Imaginación contra Billete

Ismael Pérez Vigil
Politólogo
17 de julio de 2015

En la década de los 70 y 80 del siglo pasado, cuando el Movimiento al Socialismo (MAS) era, por decirlo de alguna manera, el epítome de la izquierda venezolana, acuñó una frase muy significativa que resumía la situación ‒y casi que podríamos decir la ética‒ de la izquierda venezolana: “Imaginación contra billete”.

La izquierda venía de una derrota política con su tesis de la lucha armada, el PCV ‒aún no existía el MAS‒ aun en la semiclandestinidad del UPA había apoyado, casi bajo cuerdas, a Luis Beltrán Prieto Figueroa en las elecciones de 1968, que ganó el Rafael Caldera copeyano.
Pero fue a partir del surgimiento del MAS en 1971 y el lanzamiento de sus candidaturas propias en 1973, 1978, 1983 y 1988 que la frase mencionada ‒Imaginación contra billete‒ tomó cuerpo en la conducción de la política electoral de ese segmento de la izquierda venezolana, que si bien la expresaba política e intelectualmente, de una manera cabal, nunca llego al 5% en el caudal de votos del país.
Pero eran las ideas, los conceptos, la confrontación ideológica con social demócratas y social cristianos, las propuestas de un futuro diferente, la imaginación en definitiva, lo que prevalecía en el discurso de la izquierda venezolana, que llegó a su súmmum en las elecciones de 1993 cuando entre la Causa R y el MAS superaron el 25% de los votos del país. Algunos dicen que en ese año, 1993, sí el MAS hubiera apoyado a Andrés Velásquez, en vez de al Rafael Caldera del “chiripero”, el primero hubiera sido el Presidente y a partir de allí, quien sabe cuál hubiera sido la historia política del país.
Pero eso ya es más que imaginación y entramos al terreno de la política ficción.
Quedémonos en la “imaginación” y su entierro, que es el derrotero que asumió buena parte de la izquierda del país a raíz del triunfo de Hugo Chávez en 1998. Bien se puede decir, que desde la asunción de Chávez la frase se invirtió y fue el “billete” lo que fue matando a la imaginación.
El reparto populista, la “distribución” de la renta petrolera ha ido caracterizando más y más la política electoral de esa izquierda del país hoy corporeizada en el PSUV, como partido, y los gobiernos de Chávez y Maduro como “institución”, dejando cada vez más de lado todo aquello de la “imaginación” que fue un patrimonio innegable de la izquierda venezolana de los años 70 y 80 del siglo pasado. Y por qué no, en algún momento del gobierno de Chávez, al menos, con la propuesta de las misiones.
Hugo Chávez derrotó su impugnación en 2004, cuando enfrentó su revocatorio, con la idea de las misiones. Una política distributiva netamente populista, pero podemos decir con ‒todavía‒ una cierta imaginación. Maduro, por su parte, con el Dakazo y la más gigantesca distribución de renta petrolera populista de que tenga conocimiento la historia latinoamericana, escasamente derrota a Capriles en 2012. Ya queda apenas un atisbo de imaginación en el discurso de la izquierda venezolana; a no ser, que se llame imaginación a eso de tomar por asalto las tiendas de electrodomésticos y repartir su contenido entre la clase media de las ciudades y las grandes barriadas del país.
Es la “imaginación” socialista, la que arruinó a la industria y la agricultura del país desde 1999, pero que electoralmente ‒que duda cabe‒ tuvo sus golpes afortunados en las misiones y algunas otras “ideas”, que untadas en bonanza petrolera produjeron votos y victorias electorales. Que permitía, todavía en 2012, derrochar la renta petrolera, irresponsablemente, a manos llenas. Pero hoy, ya ni eso.
El país se deshilacha y se paraliza la producción por falta de insumos. Mientras la escasez nos agobia a los venezolanos y la inflación aniquila a los más pobres y la oposición por boca de Capriles propone unas alternativas económicas para pasar este “Rubicón” y llegar a diciembre 2015; del otro lado, el Contralor ‒al que se le escapan miles de millones de dólares entre los dedos‒ inhabilita candidatos opositores y el Presidente de la República, en cadena nacional inaugura o reinaugura proveedurías que entregarán baterías, cauchos y repuestos que todavía no han llegado al país.
Díganme ustedes si eso no es haber perdido completamente la imaginación y marchar a contrapelo de la realidad. Hoy, ni imaginación… ni billete.

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