Fraude Electrónico y Secreto del Voto

Hace poco analicé como la intimidación y el abuso de poder son los pivotes centrales de la estrategia gubernamental frente a las elecciones del 6D. La idea del fraude electrónico y lo de que el voto no es secreto, son dos factores que hay que desmentir pues constituyen tácticas favoritas del Gobierno, a la que algunos voceros de la oposición secundan muy bien y el CNE calla convenientemente.

Amenazas directas, rumores y abusos de la posición de poder en todo el país, son armas fundamentales del oficialismo para atemorizar, desalentar y propiciar la abstención opositora, sin hacer mucho énfasis en disminuir la propia. Pero no son sus únicas armas, desarrolla otras tácticas, que también cumplen su papel, por ejemplo:

1- El tema del fraude electrónico, que se maneja con rumores intensos acerca de todo tipo de triquiñuelas que el Gobierno hace y va a hacer y que las autoridades del CNE apenas desmienten tibiamente o callan: Manipulación de programas y maquinas de votación, cambio de resultados mediante artificios electrónicos, alteración de trasmisiones de los resultados, etc. Todos estos rumores y consejas sobre “fraudes electrónicos” son además secundadas por votantes y voceros de oposición, que se hacen eco de los mismos e ingenuamente son víctimas de los “laboratorios de guerra sucia” del Gobierno.

Hay que decir con todo énfasis: nadie-ha-podido-probar-el-fraude-electrónico, por más conjeturas y vueltas que se le ha dado a los resultados electorales. Digámoslo más claramente: hasta el momento no ha sido necesario un fraude, los votos han estado allí y han sido contados y en todas las ocasiones favorecieron a los que fueron declarados ganadores, sean del Gobierno o sean de la oposición, sean referendos revocatorios o constitucionales.

Otra cosa son los abusos del oficialismo al utilizar los recursos del Estado para hacer propaganda o movilizar votantes; al mover la hora de cierre de los centros electorales y mover votantes hacia los centros en horas nocturnas; al crear centros electorales en zonas que le son favorables y cerrar, dividir o mover otros en zonas que le son adversas; al mover votantes de unos circuitos a otros, sea para que sus votos se perdieran o para facilitar la votación de sus candidatos; al modificar la conformación de circuitos electorales para que se “pierdan” votos opositores; al cedular de manera “alegre” y sin el debido control a ciudadanos que presumiblemente le favorecerían con sus votos; al intimidar votantes con “bandas de motorizados” o “puntos rojos” de sus partidarios en zonas cercanas y no permitidas por las normas electorales; al impedir que testigos de la oposición ocuparan sus lugares en mesas electorales y centros electorales; al no dotar de credenciales a los testigos de la oposición, por parte del CNE; al inhabilitar candidatos de oposición, e incluso obligarlos a exilarse o encarcelarlos; al impedir una observación nacional e internacional imparcial y objetiva; y un largo etcétera de nunca terminar, para impedir o socavar el voto opositor.

Esos abusos en los elementos de carácter, llamémoslos más estrictamente electorales, se combinan y desarrollan en paralelo al uso y abuso de los recursos del Estado para la campaña de los candidatos del Gobierno, quienes aparecen, por ejemplo, con una profusión de costosas vallas y cuñas radiales en algunos circuitos –que además son ilegales, pues la campaña electoral no ha comenzado– o en campaña abierta y pública en distritos del país bajo estado de excepción, en donde a los candidatos opositores no se les permite hacer campaña, ni siquiera reunir a sus electores.

Todo lo anterior configura un cuadro de abuso y ventajismo por parte del Gobierno y sus candidatos y muchos podrán decir que se trata incluso de un verdadero “fraude” a las leyes electorales, y sin duda lo es, pero nada indica que se haya hecho un fraude electrónico para alterar el resultado de los comicios o la voluntad del elector depositada en las urnas. La triste realidad es que, a pesar de todos los abusos, no se puede culpar al Gobierno de que la oposición no logre poner testigos en todas las mesas del país para defender sus votos o no logre una votación mayor.

Por poner un caso concreto, Henrique Capriles obtuvo 1,5% menos votos que Nicolás Maduro en las pasadas elecciones, es decir, unos 300 mil votos menos; sin embargo, en esa elección se abstuvieron más del 20% de los electores, más de 3,5 millones de votantes; la mitad de esos tres millones y medio de votantes, que estadísticamente pudieron haber votado por la oposición, estaban fuera del país y por lo tanto no podían votar, o estaban en sus casas disfrutando de una parrilla dominguera, o en la playa, o no fueron a votar por la razón que sea, pero en todo caso, sus votos no fueron contados y pudieron haber sido la diferencia en esa elección para que ganara Capriles.

