“Si las elecciones son limpias…”

Una frase de Vargas Llosa, de hace un par de semanas, me revolotea en la cabeza: “Si las elecciones son limpias, el chavismo será barrido…”; la frase la dijo en una entrevista en Houston, a donde asistió al Festival Internacional de Literatura y fue reseñada por la prensa venezolana (Tal Cual, 03 de noviembre de 2015). Pero hay que decirle a Vargas Llosa que las elecciones ya no son limpias.

El “arbitro”, el CNE, ya ha incurrido en una serie de anomalías y ventajismos a favor de los candidatos del Gobierno; mencionando solo lo más grueso: ha convocado tarde el proceso electoral, a conveniencia del Gobierno, creando toda una serie de incertidumbres, rumores y temores; ha creado numerosos nuevos centros electorales, acto del que se puede decir cualquier cosa, menos que fue “neutral”, al denominarlos utilizando nombres, consignas y símbolos pro oficialistas y pro proceso bolivariano; ha inhabilitado candidatos de oposición y ha impedido la inscripción de candidatos y partidos disidentes del oficialismo; ha permitido que candidatos del Gobierno adelanten la campaña electoral con vallas y cuñas de radio, en circuitos de la capital, bajo sus propias narices; ha permitido que el Gobierno y sus funcionarios –hasta el propio Presidente– hagan campaña proselitista junto con candidatos oficialistas entregando obras, viviendas y vehículos; se ha prestado para que el partido oficial, el PSUV, y el Gobierno montaran un sainete con la firma de un documento para “respetar” los resultados del 6D, después de que el propio Presidente de la Republica declarara que ellos van a ganar las elecciones “como sea” y “salir a la calle”, en el caso de que sean derrotados; en fin, el CNE ha incurrido en una serie de actos de los que no se puede decir que contribuyan a tener un proceso neutral o “limpio”, como señalara Vargas Llosa.

Sin embargo, la afirmación de Vargas Llosa nos pone a reflexionar: ¿Qué pasa entonces, si no es un proceso “limpio”? ¿Significa que no será “barrido” o que no perderá el Gobierno?

En ese supuesto negado, o en el caso de que los resultados sean muy ajustados para ambas opciones en cuanto al número de diputados, la oposición habrá incrementado su votación absoluta y obtendrá un número considerable de diputados, cosa que no es nada despreciable en el momento político que vivimos.

Los procesos políticos de derrotar a los regímenes autoritarios llevan años, no se definen en una determinada jornada electoral y si no se obtiene una mayoría calificada de la Asamblea, habrá que evaluar y preguntarse: ¿Qué hicimos mal o qué no hicimos?, para las rectificaciones correspondientes.

De la frase de Vargas Llosa, acerca de si el proceso no es limpio, surgen además dudas, concretamente sobre la probabilidad de un fraude; esa posibilidad la hemos negado para procesos anteriores en un artículo reciente; sin embargo, de surgir la duda en el proceso del 6D, es algo debemos corroborar o descartar de inmediato, porque esas dudas son más perjudiciales, incluso, que una derrota electoral.

De una derrota electoral es posible recuperarse, de la duda de un fraude, no; pues no solo debilita la autoestima, sino que nos condena de inmediato y de manera irremediable a una derrota permanente. ¿Cómo se sale de un enemigo, poderoso, con múltiples recursos, que es capaz de hacernos fraude, de arrebatarnos una victoria en las urnas y contra quien no podemos hacer nada? Eso no tiene salida. Por eso hay que descartar la conseja del fraude de inmediato y eso solo es posible con un caudal importante de votos, capaz de derrotar a ese enemigo poderoso y con recursos, porque lo pone a él en evidencia y lo debilita en sus bases.

Esa es una de las estrategias del Gobierno, –además de la de atemorizar– desarrollar la idea de que es capaz de hacernos fraude para estimular la abstención. Por eso hace eventos con el CNE; por eso sus candidatos adelantaron ilegalmente la campaña electoral; por eso el Gobierno realiza actos públicos de proselitismo electoral, porque cuenta con la impunidad y así estimula la idea de que el árbitro lo “favorecerá” incluso el día de las elecciones.

Frente a una amenaza de fraude, solo hay dos remedios; uno, tener testigos en todas las mesas y dos, obtener una victoria aplastante. Los testigos en todas las mesas es la única manera de impedir que se roben los votos de ausentes y fallecidos; con testigos en todas las mesas el fraude electrónico no es posible. Y una victoria aplastante no deja ninguna duda, debilita moralmente al oponente y nos va preparando el camino para una nueva victoria opositora, en alcaldías y gobernaciones próximamente y en la presidencia de la Republica, cuando se presente la primera ocasión.

Con o sin elecciones limpias, el chavismo-madurismo será barrido ,le podemos decir al amigo Vargas Llosa.

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