Tolerancia y Amnistía

En la medida en que se acerca el 6D y se acrecienta la violencia, se hace necesario tocar términos espinosos. Por ejemplo: tolerancia y amnistía, que son temas claves de todo proceso de transición de un régimen autoritario a uno democrático y una transición es lo que esperamos inaugurar en el país a partir del 6D, cuando el régimen instaurado por Hugo Chávez Frías hace 16 años, reciba una contundente derrota en las elecciones parlamentarias.

Sería la segunda y más importante derrota masiva, pues la primera fue en el año 2007, cuando fue rechazada por el pueblo su propuesta de modificación constitucional. En aquella oportunidad el propio Chávez Frías dio pocas muestras de tolerancia; primero, el 5 de diciembre de 2007, a tan solo tres días del referendo, califico de “victoria de mierda” por parte de la oposición, a la victoria obtenida en el referéndum constitucional. Después, no se quedó en las palabras y procedió en los meses siguientes a “pasar” por vía de ley habilitante y decretos todas las reformas que habían sido rechazadas en diciembre de 2007 y convocar para el 15 de febrero de 2009 la reforma de la Constitución que permite la elección inmediata e indefinida de todos los cargos de elección popular.

Por su parte, el Gobierno actual insistió al CNE, a través del PSUV y el propio Presidente de la Republica, para que la oposición firmase un acuerdo de reconocimiento de los resultados electorales del 6D. Y aunque el Gobierno lo firmó, el Presidente no ha dicho que el Gobierno reconocerá la voluntad popular y respetara la Asamblea Nacional que resultará electa ese día y que no harán como otras veces, que desconocen el triunfo quitándole atribuciones, presupuesto o persiguiendo a los protagonistas de la jornada en donde los resultados no le son favorables al régimen. Más bien ha dicho el Presidente –también en clara demostración de poca tolerancia–, que se disponen a ganar “como sea” la contienda electoral y que de ganar la oposición “no entregaría la revolución”, “nos vamos pa’ la calle”, dijo también y gobernaría con el “pueblo”, en “unión cívico-militar”.

La actitud que asuma el Gobierno en ese momento y después del 6D, será clave para la tolerancia que debe haber en el país en los meses y años subsiguientes, cuando el país inicie un giro de 180 grados hacia el restablecimiento de la democracia que se instauro en el país en 1958 y que cincuenta y siete años más tarde, debido al régimen chavista, deja mucho que desear.

Sera difícil iniciar ese proceso de transición. La dirigencia política, de ambos bandos, que emerja en el país tras el proceso electoral del 6D tendrá que sentarse a negociar, al menos, dos procesos o leyes de amnistía. Una, que posiblemente será la más fácil, la de los presos políticos actuales, para que queden libres y se borren sus ignominiosos expedientes. La otra será mucho más compleja, aunque no tan inmediata, pues se trata de ir negociando una ley de amnistía por la que se garantice que no serán perseguidos ni encarcelados algunos personajes del régimen actual, a cambio de que faciliten un proceso pacífico de transición hacia la democracia plena que emergerá de las urnas en los años próximos.

Para que eso sea posible, son muchas las cosas que se le pedirán al pueblo y a los afectados que dejen a un lado y olviden por el momento, cosas que no son para nada fáciles de olvidar.

Por ejemplo, habrá que posponer la aspiración de legitima justicia por parte de: los líderes políticos que pagaron inhabilitación, cárcel y exilio, tras procesos absurdos, injustos, corrompidos e ilegales; los líderes y dirigentes sindicales por la persecución sufrida, los encarcelamientos y los que fueron abaleados, sin que apareciera nunca un solo culpable; las victimas de procesos abusivos de expropiación de tierras, propiedades, empresas y otros derechos conculcados; los periodistas y dueños de medios de comunicación a quienes se les arrebato sus trabajos y propiedades o se les persiguió con tribunales, exilio y prisión; todos aquellos que vieron a sus familias desmembradas por tener que pedir asilo o irse al exterior en búsqueda de oportunidades que aquí se les cerraron; los que aspiran ver presos a los incursos en procesos de corrupción que fueron públicos y notorios y cuyos culpable, a pesar de estar señalados, nunca fueron castigados; los familiares de algunas personas que perdieron la salud e incluso la vida por entrar en disputas con un Estado todopoderoso y abusivo; todos los que fueron víctimas del hampa, de secuestros, de criminales que, aunque denunciados, nunca fueron debidamente perseguidos o castigados; todos los que vieron sus empresas y actividades económicas, en las que tenían invertida la fortuna de varias generaciones, arruinadas por políticas económicas equivocadas o acciones directas del Gobierno en contra de las empresas; y un larguísimo etcétera, que sería de nunca terminar.

No es posible olvidar todo eso, pero, ¿será posible por lo menos dejarlo un tiempo de lado? Ese dejar de lado, posponer la justicia, es el amargo precio que han pagado todas las democracias que se libraron de procesos autoritarios y dictatoriales que asolaron sus vidas por años: España después de Franco; Chile, después de Pinochet; Argentina, después del régimen de Videla, Galtieri, etc.; Brasil, después de la dictadura instaurada en 1964; Colombia tras la caída del Rojas Pinillismo; Portugal, tras la caída de Salazar; Grecia, tras la salida de los gobiernos militares instaurados en los años 60 del siglo pasado; El Salvador, después de la guerra civil; Nicaragua tras la salida de Somoza y luego tras la salida de los sandinistas; Rusia y los países comunistas, tras la caída del Muro de Berlín y las dictaduras comunistas de Europa del Este; incluso Venezuela, tras la salida de Pérez Jiménez, etc.

En algunos de los casos anteriores han tenido que pasar más de 30 años para que algunos de los prohombres de esos regímenes autoritarios pagaran por sus delitos y crímenes. En otros casos, aun se espera la justicia. Venezuela no será la excepción. Es duro decirlo, pero debemos ser realistas y estar preparados al respecto.

Probablemente nos deberemos conformar con que se logre que algunos de los delitos cometidos, los más notorios e inocultables, sobre todo los relacionados con la violación de DDHH, puedan ser castigados de inmediato; pero que nadie piense en justicia completa por los abusos cometidos y mucho menos pensar en el absurdo de que se desate una cacería de brujas después de la salida del régimen actual.
Después de todo, no olvidemos, que muchos de los delitos de los que hemos hablado no son fáciles de probar y sobre todo, no pasemos por alto el aspecto político de que el nuestro fue un régimen sustentado en procesos electorales y con amplio apoyo popular.

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