El mito del “cambio electrónico” de la voluntad del elector, producido en las maquinas de votación, es algo que no se ha podido probar nunca. Si hay algo que ha sido auditado por los técnicos de la oposición y los observadores nacionales e internacionales, son los programas de votación, encriptación y totalización del voto emitido por el elector y estos programas –y que no hayan sido alterados–, son chequeados antes de poner en funcionamiento cada maquina el día de la elección.

Que se sepa, salvo algunas excepciones públicamente conocidas, (la de Aristóbulo Isturiz y Tarek William Saab, –y vaya Ud. a saber si eso no fue un “truco” interesado por parte del oficialismo– que en una elección votaron dos veces, de manera ilegal, porque dijeron que su voto había sido diferente al que apareció en el comprobante que emite la maquina), no se han comprobado casos en que la maquina haya registrado una cosa diferente a la que marco el elector; y si cada votante verifica que su voto es correcto, porque le interesa hacerlo y lo hace, ¿Por que la suma de todos esos votos y comprobantes habría de ser diferente? Lo anterior, además, ha sido comprobado hasta la saciedad en todas las auditorías que se han hecho de las papeletas que están en las cajas de comprobantes, con respecto al llamado “chorizo”, con todos los votos, que emite la maquina.

La posibilidad de que se transmita antes del cierre de la votación o de que durante la transmisión se cambien los votos, también es refutable; primero, porque las maquinas no están conectadas durante el día, cosa muy fácil de verificar; solo se conectan en la noche para transmitir resultados y eso lo puede comprobar cualquier testigo de mesa u observador que este allí durante el día. Además, es muy fácil chequear que lo que sale de la maquina, que todo testigo electoral y observador puede ver, es lo mismo que llega al CNE; para eso están las actas de cada mesa, que se pueden verificar y que cada organización política debería tener. Otra cosa es que se tengan todas esas actas para comprobarlo y ese si es un problema, pero político, no electrónico: lograr tener testigos en todas las mesas para recoger esas actas y evitar cualquier distorsión de resultados.

2- Lo de que el voto no es secreto es el otro factor que se ha convertido en mito, propagado por el Gobierno, secundado lastimosamente por la oposición y no aclarado debidamente por el CNE. El Gobierno se ha encargado, en repetidas veces, desde Hugo Chávez Frías hasta hoy, de decirle al pueblo: “yo sé como votas”; por tanto, no votes contra mi o te quitare los efímeros beneficios y prebendas que te doy; y con ello le dice lo mismo a los opositores, para desmotivarlos y estimular el mito del fraude y la abstención opositora, frente a un hecho que se consideraría inevitable, la supuesta “victoria” del Gobierno.

La capta huella y la máquina de votación no están conectadas entre sí por ninguna vía, alámbrica o inalámbrica, y eso ha sido verificado. Por otro lado, la máquina de votación no identifica el elector, solo cuenta votos y los guarda, encriptados y al azar, mediante un programa que es debidamente revisado y auditado por técnicos de la oposición y observadores nacionales, de modo que no hay identificación posible entre el voto, el nombre, el numero de cedula de identidad o la huella del elector. Por eso, hay que decirle claramente al elector: no-hay-manera-de-que-se sepa-tu voto; salvo que tu lo digas o alguien te acompañe mientras estás en frente de la máquina de votación, votando.

Sobre este punto el CNE no ha insistido y no insistirá, por razones obvias. Corresponde al sector opositor iniciar una campaña intensa sobre el tema del secreto del voto; pero no basta con decir que eso está en la ley o repetirlo como si se tratara de una marca de jabón de la que se afirma que “es el mejor”, es necesario enfatizarlo y demostrarlo y los argumentos sobran para comprobarlo

El problema del “fraude” electoral en Venezuela, como ya hemos visto, es de carácter político y no electrónico, está en intimidar o conculcar la voluntad electoral durante la campaña y en la falta de control y testigos opositores en todas las mesas el día de la elección. Si los votos están en las urnas, se cuentan y no hay manera de cambiar la voluntad del pueblo venezolano; en resumen, sin miedo a los mitos, hay que votar masivamente por la oposición el 6D.

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