otro equipo electrónico audiovisual (Art. 292 de la LOPRE).

De tal manera, que quien coaccione el voto o quien tome fotografías o imágenes, podría ser impuesto de multa de 500 a 700 Unidades Tributarias (UT), o arresto proporcional, si es que acaso no se pudieran aplicar otras sanciones. Y quien concurra con cámara fotográfica, celular o cámara de video a fotografiar o grabar el proceso en el centro de votación, puede ser multado con una cantidad entre 20 y 60 UT.

– Captahuellas. Otro elemento importante a considerar se deriva del uso de las captahuellas y el temor de algunos ciudadanos de que el paso por las mismas pueda impedirles el derecho al voto, en el caso de que su huella no fuera reconocida.

Al respecto, es bueno que se sepa que de acuerdo con el Art. 127 de la LOPRE, es también un delito impedir que ejerza su derecho al sufragio, al elector o electora que aparezca en el cuaderno de votación. De manera que, si la captahuella no es capaz de reconocer a un elector, si éste aparece en el cuaderno de votación, nadie puede impedir que ejerza su derecho al voto y quien lo haga estaría sometido a las sanciones que ya hemos descrito: multa de 500 a 700 UT o arresto proporcional.

En caso de que la captahuella no identifique a un elector, simplemente se levanta un informe de la incidencia y el elector pasa a ejercer su derecho al voto sin ninguna restricción.

– Acompañantes. Toda persona con alguna incapacidad física, sea visual o de movimiento, o simplemente una persona mayor, tiene el derecho de solicitar que alguien, usualmente de su confianza, lo acompañe y ayude a ejercer su derecho al voto. De esta disposición legal se han valido en el pasado para establecer la modalidad de que una persona “ayude” a votar a varias personas, acompañándolas en el momento en que ejercen su derecho al voto detrás del paraban y asegurándose así de que votan “adecuadamente”.

Pues bien, el Art. 128 de la LOPRE y el 291.2 del Reglamento General de la LOPRE, RLOPRE, establecen que constituye delito electoral, sancionable, acompañar más de una vez a cualquier votante –supuestamente discapacitado– a que concurra a ejercer su derecho al voto. Por tanto, una persona solo puede acompañar una sola vez a alguien a votar.

– Hora de cierre de las mesas. Esta ha sido una de las trampas más recurrentes del sector oficialista; apoyados por las FANB, en pasados procesos electorales forzaban o intentaban forzar a mantener las mesas y centros abiertos hasta tarde en la noche, para favorecer así su actividad de “acarreo” de votantes, amparados en el cansancio de testigos opositores y el temor de permanecer hasta altas horas en centros inaccesibles o ubicados en zonas peligrosas.

La Ley es muy clara al respecto, los Art. 121 de la LOPRE y 308 del RLOPRE, establecen que las mesas electorales funcionarán de seis de la mañana (6:00 a.m.), hasta las seis de la tarde (6:00 p.m.) del mismo día y se mantendrán abiertas, solamente, mientras haya electores y electoras en espera por sufragar.

No es necesario esperar algún aviso del CNE para el cierre de las mesas. Cada mesa electoral, específicamente su Presidente, tiene autonomía para tomar esta decisión, según lo establece la norma electoral, evitando así que se prolongue innecesariamente un horario que podría permitir todo tipo de irregularidades.

– Verificación Ciudadana. Que es la confrontación del contenido de la caja de comprobantes de votación con los datos reflejados en el Acta de Escrutinio y que solemos llamar auditoría; es un acto público, de acuerdo al Art. 440 del RLOPRE, que puede ser presenciado por los electores, sin ninguna restricción, más que las limitaciones derivadas del espacio físico donde funciona la Mesa Electoral. El no permitir que esto ocurra es una falta sancionable con multa entre 500 y 700 UT. Recuerden que la norma electoral establece que el sorteo de las mesas que se van a auditar o verificar se debe hacer después de que todas las mesas hayan cerrado.

Seguir enumerando aspectos que el ciudadano, en su rol de observador y guardián podría controlar sería demasiado largo, por eso concluyo con un aspecto práctico relativo a las denuncias de las irregularidades, las descritas u otras.

De acuerdo con el Art. 227 de la LOPRE, todo ciudadano o ciudadana podrá denunciar ante el CNE, a la Comisión de Participación Política y Financiamiento o por ante las Oficinas Regionales Electorales correspondientes, cualquiera de los delitos, faltas o ilícitos electorales previstos en la Ley, así como constituirse en parte acusadora en los juicios que se instauren por causa de esas mismas infracciones.

Los Art. 225 y 226 del RLOPRE establecen que cualquier denuncia sobre delitos o faltas electorales, en cualquier momento o etapa del proceso, se interpondrán por escrito y deberán contener: La identificación del denunciante o de quien actúe como su representante, con expresión de los nombres y apellidos, número de cédula de identidad, domicilio, nacionalidad y profesión, así como del carácter con que actúa, y acompañar de:
– La narración sucinta de los hechos o actos que constituyen la presunta infracción.
– La identificación, de ser posible, de la persona presuntamente responsable.
– Lugar donde se verificaron los hechos o actos denunciados.
– Copia de los soportes o anexos tales como: videos, fotografías, cintas y otros.
– Firma del denunciante o, de quien actúe como su representante, y dirección donde se practicarán las notificaciones.

El control ciudadano de los pocos aspectos descritos hoy, puede ser de gran ayuda para la fluidez del proceso electoral del próximo 6D y de una contundente victoria opositora.