En tan solo doscientos años

En la búsqueda de alternativas al fallido y fracasado socialismo del siglo XXI, no es muy lejos donde tenemos que buscar. El único modelo histórico, preciso, que ha sido exitoso en desarrollar riqueza y sacar de la pobreza a millones de seres humanos ha sido la economía de mercado, el capitalismo.

Hace varios años nos visitó Xavier Sala i Martin, economista catalán, catedrático de la Universidad de Columbia, en New York, Asesor Jefe (“Chief Advisor”) del World Economic Forum y asesor de algunos gobiernos africanos y de América Latina. Su conferencia en el Congreso de Conindustria, en el año 2009, me despertó la curiosidad de investigar un poco más sus ideas, a través de sus libros. De uno de ellos: Economía Liberal, para no economistas y no liberales (Edit. DeBolsillo, 6ta. Edic. España, 2010), son las ideas que hoy traigo, de manera libre, a la discusión, pues me parecieron interesantes para entender mejor el tan vilipendiado capitalismo.

Doscientos años no son nada en la historia de la humanidad, o son —si se quiere— un corto periodo de tiempo. Hace solo doscientos años Venezuela era un país extremadamente pobre, destruido por el terremoto de 1812 y asolada por los estragos de la guerra de independencia, mientras que Europa estaba poblada de reyes, príncipes y demás nobles, que eran, en esa época, los que podían disfrutar de la vida o simplemente: tener una vida que valiera la pena, que se pareciera algo a lo que hoy tenemos.

En efecto, lo que hace 200 años solo disfrutaban los reyes y príncipes de Europa, lo disfruta hoy la familia media y la inmensa mayoría de las familias venezolanas: comer más de una vez al día, tener una alimentación variada, cocinar con especias, tener más de una muda de ropa, lavarse con jabón y perfumarse, viajar, escuchar música, disfrutar de la pintura, el arte, leer libros y tener acceso a la educación más alta que la sociedad podía brindar.

Más aun, hoy cualquier familia de clase media, media baja o baja, tenemos en nuestras casas algunas comodidades que ni los reyes o príncipes podían soñar hace 200 años: agua corriente en los baños, neveras para conservar alimentos, luz al pulsar un botón (¡cosa difícil en la Venezuela de hoy!), comunicación instantánea con todo el planeta, medicinas para curar o calmar el dolor, viajar de un continente a otro en pocas horas, tv y computadoras, muchos libros, poder visitar restaurantes y disfrutar de comidas “exóticas”… y un sinfín de cosas más que sería largo de enumerar.

La familia promedio hace 200 años, en todo el mundo y no digamos en Venezuela, tenía una miserable vida de subsistencia, trabajando todo el día y todos los días, sin acceso a la buena alimentación, ni a la cultura, ni al arte, ni al descanso, con riesgo de morir y desaparecer en cualquier momento por causa de guerras, enfermedades o una variación importante del clima u otros fenómenos de la naturaleza.

Pero hoy, como vimos, —y haciendo abstracción de la situación concreta por la que atravesamos en Venezuela— casi cualquier familia disfruta de cosas que hace 200 años eran lujos que solo los reyes y los príncipes podían disfrutar. ¿Qué ha pasado en 200 años, para que todo esto sea así? ¿Cómo pudo transformarse la vida de millones de seres humanos en el corto periodo de 200 años? En pocas palabras, el desarrollo tecnológico en un sistema económico, el capitalismo de libre mercado, fue lo que permitió que en tan solo dos siglos se haya conseguido que la mayoría de aquel pobre país que era Venezuela, vivamos hoy en unas condiciones que los reyes y príncipes de antaño ni siquiera soñaban.

Gracias al vilipendiado también, “afán de lucro” de empresas y empresarios —que los llevó a invertir cantidades de dinero, en algunos casos verdaderas fortunas, para desarrollar tecnología y vender productos— ha sido posible que la vida de toda la humanidad cambie y que hoy una inmensa mayoría de seres humanos podamos disfrutar de condiciones de vida que en el siglo XVIII solo las elites disfrutaban.

Diremos, como Sala i Martin, que no vamos a dejar de reconocer injusticias, diferencias y desigualdades de riqueza y renta, que hace que algunos vivan mejor que otros. Tampoco podemos dejar de reconocer que hay que seguir trabajando intensamente por crear las condiciones y mecanismos que permitan que todos tengan, al menos, las mismas oportunidades, aun cuando los resultados vayan a depender de otros factores, como las diferencias individuales, por ejemplo. Pero no cabe duda que el desarrollo económico y social que permitió el sistema capitalista, a través del desarrollo de la economía de mercado, la aparición de la empresa privada y la defensa de la propiedad, es lo que ha permitido que el mundo viva mejor, que exista movilidad social, desarrollo individual de los ciudadanos que aun proviniendo de una familia pobre, puedan llegar a progresar con su esfuerzo y elevar su nivel y calidad de vida personal y el de su entorno; de igual modo, que quien proviniendo de una familia rica y no haga el esfuerzo, puede llegar a arruinarse hasta la indigencia.

Esto, que solo es posible dentro del sistema capitalista o de libre mercado, no ocurre con otros sistemas, el feudal o el comunista, por citar solo dos ejemplos históricos bien documentados. Y si no que lo digan los millones de chinos y vietnamitas, por poner dos casos recientes bien conocidos y estudiados.

Esta explicación, verdaderamente sencilla, de los resultados y ventajas del sistema capitalista por sobre cualquier otro sistema económico, se la debemos agradecer a Xavier Sala i Martin, el economista de la llamativa vestimenta.

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